lunes, 19 de septiembre de 2011



Desde los poblados de la edad de piedra, cerca del oasis de Kebili, hasta los escenarios en donde se rodó parte de La guerra de las galaxias en Matmata, sus paisajes, exuberantes o lunares, han visto más acción que todos los países de África juntos. Ya sea la mezcla cultural franco-árabe de la capital o la inabarcable extensión del Sahara, lo que se encuentra en Túnez impresiona. Al fin y al cabo, tres mil años de historia convencen a cualquier visitante.


Túnez, cuyo nombre oficial es República Tunecina, es un país situado al norte de la costa mediterránea africana, cuya capital es Túnez. Es el país más pequeño del Magreb, ubicado entre las estribaciones orientales de la cordillera montañosa del Atlas y el mar Mediterráneo. La superficie de Túnez es de 165.000 km², con una población estimada en 10,3 millones de habitantes. Aproximadamente el 40% de este país está compuesto por el desierto del Sahara, mientras que el resto es suelo fértil y adecuado para la agricultura; además, tiene 1.300 km de costa. Limita con Argelia al oeste y Libia al sur este.


Que ver en Túnez:


-La Medina-

La medina es el núcleo histórico y cultural de la moderna Túnez. Construida durante el siglo VII, perdió su privilegio como centro de la capital cuando los franceses tomaron el poder y erigieron su ville nouvelle hacia finales del siglo XIX. Uno de los lugares de interés más antiguos de la medina, la mezquita de Zitouna, fue reconstruido en el siglo IX sobre la estructura original del siglo VII. Sus constructores reciclaron doscientas columnas de las ruinas de la Cartago romana para la sala de plegarias central. Los no musulmanes vestidos con recato pueden entrar hasta el patio. El olfato ayudará a traducir el nombre del cercano Souq el-Attarine, el zoco del perfumista, donde las tiendas se surten de aromáticos aceites y especias. Al Oeste, la mezquita de Youssef Dey fue la primera de estilo otomano que se construyó en la ciudad (1616). En el cercano Souq el-Berka los corsarios musulmanes vendían a los esclavos.


La medina fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981.
Las calles de la ville nouvelle están flanqueadas por edificios de impronta francesa repletos de verjas de hierro forjado y ventanas de lamas. Tras admirar la arquitectura colonial, merece la pena visitar la catedral de St Vincent de Paul,  que presenta una amalgama extraordinariamente estrambótica de estilos arquitectónicos (gótico, bizantino y norteafricano).
A unos 4 km al oeste del centro de la ciudad se ubica el indispensable Museo del Bardo, instalado en el antiguo Palacio del Bardo, la residencia oficial de los beys husseinitas.


-Cartago-

A pesar de la fascinante historia de Cartago y la posición de dominio que mantuvo en el mundo antiguo, los romanos hicieron tal trabajo de demolición que las ruinas actuales son algo decepcionantes. Casi todo lo que queda es de origen romano; ningún resto púnico. Hay seis centros de interés, pero están dispersos y muy distantes unos de otros.
El mejor punto de partida es la colina de Byrsa, que domina la zona y proporciona una perspectiva general desde su cima. A sus pies se encuentra la catedral de St Louis, visible desde algunos kilómetros a la redonda. Es una construcción de proporciones descomunales, que fue erigida por los franceses en 1890. El Museo Nacional es el gran edificio blanco ubicado en la parte posterior de la catedral, y sus exposiciones, renovadas, merecen un vistazo. La muestra púnica, en la planta superior, es muy recomendable.
El anfiteatro romano en la parte occidental de Byrsa, (a 15 minutos andando) fue uno de los más grandes del Imperio. La mayoría de sus piedras fueron extraídas para otros proyectos de construcción en siglos posteriores. El conjunto de enormes cisternas situado al noreste del anfiteatro constituía el principal suministro de agua de Cartago durante la era romana; ahora se hallan en ruinas y las dificultades de acceso, entre espinosas chumberas, hacen que apenas merezca el esfuerzo.
Las termas de Antonino se localizan al Sur, en el frente marítimo, e impresionan básicamente por su tamaño y situación.


-Sidi Bou Saïd-

Este encalado pueblecito está ubicado en lo alto de un acantilado que mira al golfo de Túnez, y se encuentra a unos 10 km al noreste de la capital. Es un sitio delicioso para dar un paseo por sus estrechas calles adoquinadas. Sus relucientes paredes están provistas de rejas en cada ventana, ornamentadas y pintadas de un intenso color azul, y de vistosas entradas arqueadas que sirven de acceso a patios salpicados de geranios y buganvillas. A nadie se le reprochará que piense que ha tropezado con una diminuta isla griega.
El centro de actividad de la población es su plaza principal, Place Sidi Bou Saïd, bordeada de cafeterías, puestos de dulces y tiendas de recuerdos. El faro, que domina el pueblo, se yergue en el emplazamiento de un fuerte del siglo IX.


