Mostrando entradas con la etiqueta carnaval. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carnaval. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de febrero de 2017

Revoltijo de carnavales

Su origen puede remontarse al antiguo Egipto, incluso a la época de mayor esplendor del imperio romano sazonadamente pagano, aunque la realidad de su origen es un misterio lo que si sabemos del carnaval es que se trata de una celebración ancestral que ha ido evolucionando y adaptándose a los nuevos  tiempos. Los carnavales son la fiesta del pueblo, las más populares, las más espectaculares y coloridas. Se celebran en cada rincón del  planeta, cada una con un sabor y una peculiaridad característica. A todos les une un espíritu de diversión y trasgresión, la música, las máscaras, el color… bajo el disfraz no hay clases ni castas, el carnaval es pura trasformación, y esa es la clave de su popularidad.

Carnaval de Nueva Orleans: Mardi Gras (martes graso) es el nombre con el que es conocido el carnaval de Nueva Orleans, una explosión de cuentas de colores y juguetes que caen como lluvia sobre esta ciudad que relaja sus costumbres por estas fechas.
La influencia francesa y los colores púrpura, verde y dorado que simbolizan la justicia, la fe y el poder, están muy presentes en la puesta en escena de una de las grandes citas del estado de Luisiana, que se remonta a principios del siglo XVIII.
Las celebraciones se prolongan durante semanas con desfiles de carrozas, bailes de máscaras y, por supuesto, con los king cakes (una especie de roscón de reyes muy típico) hasta los días previos al Mardi Gras. Es entonces cuando la fiesta llega a su punto más álgido con los desfiles organizados por las krewes (las peñas carnavalescas).

El carnaval de Notting Hill: Es uno de los únicos carnavales que no se celebran antes de la cuaresma. Su celebración se lleva a cabo durante el último fin de semana del mes de agosto, siendo esta una de las peculiaridades más destacadas aparte de su carácter abierto y extrovertido que invita a gentes de todo el mundo a bailar y a disfrutar de la fiesta sin un guión preestablecido.
Nacido a mediados de la década de los 60 de la mano de inmigrantes sobre todo jamaicanos, conserva un aire caribeño, con plumas y vestimentas típicas de otras latitudes más cálidas, en contraste con el escenario que ofrecen las calles de este barrio de la ciudad de Londres.

Carnaval de Río de Janeiro: Se puede definir con una sola palabra: samba. Miles de personas desfilan por el sambódromo en medio de una multitud venida de todo el mundo. Y es que la fiesta reúne cada año a cinco millones de personas, de los que cerca de un millón son turistas. Sin duda se trata del carnaval más afamado del mundo.
Durante meses, las escuelas de samba, las auténticas almas del carnaval de Río, preparan las comparsas, que en ocasiones pueden llegar a integrar hasta cinco mil participantes.

Carnaval de Venecia: Elegantes y adornadas máscaras es lo que nos viene a la cabeza cuando hacemos alusión a este carnaval que se remonta a finales de la Edad Media y que tuvo su máximo esplendor en los siglos XVII y XVIII.
Durante diez días, la elegancia y el glamur están presentes en los espectaculares desfiles de disfraces de la plaza de San Marcos, en los grandes bailes en fiestas públicas y privadas y en las procesiones de barcos tradicionales por los principales canales de la ciudad. Trajes de época, antifaces y el escenario más bucólico para disfrutar del carnaval más especial.

Carnaval de Barranquilla: Fusiona tradiciones católicas y antiguas fiestas paganas, es un carnaval muy vivo y musical en el que la cumbia colombiana destaca como protagonista de la celebración. En 2003 recibió la consideración de Patrimonio de la Humanidad
La batalla de flores supone el pistoletazo de salida de cuatro días de fiesta y diversión, en los que desfiles de carrozas, comparsas y grupos de baile se suceden. El festival de orquestas y la presencia de personajes populares como el Rey Momo o el Hombre Caimán hacen acto de presencia, finalizando con el entierro de Joselito Carnaval.

