martes, 23 de octubre de 2012

La Letra Escarlata

Ambientada en la Nueva Inglaterra de los puritanos del siglo XVII, la Letra Escarlata narra el terrible impacto que un simple acto de pasión desencadena en la vida de tres miembros de la comunidad: Hester Prynne, una mujer de espíritu libre e independiente, objeto del escarnio público; el reverendo Dimmesdale, un alma atormentada por la culpa, aunque digno de estima general; y Chillingworth, un ser siniestro, cruel y vengativo que maquina en la sombra. Para despertar el horror, Hawthorne no recurre ni a la violencia, ni al crimen, ni a cualquier otro recurso tópico del género, sino que desciende al pozo de la psicología humana para observar las horribles bestias que reptan y se alimentan en la jaula de la conciencia. En definitiva, una obra que explora el sentimiento de culpa, la fuerza que se devora a sí misma.

La Letra Escarlata fue publicada en 1850. En ella, Nathaniel Hawthorne trata los temas de la gracia divina, la justicia y el castigo.
Hawthorne es conocido sobre todo por sus relatos breves -que él llamó "cuentos"-, muchas veces de contenido siniestro, al gusto de la época, y por sus cuatros novelas largas. La letra escarlata (“The Scarlet Letter”, 1850), La casa de los siete tejados (“The house of the Seven Gables”, 1851), La novela de Blithedale (“The Blithedale Romance”, 1852) y El fauno de mármol (“The Marble Faun”, 1860). (Otra novela titulada Fanshawe, fue publicada anónimamente en 1828.)
Hawthorne publicó asimismo varios libros de cuentos para niños.
Autor encuadrable dentro del Romanticismo americano, (como Edgar Allan Poe), muchas de sus historias, de contenido generalmente alegórico, recrean intensamente el ambiente puritano que empapaba la sociedad de aquellos años.
La crítica más reciente ha prestado atención preferente a la voz narrativa de Hawthorne, considerándola dentro de una retórica autoconsciente, que no debe ser confundida con la verdadera voz del escritor, lo que contradice el viejo concepto sobre Hawthorne de plomizo moralista cargado de complejos.
Sus relatos leves y patéticos destacan por su estilo elegante y depurado.

-Demi Moore y Gary Oldman, protagonizaron la mas reciente adaptación cinematográfica de la novela. Una película del año 1995, dirigida por Roland Joffé y que no es del todo fiel al original-

“LA LETRA ESCARLATA”
Nathaniel Hawthorne

Al leer un clásico de esta categoría siempre hay que tener en cuenta el tiempo trascurrido y como han cambiado los estilos. Y ha pasado más de siglo y medio desde que la novela fue pensada así que los estilos han variado mucho, muchísimo. Hay que entender que no nos encontraremos con una novela ágil, no tendrá tintes cinematográficos, no será como ver un capítulo de una serie de televisión. Entendido esto tenemos que valorar el libro con paciencia: es denso, es lento, hay expresiones, hay palabras, hay metáforas, hay comparaciones, hay prosa que no es nada actual, que no es del todo directa. Pero tras todo esto la historia que hallaremos merece la pena. Una historia sobre una mujer condenada, sobre el peso de los actos, sobre el martirio, el sufrimiento, la moralidad, la justica (e injusticia), la sociedad y la hipocresía, la religión, el puritanismo y el fanatismo, la redención, la expiación, la fidelidad... Una historia sobre el silencio y sobre el amor.
Es el amor de Hester lo que la lleva a guardar silencio, porque en su silencio esta su fuerza, con su silencio ella está amando, sacrificándose, intentando vivir con dignidad en una sociedad injusta e hipócrita, intentando redimir su pecado ella sola, porque después de todo ella es la adúltera...
Su única compañía es su hija Perla, un espíritu libre y salvaje, inocente, pero señalado al igual que su madre, una niña-duende, una letra escarlata andante, el producto de la pasión y el pecado de su madre, su tesoro mas grande, una criatura inteligente que siente verdadera intriga hacía la marca que las aísla de todos los demás.
Pasado el tiempo, Hester consigue cierto respeto en la comunidad, una comunidad que empieza a valorar sus sacrificios y no a verla sólo como una mujer manchada y marcada. Una mujer que ayuda a los demás, a los más necesitados, aunque la desprecien o la humillen. Una mujer que tropezó una vez pero que pagó toda su vida un alto precio por ello. Demasiada condena, diría yo.
Por el contrario no es el reverendo Arthur Dimmensdale un ejemplo de sacrificio, jamás surge como un héroe redentor, sino que se consume en el silencio y en la culpa, en la enfermedad, el tormento y la flagelación. No habla a tiempo, y no comparte con Hester el peso de la letra escarlata. Un personaje débil, devorado por el miedo a ser señalado.
En el otro extremo del triangulo está Roger Chillingworth, el marido de Hester, y que aparece tras dos largos años de abandono cuando todos le daban por muerto… un viejo extraño que sabía, antes de casarse con ella, que su mujer no le amaba. Un personaje cínico, que esconde su verdadera identidad, como una manera de ejercer cierto poder sobre Hester. Una sombra torturadora que convive con el reverendo Dimmensdale sin que este sospeche quien es realmente.
Al terminar la lectura me asaltaron algunas preguntas: ¿tan horrible es el pecado de amar?, ¿es peor el adulterio de una mujer que el de un hombre?, (seguro que ellos en aquella época hacían lo que les daba la gana, ¡como en todas!), ¿por qué somos nosotros nuestros peores jueces?, ¿por qué le cerramos tan obstinadamente la puerta a la felicidad?, ¿por qué los actos de sacrificio no tienen una recompensa, por lo menos terrenal?, ¿amar significa sacrificar?, ¿por qué la religión ha perseguido así a las personas, a las mujeres, con esa acérrima sinrazón?, ¿por qué todo lo que parece raro es producto del mal y del diablo? ¿son mejores los actos de violencia?, ¿no hay redención?, ¿no hay perdón?
Sólo puedo decir que este es un libro muy interesante y bien escrito, un libro que tengo que recomendar.

