domingo, 27 de octubre de 2013

Historias de terror en días de lluvia

Cap. 1: Sombras de amor

De niña-adolescente mi hermana gemela y yo disfrutábamos inventando historias tenebrosas. Las escribíamos por la noche con una única norma; que no fueran muy largas. Así, dejábamos correr nuestra imaginación más gótica dejando que los aparecidos, los fantasmas, los demonios, los vampiros y los monstruitos se abrieran paso en nuestros pensamientos y en nuestras letras.
Una vez acabados nuestros relatos, nos los pasábamos con la esperanza de que nos pusieran un poco los pelos de punta. Compartiendo nuestros miedos y escalofríos.
Esa costumbre hace mucho que pasó al olvido… pero ya que se acerca Halloween y en vista de lo “oscuro” que esta este Mundi Bohemio he decidido improvisar algunos capítulos para compartirlos contigo…



El pálido resplandor del crepúsculo se desvanecía a medida que el carruaje traqueteaba de manera monótona por los caminos enfangados. Aferrada al terciopelo violeta de su asiento, con los dedos crispados sobre su pecho, sentía latosamente como aquel ridículo corsé se le incrustaba en el esternón cortándole la respiración. El batir de las hojas, maltratadas por la fina lluvia, le recordaron el incesante movimiento de su abanico que aquella tarde no había soltado ni para tomar ponche, pócima azucarada que se le había subido a la cabeza.
La fiesta de disfraces había sido multitudinaria, colorida y demasiado ruidosa. La música le había resultado retumbante, las risas atronadoras, los cotilleos incesantes. Lo más estridente de la sala de baile había sido aquel extraño de la máscara blanca, ese hombre severo, alto e imponente, con el que ella –quizá inconscientemente o tal vez no– había flirteado, primero ocultando su coqueta boca con el abanico abierto, después moviéndolo con la mano izquierda, y por último –interpretando bien aquella impúdica mirada del apuesto desconocido– entrecerrando su abanico de seda con varillas de marfil en la derecha y sobre la izquierda. Aquel lenguaje secreto había pasado desapercibido para el resto de invitados, al menos eso creyó Cornelia, hasta que los burlones ojos de Madame Aciag la asaltaron velados por la fina niebla roja de gasa de su máscara.
La maldiciente fuerza de su media sonrisa le resultó insultante, cínica, deshonesta, lo mismo que el detalle de apuntarla con el ojo azul de la sinuosa pluma de pavo real que le servía de varita encantada. De alguna manera con el gesto parecía estar indicando que lo veía todo, que lo sabía todo, que nadie estaba a salvo de su ojo acechante. Desbordada, mareada, retrocedió para escapar; la fiesta había perdido súbitamente su encanto.

El siniestro bosque cercado por la niebla le resultó espeluznante. Lo más aterrador fue el rítmico sonido de los cascos de un caballo invisible que a la caza del Landó parecía avanzar sin tregua tras ella.
Cornelia se sintió observada.
Las puntiagudas y oscuras ramas de los árboles obstruían el gélido paisaje, entonces la tortuosa luz se abrió paso y allí lo vio. Un jinete galopaba rastreando su aroma. La curva de una sonrisa perversa la asaltó, unos ojos profundos enmarcados por una máscara blanca la hostigaron.
La marcha del carruaje se volvió violenta, encabritada, como fuera de control. El peso de la velocidad la golpeó con rudeza. Vertiginosamente se aferró a lo que pudo hasta que lentamente todo empezó a frenarse, a sosegarse, a apaciguarse, a detenerse…
Dando tumbos abrió la portezuela. El frio la hizo temblar, el miedo la paralizó. No había nadie en el pescante del cochero, ni tan siquiera la sombra de un fantasma. Enfocó la vista a la bruma que se disolvía. Un hombre, escoltado por un sequito de cuervos, caminaba hacia ella.
Sus miradas se estudiaron, fue como un látigo restallando en el aire, así había sentido aquella visión efímera, como una oleada punzante extendiéndose por las ramas de sus venas. Por un instante había visto en el fondo de aquellos ojos su verdadera naturaleza; el odio, la crueldad, el peso acerado de la eternidad.