Carnaval de Oruro: Su popularidad no ha cruzado el gran charco siendo uno de los carnavales más desconocidos para el público europeo, sin embargo se trata del más espectacular y sin duda del mas visual. Declarado en 2001 Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco, la ciudad boliviana celebra una fiesta mitad religiosa, mitad pagana, que mezcla tradiciones indígenas y españolas.
La fiesta honra a la Pachamama, la madre tierra, y a la Virgen del Socavón, a la que se le dedican desfiles y coreografías. Las luchas entre el bien y el mal, la presencia de los pecados capitales, las danzas de origen afroamericanas… todo ello está muy presente en una manifestación de cultura viva y de folclore único.

El carnaval de Cádiz: El ingenio, el sentido del humor y la gracia de los gaditanos de pone de relieve más que nunca durante los carnavales. La ciudad se vuelca en organizar y disfrutar de una fiesta que está considerada Fiesta de Interés Turístico Internacional.
La mordacidad de las chirigotas, la espectacularidad de los disfraces, y las composiciones musicales que año tras año repasan los temas más candentes hacen del carnaval de Cádiz uno de los más divertidos del mundo.
De hecho, el centenario concurso de coplas, coros, comparsas y cuartetos que anualmente se celebra en el Gran Teatro Falla es uno de los acontecimientos de mayor interés no sólo entre los gaditanos sino también entre los foráneos.

El carnaval de Niza: La elegante capital de la Riviera francesa se viste de gala para celebrar unas fiestas en las que el buen gusto y la diversión están servidos. No en vano el carnaval de Niza, que se remonta a finales del siglo XIX, es el mayor acontecimiento invernal de la Costa Azul.
Charangas y cabezudos desfilan junto a carrozas gigantes revestidas de flores frescas por las principales calles y avenidas, mientras tiene lugar la Batalla de la Flores. A lo largo del Camino del Inglés, jóvenes lanzan miles de capullos a los espectadores situados a lo largo del recorrido. Aparte de esto una de las características de este carnaval son sus carrozas alegóricas.

El carnaval de Tenerife: Ostenta la máxima consideración para fiestas que concede el ministerio con competencias en turismo en España. Conocido internacionalmente está considerado el segundo carnaval más popular después de los que se celebran en Brasil, de hecho la ciudad de Santa Cruz de Tenerife está hermanada con la ciudad de Río de Janeiro por esta razón.
Cuenta con algunos records, siendo por ello la capital mundial del Carnaval. Consta del carnaval "oficial" y el carnaval en la calle. El carnaval oficial cuenta con más de 100 grupos con una media de 50 componentes cada uno: murgas, comparsas, grupos de disfraces, rondallas y agrupaciones musicales. El carnaval de la calle, viene a ser la participación de los propios ciudadanos en la fiesta. Miles de personas salen a la calle con su disfraz para bailar y vacilar, culminando el martes de carnaval. Aquel día tiene lugar el Gran Coso Apoteosis, un gran desfile que se remonta a principios del siglo pasado, en el que participa todo el mundo, con las reinas como principales protagonistas y sus enormes, preciosos y elaborados vestidos.


Fuentes:

miércoles, 10 de febrero de 2016

Corazón de purpurina


Su risa es como la serpentina, y seguro que debajo de aquel disfraz su corazón brilla  como la purpurina.
En cada zapato un pompón rosa, en la punta, no te creas que es cualquier cosa.
Por traje un harapo, remiendos papel seda sobre algodón estriado.
El maquillaje siempre preparado.
Y en su bolsillo una corneta de plástico.
Del pelo mejor ni hablamos.
Una sonrisa puesta y un lunar dibujado.
Lleva confeti en las suelas, y entre las arrugas de la camisa unas cuantas lentejuelas.
Plumas de mentira sobresalen de un sombrero donde lleva dos o tres matasuegras. Por cierto, muy mal puestas.
No hay anillos ni demás abalorios, que lo mucho pesa para meterse entre el jolgorio.
Último repaso por si acaso a su disfraz de payaso.
Paso a paso, y vaso a vaso, por ahí, se va el amigo calle abajo. En ademan de mojiganga va repitiendo su propaganda…
“¡Carnaval, Carnaval!”
La ilusión y la risa le hacen ir con prisa para su cita anual, con su adorado Don Carnal.
Hay que ver lo que me gusta a mí este payasete, tan gracioso y tan regordete, quien con tanta algarabía va llenando el mundo de colorida fantasía.