“(…)infundió nuevos terrores en sus imaginaciones y dio la impresión de que el color rojo de la letra salía de las llamas del abismo infernal. Hester Prynne, mientras tanto, permanecía sobre el pedestal de la vergüenza con ojos vidriosos y una actitud de cansada indiferencia. Había soportado aquella mañana todo lo que su naturaleza podía soportar, y como su temperamento no era de esos que escapan a un sufrimiento demasiado intenso mediante el desmayo, su espíritu no podía hacer sino refugiarse bajo una pétrea corteza de insensibilidad mientras seguían intactas las facultades de la vida animal. En ese estado, la voz del predicador tronaba despiadada, pero sin eficacia, en sus oídos. Durante la última parte de la penosa prueba, la criaturita rasgaba el aire con sus chillidos y llantos; ella trató mecánicamente de hacerla callar, pero apenas parecía compartir su turbación. Con la misma actitud dura fue devuelta a la prisión, y desapareció de la vista del público tras el portón tachonado de clavos de hierro. Los que la siguieron murmuraron que la letra escarlata despedía un resplandor tétrico por el oscuro pasadizo de la prisión.

Fuentes: El Club Diógenes, Valdemar. Wikipedia. Google imágenes.

6 comentarios:

roberto dijo...

Ana, gracias por la recomendación, hace un tiempo que lo tengo en la mira, solo que no me animaba ya que cuando empiezo a leer un libro lo debo terminar me guste o no. Es una especie de castigo que me impongo que todo libro que llega a mi biblioteca debe ser leído y no un objeto de adorno.

Un abrazo.

Ana dijo...

Hola Roberto, yo tengo algunos objetos de adorno en mi estanteria, a ver si empiezo a verlos como libros pendientes, jaja. A mí me pasa igual, no me gusta abandonar libros una vez empezados pero no veas lo que cuesta a veces terminarse un libro que no te llena nada. De todas formas yo creo que no te arrepentiras de leer "La letra Escarlata", ya sólo por su autor y antiguedad vale la pena, es denso pero la historia es interesante, la culpa, el arrepentimiento, la expiación.
Gracias por seguir por aquí.
Un abrazo
:)

Raquel dijo...

Aunque fue escrita hace más de un siglo y medio a mi no me pareció tan dificil de leer, es verdad que la manera de narrar no es la más fluida pero tampoco es tan denso. El tema es suficientemente interesante para leer sin problemas. Opino lo mismo que tú, es un libro interesnate y recomendable. La marca, la letra, era también una manera de dejar en evidencia a sus jueces, ellos que la condenaron con fanatismo e injustamente, como para no dejarles olvidar la injusta condena a la que le habían sometido, a ella y a su hija.
Buen libro.
Un beso.

Ana dijo...

Interesante comentario, no había barajado esa posibilidad, pero tienes razón, la letra, la marca, también era una evidencia de la injusticia de sus jueces, esos puritanos erigidos en manos de Dios, con toda su falsa hipocresia y su doble vara de medir al pecador.
Besitos hermana
:)

Carol Torrecilla García dijo...

Me lo apunto: tengo muchas ganas de leerlo.
¡Qué buena reseña!

Ana dijo...

Una lectura muy recomendada Carol
;)

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