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sábado, 29 de abril de 2017

Tempus fugit


Hay una cosa que he descubierto con los años: que todo se pasa volando… la vida, las horas, los momentos, las oportunidades, la gente. Le dices hola a un año nuevo y de pronto ya se está despidiendo. Le dices hola a un mes y a otro y a otro, y casi no pesan, podría decirse que van cruzando la frontera sin equipaje. No importa que corras, el tiempo siempre te adelanta. Da igual lo intensa o dramática que te pongas, tampoco tiene la intención de frenar, lo que se quedó atrás, ahí se quedó. Adonde quiero ir a parar es que la vida se va demasiado rápido…
…demasiado como para sólo ver lo malo, como para sufrir por gusto, como para dejar que los pensamientos negativos se instalen, como para no dejarle hueco a la felicidad. Fuera penas, fuera dolores, adiós sufrimientos, fuera ahogarnos en un vaso de agua.
Debemos dejar de ver sólo lo negro, hay muchos más colores. Porque hay variedad y color, porque no todo es de la forma en la que lo vemos, porque aunque hay de todo, lágrimas y risas, al final tú eliges la manera en la que desfilas por la vida, tú eres lo que proyectas. Por eso la vida es un camino que se desvanece en el horizonte, hay que enfocar la vista, pero nunca perder la perspectiva del suelo que tenemos bajo los pies.


sábado, 23 de abril de 2016

“Libros, caminos y días…”

Yo era una niña con mucha imaginación, que es como tener siempre a mano un patio de recreo, pero no uno pequeño, ¡qué va!, uno inmenso, infinito. La imaginación es algo poderoso, construye puentes y mundos, crea de la nada y hace posible todo. El mejor instrumento que tiene la imaginación es la expresión, en forma, en color, en sonido, en palabras… las palabras. Con las palabras se hacen muchas cosas. Aprendí a amar las palabras igual que aprendí a leer. Intimé con los libros en esa estrecha relación de los verdaderos amigos, profundicé en los personajes, las acciones, los diálogos. Reí y lloré e imaginé. Los libros me enseñaron cosas que desconocía, me educaron, me dieron una visión de cómo eran otros tiempos, otros mundos, otras gentes. Los libros me abrieron los ojos al humor, al amor, al misterio, a la fantasía. Los libros consiguieron que amara crear mis propias historias. Los libros fueron mi camino, mi salida, mi entretenimiento, a veces un dialogo interno, otras un reflejo, y en ocasiones una crónica, una invención, una ficción, una realidad. Fueron muchas cosas. Pero siempre un amigo leal. Pienso en lo que sería de este planeta llamado Tierra si no tuviésemos libros, y ya no veo al Sol, así se me antoja, como un lugar oscuro, grisáceo, apagado, un lugar lleno de horas perdidas, denso, aburrido, un sitio sin color, sin chispa, estéril, uniforme y sin variedad. En definitiva un mundo peor. Como amante de los libros, de la luz, del color, pero sobre todo de la imaginación (esa sí que sabe llevarte lejos) sólo puedo agradecer, al Sol, porque siempre sale,  y a los libros, porque siguen siendo grandes amigos.


jueves, 31 de diciembre de 2015

¡¡2016, allá voy!!

La otra noche me puse a pensar en cómo iba a cerrar el 2015 en el blog. ¿Unas palabras?, ¿música?, ¿alguna viñeta? No quería ponerme demasiado intensa, ni caer en la nostalgia de otro año que se va (¡y además muy rápido!), no quería hacer un repaso, ni una lista de propósitos, ni darle muchas vueltas a la despedida de año, así que sólo me quedaban algunas opciones…
Primero: dar las gracias. Gracias a todos los que se acercan con frecuencia a este planeta, a los que me dejan su cariño a través de comentarios, a esas personas que ya forman parte de Bohemio Mundi, gracias por abonar a este mundi de amor, sois muy importantes, sois los responsables de hacer crecer a este planeta, y de que brille, y de que siga floreciendo.
Lo segundo: repartir mis buenos deseos bohemios con todos los que han parado por aquí. Como buena bohemia el mayor deseo que tengo para vosotros es paz, mucha paz, tanta que os desborde y con lo que sobre podáis llenar un edredón.
El año que viene es una incógnita, ¿verdad?, todavía está metido en su celofán blanco, pronto lo estrenaremos, pronto nos irá revelando los interrogantes de lo que nos deparará, ya lo iremos desvelando con el correr de las horas, meses y días. Y desde aquí otro deseo que tengo para el 2016 es que en este rinconcito siga habiendo letras, música y buen rollo… y que pueda seguir compartiéndolo como siempre, con mis buenos amigos bohemios, que nunca se terminen los buenos momentos que compartir.