Hay una canción de Celia Cruz que dice que “no hay que sufrir, no hay que llorar, la vida es una y es un Carnaval, lo malo se irá, todo se irá, la vida es una y es un Carnaval”, y con ese mensaje me quedo para estos días. ¡Alegría!


domingo, 15 de febrero de 2015

El Carnaval Veneciano


Me gustan las máscaras, tienen la cualidad de decir de nosotros más de lo que creemos. Tras la careta se esconde una realidad que puede ser encantadora o aburrida, triste o alegre, una segunda piel. Supongo que en el fondo destapan algo que somos y que no vemos.
Si tenemos que hablar de máscaras famosas esas son sin duda las del carnaval más bello y antiguo, el de Venecia. Un lugar antaño infranqueable, rodeado de lagunas que servían como gran defensa, una ciudad atrincherada. Este carnaval se ha distinguido siempre por su lujo y por su espléndida riqueza. El carnaval surgió en el siglo XI, siendo su periodo de máxima popularidad en el siglo XVIII cuando duraba seis meses, desde el primer domingo de octubre hasta que empezaba la cuaresma. Era el tiempo del desenfreno donde todo estaba permitido, las jerarquías sociales no se respetaban, el pueblo podía entrometerse en la aristocracia o burlarse de las autoridades. Y la aristocracia y las clases altas podían perderse entre el populacho, bajo la protección de su disfraz.
Para disfrazarse los venecianos usaban comúnmente con una especie de capa negra, llamada “tabarro”, y con una máscara blanca, la “bauta”.
Claro que la riqueza de elementos era mucho más que estas dos piezas básicas, tomando infinidad de variedad y matices.






“LA BAUTA”, es la máscara por excelencia, la más conocida, tuvo su debut hacia finales del 1600. Al principio, la usaban solo los hombres, pero pasó a ser también utilizada por las mujeres.
La genialidad de esta máscara es su forma. Adopta una forma saliente del rostro que permite modificar el timbre de voz, por lo que aun más protege al disfrazado.


También otros modelos de máscara como la llamada “ESPECTRO O ROSTRO” tenían una forma que permitía respirar y beber con facilidad, por lo cual no debía ser quitada, para mantener el anonimato.





Mas incomoda era la “LA MORENITA”, máscara femenina que servía para cubrir con malicia la parte central del rostro, dejando entrever las mejillas. Ésta máscara era sujetada por los dientes mordiendo un botón colocado en el interior. Por esta razón, era una máscara muda.

Pero pasemos a los personajes más representados, procedentes de la Comedia del Arte.








“El ARLEQUIN” comenzó siendo un personaje ingenuo que posteriormente evolucionaría a la sofisticación. Suele ser representado con parches coloridos, que podrían haber sido parches sobrantes de los disfraces de gente más pudiente. Es un personaje independiente, algo bohemio, sin dinero y que ha pasado hambre.




“El PANTALONE” es el opuesto del Arlequín, representa al rico mercader veneciano algo ingenuo y que debido a su riqueza se convierte en noble. Su ignorancia le hace blanco de la gente que pretende sacarle el dinero.







“El POLICHINELA”, es otro personaje astuto. Soñador, melancólico y filósofo, un buen representante de la cultura napolitana. Siempre adopta una actitud optimista ante la vida y se enfrenta a las buenas y malas rachas con valentía y serenidad.








La “COLOMBINA” pone el punto promiscuo de los personajes de esta Comedia del Arte.
Puede ser esposa o amante de Arlequín y con su liviana conducta es el peor tormento para Pierrot.

“El PIERROT”, es el criado del señor Pantalone. Siempre rechazado por la frívola Colombina ya apareció en Francia al lado del ocurrente Arlequín.
Pierrot se convirtió en figura romántica de la pantomima resurgida en el siglo XIX.