-Península de Cap Bon-

Esta fértil península penetra en el Mediterráneo desde el noreste de Túnez. Se ha especulado que en el pasado la península llegaba hasta Sicilia, constituyendo un enlace terrestre con Europa que se hundió en el mar hace 30.000 años.
En las calles de Hammamet es probable descubrir diez turistas por cada vecino del pueblo, y el ritmo nunca afloja, excepto en pleno invierno y por poco tiempo.
Cuando se llega a Kelibia, se han dejado atrás los destinos turísticos más demandados de Túnez. En su lugar se encontrará una diminuta urbe que sobrevive principalmente de su flota pesquera, con unos cuantos y modestos centros turísticos, playas protegidas y un fabuloso fuerte del siglo VI que domina el puerto.
A medio camino entre Kelibia y El-Haouaria se halla el poblado cartaginés de Kerkouane, una ciudad fundada en el siglo VI a.C. destruida finalmente por las fuerzas romanas. Fue excavada en 1962, y un museo alberga dichos hallazgos, como la princesa de Kerkouane, la tapa de madera de un sarcófago esculpida con la forma de la diosa Astarté.
La pequeña población de El-Haouaria está emplazada debajo de la punta montañosa de Cap Bon. Es un pasaje tranquilo con varias playas aceptables -sobre todo en Ras el-Drek-, pero su principal atractivo son las cuevas romanas en la costa, a 3 km al oeste de la ciudad. Gran parte de la piedra que se usó para levantar Cartago fue extraída de este notable complejo de cuevas de arenisca amarilla. Los canteros descubrieron que la calidad de la piedra era mucho mejor en la base de los acantilados que en la superficie, por lo que optaron por abrir túneles. Tras casi mil años de extraer arenisca, el resultado son las cuevas actuales.


-El-Jem-

El bien conservado y antiguo coliseo (casi tan grande como el de Roma) empequeñece los edificios de la ciudad moderna. Erigido en una meseta a medio camino entre Susa y Sfax, a unos 210 km al sur de la capital, El-Jem puede divisarse desde varios kilómetros a la redonda, dominando por completo la zona.
El coliseo, construido entre los años 230 y 238 d.C., ha sido utilizado como puesto defensivo en numerosas ocasiones. Sufrió graves desperfectos en el siglo XVII, cuando las tropas de Mohammed Bey abrieron un boquete en el muro occidental para hacer salir a los miembros de la tribu local que se habían rebelado contra los impuestos exigidos. La brecha se ensanchó todavía más durante una rebelión en el año 1850, pero, por fortuna, en la actualidad se concede mucha importancia a su conservación y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Con una capacidad para 30.000 personas (una cifra que supera al de la población de la ciudad), es uno de los monumentos romanos más impresionantes de África. Aún se puede ascender hasta las gradas superiores y observar la arena, o explorar los dos largos pasadizos subterráneos que en otros tiempos albergaban a gladiadores, animales e infelices condenados.


-Tozeur-

Tozeur es una de las paradas más demandadas por los viajeros. Sus principales atractivos radican en un casco antiguo laberíntico, un interesante museo y un extenso palmeral en la punta septentrional de Chott el-Jerid. A unos 435 km al suroeste de la capital, el camino se torna emocionante: la carretera de Kebili atraviesa un chott (laguna salada desecada) por un paso elevado.
El evocador barrio antiguo de la ciudad, Ouled el-Hadef, fue construido en el siglo XIV d.C. para alojar al clan de El-Hadef, que se enriqueció con el comercio de las caravanas. Es una maraña de estrechos callejones cubiertos y de diminutas plazas y ha adquirido fama por sus métodos genuinos de fabricación de ladrillos. Existe un pequeño, pero notable, museo de arqueología que merece una visita.
El palmeral de Tozeur es el segundo de mayor tamaño de Túnez, con cerca de doscientas mil palmeras en una superficie de más de 10 km². Es un clásico ejemplo de agricultura de oasis en terraza y se halla surtida por más de doscientos manantiales, que producen unos sesenta millones de litros de agua al día. El mejor modo de explorar el palmeral es a pie o en bicicleta, que se puede alquilar en la entrada.

-Matmata-

El pueblecito de Matmata, a 400 km al sur de la capital, se encuentra en la costa sureste. Las casas subterráneas de este poblado troglodita han demostrado ser un reclamo irresistible para los turistas o para los viajeros que acceden al lugar en vehículos todoterreno tras un safari por el desierto.
El pasaje desprende un aire casi surrealista, con un entorno un tanto lunar. Sin duda ése es el motivo por el que fue elegido como lugar de filmación para las escenas de desierto de la película “La guerra de las galaxias” Los bereberes de la zona construyeron viviendas subterráneas hace más de mil años para escapar del extremo calor del verano. Todas las casas son prácticamente idénticas, con un patio excavado a unos 6 m de profundidad y habitaciones en túneles abiertos en los lados. Las más amplias cuentan con dos o tres patios y se accede a ellas a través de una estrecha escalera desde el patio hasta la superficie.


¡Buen viaje!

Fuentes: Lonelyplanet.es/Turismo_Destino_Tunez. Wikipedia. Google imágenes.

4 comentarios:

Taty Cascada dijo...

Me encantaron las viviendas bajo tierra, son realmente alucinantes. Túnez es un destino imperdible, sin lugar a dudas.
Un beso para ti.

இலை Bohemia இலை dijo...

Túnez me atrae un montón, siempre que dan un documental sobre ese país lo veo con avidez y me encantaría ir algún día, especialmente para conocer Cártago y Sidi Bou Said que em apasiona con su casas blancas y sus puertas y postigos azules, que maravilla...dice que es un lugar muy bohemio...ideal para nosotras no? compañera....jejejeje

Un abrazo guapa!

Domi dijo...

Que maravilla!!!!
Me ha encantado tu blog!

Saludos :)

Ana dijo...

Hola Taty, esas casas son muy curiosas, seguro que estan fresquitas, jaja. Pienso que Túnez es un gran destino.
Besos
;)

¡Hola Bohemia!, me has pillado, no podía pasar por alto este destino tan bohemio y bonito. Ya me imagino recorriendo Sidi Boud Said sobre una bicileta con cestita, jaja, ¿quien sabe?
Un abrazo
;)

Hola Domi, bienvenida, me encanta que te encante mi blog, vuelve cuando quieras
Saludos
;)

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