…Espera, falta algo, ¡ah, sí!

FELIZ AÑO NUEVO




Que sigáis celebrando lo que queda de la Navidad con mucha alegría


Que tengáis una noche brillante y feliz

Descorcharé la botella virtual y llenaré las copas de mis amigos


Chin chin

Y cuando den las doce me acordaré de vosotros

¡Qué seáis felices!
Que recibáis mucho amor


Que vuestros deseos se eleven en el aire y que lleguen muy lejos… y por supuesto que se cumplan

Que los buenos momentos se multipliquen


Que no acabe la fiesta

¡¡FELIZ 2016!!




¡¡2016, ALLÁ VOY!!

Música: Sam Cooke-Bring it on home to me

sábado, 12 de diciembre de 2015

Escribiendo


De niña y adolescente me gustaba escribir desde la cama, con la libreta y mi bolígrafo, era un ejercicio nocturno y prolífico, un poco incómodo para la espalda, molesto para el cuello, desgraciado para las sábanas que corrían el peligro de un rayón de tinta, pero agradecido para el alma soñadora.
De joven (bueno de más joven ;)) escribía sin música, sin ambiente, sin mesa ni silla, en cualquier parte, para pasar el rato, por hablar conmigo misma, porque sí. No importaban los ruidos o las interrupciones, nunca perdía el hilo.
Recuerdo bien cuando cambié el boli por la máquina de escribir, y la maquina por el ordenador. Recuerdo la fuerza con la que tecleaba, una manía adquirida de quien por costumbre aprendió a mecanografiar en una de esas antiguas máquinas con teclas recias, duras, desengrasadas y rotas. Una de esas máquinas cantarinas, un poco musicales, con campanillas sonando al final de cada margen, con tecla de retroceso, palanca, rodillo y tabulador. Una máquina heredada, con historia, y un poco abandonada… hasta que yo la encontré.
Folios y más folios llenaba, a veces hasta con tinta roja si la cinta entintada negra se gastaba. Nunca corregía mis textos sobre la marcha, casi no los leía hasta que acababa, a veces ni puntos y aparte ponía para ahorrar, no era de extrañar que el resultado fuese una densa maraña negra, algo parecido a pequeñas hormiguitas recorriendo el papel. Si cerraba un ojo y los miraba con el rabillo del ojo, me parecía que ahí se movían, en aquellas sendas caleidoscópicas, muy vivos, entre esos pequeños espacios en blanco, de un lado para el otro, mordiendo el papel con sus finos dientecillos.  
El ruido de las teclas se me metía tan adentro que creo que hasta me hacía delirar…
Cuando escribía sólo importaba la historia, ni el frío ni el calor me sacaban de mi universo inventado. Sólo estábamos nosotros, sólo éramos mis personajes y yo. No cabían los parones para ir a picar a la nevera, ni el segundo o tercer descanso para roer la azucarada chuche, ni el minutillo para mirar el móvil, ni el paseo hasta la ventana...
Sigo escribiendo (o lo intento), pero ni de lejos con la misma intensidad y pasión que cuando lo hacía en aquellas libretas escolares, de noche, en mi cama, con el boli bic de cristal azul. Mis distracciones se han desatado, mis manías también: el clima me afecta, el runrún de la gente que pasa, las voces que llaman, los pasos que vienen y van, el perro que me mira, esa campanita siempre alerta del mundo virtual, ese buzón entrante que no parpadea pero lo parece, el ruido de los aparatos eléctricos en funcionamiento, sobre todo, odiosamente, especialmente, la secadora, infernal artilugio que me saca de la atmosfera que de pronto me cuesta crear, tengo que releer y corregir, y seguir corrigiendo lo corregido, y leer, y decirlo en voz alta, y cambiar la voz, y… ¡no funciona!
He vuelto a escribir desde la cama, te confesaré así ente nosotros que todo bien, como no hay ruido puedo concentrarme, sólo hay un pequeño problema con el que no contaba (o que no recuerdo que antes me pasara) … lo rápida, lo instantánea, lo indignamente que me entra el sueño cuando lo hago, ¡ay, creo que me estoy haciendo mayor! Que va, si es que así no se puede.