Otros personajes son los que representan sus profesiones:


“EL ESCRIBANO”, imprescindible dentro de esta burla de la inteligencia de aquella época. Gordo, acicalado, de aspecto rico y vestido con su ropa de trabajo.


“El DOCTOR BALANZONE”, es un personaje que lo conoce todo, basado en su ciencia. Arrogancia e ignorancia. Nació en Bologna en la segunda mitad del siglo XVI. Balanzone, habla y habla y vuelve a ser una burla a la exagerada creencia en la ciencia y el humanismo.


Sin duda uno de los más curiosos, tan reconocido por su larga nariz... es “El MÉDICO” de la peste.
Esta no era una máscara tradicional hasta que en 1630 una terrible peste azotó Venecia, los médicos encargados de atender a los enfermos, se ponían un traje especial inventado en Francia. Un largo ropaje negro, con sombrero de médico y guantes, era acompañado por una máscara, con ojos de cristal y una larga nariz rellena de hierbas aromáticas, que decían servir para evitar los contagios.
Esta indumentaria, que en aquella época representaba lo máximo en materia de prevención y uso aséptico, pasó después del renacimiento del Carnaval de Venecia y se convirtió en un clásico.

Y para finalizar, os dejo dos de los personajes peor considerados:


“EL MATTACCINO u HONDERO” (debido a la honda que llevaba consigo). Este personaje, se divierte continuamente lanzando huevos con su honda, provocando y adicto a la diversión irreverente. Vestido simple y sombrero de plumas tiene ganada la desaprobación de la mayoría.


La “MÁSCARA DOMINÓ”: el nombre de esta máscara deriva de una forma eclesiástica Benedicamus Domino (Bendigamos al Señor) usada por los frailes y eclesiásticos para saludarse. En esta ocasión, esta máscara fue creada para burlarse del hábito sacro de los prelados.


Fuentes:

Google imágenes

sábado, 22 de febrero de 2014

Máscaras y prohibición


En los tiempos en los que la picaresca no estaba bien vista, pues suponía un síntoma de libertad despreciable para aquellos enemigos del libre albedrío, los carnavales fueron duramente maltratados y prohibidos a través del tiempo.
La aversión venía casi siempre de los gobiernos conservadores o las sociedades reaccionarias pero principalmente de las esferas religiosas.
Para los detractores, la fiesta constituía «la trasgresión de las normas establecidas, el protagonismo de la burla, la sátira, el desenfreno, la promiscuidad, el exceso también en lo culinario como preludio del hecho de desterrar la carne para cumplir con la exigida abstinencia cuaresmal, y, en definitiva, una rebeldía popular llevada en volandas a través del disfraz, de la máscara, de los cánticos alegres, de la algarabía y de la broma ». Algo que a estos adversarios de la libertad no le sonaba a guasa.

Quizás por todo ello hoy he querido asomarme a la historia del carnaval de mi tierra y a las muchas prohibiciones a lo largo de su historia:

Fueron los conquistadores de las islas, a mediados del siglo XV, quienes trajeron tradiciones ligadas con las fiestas del carnaval. Pero también sus restricciones.
Durante el reinado de Carlos I se dictaron a petición de las cortes, leyes prohibiendo las fiestas de carnaval y las mascaras. Igual ocurrió con su hijo Felipe II, que tampoco tenia sentido del humor, aunque no pudo evitar el uso de antifaces en su propia corte. Felipe IV por el contrario, restauró la costumbre de las mascaras y no sólo en tiempos de carnaval, famosa es la anécdota cuando hizo vestir al Almirante de Castilla de mujer y a la reina de “obrero mayor”. Felipe V y Felipe VI prohibieron estas expansiones de una manera toral, aplicando duras penas y multas tanto a nobles como a los plebeyos. «Cuatro años de presidio para un noble que se disfrazara y el mismo tiempo de galeras para los plebeyos además de multa de mil ducados a ambos».

En Tenerife las primeras referencias escritas que se conservan sobre la fiesta datan de finales del siglo 18. Hablamos de manuscritos, algunas disposiciones oficiales, pero especialmente prohibiciones o regulaciones que pretendían canalizar el desenfreno de esos días en evidente salvaguarda del “orden social y moral” por parte de la autoridad civil y eclesiástica.

