martes, 20 de octubre de 2015

Ternura, belleza, sensualidad y erotismo en el cine de terror

La fórmula del miedo en el cine se sirve de unos ingredientes fundamentales e infalibles: sangre, muerte, dolor, tortura, angustia…
La tensión provocada salta de la pantalla a tu butaca, a tu sofá, y te estruja el cuerpo en un espasmo de pánico, de rechazo, incluso de asco. La culpa la tiene ese algo sobrenatural, cómo una presencia diabólica que se ha apoderado de la voluntad de alguien, otras es por el psicópata desquiciado que anda al acecho de partir en dos a la rubia protagonista con su sierra eléctrica, también está ese fantasma de la sombría casa señorial atrapado en el mundo de los vivos que sabe como mortificar a los que viven en el otro plano de la conciencia.
Pero el cine de miedo también se ha servido de otro ingrediente igual de importante: el sexo.
Entonces la receta varía un poco, la atracción al miedo es diferente, más excitante, más peligrosa, ficticia, inexacta pero intensa, es otra clase de miedo si puede llamarse miedo, no existe el horror propiamente dicho, todo está más relacionado con el erotismo. Y aquí entran en juego algunos clichés, algunos deseos inconfesables, algunas fantasías, no todas para demonizar al sexo.
En el cine de miedo no hay muchos héroes aunque esto ha cambiado últimamente sobre todo en ciertas sagas con componente adolescente. El séptimo arte se ha valido de códigos de lenguaje, esto es emplear por ejemplo la ciencia ficción para tratar temas políticos y religiosos, en el caso del terror se trata del sexo. ¿Y por qué el cine de terror está tan vinculado al erotismo? Una de las claves apunta a que en numerosas ocasiones el miedo y el agobio excitan a ciertas personas. Leyendo al respecto en algunas páginas especializadas en cine que aparezca una mujer indefensa en las películas es una de las cosas que más excita.
Los mismos tópicos: siempre es la mujer (rara vez el hombre) la que está en peligro y no puede salvarse, casi siempre el rol femenino impone que ella tiene huir con muy poca ropa, a veces medio desnuda. ¿Y de qué huye esa mujer huérfana de abrigo y ayuda? Sí, algunas veces es de algo muy feo, pero en este caso es de algo llamado vampiro.
Un vampiro, ser mitológico, no simplemente monstruo ávido de sangre, un individuo subyugante y hermoso, dotado de un importante don de seducción.
Hablar de sexo y vampiros puede parecer redundante, ya que el imaginario popular los asocia casi inevitablemente. Los vampiros, como cualquier otra manifestación de la no-muerte dentro de las leyendas populares, son seres con un intenso apetito sexual, el cual no siempre se manifiesta abiertamente. En otras palabras, casi todas las actividades y hábitos asociados a los vampiros poseen una fuerte carga de simbolismo sexual, virtud que les ha valido una permanencia incuestionable en los mitos modernos.
El vampiro masculino somete de tal manera a sus víctimas que casi siempre da la impresión de que son ellas las que se entregan voluntariamente a sus apetitos.
Nunca hay violencia directa en contra de la voluntad de la víctima, sino una especie de danza de seducción que finalmente acabará con una entrega total, absoluta.
Aquí encontramos el primer símbolo sexual en la cultura vampírica: la relación de poderes y el anhelo de someter como único vehículo de satisfacción del deseo.
El abandono absoluto de la mujer ante el poder de persuasión del vampiro es equivalente a la entrega sexual. Ofrecer la propia vida, sacrificarse, es una sublimación del acto de entregar el cuerpo a la persona deseada.
Por esto las películas de vampiros son las que más oportunidades de ver escenas de sensualidad y sexualidad nos ofrecen.
En el titulo del post e incluido la palabra ternura. El que nos puede inspirar Frankestein un monstruo recién nacido, ¿flotará la niña como lo hacen las flores? Una horrible manera de descubrir que la verdad no era tan bonita.


Fuentes:

Google imágenes

3 comentarios:

amparo puig dijo...

La verdad es que a mí me gusta el miedo puro y duro, sin aditivos ni colorantes. Me gusta el miedo de Psicosis, de Los Otros, ese tipo de miedo psicológico donde no hay torturas ni sangre ni sexo ni erotismo. Magnífica entrada y muy interesante.

Montse Martínez Ruiz dijo...

Chulísimo el vídeo ¡me ha encantado! y habéis hecho una magnífica selección de películas y el tema musical es muy acertado, le da encanto a esa ternura, belleza, sensualidad y erotismo.
Drácula es el que mejor refleja todo eso, menos la ternura, de dejarse seducir ante el miedo.
Un besito, guapa y otro a tu gemela :)

Ana Bohemia dijo...

Hola Amparo, el miedo sin artificios, ese es el verdadero miedo, que nada artificial te ponga en situación, ni máscaras, ni músiquillas... ¡pues sí! Eso es el miedo que funciona. Gracias por leerme y por interesarte.
Saludos
:D

Hola Montse, nos alegra que te haya gustado el vídeo, quedo chulo.
Drácula es por autonomasia el seductor de la noche, su porte, su capa, su mirada hipnótica, él representa esa oscura sensualidad.
Muchas gracias por seguir visitando este mundi.
Besos
:D

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