Eso de las manías al escribir es tan universal en el que tiene por diversión esto de juntar letras, que mira tú si no…

–El conde de Buffon sólo podía escribir vestido de etiqueta, con puños y chorreras de encaje y con la espada colgando de su cinturón.
–Alejandro Dumas, padre, solía vestir cuando escribía algo similar a una sotana de color rojo, con amplias mangas y en los pies, unas sandalias.
–Chateaubriand dictaba sus textos a su secretario mientras caminaba descalzo sin parar por la habitación.
–Víctor Hugo repetía una y otra vez, mientras caminaba por la habitación, las frases y los versos, para correr a escribirlos cuando le sonaban suficientemente bien.
Para cumplir los plazos impuestos para la escritura, Víctor Hugo le daba orden a su criado de que custodiara sus ropas y no se las entregara hasta que hubiera acabado el plazo, por muy pesado que se pusiera pidiéndolas.
–Jean-Jacques Rousseau prefería trabajar al aire libre, en pleno campo, si era posible con sol y para evitar los ruidos se ponía tapones en los oídos.
–Montaigne escribía encerrado en una torre abandonada.
Schiller, un poeta alemán, escribía con los pies metidos en un barreño lleno de agua helada.
–A Lord Byron le inspiraba el aroma de las trufas y por eso siempre solía llevar algunas con él en sus bolsillos.
–Gustave Flaubert no se ponía a escribir hasta haberse fumado, al menos, una pipa.
Honoré de Balzac se acostaba a media tarde y una criada le despertaba a medianoche. Entonces se vestía con una túnica blanca y se ponía a escribir durante horas.
Balzac consumía tazas y tazas de café mientras escribía. No es de extrañar que así alcanzara la cantidad de obras que alcanzó, más de cien.
–Thomas Mann reunía por las noches a su familia y les leía lo que había escrito a lo largo del día. Su familia opinaba y discutían y a veces Mann cambiaba su texto en base a ello.
–Galdós se ponía una capa sobre los hombros, una boina azul y una manta sobre las piernas y solía hacer pequeños dibujos en sus manuscritos, en los márgenes o entre las líneas.
–Mark Twain llevaba la cuenta exacta de las palabras que escribía y escribía el número cada cierto número de páginas en sus manuscritos.
Georges Simenon marcaba ocho días en un calendario para dedicarlos exclusivamente a escribir, y cuatro días para relectura y correcciones. Las ideas básicas las iba escribiendo en una carpeta amarilla.
Georges Simenon escribía sin parar y para ello tenía muchísimos lápices perfectamente afilados en su escritorio. Su mujer era la encargada de sacar punta diligentemente a aquel ejército.
–Muchos escritores han trabajado habitualmente en cafeterías: Claudio Magris, Larra, González Ruano, Ramón Gómez de la Serna, Sartre…
En cambio, otros no han encontrado mejor lugar que su casa: Don DeLillo, Pío Baroja, Neruda, Domenio Rea… Mario Benedetti, en cambio, necesitaba estar en casa para escribir una novela pero podía escribir poesía en cualquier lado.
Don DeLillo asegura que escribir en el ordenador no le gusta porque echa de menos el repiqueteo de la máquina de escribir. En cambio, Gabriel García Márquez aseguraba que si hubiera tenido antes su ordenador había escrito cien libros y cien veces mejores


Fuentes:

domingo, 8 de febrero de 2015

+

Alguien me dijo: "Ámate a ti mismo todo te irá mejor" Es una tarea complicada, pero me imagino que cuando te aceptas dejas de cuestionarte quien eres y dejas que todo fluya, sin intentar ser otra persona, sin intentar agradar a los demás antes que a ti mismo, dándole a los demás y a la vida lo que quieres que te devuelvan. Con positividad, con alegría, con pasión, siendo egoísta si es necesario, no permitiendo que situaciones, sentimientos o acciones que no controlamos nos arrastren por el fango o nos lleven a los infiernos. La vida es así... intentamos comprenderla sin manual de instrucciones.


