viernes, 2 de marzo de 2012



(…)
-Subamos…
-¿Subir adonde?- bromeé inocente, -¿a la luna?
-¡A mi casa!
Me cogió de la mano al verme tan despistada. Quizás quería tirar de mí. Y sin querer yo me mostré más reticente de lo que hubiera querido.
¿Podría advertir Roberto lo nerviosa que me estaba poniendo?
-¿Nunca habías entrado antes a la casa de un hombre?- se regodeó al comprobar mi infantil reserva.
Fingí. Alardeé un poco. Bramé que si. Y me hice la mayor, la experimentada. Creo que hasta me puse algo chulita, presumiendo de moderna y todo.
Roberto leyó en mí como en un libro abierto y sus ojitos bailaron. Una mueca risueña porque me había calado.
Lo cierto era que me temblaban las rodillas, ¿lo habría notado?
-¡Vaya!- bramó él con humor, -yo sólo quería darte algo que tengo arriba, nada más. Me dio un coscorrón, diciendo: -menuda cabecita mas calenturienta la tuya.
Humillada  observé que se adentró en aquel portal sombrío esperando a que yo siguiera sus pasos. ¡Claro después de haberme tomado el pelo!

Tomé aire y me ahogué. Tosí y me recuperé. Me mordí las uñas y sin darme cuenta me había ido adentrado poco a poco en los secretos de aquel oscuro portón.
Sus pisadas resonaban veloces sobre los roídos escalones. La madera de la que estaban hechos era muy vieja y tenía ese olor penetrante a polvo, a cigarro viejo, a hierba seca, quemada, una mezcla de incienso dulce o cera derretida. En definitiva un olor tan empalagoso que se apoderó de mis fosas nasales. El pasamanos debía estar igual de carcomido que toda la estructura de la escalera pues crujió agónicamente bajo mi mano. Las bombillas tenían menos capacidad que una vela y en sí el ambiente parecía, aparte de  apolillado y sumamente deteriorado, muy desusado.
¿En serio que allí vivía gente? Me pregunté, pero seguí subiendo, siguiendo el eco de sus pasos. ¿Gente que pagaba sus alquileres? Me seguí preguntando al ver el tamaño de aquellos agujeros en la tarima.

-¡Cuidado con el escalón, que esta suelto!- me advirtió la voz de Roberto desde las alturas.
Me había tomado mucha ventaja y no pude alcanzarle. Pero por supuesto seguí sus indicaciones cuando me las dio.
No pises ahí. Vete por el lado izquierdo. No mires a ese lado.
Siete plantas después habíamos llegado a su hogar. Una buhardilla muy pequeña y sombría situada en el último piso con vistas a una pared de ladrillo. Un edificio en el que por su antigüedad podría haber vivido Charles Dickens (si Dickens fuese español, claro). De allí, seguramente, podría haber sacado ideas muy buenas y muy inspiradas para recrear la casa de la anciana Havisham, en “Grandes Esperanzas”. Al menos así me la imaginaba yo, una casa con sabor y olor a añejo. Una antigua vivienda de paredes empapelas de amarillo bilioso.
Desvariaba, pero es que los jadeos por cansancio no le permitían a mi cerebro reponerse. Me apoyé sobre el dintel y no le secundé cuando se adentró orgulloso en su buhardilla de nuevo pobre.

-¿Es esta tu casa?- pregunté un tanto incomoda al percibir que una gran cama deshecha presidía todo el espacio.
Mas que casa hubiera utilizado la palabra antro o tugurio, pero me lo callé, fui prudente.
-Tenía pocos ahorros, esto era lo único que me podía permitir- suspiró colocando allí y allá objetos, y encendiendo una pequeña radio, -sólo será por unos meses…
-Ah- vocalicé como una idiota y me quedé debajo de la puerta.
Me gustaba aquella música. No era actual. Me lo esperaba.
Roberto, que estaba trajinando con un mueble, se detuvo al verme tan cohibida.
-Puedes pasar, no hay bichos, ¡te lo prometo!- Y se puso a cantar en inglés, siguiendo el compás de la música.
“Come into my parlour", said the spider to the fly... "I have something... "
Riendo como él sabía hacerlo me tendió una mano temblorosa.
-Come- profirió, -¿sabes ingles, verdad?
Sacudí la cabeza mintiendo. Por supuesto que sabía inglés. Cinco años de escuela de idiomas y otros once de educación obligatoria en el colegio e instituto eran suficientes como para traducir algunas frases simples como aquella. No obstante me dio por negarlo todo, por decir que no…
-¿Te gusta The Cure?- me preguntó desentendiéndose de mí en la puerta para sacar un par de discos de una caja de cartón, -ten. Me lanzó al aire uno de ellos que cogí con malabarismos, -Lubally es mi canción favorita, ¡escúchala en tu casa!
Ojeé la carátula. En realidad no sabía adonde mirar.
-¿Era esto lo que querías darme?

