lunes, 7 de septiembre de 2009

No robarás II PARTE

LOS MEJORES LADRONES.

D.B. Cooper.

El 24 de Noviembre de 1971, víspera del Día de Acción de Gracias, un pasajero vestido con traje negro y de aspecto tranquilo compra un billete en Portland bajo el nombre de Dan Cooper. Su intención es tomar el vuelo 305 de Northwest Orient Airlines con destino a Seattle. Una vez dentro se sienta en la última fila del avión en el que viajan 36 pasajeros y seis tripulantes, y pide un bourbon con soda a la azafata. Su plan se pone en marcha cuando le entrega a la misma una nota que ésta, sin hacer mucho caso, se guarda en el bolsillo; según contó más tarde, los pasajeros le hacían proposiciones sexuales constantemente, así que pensó que ésta sería una más. Pero Cooper reacciona de inmediato: "Señorita, mire la nota. Tengo una bomba". Temblorosa la azafata leyó la nota, que decía "Tengo una bomba en mi maletín. La usaré si es necesario. Siéntese a mi lado. Están siendo secuestrados." El pasajero abrió ligeramente su maletín y mostró brevemente a la azafata su contenido, unos cilindros gruesos de color rojo con cables.

Siguiendo las instrucciones que había recibido, la azafata informó al piloto, quien pidió instrucciones al control aéreo de Seattle, éstos le recomendaron que cooperara con el secuestrador. El pasajero, que volaba bajo el nombre de Dan Cooper planteó entonces sus exigencias: "Quiero que cuando aterricemos en Seattle, me entreguen 200.000 dólares. También quiero cuatro paracaídas. Recarguen combustible en cuanto aterricemos y no hagan tonterías o hago explotar esto". Saboreando tranquilamente su bourbon D. B Cooper esperó el aterrizaje con aire de perfecto caballero.

Cuando finalmente el avión llegó a Seattle, los pasajeros desembarcaron sin el menor rasguño y ajenos a la realidad del secuestro. Entonces D. B. Cooper esperó a que le entregaran los 200.000 dólares en billetes de 20 y los paracaídas. Hecha la transacción, ordenó al piloto que se dirigiera hacia Reno (Nevada) concretando a qué altura volar, a qué velocidad y cómo colocar las alas del avión, y le especificó que no sellaran la puerta de atrás. El Boeing 727 era el único modelo con unas escalerillas que permitían utilizar esa puerta para saltar y, evidentemente, el secuestrador conocía esos detalles. Cooper repartió los cinco kilos que pesaba el dinero por todo su cuerpo, invitó a la azafata a encerrarse en la cabina con el piloto y se quedó solo.

Y aquí se pierde la pista, nadie sabe lo que pasó ni que pensó en aquel momento, cuando abrió la puerta del avión a más de 3.000 metros de altura y se enfrentó al frío y a la fuerte tormenta que arreciaba fuera. A sus pies montañas escarpadas, glaciares y bosques infestados de osos esperaban para devorarle. O quizá no. Ése es el misterio. Se cree que en algún momento del viaje, aprovechando el mal tiempo, Cooper saltó del avión sin que los aviones que perseguían al aparato secuestrado pudieran percatarse de ello. No se sabe muy bien dónde aterrizó, pero se cree que fue en las inmediaciones de la ciudad de Ariel, 30 millas al norte de Portland, que ha aprovechado para celebrar desde entonces una fiesta anual llamada "D.B. Cooper´s day".

Después de una búsqueda de 18 días por la zona, no apareció pista alguna del secuestrador, el dinero o el paracaídas. El FBI interrogó a un hombre llamado realmente D.B. Cooper, que nunca fue considerado un verdadero sospechoso por los investigadores, pero su nombre trascendió a la prensa de manera que ha sido este nombre, en lugar del realmente utilizado "Dan Cooper", el que ha pasado a la historia.