Música: Cosas pendientes-Marwan

viernes, 9 de enero de 2015

En blanco



Hay un ancla en tu brazo, un peso en tus dedos, una piedra en tus yemas que hacen casi imposible que puedas deslizar tus dedos sobre el teclado, al inesperado lastre hay que restarle el blanco y vacío de la cabeza, ni serrín ni neuronas, normal entonces que el cerebro sea incapaz de ordenarle a la mano que se ponga a escribir…


Empiezo el año con la creatividad por los suelos, supongo que hay periodos extraños en los que nos sentimos vaciados. Me enfrento a una hoja en blanco y no se me ocurre nada, ¡que horror!
En fin, a ver si poco a poco vuelvo a llenar los niveles bohemios que están rozando el nivel rojo de escasez.

jueves, 10 de julio de 2014

Quería hablar, y no dijo nada.
Quería hablar, y se quedó callada.
Quería hablar, pero eso que sentía
en la boca del vientre,
no le subió a la garganta.

Ni una sola palabra,
sólo una bola, una maraña
que sentía ahí, aferrada,
ahí, en su garganta.

Nada, no dijo nada
su boca parada,
su boca cerrada.
Y dentro de su vientre

una bola pesada.


lunes, 3 de febrero de 2014

Era yo y nadie más la que con el corazón lleno de agujeros iba desparramándose entera.



Palabras extraídas de: #Atención, pregunta# 64 ¿Por qué tenemos la sensación de que los días soleados son alegres y los grises son tristes?
Música: Iyeoka-Simple falling

lunes, 7 de enero de 2013

Moda Cortinera

Las cortinas tienen muchos usos… o al menos así lo veo yo. Más que adornar, más que refrescar una habitación e impedir que entren los bichos, más que tapar de miradas indiscretas, mucho más.
De peque las cortinas me servían de tienda de campaña, de campamento base, también de escondite, a veces incluso de cuerda, y en mis juegos más temerarios hasta de columpio. ¡Ay, así se quedaron las pobres!
Lo que mas me gustaba era improvisar un velo con ellas, ponérmelas de manto y creerme una novia camino al altar o una princesa mora, o una monja como las de mi colegio. ¡Que cosas!, los objetos mas inverosímiles eran mis mejores juguetes, supongo que en esto también me ayudó el tener una imaginación muy viva y cuatro hermanos cómplices que me jaleaban en mi locuras.

Hoy quiero hablarte de la “Moda Cortinera”. No sé si sabes lo que es, me acabo de inventar el término, pero por asociación entenderás que me estoy refiriendo a la moda hecha con cortinas, algo que en el cine ha dado -y espero que siga dando- mucho juego.


Alicia llega al palacio de la cabezona reina roja convertida en una gigantona por efecto del suculento panecillo “cómeme”.
Confundida al verla, la reina le pregunta quien es, pero ella apenas puede articular palabra, y Alicia no da a conocer su identidad por lo que se hace llamar Am (cuando la reina le pregunta su nombre ella dice "Am... Am...").
Entonces la Reina le dice que cualquiera con una cabeza gigante es bienvenida en su corte y hace que sus otros cortesanos, (una con nariz grande, otra con pechos grandes, otra con orejas grandes, uno con barriga grande y otro con papada grande) busquen ropa de su talla aunque tengan que utilizar la tela de las cortinas.
Y así es como nació este vestido. Un vestido asimétrico, improvisado, casi en dos escalas diferentes, producto de los esbozos y las tijeras de la diseñadora de vestuario Colleen Atwood. No me extraña nada que Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton se alzara con el Oscar al Mejor vestuario.


