jueves, 31 de octubre de 2013

Historias de terror en días de lluvia

Cap. 2: Demian.

Decía Emily Brontë: «Pero te advierto que el dios que invocaba es sólo polvo y ceniza, y al invocarle lo confundía de extraña manera con el propio demonio que le engendró a él».
Ten cuidado… a veces las apariencias no engañan.


Cuando imaginaba en la razón para sentirse tan fascinada por aquel lóbrego muchacho siempre pensaba en el romanticismo del para siempre. Era lo que le había ganado de él en aquella reunión nocturna a la luz de una hoguera: que era el tipo de chico capaz de atravesar océanos de tiempo por ella. ¡Cómo no sucumbir a esos brazos si había pronunciado su declaración soñada!
Lo que más le había atraído, aparte de esa elegancia falsamente vampírica, eran sus usos de caballero victoriano combinados con esa aptitud temeraria. Siempre llamando a la muerte, desafiándola, retándola en un juego sin tablero, sin reglas, sin límites, por encima del bien, pero sobre todo del mal.
De aquel chico sólo sabía que era un nuevo romántico, envestido como un aristócrata del siglo diecinueve con sus ropas góticas y grises.
Lo que podía decir de ese adolescente pálido se resumía en un par de puntos: como que se consideraba un intelectual y con razón, que era creativo, díscolo y sarcástico, que le gustaba el negro, el arte visual más subversivo, la poesía depresiva, la sátira religiosa, los filmes de terror, los cementerios, las iglesias en ruinas, las rosas negras pero sólo por el placer de cultivar espinas venenosas, (eso decía cuando su indiscreta madre le preguntaba la razón para teñir de esa manera tan espantosa a las plantas)… y bueno los besos húmedos con pintalabios rojo sangre.
El aspecto que más le gustaba era que desbordaba imaginación. ¡Cómo le divertía oírle contar historias! Historias sobre pesadillas, hombres enterrados vivos, asesinos vengativos, vampiros y maldiciones.
Era un agitador. Asistía a una escuela de monjas cuando  alardeaba de pagano. Además criaba cuervos de manera literal, y hasta los había adiestrado para que volaran a su hombro en una chocante tolvanera de plumas negras.
Entre sus hábitos más maliciosos estaba el de girar los crucifijos de su escuela. Sentía una pasión morbosa por los demonios, la oscuridad y la literatura de terror, especialmente por su iconografía, de ahí que su gato se llamara Shelly y su rata Stoker. Todo lo sobrenatural le iba y confiaba en la magia.
¡Era tan elegante, tan místico, tan pálido! No necesitaba resaltar su blancura con maquillaje, era así por naturaleza, no le gustaba la luz del sol.

Lo que ella sabía de él era que tenía los ojos verde desvaído, que olía a rosas, que tenía por principio odiar el ajo y que respondía por el nombre de Demian Barnabas. 
 -Y yo por el de Azabache Tremblay –había pronunciado ella imantada por aquellos labios sugerentes–,  encantada.
Sólo hacía tres semanas que se habían conocido en aquel aquelarre, una noche de luna llena, y en parte ya se sentía secuestrada por los gustos comunes y los nuevos amigos. Si no, no se explicaba que diantres pintaba ella esa noche de ventisca en el cementerio. ¡Cuanto se arrepentía de haberse hecho la valiente delante del grupo! Presumir de ser amante del terror era bastante distinto a vivirlo. ¿Por qué no lo había pensado antes?
La oscuridad en el camposanto era inquietante, y para colmo de males no había parado de oír ruidos que iban y venían. Brrr, balbució al oír otra vez aquel tintineo, ¿o es que era otra cosa?
Se tapó la cara con las manos. Entonces el ruido creció en intensidad y se dio cuenta de que procedía de la tumba sobre la que estaba sentada. «Has perturbado mi paz y yo voy a perturbar la tuya» Imaginó que alguien decía, y echando a correr con fuerza no pudo ver la raíz rugosa que sobresalía del jardín y con la que finalmente tropezó.
Levantó la nariz del suelo y allí se los encontró, a todos sus amigos, alborotando y riendo. Habían saltado la tapia, igual que ella, y querían tomarle un poco el pelo, mientras se aseguraban de que como había jurado, pasaría allí la noche, a la intemperie. Se notaba que habían bebido y Azabache no pudo sino sentirse avergonzada… puede que aquel escenario macabro la tuviera algo sugestionada.
Demian también estaba y la miraba divertido. «Te acompañaremos», le dijeron pero lo único que querían era un lugar en donde hacer botellón.