En 1778, la clase más selecta de la sociedad santacrucera, (autoridades militares, viajeros de importancia, personas de renombre) disfrutaban de unas veladas donde reinaba, a parte del juego, la música y los bailes, las representaciones teatrales y las actuaciones de las primeras agrupaciones citadas en distintos documentos como “comparsas”, que asaltaban -de ahí la palabra “asaltos” para referirse a bailes de Carnaval-  en las casas particulares de la llamada alta sociedad, donde, tras ofrecer su actuación o repertorio, se les invitaba a un refrigerio.
Evidentemente, las capas más populares de la población, vivían unos carnavales más bulliciosos y participativos, con más ambiente festivo y despojado de toda etiqueta y del encorsetamiento que se exigía en la alta sociedad, en sus celebraciones en calles, plazas y tabernas. Sus divertimientos motivaron, por parte de la autoridad pertinente, las disposiciones restrictivas y ciertas prohibiciones que afectaban al uso de algunos artículos durante la fiesta, así como la regulación de ciertas actitudes y hasta el uso de la máscara.
Artículo 31.- En los Carnavales se observarán las siguientes reglas:
3ª.- Se prohíbe a las máscaras hacer parodias que puedan ofender a la Religión, a la decencia y a las buenas costumbres, dirigir insultos o bromas de mal género y usar de palabras o ejecutar acciones o gestos que sean contrarios a la moral y al decoro.
Queda terminantemente prohibido que los hombres se disfracen con traje de mujer.
4ª.- Se prohíbe a los enmascarados llevar armas o espadas, aunque lo requiera el traje que vistan.

El uso de la máscara en tiempos de Carnaval fue motivo, durante siglos, de las más fervientes prohibiciones y enconadas persecuciones, pues no en pocos casos proporcionaron en más de una ocasión la impunidad indebida, el encubrimiento, el secreto oculto o el misterio enigmático en actos de venganza, romances, conspiraciones, amoríos, burlas o ajustes de cuentas que la autoridad debía atajar. En Santa Cruz, aunque también se implantaron las mismas medidas restrictivas o prohibiciones que en el resto del reino, y otras emanadas de la autoridad local, el uso de la máscara, careta o antifaz no pudo ser abolido, llegando a su punto más álgido con las llamadas “tapadas”, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, protagonizadas por damas pertenecientes a la “sociedad selecta” que, cubriéndose el rostro con una máscara, se mezclaban con la gente en festejos populares y en las horas de paseo en los días de fiesta para espiar y criticar. Hay quien sostiene que, entre las citadas “tapadas”, podría esconderse, “debajo de un refajo dieciochesco de blondas”, algún representante del sexo contrario.” Estas tapadas vienen a ser las antepasadas de las mascaritas.

«La máscara era un extraño paquete, envuelto en sábanas, viejos trajes o en un disfraz. La máscara no enseñaba ni un pelo de su cabeza. La máscara va por la calle con su voz de falsete rompiendo, con la estridencia de sus gritos, la armonía del ruido generalizado. En otros tiempos dicen, arrojaban polvos de talco que un día fueron prohibidos.»

