jueves, 17 de mayo de 2012

El gato que me amó


El gato que me amó tenía los ojos verdes y la piel a rayas. Su cuerpo menudo y atlético se contoneaba al mismo ritmo que su cola cimbreante. Era vivaracho y curioso… y le gustaba perseguirme por la calle cuando me veía aparecer. Su galanteo me divertía. Debo reconocer que yo nunca le llamaba ni le hacía señas, ni siquiera le miraba… pero él siempre me seguía, rubricando con su graciosa cola todos sus pensamientos.  
El gato imitaba mis pasos; paralizado se quedaba si yo lo hacía, frenético en su carrera se volvía si me veía acelerar el paso, saltarín si le imprecaba, flemático era la pose para cuando le reñía, pero siempre perseverante en su acoso… hasta que un día, desapareció.
El otro día me pareció verlo. A distancia lo seguí con la vista hasta que de un salto se perdió saltarín por los tejados viejos. Desde entonces, cada tarde, revisaba desde mi ventana las huertas vecinas por si lo veía aparecer. Durante un par de días no tuve suerte… entonces me vió, inmóvil en la distancia sus hipnóticos ojos se cruzaron con los míos. Durante breves segundos ambos nadamos en esas retinas enfrentadas. Detenido y cómo si contuviera la respiración me miró largo tiempo, ahondando hasta lo más profundo de mi alma. Fue como si lo supiera, como si me reconociera, como si me oliera… ¡Si!, le dije, soy yo, la misma que dejó que la siguieras hasta casa. La misma que intentó espantarte y asustarte para que no lo hicieras… esa que no lo consiguió.
Durante días hizo guardia tras mi puerta.
Cuando me asomaba para comprobar si estaba o se había ido, él adivinaba el movimiento de la cortina, la variación de la luz y enfocaba sus ojos a mi ventana, maullando con pasión. Quise ser dura, no alimentarle, ni mimarle, ni invitarle a entrar en mi salón y en mi vida pero fue inútil… sucumbí. Él se coló. Y durante un par de días sé que me amó, que lo fuí todo para él. Luego siguió su camino… el amor de los gatos es así.
Ayer estaba en el tejado de la casa abandonada de atrás. Y me miró. Durante unos segundos lo recordó, recordó aquel vínculo que nos unió. La leche fría y la mano suave sobre el lomo tibio y peludo. Las horas de ronroneos y juegos. La extraña sensación de pertenecernos.
Posiblemente encontró un hogar mejor, uno que tuviera leche caliente y comida enlatada de marca, cojines mullidos y collares de cuero con cristalitos bordados.
Pero él me regaló su afecto, durante un par de días al menos…
¿Qué aprendí? Que no puedes pedirle a un gato que te quiera o te necesite… sólo lo hará si le apetece, los gatos no son falsos… y son libres aunque a veces lleven collar. Eso es algo que él me enseñó… el gato, aquel, que me amó.


Música: Misty blue-Etta james.

3 comentarios:

Carol Torrecilla García dijo...

Qué bella y tierna historia, Ana.
Yo también me he enamorado de ese gato....pero respeto vuestro amor....
¿Sabes? Antes de conocerte no le tenía mucho amor a los gatos en especial, y sin embargo, ahora son especiales para mí.
Gracias por compartir tu hermoso interior con todos nosotros.
Tu amiga:
Carol

Raquel dijo...

El amor es así, viene y va, y con los gatos nunca se sabe cuando pasará... si hay mejor leche, de marca buena y no la de oferta del super, si hay carne de lata y no bolas rancias, es probable que pasé antes... o no. Bueno los gatos son así, no engañan. Por unos días tú lo eres todo pero... ay eso no dura siempre, por eso es más preciado.
Me ha gustado tu relato.
Besos :)

Ana dijo...

Hola Carol, ¡claro!, ¿cómo no te vas a enamorar de él con lo guapisímo que es?, jaja.
Los gatos tienen algo, yo siempre he tenido animales, en especial gatos y perros, y creo en las ondas positivas, y los gatos las tienen... a pesar de su fea costumbre de cazar ratones(y traertelos orgullosos a casa para que los veas)
Muchas gracias Carol por tu coemnatrio y tus palabras, bonitas como siempre.
Un abrazo amiga
;)

Hola Raque, pues sí, un día estas apapachada en el sofá dorándole la oreja y al día siguiente ha desaparecido... los gatos se cansan y van por ahí repartiendo su amor a otros dueños, no son fieles pero eso ya lo sabemos, jaja, ¡nooo!, ¿recuerdas nuestra gatita Misi? esa si que era fiel, que bonita, que ¡recuerdos!, y como se echa de menos a los animales, sabes que cuando te dan su amor son sinceros, no hay nada falso en ello.
Me ha gustado tu comentario, Ra...
Besos geme
;)

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