La música que salía de sus teléfonos la perturbó, el olor a vino la desagradó, igual que el asqueroso humo del tabaco. En cada esquina había alguien moviéndose, bailando o abrazándose. Y cuando se cansaron del jaleo cada uno se dispersó, refugiados en la impenetrable oscuridad. Se sorprendió cuando descubrió que Demian había elegido una tumba cercana a la de ella y le resultó curioso lo rápidamente que él había caído en aquel estupor.
Lo observó unos minutos, le pareció que el cansancio le jugaba una mala pasada cuando le pareció que ya no respiraba. Temblorosa acercó una mano para sacudirle cuando súbitamente Demian abrió los ojos… y ya no eran verdes. Horrorizada, Azabache sofocó un grito que no logró materializarse.
Demian se puso en pie en cuanto ella trató de huir.
 -¿Qué pasa? –preguntó sobresaltado. Y su voz sonó áspera y honda, casi demoniaca.
Ella estaba tan nerviosa que no pudo articular palabra, pero era esa mirada lo que más la asustaba, esos ojos que flameaban rojizamente.
Azabache mantuvo la calma e improvisó algo como que tenía que ir al baño o que le había dado un calambre en el pie, pobres excusas que por alguna razón sonaron descabelladas.
 -¿En serio? –La agresiva voz y la expresión astuta de Demian insinuaban que no le creía.
 -¡No te acerques! –le advirtió en un gritó al verle dar un paso al frente.
Retrocediendo sin mirar, a ella le fallaron las piernas, que sentía como de goma.
Azabache pidió ayuda pero sólo el silencio respondió a su solicitud. ¿Dónde estaba todo el mundo? ¿Dónde demonios se habían metido?
Una hilera de perfectos y afilados dientes evidentemente carnívoros se asomaron por debajo de una pueril sonrisa sardónica. El rojo de los ojos refulgió ahora que firmemente la agarraba por una muñeca. Bajo sus pies algo empezaba a reptar, una niebla extraña que caracoleaba entre cruces y panteones. Y lo que antes había sido sólo oscuridad, se tiñó con el leve resplandor de una luz que envolvía en una aureola sobrenatural aquella cripta abierta…

De la tumba que minutos antes ocupaba empezaron a filtrarse voces maléficas.
Demian la arrastró hasta el sepulcro abierto. En cuanto atravesó aquella puerta una losa cerró la entrada, dejando en el aire un polvo seco, viejo y oscuro que la hizo toser sin parar al sentirlo enredado en su garganta.
Allí dentro las bujías de unas velas parpadeaban, arrojando sombras fantasmales por todas partes.
Se oyó gimotear y le costó creer que fuera ella misma. Todo se hizo confuso, como si ya no sintiera su propio cuerpo, adormecido por la tensión.
Abajo, atravesando algunos pasadizos subterráneos, tuvo la impresión de que no estaban solos, de que alguien les esperaba.
Sacando un fortuito coraje suicida se revolvió en una última oportunidad de escapar, dando golpes sin ton ni son, pero lo único que consiguió fue estrellarse torpemente contra aquella estatua dura y fría que hasta sólo hacía cinco minutos consideraba su chico. Demian soltó un par de crueles carcajadas antes de volver a inmovilizarla, dejando a la vista una marca que ella no había visto hasta entonces: una cicatriz reciente, una herida abierta, un tatuaje a fuego que supuraba en su brazo… ¡el símbolo del diablo!
Enferma de miedo se encontró de frente con los que les aguardaban… esos que ya no eran amigos, que ahora eran bestias desatadas, sedientas de sangre y muerte. Miembros de una secta que elevaban sus desgarradas voces en canticos repetitivos hasta rayar el estado hipnótico.
Y ahí detrás estaba él, acariciando una daga puntiaguda, en la aceptación ciega de que era algo que tenía que hacer, que su sangre debía correr, porque él de verdad se había convertido en un demonio y necesitaba un sacrificio… ¡el suyo!



Música: Marilyn Manson - Sweet Dreams

5 comentarios:

roberto dijo...

Ana. Nadie mejor que tu para contar la historia, si hasta me pareció estarla viviendo.

Un fuerte abrazo.

PEPE CAHIERS dijo...

Muy buena narración muy apropiada para estas fechas tan señaladas. Un estilo a lo Poe que se agradece.

Ana dijo...

Hola Roberto, pues eso es lo mas importante para el que escribe, que el que le lea se forme imágenes, que se zambulla en la historia, así que muchas gracias por vivir el relato de esa manera, me halaga mucho.
Un abrazo grande
:)

Hola PEPE CAHIERS muchas gracias por acercarte a mi blog y por leerme, lo del estilo a lo Poe es todo un honor. Bienvenido y vuelve cuando te apetezca.
:)

Raquel dijo...

Muy buena, Ana, vaya talento el tuyo.
Me gusta ese final ;)

Ana dijo...

Grasciaaasssss....
Ya sabes que me lío cosa mala y a veces me gustaría ser mas fluida, mas directa.
Un beso
:D

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