Una serie de acontecimientos acondicionaron (y truncaron) de algún modo la celebración del Carnaval en Santa Cruz: el desastre colonial del 98, la dictadura de Primo de Rivera, el inicio de la guerra civil, el estallido de la primera guerra mundial, los años de la posguerra…
*En 1929, cuando el régimen de Primo de Rivera daba sus bandazos finales, se publicó una Real Orden según la cual, en adelante, o sea, a partir de 1930, se consideraba un periodo de días festivos reducido, exclusivamente, al domingo de Carnaval y domingo de piñata, quedando prohibida por tanto cualquier manifestación carnavalera fuera de dichos días. Tras la caída de la dictadura parecía que tal disposición iba a ser derogada por el nuevo gobierno presidido por Berenguer pero no fue así, y, a propuesta del mismo, el Rey dispuso que se mantuviese su vigencia y por ello el pueblo de Santa Cruz, resignado, dio por acabada la fiesta al término del domingo de Carnaval.
*Durante el transcurso de la guerra civil española fue suspendida, como puede suponerse, cualquier manifestación o actividad de diversión colectiva, y, por supuesto, las fiestas de Carnaval. El pueblo, precisamente, no estaba entonces para fiestas.
En febrero de 1937 se publicó en la prensa una Orden del Ministerio de la Gobernación comunicando la absoluta prohibición de la celebración de los carnavales.
Todo hizo pensar que se trataba de una medida coyuntural, o sea, mientras duraba la contienda bélica, pero no fue así.
*En el periodo comprendido entre 1940 y 1960, la veda y persecución de la fiesta persisten, aunque prima la tolerancia en sus expresiones callejeras, populares y clandestinas.  Existen bailes de disfraces en sociedades, y en la calle los más pícaros, -las mascaritas y las murgas-, retan la suerte y a la autoridad para salir corriendo en cuanto ven aparecer a la autoridad competente evitando así el tener que pernoctar en comisaría. La complicidad de la mayoría de la población se daba por contado para dar el chivatazo a los callejeros carnavaleros si aparecían los grises, aunque la represión y contundencia de la acción policial ejercida en la fiesta no fue realmente excesiva, e, incluso, se hacía "la vista gorda" en la mayoría de las ocasiones,


Los carnavales del año 1954 fueron los más restrictivos.
El gobernador civil Carlos Arias Navarro dispuso (entre otras cosas) lo siguiente:
 -Primero: Queda prohibido rigurosamente el uso de caretas, antifaces, dominós y disfraces, tanto en las calles y lugares públicos, como en los bailes y festejos que se celebren en locales cerrados.
 -Segundo: Queda igualmente prohibida la celebración de los llamados “bailes de carnaval”. Sólo serán autorizadas las sociedades que así lo soliciten (…) siendo responsables los directivos de las mismas, de los actos que se cometan al infringir, por el uso de caretas y disfraces la prohibición establecida.

Las distintas autoridades civiles y religiosas autorizan en la década de los 60 -hecho sin precedente e insólito en España-, las fiestas de Carnaval en Santa Cruz de Tenerife aunque disfrazando su nombre con el eufemismo gracioso, pero necesario en aquella época, de "Fiestas de Invierno”. Si en esta época, ya de por sí, había que omitir la palabra "carnaval" (de ahí el invento de “Fiestas de Invierno”) pues sonaba a lujuria, así como cualquier otra palabra que "incitara al pecado y a los malos pensamientos", más justificada era la omisión de cualquier noticia sobre la actividad de los que retaban en cada momento la prohibición establecida, por lo que, en estos años, los medios de comunicación, haciendo una labor contraria a sus principios profesionales, callaron la noticia, pues "el temor estaba en que, desde Madrid, descubrieran la trampa y ordenaran la temida marcha atrás". No convenía en absoluto "que Madrid se enterase", así que, "los periódicos se guardaban mucho de publicar cualquier cosa que oliera a Carnaval por si llegaba a Madrid la noticia. Era un pacto tácito admirable".
El Carnaval de esta época, como queda dicho, se desarrollaba, en mayor o menor grado, según el parámetro de tolerancia de los distintos gobernadores. Pero ya hay mayor tolerancia y apertura por parte de los mandatarios.
Y cambiaron de nuevo las cosas y se volvió a celebrar la fiesta con cierta normalidad a pesar de continuar en vigencia la prohibición, y el carnaval santacrucero va tomando, poco a poco, una línea ascendente en participación ciudadana y regocijo popular.
La autoridad gubernativa se vuelve más indulgente con el transcurso de los años, sin duda alguna por el buen comportamiento y actitud cívica y sana que los chicharreros demostraban año tras año en el disfrute de la fiesta.
El entusiasmo y comportamiento fue la pieza fundamental para que años más tarde, otras poblaciones tinerfeñas y de otras islas del archipiélago iniciaran sus esfuerzos en resurgir el Carnaval en sus municipios.
Aquellos primeros pasos fueron la base para poder dar despegue definitivo al Carnaval de Santa Cruz de Tenerife -tras el paréntesis de la guerra civil y el Carnaval clandestino vivido en la posguerra -, aunque, y como excusa para la permisión de su celebración, encorsetado en un marcado carácter turístico, consiguiéndose logros de extraordinaria relevancia como el que fueran declaradas en 1967 "Fiestas de Interés Turístico Nacional", para que, en la actualidad y desde el día 15 de enero de 1980, ostenten el rango de "Fiestas de Interés Turístico Internacional".