Tembló, súbitamente entre aquellos brazos firmes.
Su alma viajaba a través de un sueño con espectros que volvían a la vida entre ecos de risas arrastradas y tristes, ensueños que se enredaban en sus retinas... la oscuridad empezaba a ganar y ella se dejaba ir.
Sus pupilas se agrandaron hasta convertirse en dos pozos negros e insondables. Un abismo tiró de ella desde su propio interior hacía el mismo centro de ese núcleo que sentía palpitar de terror. Ahogado en su garganta estaba un grito… pero no podía gritar.
Conmocionada por aquel extraordinario gesto de ferocidad había tratado de retroceder pero sus pies se encontraron anclados a la tierra, sus extremidades no reaccionaron. Aquel hombre ejercía un poder sobre ella que le era nuevo y desconocido. Lo que mas le fascinaba y turbaba al mismo tiempo era como la miraba, y con cuanta intensidad lo hacía, como si la destapara con los ojos.
Había algo poderosamente absorbente y atrayente en él, una fuerza sensual que la agitaba hasta consumirla. Se sentía ardiente y ligera, libre como si estuviera fuera de su cuerpo. Él la miraba, ¡como la miraba! Le atraía poderosamente aquella aura peligrosa que desprendía, y le gustaba su tez pálida, ese tono azulado, frío, templado como el de un diamante. Lo que mas le intrigaba era la joya de su cuello, tan roja, tan llamativa que parecía titilar repleta de rasgos hipnóticos…
Cayó en el trance.

Despertó en un aposento anticuado, desusado, polvoriento y lleno de telarañas, un lugar que por un instante le resultó familiar.
Él estaba ante la ventana, no había luz y la luna afilaba aquellas facciones inmaculadas. Sus nacarados dedos punteaban depresivamente un arpa. La música trasportaba a aquel ser a un mundo lejano y olvidado, un mundo en el que ya no sobrellevaba la carga de la soledad y la eternidad.
Al volverse, Cornelia descubrió que la mascara había desparecido… no pudiendo soportarlo se desmayó
Horas después volvió en sí. Había estado delirando por la fiebre, llorando en silencio, atrapada por la sombra del amor había estado repitiendo palabras sin cesar, repitiendo que no podía ser… ¡no podía ser! Él había muerto, él no existía, el mar, la oscuridad, sus huesos perdidos en el limo, la oscuridad verde, el mar.
Su arrogante prometido había muerto hacía siete años en un naufragio, por eso no habían podido casarse. ¿Cómo entonces era posible que estuviera ahí, mirándola con esos ojos sin luz? ¿Qué era él? ¿Un fantasma, una ilusión, un engendro de su imaginación?
El Lucien irreal que estaba ante ella rellenó una copa. Una cucharilla removió el contenido, las burbujas y unos venenosos polvos verdes se mezclaron en una espiral que rugió igual que una tempestad en los oídos de Cornelia. Una traidora lágrima surcó su mejilla cuando fugazmente reparó en el brillante aro de oro que él sacó de su chaleco.
Entendió el propósito de todo cuando le ofreció aquella copa. Lucien había regresado de la muerte para llevársela. Ella debía cumplir su promesa de matrimonio, viva o muerta.




Música: Phantasms of Love - Wojciech Kilar

6 comentarios:

Nieves dijo...

Me encanta como decoras y ambientas los temas de tu blog por estas fechas de Halloween, haces un gran trabajo. Todavia no es Halloween pero me adelanto ¡que tengas un muy feliz Halloween! y que lo disfrutes con Raquel igual que cuando eráis niñas. Un abrazo para las dos,

Einer dijo...

Me ha gustado, está muy bien. Y la música de la anterior entrada, me ha sentado de lujo, jaja.

miquel zueras dijo...

Hola, Ana. Me gusta muchísimo tu blog. Buen relato con buenos escenarios: niebla, carruajes, una relación más allá de la muerte... un poético Halloween. Y muy bien acompañado con ilustraciones. Yo también preparo una entrada especial para esos días. Nos seguiremos visitando.
Saludos. Borgo.

Ana dijo...

Hola Nieves,lo mismo para ti ¡feliz Halloween!! Que sea divertido y dulce, que es lo mejor de esta fiesta.
Un abrazo grande
:)

Hola Einer, gracias, me alegra saber que el relato te ha gustado. En cuanto a la música la idea era que sentara de "muerte" jaja, pero me vale igual.
¡Que tengas un feliz Halloween!
:D

Hola Borgo, muchísimas gracias, no es que asuste mucho pero el relato me quedó poeticamente gótico, ¡y no era la intención!, jaja. Las ilustraciones son un experimento con el editor, pero me divirtió crearlas.
Por supuesto nos seguiremos visitando. Te deseo un buen Halloween.
Saludos
:)

Raquel dijo...

Cómo echo de menos esos tiempos. Escribir en libreta, de noche, dejando que la inspiración te transportara a donde quisiera.
Un relato excelente, como todo lo que escribes. Muy bien recreado.
Un beso.

Ana dijo...

Yo también añoro aquellos tiempos, ahora ya no me dejo llevar tanto por la imaginación, me trasporta pero no de la misma manera.
Me alegro que te haya gustado el relato.
Un beso
:)

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