miércoles, 10 de octubre de 2012

La familia Bohemunstein II

La intrépida Jana Bohemunstein es una de las antepasadas mas ilustres que pueblan mi árbol genealógico, ¡nunca mejor dicho! Bailarina notable cultivó muchas ciencias, sintiendo verdadera pasión por la botánica y la biología, y de una manera perturbadoramente obsesiva también por la genética. Conocedora del poder de las plantas y los minerales,  sus suministros botánicos eran los más completos de su tiempo, y dieron para abastecer a generaciones y generaciones de Bohemunsteins que gracias a ella jamás supieron lo que significaba que en su caldero faltara algún ingrediente esencial. Viajera incansable recorrió el planeta en busca de legendarias malas hierbas, pero fue su frío laboratorio el mejor testigo de su trabajo. Encerrada en su lóbrego despacho (situado en el más mudo de los sótanos) sus experimentos fueron altamente inmorales. A Jana le preocupaban temas como la hibridación entre especies y muy especialmente la investigación de las células poliploides y sus cromosomas. Se le atribuye la invención del baile de la victoria, un equivalente al “¡Eureka!”, que pronunciara siglos antes el colega Arquímedes.


Aser Bohemunstein ha sido, es y será la mejor mascota de la familia. Mitad gato, mitad murciélago fue el fallido e inmortal producto (eso creemos) de uno de los experimentos menos éticos de mi tía abuela Jana… ¡aunque, por supuesto,  mucho mejor que aquellos monos voladores tan tontos! La docilidad y la obediencia jamás fueron rasgos que le definieran, y quizás por su media existencia felina nunca manifestó intención de servir a nadie que no fuera él mismo, mostrándose poco dado a acatar una sugerencia, ¡cuánto menos una orden!
Criatura nocturna como pocas y con un apetito siempre voraz, Aser tenía… bueno tiene especial debilidad por narices de carteros y dedos de cobradores del frac, sin olvidar otros insectos y demás semillas, muy especialmente de amapola. Aunque entiende a la perfección más de tres mil idiomas sólo emplea un dialecto muy cerrado perteneciente a una región muy remota de los Cárpatos. Un modo algo estúpido de no olvidar al vampiro que lo crió y lo separó de su colonia de hermanos antes de ser vendido a Jana y antes de que ésta – ¿desafortunadamente?- lo convirtiera en el hibrido que ahora es.
 

En la próxima cita con la familia te hablaré de Arabela y Anatol, ¡su obra y gracia te horripilaran!…

4 comentarios:

Carol Torrecilla García dijo...

¡Me encanta! Una historia alucinante.
Sigue, que quiero saber más....

Ana dijo...

Y no te dejaré con las ganas de saber más, te consentiré , jaja, para que no te me quejes luego.
:D

Raquel dijo...

El gato hibrido me encanta, es más mono, con sus colmillitos y su hambre voraz... ay, que achuchable.

Ana dijo...

Te lo presentaré un día, ya verás como no te resulta tan achuchable, es malo y por eso me gusta, es su encanto, a parte de su manía de hablar sinq ue nadie le entienda, jeje, y se la pasa volando porque a veces se pierde días y semanas enteras, ¡siempre va a su bola!
:D

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