lunes, 22 de octubre de 2012

La familia Bohemunstein IV

Las hermanas Bohemicus pertenecen a la rama más tradicional de la familia Bohemunstein cuya grafía fue modificada y latinizada hace un par de siglos. El clan ya se había dividido mucho antes, durante la oscura época que asoló Europa, aterrorizando, persiguiendo, torturando y asesinando a todo el que estuviera bajo sospecha de herejía. Los Bohemicus defendían el privilegiado uso de la magia como una bendición, pero estaban al tanto de las terribles consecuencias de exponerse, así que crearon un código por el que empezaron a regirse: exclusivamente utilizarían la magia para ayudar a terceros nunca a si mismos, por supuesto (y como punto importante) manteniendo siempre su intervención en secreto. Los ambiciosos Bohemunstein no estaban muy lejos de pensar lo mismo aunque con ciertas variantes: opinaban que a veces la mejor ayuda es la que uno se da a si mismo. Las severas Bohemicus no compartieron dichos principios y partieron  hacía las tierras mas orientales, defendiendo una vida austera y recta, alejada de toda ostentación.
Alia, Ada, Ágata y Abigail fueron unas de las mejores clarividentes. La bola de cristal, el péndulo, la baraja de tarot y la adivinación por quiromancia fueron su mejor habilidad. También fueron unas de las mejores espiritistas y médiums de que se tiene conocimiento. Se rumorea que jamás aceptaron nada a cambio, pero muy de vez en cuando eran obsequiadas con todo un surtido de medias de colores a rayas, su única debilidad.

Anizabet Bohemusntein empezó a escribir desde muy temprano, utilizando con frecuencia la ceniza de la chimenea o el vaho de los cristales. Esto formaba parte de su explosión artística, todo un don. Su primer trabajo serio fue la recopilación completa de los relatos macabros de la vieja madrasta, una versión jamás publicada de los verdaderos hechos que llevaron al intento del golpe de estado en el palacio de Blancanieves, y que tapada por ciertos intereses, jamás vio la luz al dotarla ella de una prosa revolucionaria. Dominar el alfabeto rúnico medieval le fue de mucha utilidad para traducir un añejo libro de pócimas de la familia,  cuya única función real era la de hacer de pie de mesa. Durante años trabajó en varios ensayos y novelas, consiguiendo que la crítica del momento la definiera como “una escritora sátira, hambrienta de palabras, capaz de novelizar el pensamiento de Joan Morgancraft sobre la educación de una buena bruja”. De sobra es conocida la extensión de su biblioteca que ocupaba tres alturas. Consumidora habitual de polvo de hada, se enganchó más y a más a la sustancia, hasta el punto de que no volvió a ver a las musas sin ayuda. La leyenda apunta a que el verdadero talento de sus escritos pertenece a la pluma encantada que robó a un mercader. Sin duda teorías sin fundamento que sólo pretender echar por tierra la increíble labor de mi antepasada Anizabet.

No quiero saturar con historias macabras pero aún tengo que hablarte de Anitoby y Anacleto, ¡será bestial!…

5 comentarios:

roberto dijo...

Hola Ana. Que familia... mamita, si hasta despiertan envidia.
Esperemos a Anitoby y Anacleto, para ver si sacamos algo bueno.

Un abrazo.

Ana dijo...

Hola Roberto, no te hagas muchas ilusiones con Anitoby y Anacleto, no son de lo mejorcito que abunda por mi árbol genealógico, pero bestial literalmente será un rato.
Un abrazo
:D

Raquel dijo...

:)) Qué bueno, me he reído con lo de las medias de colores, es que cada uno tiene sus vicios, faltaría más.
Lo de la pluma encnatada de Anizabet... calumnias, es facil despertar envidias cuando a alguien le va bien, pero imperdonable lo del polvo de hada, con lo caro que sale el kilo y lo raro que es encontrarlo de buena calidad. No, ese no es un vicio aceptable en una bruja que se precie, en cambio coleccionar medias de rayas es otra cosa, nunca se tienen suficientes medias :)
Besos.

Ana dijo...

¿Que sería de una buena bruja sin su surtido de medias a rayas multicolor? Todos tenemos un punto débil, las Bohemicus no podían evitar sentir fascinación por sus medias psicódelicas.
En cuanto a la pluma encantada, ya sabes la envidia lo peligrosa que es, pero nada, teorías sin fundamento a los que no hay que dar mucha credibilidad.
El polvo de hada es un vicio muy peligroso, ¡no sabes lo vengativas que se ponen las hadas cuando les roban un poquito de su polvo mágico dorado! Ni que fuera de oro puro...
;)
Besos

Carol Torrecilla García dijo...

Me encantan.
Escribes como nadie. =)

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