El éxito del secuestro fue tan notable que en 1972 se produjeron varios casos similares, si bien en estas ocasiones el FBI sí que logró atrapar a los delincuentes.
El eco del secuestro se reavivó en febrero de 1980, cuando una familia que estaba de picnic al noroeste de Vancouver, Washington, encontró junto al río 5.800$ en billetes de 20$ que parece ser que pertenecían al botín.
Nunca se ha sabido a ciencia cierta qué pasó con Cooper o con el dinero. El FBI sospechaba que podía tratarse de Richard McCoy Jr., al que detuvieron al año siguiente por un secuestro similar, en el que utilizó el mismo modus operandi de Cooper. En 1974 se fabricó una pistola falsa con pasta dentífrica y escapó de la cárcel con otros compañeros de condena, robando un camión de basura y derribando con él la puerta de la prisión (¡y parecía que esas cosas sólo pasaban en las películas!). Moriría tres meses después en un tiroteo con los agentes del FBI que iban a detenerle, uno de los cuales tampoco salió vivo del encuentro. McCoy, veterano del Vietnam, piloto de helicópteros y aficionado al salto en paracaídas, llevaba una vida normal y nada sospechosa como profesor en Denver, casado y con dos hijas, e incluso (irónicamente) estaba participando como piloto en la búsqueda del secuestrador, hasta que el FBI lo detuvo gracias a una huella dactilar hallada en el avión. McCoy admitió este secuestro, pero nunca reconoció haber sido Cooper, aunque tampoco lo negó.

En el año 2000 apareció en Florida una viuda que afirmaba que su difunto marido Duan Weber le había confesado ser D.B. Cooper justo antes de su muerte en 1995. Weber había servido en el ejército en la II Guerra Mundial y después había trabajado en una prisión cercana al aeropuerto de Portland, y tenía una vieja herida en la rodilla que afirmaba haberse hecho saltando de un avión. La señora Weber, además, recordó un viaje que había hecho con su marido a la zona de Seattle, por lo que su marido había llamado "motivos sentimentales", en la que Weber solía pasear sólo y en silencio por las orillas del río Columbia, casualmente por la misma zona donde cuatro meses después sería hallado parte del dinero. El FBI ha reconocido que Weber era, probablemente, el mejor sospechoso que nunca han tenido, puesto que además se parecía muchísimo al retrato robot de D.B. Cooper. Pero con Weber muerto y la imposibilidad de probar nada, todo queda en conjeturas.

Lo que sí queda claro es que D.B. Cooper se convirtió en un personaje mítico, casi un héroe popular. Y es que, ¿a quién no le gustaría dar un golpe tan espectacular, escapar y nunca ser capturado?


Bonnie Parker y Clyde Barrow.

Bonnie Parker (1910 – 1934) y Clyde Barrow (1909 – 1934) se querían, es lo que conocemos de ellos, también sabemos algo de su trágico final, pero Bonnie y Clyde fueron algo más que amantes. En 1930 se les consideró “enemigos públicos”. Los dos gozaban de gran popularidad, gracias, entre otras cosas, al gran seguimiento que la prensa hacía de ellos y sus andanzas. Era normal, pues la sociedad estadounidense, (simpatizantes con los criminales), demandaban con avidez noticias de los peligrosos ladrones.
Que Bonnie y Clyde no eran precisamente unos santos lo sabían los propios periódicos pero preferían hacer gala del amarillismo cuando proyectaban la imagen romántica de la pareja que se burlaba de un gobierno despreocupado de los problemas de los ciudadanos. Algún diario llegó incluso a publicar los poemas de la fugitiva.
Bonnie y Clyde adquirieron fama por su asombrosa facilidad para escabullirse de la policía, una habilidad que les convirtió durante cinco años en la envidia de sus compatriotas.
Según se dice, Bonnie Parker y Clyde Barrow se conocieron en enero de 1930 en la casa de unos amigos comunes. Les bastó sólo unos minutos de charla para darse cuenta de que tenían muchas cosas en común, reconociéndose el uno al otro como amantes de las armas de fuego y de los coches rápidos.