Giselle es una princesa presumida perdida en un mundo que no es el suyo. Ha pasado de vivir en el feliz mundo animado de Andalasia a terminar encaramada (sin saber cómo) en lo alto de un cartel publicitario a punto de caer al vacío… y sin príncipe salvador a la vista, ¡que horror!
¿Sin príncipe a la vista?
No, afortunadamente un apuesto abogado que pasaba por allí la salva y se la lleva a su apartamento para que ella pueda hacer una llamada telefónica, por supuesto luego tendrá que marcharse, pero… Giselle se queda profundamente dormida y al abogado se le ablanda el corazón.
A la mañana siguiente Giselle despierta y como buena princesa hacendosa empieza a cantar y a arreglar la casa, eso sí ayudada por un batallón de animalitos no todos encantadores. El ruido alarma al abogado que se queda de piedra cuando encuentra a Giselle rodeada de ratas y palomas, y ¡para colmo la princesa loca ha despedazado sus cortinas para hacerse un vestido!
La encargada del bucólico vestuario de Encantada fue Mona May.


Scarlett sabe de primera mano las penalidades y las penurias de vivir una guerra, del terror y las privaciones. Es plenamente consciente de la escasez y el hambre, de los sacrificios que hay que hacer para sobrevivir, para no perder lo realmente importante... la tierra, la tierra roja de Tara.
Para pagar los altísimos impuestos de Tara (una enorme cifra imposible de pagar para Scarlett) la joven piensa en Rhett Butler, el único hombre que conoce ostentosamente rico. Entonces planea aprovecharse del hecho de que Rhett está obsesionado con ella para seducirlo y hacer que se casen, y sí no consiguiera casarse con él, está dispuesta a convertirse en su amante para de cualquiera de las dos maneras conseguir el dinero para salvar a "Tara" y sacar a su familia de la pobreza. Así que antes de partir a Atlanta se fabrica un elegante vestido con unas viejas cortinas y toma otras precauciones en su aspecto para evitar que Rhett sepa que su único interés es el dinero, y también  para que él vea que ella sigue siendo toda una dama.
El maravilloso vestuario de Lo que el viento se llevó corrió a manos del genial Walter Plunkett quien ayudó a convertir a esta película en una obra maestra.


Los niños Von Trapp -siete trastos uniformados- pasan su vida de niñera en niñera, atormentándolas con sus perrerías, así se divierten porque no saben lo que es jugar… tampoco conocen la música ni la alegría.  
Eso va a cambiar pronto, en cuanto María, una novicia alocada abandone la abadía y pase a convertirse en su institutriz.
María no es precisamente amante de la rigidez, tampoco de las rigurosas normas del militar retirado que maneja su casa y a sus hijos con severa autoridad. No entiende porque no puede haber espacio en sus vidas para los juegos y la libertad, piensa que sus limpios uniformes le cortan las alas y los limitan… así que aprovecha que van a hacer cortinas nuevas para fabricarles a los niños unos estupendos trajes de recreo con las que sobran, ¡y listo!
Sonrisas y Lágrimas contó con Dorothy Jeakins como responsable del vestuario.

Esto de renovar el vestuario con la ropa de hogar me gusta, hay inmensas posibilidades a la vista: sabanas, manteles, toallas… Sólo hay que echarle imaginación… ¡e hilo!

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Planes para el fin del mundo


Todo esta a punto de irse a la mierda, perdón por la expresión, pero es que ¡no nos queda mucho tiempo! Y todo porque hace un montón de años (la tira de ellos) unos iluminados predijeron que esto se acababa en el 2012. Y oh, ¿sabes qué?, que parece que ha llegado el momento y me va a pillar atrabancada. Ay madre mía, ¿qué puedo hacer?, ¿qué haré si no me queda mas tiempo?, ¡con todo lo que tengo por hacer aún!
A nueves días de la “fecha cero” y venga lo que venga, ya sea una tormenta solar gigante, un súbito cambio de los polos magnéticos, el estallido de un súper volcán u otros drásticos desastres naturales, o incuso la amenaza cierta o incierta de que la Tierra pronto sea un escenario apocalíptico, asteroides errantes y agujeros negros incluidos, voy a echarle narices al asunto, voy a enfrentarme a esto con todas las ganas, voy a sacarle partido al tiempo que aún no ha caído en el montoncito de arena….