Montero carraspeó fuertemente y me miró. “Ven y entra en mi salón”, le dijo la araña a la mosca. “Porque tengo una cosita para ti” Roberto me miró como miraría la araña a la pobre mosca.
-No, no era eso- profirió guturalmente.
Me impacienté y quizás avancé lentamente. Un pasito pequeñito, y luego otro, y otro más. Sin darme ni cuenta Roberto me miraba a los ojos. Pues ya sólo nos separaba una corta distancia.
-¡Te tengo!- exclamó dándome un abrazo de oso, -¡te atrapé!- Y en mi oído susurró suavemente, -ahora no te creas que te voy a soltar…
(…)

Extracto de una historia que titulé “En son de paz”

Música: The Cure- Lullaby
Google imágenes.

7 comentarios:

Carol Torrecilla García dijo...

Muy buena, Ana, como siempre. ¿Dónde se puede leer la historia entera? =)
Tengo curiosidad.....
Esta historia es muy entrañable y llena de inocencia, o eso parece, y me gusta. (Aunque ya sabes que me gustan todos tus escritos).
Saludos.
Carol

MEN dijo...

Porfa, porfa que siga... no nos dejes asi!!! :( . Me ha encantado. Un bessito

prometeoencadenado dijo...

Buen relato que termina, o no termina alo mejor, de forma brupta y dejandonos con el posos de pensar si no hemos dejado apsar algo....un abarzo.,

Ana dijo...

Hola Carol, ¿qué donde se puede leer la historia entera?, pues... en mi ordenador, jeje. Sólo publico pequeños fragmentos es que es demasiado larga para subirla aquí.
Gracias por tu comentario, siempre me animas un montón con mis escritos.
Y si, es una historia inocente, la de los primeros amores, jaja.
Saludos
;)

Hola Men, gracias, jaja, me encanta que te encante... pero si pongo la continuación tendríamos hasta diciembre, jaja.
Un besito
:D

Hola prometeoencadenado, gracias por leerme, jaja, y por tus palabras. Pues no termina, sigue, y empieza, es una parte de una historia, ni el principio ni el final.
Un abrazo
:)

Raquel dijo...

Buen relato Ana, o mejor dicho buen extracto de una historia más larga. Ese final ofrece muchas posibilidades ¿verdad? ¿Qué pasa luego?
Un beso.

Natalia Ortiz dijo...

Pues andaba por aquí a la vez que comentabas...

Es una historia curiosa jaja, de las que te dejan con ganas de leer más, sobre todo cuando te enteras de que es un extracto jaja. Hay que saber cuál es el final. Espero que no acabe así... Y ya sé que es una historia, pero creo que tenemos que ser más sinceros en la vida real jaja, que luego si no... Aunque ya veo que Roberto las pilla al vuelo jeje. Y ya sé que el grupo es conocido, pero no los he escuchado y no sabía de esta canción, jaja.

Y te respondo al comentario del amigo. Si he lucho tanto es porque ha sido una amistad única, la mejor, y el motivo del fastidio fue porque los dos sentíamos algo más que una amistad después de tanto tiempo de ser tan buenos amigos y de conocernos tanto y cuando intentamos ser algo más, él cometió un error. Desde entonces, no han ido las cosas muy bien, y ahora llevaba unas semanas encerrado en su mundo. Minutos después de publicar la entrada, ahí estaba él hablándome y me explicó todo lo que le ocurre. Está destrozado y por eso, no quería hablar ni decirme nada. Y lo comprendo porque son momentos muy duros los que está pasando. Y a ver cómo sigue el asunto...

Ana dijo...

Hola Raque, ¿qué pasa luego? Espera te hago un resumen, jaja, mejor te lo mando por correo, pero bueno aún estoy con ella, así que cuando la acabe te la paso, jeje.
Un beso geme
:)

Hola Natalia, me alegro de que por mí conozcas esta canción, jeje.
Te entiendo, pero bueno me alegro de que los dos hayan dado el paso de hablar, es lo mejor, ser sinceros como dices, comprenderse mutuamente, ayudarse si estan pasando momentos dificiles, pero sobre todo hablar... espero que la cosa tenga arreglo. Mucha suerte.
:)

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