A día de hoy pocos recuerdan aquella época donde la celebración se disfrutaba con el riesgo de multas y prisiones, donde la fiesta supo disfrazarse a si misma con el eufemismo de “Fiestas de Invierno”, donde todo se hacía de tapadillo. Ahora la cita con el ritmo y el color se grita a los cuatro vientos. Como dicen por mi tierra el carnaval da puntapiés a la vida convencional, y la gente sale a la calle devorada por la alegría, en el remedo del jolgorio para gastar madrugadas antes de que salga el sol. La música, el arte, la cultura, la risa y el disparate están permitidos.


Fuentes:
 Rincones & Recuerdos de Tenerife, Gilberto Alemán.
Imágenes:

domingo, 19 de febrero de 2012

Love is Carnaval


“Los prodigiosos años 60: la era del Flower Power” ese es el lema del Carnaval 2012 de Santa Cruz de Tenerife.
Una temática sencilla, pensando en la crisis, para que no te cueste demasiado hacerte el disfraz, porque… ¿quién no tiene en su armario una vieja camisa de flores?, ¿o un roído pantalón vaquero que ya ha pasado a mejor vida? Pues si tienes esto ya puedes disfrazarte para disfrutar del mejor carnaval del mundo, que no es por presumir, pero que se hace aquí, en mi tierra.
¿La intención al elegir este tema? Pues, recrear una época de libertad, colorido, creatividad y música desde la perspectiva de la sencillez.
El alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez, manifestó, tras felicitar al director artístico de las Galas del Carnaval, Juan Carlos Armas, y al encargado del diseño del cartel del Carnaval, Alfonso Bravo, que la temática “da muchísimo juego porque hace referencia a una época en la que pasaron muchísimas cosas, no sólo ya con el movimiento hippie, sino también de otros acontecimientos históricos como la llegada del hombre a la Luna, la Revolución Cubana o el Mayo Francés. Pretendemos despertar la imaginación de la gente y estoy convencido de que será todo un éxito”.
Por otro lado la década de los 60 también fue el periodo en el que se fundaron muchas de las primeras agrupaciones del Carnaval y en el que Santa Cruz se convirtió en el único reducto del territorio nacional en el que se seguía celebrando el Carnaval bajo la denominación de Fiestas de Invierno. De igual manera, en 1962 se editó el primer cartel del Carnaval, una costumbre que aún prevalece hasta la actualidad.
Por eso creo que estos serán unos carnavales especiales. Échale imaginación, piensa que la filosofía hippie tiene algo de ese espíritu transgresor que siempre ha caracterizado al Carnaval…

Y si no se te ocurre nada yo te doy algunas ideas… ¡ME ENCANTAN LOS HIPPIES!


Coge recortes...


 Mas de donde sacar ideas...













El ‘Flower Power’ se caracterizó por la rebeldía contra el sistema y el rechazo al consumismo. Esta generación, que dio a conocer en el mundo entero un estilo de vida bohemio, la defensa del ecologismo y una nueva forma de vida basada en la paz y el amor, abanderó sus reivindicaciones a través del rock psicodélico y el folk contestatario. La creatividad y el colorido que acompañaba a las expresiones artísticas de esta contracultura, definió a la década de los 60 como uno de los decenios más brillantes del siglo pasado.

No te voy a negar que ese trasfondo hippie en la temática del Carnaval me ha gustado…



Fuentes: Carnavaltenerife.es. Google imágenes.
Música: The Byrds - Turn, Turn, Turn
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...