PLANES PARA EL FIN DEL MUNDO


-Nunca he subido a un tren, ni en un submarino, y tampoco en helicóptero, ni en un tanque, ni en una moto de agua, ni mucho menos en globo, pero tampoco he conducido una guagua, ni un camión, ni he montado a caballo, y aunque de peque hice equilibrios sobre unos patines de cuatro ruedas en realidad no sé patinar, ni esquiar, ni he hecho nunca una carrera de trineos… es que aquí no nieva, ¡y como no me tire por el Teide pa´bajo!
Me chafaría no ir subida en un elefante como un maharajá cualquiera por los límites de una selva verde, ni recorrer dunas ondulantes sobre un camello sediento. Sería una pena no saber la sensación que produce ir sobre un carro tirado por perros rebasando la llanura siberiana, o no poder sobrevolar los arrecifes coralinos sobre una avioneta peinando las olas turquesas de los mares del sur. Y llegado el momento en vez de salir por la puerta me lanzaría en paracaídas. Con mi puntería iría a parar justo al asiento de un jeep todoterreno, llenito de combustible, preparado para la aventura y con el motor revolucionado, listo para ascender escarpadas montañas y senderos.
¿Cómo sería escapar a todo pedal de los leones en la Sabana africana? ¿O ir en parapente hasta Paris? Podría recorrer Europa en bicicleta y regresar a casa en una barquita a pedales o remando. Podría hacer la ruta de Colón y volver a descubrir América, ¡para mí si que sería todo un descubrimiento! A lo mejor me daría un ¡flus! e inventaría la teletrasportación, ¡sería genial!, ahorraría tiempo, y ya sabemos que no nos sobra…


-Ahora que lo pienso nunca he sido rubia, ni pelirroja, ni he tenido el pelo verde, ni rosa, así que podría probar todos esos colores, alternaría los días, los peinados, los momentos... Pero si fuese práctica pasaría del pelo, quizá lo raparía para no perder tiempo desenredándolo. Aunque por otro lado, no quiero pasar al más allá calva, no es por ser presumir, pero quiero que San Pedro me reciba mona, ¡que menos!
Si no tuviese una profunda aprensión a las agujas me haría un tatuaje, pero tendría que ser algo especial, algo por lo que valiese la pena que una aguja que va a nosécuantas revoluciones por minuto me acribillase la epidermis con tinta indeleble. En fin, tendría que pensarlo, pero apurada, indecisa, los segundos se me echarían encima, así que me pondría nerviosa, me precipitaría y entonces acabaría eligiendo mal, seguramente algunos caracteres raros pero bonitos que acabarían significando algo chungo en otro idioma, tanto que los dependientes chinos del bazar de al lado terminarían vetándome la entrada….
¡No!, mejor dejamos para otra vida lo de los tatuajes.
Podría jugar con la ropa, ir un día de vaquera, o de dama antigua, o de fantasma con cadenas y todo, y los días de sol, no un sol tibio sino fuerte, podría probar con el “traje de Eva” y pasaría de la ropa, ¿por qué no? Tampoco creo que sea muy complicado improvisar un taparrabos con algunas hojas de palmera….


-Locuras, una palabra que abarca un amplio espectro de posibilidades, pero principalmente no pararse ante los límites, no me refiero simplemente a los stops o los semáforos en rojo, eso sería suicida y además una tontería, sino a esos impedimentos irreales que nos ponemos a la hora de enfrentar las cosas:
¿Por qué no voy a aparcar yo en el hueco mas estrecho del aparcamiento y a la primera? ¿Quién dijo que no me puedo chupar el codo? ¿Cómo es eso de que no se puede mezclar mentos con coca cola? ¡Espera!, ¿y por qué no voy a poder cenar con Brat en su restaurante favorito de Los Ángeles? ¿O fisgar en el secreter del presidente del gobierno y robarle su “tijera de recortes” mientras me fumo un canuto? ¿Y si me cuelo en el rodaje de alguna película de Steven Spielberg? ¿Por qué no puedo decirle a ese o aquel que me gusta o que lo odio? ¿O despilfarrar todos mis ahorros si me da la gana? ¿O montar un grupo de rock con una gaita, un ukelele y una percha usada? ¿Y por qué no tener un día macarra, pero macarra de verdad?: quemar todos los libros de matemáticas que encuentre y todos los capítulos de “Perdidos”, sabotear los titulares de todos los periódicos sensacionalistas, dar mal el parte meteorológico del telediario, cambiar los nombres de las calles en Google Earth, hackear las cuentas del hombre más rico del mundo, darle pis de mono a David Hasselhoff en vez de whisky y a Courtney Love polvos pica-pica en vez de crak, desvelar los secretos más sórdidos de la CIA…


