miércoles, 6 de marzo de 2013

Bu...


… así le llamaba cariñosamente, aunque él respondía por muchos otros nombres: Bubi, Buba, Bau, Balú, Churro, Cosita, Croquetita, Canelito, ¡cómo nos divertíamos inventándole motes!
En realidad se llamaba Brown, fue su primer nombre, el que se nos ocurrió nada mas mirarle. Tenía el pelaje castaño, casi pelirrojo, un pelo que nunca le peinamos y que sin embargo siempre fue suave y brillante, aunque con el paso del tiempo se le fue “destiñendo”. Normal, teniendo en cuenta que se hizo muy viejo y que vivió muchos años, años muy felices.
Bu tenía dos manchitas blancas muy escondidas que nosotros llamábamos “botones”. Era gracioso tocar esos botones y ver como entrecerraba los ojos y sacaba su lengua rosada porque eso le gustaba, le relajaba. Su debilidad era que le acariciasen las orejas y que le rascasen el pecho, ¡nunca se cansaba de los mimos! Y nosotros le malcriábamos a cada rato, abrazándole, acariciándole, besándole… ¡Lo adorábamos! Era el rey de la casa.

Él fue mi primer perro. Hasta el momento yo siempre había sido más de gatos, pero él me enamoró y me hizo confiar en los perros, creer en su nobleza y en todo su amor, ¡y nos ganó!
A mi cosita le gustaba estar en brazos como un niño pequeño, incluso se dejaba arrullar. A veces reposaba su cabeza en mi hombro y cerraba los ojos, feliz y tranquilo, sereno, a salvo… Era su manera de decir que me quería.
Tan confiado era que se dejaba hacer de todo: pintar las uñas, poner bufandas, sombreros, gorros, guirnaldas… ¡y hasta tomar la tensión!
A menudo si nos veía llorar o discutir corría hacía nosotros y nos lamía la cara, y si estábamos enfermos guardaba cama con nosotros, a nuestro lado, velando para que nos pusiéramos bien.
Él siempre tuvo una mirada más humana y bondadosa que muchas personas.
Siempre fue un perro bueno y sociable. Nadie le tenía miedo… ni siquiera el cartero o el panadero, ¡imposible!, jamás mordía y le gustaba el trato con las personas. Era noble, fiel y encantador.
¡Y nunca hubo una manta más confortable y caliente que él!
Le apasionaban las galletas. Y la pizza. Y el jamón. Y si te descuidabas podía robarte el bocadillo de las manos… ¡era tan glotón!

Le gustaba mucho correr y escaparse, era muy vital y enérgico y activo...siempre andaba de por medio, no quería perderse una -si pintábamos, si ordenábamos, si había alguna reunión familiar, si íbamos a salir- él siempre estaba ahí, porque, naturalmente, era uno mas de la familia y no se quería perder nada, no quería quedarse atrás. Es por eso por lo que Bubi está en casi todas las fotos que tengo, pues siempre andaba debajo de nuestros pies, mirando, participando, siendo uno mas de nosotros…
Le gustaban los gatos y nunca tuvo problemas en convivir con ellos (a los gatos no tanto, ¡claro!). Tuvo sus trifulcas y sus travesuras, pero por lo general fue un perro muy tranquilo y al que le hacía feliz un simple hueso de pollo… eso aunque le sentaran muy mal, pero no lo podía evitar, entonces hasta volcaba el cubo de la basura para robar uno. Luego, con su botín aferrado podía entretenerse horas enteras, royendo sin parar… (Uff, ahora entiendo lo de su aliento…)
¡Que intrépido era!
Lo que mas le gustaba -a parte de escaparse y tenernos asustados dos horas intentando encontrarle- era viajar en coche. Sacaba la cabecita por la ventanilla, feliz y entusiasmado, con las orejas al aire y sacudiendo disparatado el rabo. Le gustaba alongarse tanto que una vez se cayó del coche en marcha. Sólo fue un coscorrón, por suerte no se hizo nada, y eso no le quitó el gusto por disfrutar del paisaje con el viento en contra, retando a la física y a la gravedad. Incluso se convirtió en un experto copiloto y nunca se bajaba del asiento sin antes oír el clic del freno de mano, ¡fue siempre muy despierto y listo!
Si había que lanzarse al mar, ¡se tiraba! Y si había que subir al pico Teide, ¡subía! Arañando con sus patas la roca volcánica… ¡seguro que ha sido el perro mas guapo en subir nunca allá arriba, estoy segura!

Cuando llegó a nuestras vidas era una bolita de pelo de apenas un mes de vida. Una bolita marrón que empezó a crecer por partes (las orejas y el hocico le crecieron primero… ¡y desproporcionadamente!) y que olía a nuevo (eso es lo que mas recuerdo de su llegada).
Él compartió conmigo la mitad de mi vida y fue el mejor de los amigos y el mejor de los perros, además del mejor de los regalos. Y lo echo mucho de menos. Han sido dieciséis años juntos, dieciséis años de amor y juegos.

Bu enfermó y sus patas le fallaron… pero nunca se quedó sin energía, a pesar de quedar postrado y sin poder moverse jamás perdió la ilusión por salir a la calle a olfatearlo todo.
Fue muy duro verlo mal.
Y ahora que se ha ido y que no está, me siento triste pero aliviada también: ya está bien, en el cielo de las mascotas, trotando sobre una nube, contento por poder volver a correr.
Nunca lo olvidaré, siempre formara parte de mi vida, de mis recuerdos, de mis anécdotas, él fue el mejor perro… ¡y siempre lo será!


7 comentarios:

roberto dijo...

