jueves, 7 de octubre de 2010

¡Que dos!

Eran la cara y la cruz de una moneda, sin embargo ¡que pareja hacían aquellos dos!
Ella, alta, encaramada a sus estrafalarios zapatos de plataforma intentaba, a su peculiar manera, bailar. Su campo de actuación se limitaba a una baldosa, exclusivamente suya y de nadie mas. Un perímetro de unos treinta centímetros que albergaba sus ganas de comerse la pista. Había, sin duda, que valorar el esfuerzo que ponía en ello, en comerse la pista digo…Indiscutiblemente, por una noche, ella era la “dancing queen” del lugar.
Lo disimulaba pero no veía ni torta ya que era miope pérdida. Las sicodélicas y modernas luces de la disco la deslumbraban lo que la convertía en una persona un poco peligrosa. ¿Un poco? Muy peligrosa, porque se chocaba contra todo bicho viviente, y no tan viviente a cinco kilómetros a la redonda. Columnas, sillas, macetas, nada ni nadie se salvaba de su abrazo mortal. Apenas tenía ritmo pero se creía que si, lo que la hacía imparable además de peligrosa. Imparable y peligrosa tarareaba un poco desafinada la última canción que el discjockey había importado de alguna lista de éxitos extranjeros. Se divertía, la noche no tenía horas suficientes para su diversión.

Él era tímido y bajito, aunque aquellos zapatones, que apenas se veían gracias al bajo de sus anchos pantalones de campana, corregían aquella impresión. Bailaba bien pero no hacía alarde de ello, si lo hubiera hecho, (¡Ni Travolta ni ocho cuartos!) la pista hubiera sido suya de verdad. Le gustaba aquella música, que como decía su madre en tono de reproche sonaba como a gatos torturados, pero prefería el rock and roll. Lo mas moderno en aquel tiempo era la música disco… pero él no era un chico moderno así que no se sentía con ganas de emular a los iconos del momento, por lo que muy paciente se sentaba a esperar a que ella terminase de bailar... La paciencia debía ser su virtud porque ¡qué aguante más santo se gastaba con ella! Hacía algunos meses que salían juntos y aún le divertía observar la expresión que ella ponía cuando las luces cambiaban de intensidad y los éxitos discotequeros se sucedían. Era graciosa, despistada a más no poder, pero graciosa. Y nada le resultaba más divertido que mirarla, ya fuera torpe, cegata o pesada, cuando bailaba el mundo tenía que pararse (y apartarse)… porque ella podía llevárselos a todos por delante.




Setenta y tantos, año en el que aquellos dos se conocieron en plena era disco, y todavía hoy, nosécuantos años y cinco hijos después, aún les sube la fiebre al oír los hits de su época. Aquella que era hortera y melenuda, aquella que por algunos minutos les sigue trasportando a una pista llena de luces y bolas con espejos. Para ellos (mis papis) he viajado musicalmente en el tiempo y me he traído conmigo algunos de aquellos temas, esos que un poco también siento como míos.


Sus hits: 1. Night Fever - Bee Gees. 2. Ring My Bell- Anita Ward. 3. Shadow dancing- Andy Gibb. 4. More Than a Woman- Bee Gees. 5. Rock the Boat- Hues Corporation. 6. Stayin' Alive -Bee Gees. 7. The Hustle- Van McCoy. 8. Play That Funky Music- Wild Cherry. 9. You Should Be Dancing -Bee Gees.10. Disco Inferno- The Trammps.

Para la mamá mas bailonga y cantarina del mundo, de la chifli.

2 comentarios:

Raquel dijo...

Ay que dos!! Qué gracia me ha hecho leer esto. Me los puedo imaginar, los reyes de la pista de baile.
La selección musical me ha parecido muy acorde con sus gustos de la época. Geniales para bailar sin parar XD
Un beso.

Ana dijo...

Ya sospechaba yo que esta entrada te iba a hacer gracia, ;)
Pero es que vaya dos, ¡y que guapos estaban!
La música es su banda sonora y ¡¡me encanta!!
Muchos besos Raque
:D

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