-A corto plazo me cansaría, no podría seguir haciendo el mal, (ese rollo no va conmigo), así que me activaría en modo filantrópico que es más importante y esta mejor visto, tendría que ser más caritativa, más justa y humanitaria
Colaborar activamente en la preparación de la mejor guía de actuación ante el desastre, adoptar las medidas ecológicas y financieras que hiciera falta. Conseguir hacer piña globalmente y juntar dinero para destinarlo a construir refugios y silos con comida almacenada y útiles para veinte años. Embaucar al mejor de los científicos, al mas cualificado, para que construyera en un día un misil (en realidad un arca con animales y todo) que mandase a toda la humanidad a través del oscuro espacio hasta otro planeta (si se diese el caso) en donde empezar de cero. Pero, claro, tendría que ser un planeta vacío, libre de alienígenas, así pasaríamos de guerras y disputas conquistadoras.
Podría conseguir que todo fuese gratis, que todos los comercios abriesen sus puertas de par en par, para que a nadie le faltase de nada, mucho menos lo mas básico y vital… Haría igual con los hospitales.
De alguna manera intentaría disculparme con los que he fallado u ofendido, con esas personas a las que, queriendo o sin querer, no trate bien. Hallar la paz interior…


¡¡¡Rezar!!!
Rezar para que esto no sea cierto, implorar una segunda oportunidad, pero ¿a qué Dios?, ¡hay tantos!
En casos tan urgentes mejor curarse en salud, dejar las tonterías a un lado y ¡rezarle a todos! Alguno podría estar conectado y oyendo.


-Aprovechar el momento. Comer todo lo que me gusta. Beber todo lo que me gusta. Hacer todo lo que me gusta.
Oír música dos días seguidos (especialmente música de los 80 y los 60), leer los libros por el final, ver todas las películas que pudiera, escribir por todas partes incluso en las paredes…
Empaparme de la belleza del mundo, de sus amaneces, de sus días y sus noches, de sus cielos crepusculares, de sus puestas de sol, de la lluvia y del sol, de las flores y del campo, de la nieve, de la arena.
Estar con los que me importan, con la familia, con los que quiero, con mis mascotas. No dejar de decirles cuanto los quiero y la suerte que es que formen parte de mi vida, la suerte que es tenerlos…
Y cuando llegase el momento aferrarlos a todos entre mis brazos, poner algo de música y cerrar los ojos.
En esa leve fracción de tiempo antes del blanco infinito se me pasarían muchas cosas por la cabeza, ideas y recuerdos…
Sería complicado elegir una sola canción, pero yo elegiría una que dice: “Si amarte es un error no quiero entrar en razón.”


Yo amé esta tierra y esta casa, yo amé este pueblo y este mundo, y aunque ha sido un error aferrarme a ti, una verdadera locura pensar que eras eterna, aquí me tienes, porque si tu desapareces, si tu mueres, yo muero… ¡Hasta siempre planeta Tierra, se buena con mis cenizas!

He pensado detenidamente en el asunto -una suerte de tiempo que no cuenta como malgastado-  y he llegado a una conclusión: no hay que esperar a un fin del mundo para dar rienda suelta a tus deseos y sueños, tendemos a aparcarlos a un lado por si mas tarde podemos retomarlos y entregarnos a ellos, pero jamás contamos con un factor clave, un factor inesperado: ¿y si el día de mañana no podemos?, ¿y si no hay mañana?, ¿y si no hay después?, y entonces…¿qué?

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