Ana, como entiendo tu tristeza, muchos no saben de tener un perro hasta que tienen uno, y lo convierten en parte de la familia, siempre leal, siempre esperando la caricia, si hasta saben cuando estamos bajoneados por cosas que nos ocurren, jamás tienen un reproche por un reto, al contrario cuando volvemos encontraremos siempre un rabo moviéndose para darnos la bienvenida. Ojala que puedas conseguir otro Buba, no será el mismo pero de alguna manera tratará de hacerte feliz.

Un abrazo.

Carol Torrecilla García dijo...

Uy, Buba, si te hubiera conocido....
Seguro, Ana, que está en el cielo mejor que nada, y allá va una flor blanca para él de mi parte.
Me ha conquistado el corazón, y si la pérdida ha sido reciente como si no, te acompaño en el sentimiento, ya que me he enamorado de Bu en cuanto nos has contado su historia con vosotros.
Ojalá le hubiera conocido. Le habría, de haberme dejado tú y toda tu familia, dado un montón de caricias y besitos.
Un fuerte abrazo, amiga.

Nieves dijo...

Una entrada preciosa y muy emotiva Ana. Es un maravilloso homenaje a vuestro gran amigo que se acaba de ir, Bu debió de ser estupendo y a él seguro que desde el cielo le habrá encantado leer todas las cosas tan bonitas que has escrito sobre él. Como le dije a Raquel, nosotros tuvimos una perra y lo pasamos muy mal cuando se fue, pero el tiempo que vivió con nosotros recibimos el gran regalo de su cariño y eso no se olvidará nunca. Un beso y un abrazo muy fuerte y mucho ánimo Ana,

Durrell dijo...

Ana, cariño, siento mucho lo de vuestro perro, creo que es una gran pérdida la que habeis tenido Raquel y tú. Más aún cuando leo vuestros recuerdos plasmados en las dos hermosas entradas que habeis colgado. Es un precioso homenaje y seguro que muy merecido.

Mucho ánimo y un capazón de besos.
Durrell

Einer dijo...

Vaya, Ana, lo siento. Es una pena verles mal al final, pero lo que has escrito es muy bonito y se ve que tienes un montón de recuerdos buenos con los que quedarte. Es increíble cómo se hacen querer los animales.
Me ha mucho gracia lo de la pizza y el jamón. Está claro que tonto no era.

Un abrazo. Ánimo.

Mos dijo...

Cuánto te comprendo, Ana. Y lo siento de veras la pérdida de buba.
Nosotros también tuvimos un perro durante 15 años que hubo que sacrificarlo por unos tumores muy agresivos. pero nuestro Pusky fue feliz con nosotros y nosotros más con él.
Seguro que están juntos correteando de acá para allá.
Un abrazo de mos desde la orilla de las palabras.

Ana dijo...

Hola Roberto, gracias por tu apoyo. Ningún reproche, lealtad absoluta, fidelidad pura y dura, amor sincero, cariño, todo eso es lo que te da un perro. Tienen un sexto sentido para consolarte, para animarte, son muy sensitivos y buenos. ¡Son uno más de la familia!
Ahora me quedan dos perros más –Homer y Pancho- y son mi consuelo, menos mal. Pero sinceramente te digo que nada podrá sustituir a Buba.
Un fuerte abrazo

Hola Carol, gracias por todo. Lo de la flor blanca me ha gustado mucho.
Sólo hace once días que no está pero se me han hecho días eternos, la verdad es que he llorado mucho por él, pero era ley de vida, no podía estar conmigo siempre, lamentablemente los perros no viven tanto. ¡Y claro que te hubiera dejado acariciarle y hacerle carantoñas! Y él se hubiera dejado, era muy sociable y le encantaban los mimos.
Un abrazo enorme

Hola Nieves, gracias por tus palabras. Tenía que escribir este homenaje, este pequeño desahogo, una terapia, una despedida. También me he planteado escribir sus recuerdos para tenerlos atesorados, para compartirlo con los míos, ¡hay tantas anécdotas! Era un perro genial.
Un regalo de su cariño, eso es cierto, y eso me llevo.
Un beso y un abrazo igual de grandes para ti.

Hola Durrel, muchas gracias por el cariño. Un homenaje y un recuerdo. No pudimos decirle adiós y esa es la pena que nos queda. Sabemos que él se llevó todo el amor del mundo, porque lo cuidamos hasta el final, pero teníamos que escribir algunas palabras, es como habalr para nosotras mismas pero también consuela.
Un montón de besos.

Hola Einer, muchas gracias por los ánimos. Ha sido difícil ver como empeoraba, como dejaba de ser ese perro activo que tenía tanta energía y que deseaba explorarlo todo. Es una pena llegar a viejo de esa manera. Menos mal que me quedan sus recuerdos, un montón de ellos además… y bonitos, como era él. Añoro su cariño pero sé que este momento tenía que llegar, y él ya está mejor, en el cielo de los peluditos, como dice mi gemela.
Tonto no era, eso lo garantizo, le pirraba la pizza, pero con el jamón se volvía un ave de rapiña, ¡me arañaba con sus uñas para robármelo! Y era un monstruo de las galletas.
Un fuerte abrazo.

Hola Mos, muchas gracias por el consuelo. A Buba también tuvimos que sacrificarlo, una decisión que nos costó mucho, la mas dura que haya tenido que afrontar nunca, pero también tenía un tumor y ya no caminaba, no podía levantarse ni para hacer sus necesidades, y eso si que es una vida cruel. El pobre lo estaba pasando mal, se quejaba mucho. Él vivió 16 años, una edad avanzada en un perro y como bien dices, fue feliz con nosotros pero nosotros más con él, él nos hizo felices.
Apuesto a que si, a que están pasándoselo en grande saltando por el paraíso.
Un abrazo grande.

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