Sola o con sus cómplices de la banda Barrow, la célebre pareja daba golpes a lo largo de toda la geografía estadounidense, casi siempre en coches robados. Cada vez que les faltaba dinero planeaban un atraco: pequeños y grandes comercios, bancos, gasolineras... Sólo importaba el botín.
Aunque el público creyó que Bonnie Parker era la líder de la banda, Bonnie nunca disparó un sólo tiro y se encargaba de los aspectos logísticos de los robos. La banda contaba con diez asesinatos a sus espaldas, casi todos atribuidos a Clyde. En varias ocasiones la banda se vio envuelta en redadas y tiroteos y aunque lograron escapar en numerosas ocasiones, cada vez había más agentes de la ley muertos sobre sus hombros y más integrantes de la banda heridos, arrestados o muertos, por lo que sus filas mermaban. Estas matanzas especialmente insensatas sacudieron y ultrajaron al público, que hasta entonces había tendido a romantizar a Bonnie y Clyde.
Ante la presión policial y la escasez de compinches Bonnie y Clyde se vieron obligados organizar un asalto a una penitenciaría de Texas para liberar a un antiguo socio. En el tiroteo resultó muerto un guardia de prisión, lo cual fue la gota que colmó el vaso; el estado de Texas y el gobierno federal se pusieron en marcha para acabar con la pareja, de un modo u otro.

El 23 de Mayo de 1934, en una carretera secundaria cerca de Bienville Parish (Louisiana) cayeron en una emboscada tendida por varios caza recompensas a sueldo del gobierno y agentes de la ley de los estados de Texas y Luisiana. Según el levantamiento de los cadáveres, el coche contaba con un total de 167 agujeros de bala. La policía no dio la señal de alto o de rendición. Los oficiales tuvieron órdenes específicas de vaciar los cargadores de sus rifles y de sus pistolas. Era el final de la pareja.

Según las declaraciones de los oficiales el 24 de mayo de 1934: “Cada uno de nosotros tenía una pistola, una ametralladora y un rifle automático. Abrimos fuego con las automáticas. Se vaciaron antes de que el coche llegara a nosotros. Entonces usamos las ametralladoras. Había humo en el coche, y parecía que se iba a incendiar. Después de vaciar las ametralladoras, vaciamos las pistolas en el coche, que pasó por delante de nosotros y rodó 50 yardas por la carretera. Continuamos disparando incluso después de que el coche se parase. No teníamos otra alternativa.”
Clyde murió de forma instantánea por una bala en la cabeza, Bonnie no tuvo esa suerte y no murió tan rápidamente como Clyde.

Bonnie y Clyde deseaban ser enterrados uno junto al otro, sin embargo esto no fue respetado. Clyde Barrow está enterrado en el Western Heights Cemetery, y Bonnie Parker en el Crown Hill Memorial Park, ambos en Dallas, Texas. Las siguientes palabras (de un poema escrito por Bonnie) están inscritas en su lápida:

"As the flowers are all made sweeter
by the sunshine and the dew,
So this old world is made brighter
by the lives of folks like you
Así como las flores son endulzadas
por el sol y el rocío,
Este viejo mundo es más brillante
por las vidas de gente como tu"


MAS BANDIDOS

Jesse Woodson James (1847-1882).

Partidario de la Confederación, este legendario bandido estadounidense combatió en la guerrilla de Quantrell y, una vez finalizada la guerra de Secesión, formó con su hermano Frank una banda de salteadores de bancos y trenes postales. Su leyenda alcanzó ribetes inimaginables cuando corrió el rumor de que había fingido su propia muerte para escapar de la justicia y que vivió muchos años con el nombre de Frank Dalton. En este caso, sin embargo, la historia oficial es verdadera, porque Jesse James murió asesinado a traición por un disparo en la nuca a manos de su compañero y miembro de su propia banda Robert Ford en 1882.



William H. Bonney, Billy el Niño (1859-1881)

Bajo el nombre de Billy el Niño se esconde la identidad de William H. Bonney, un bandido estadounidense, dedicado principalmente al robo de caballos y ganado. Billy cometió su primer asesinato siendo apenas un adolescente, por lo que pronto le colgaron la etiqueta de asesino. Al Niño se le consideró responsable de la muerte de 21 hombres aunque sólo se han probado 9 de ellas, de las cuales cinco ocurrieron en tiroteos en los que intervinieron otros hombres junto a él (por lo que no se sabe si fue autor o no de dichas muertes), dos en defensa propia y otras dos durante una de sus fugas de la cárcel.
La historia oficial dice que su carrera como forajido finalizó el 14 de julio de 1881 cuando el sheriff Pat Garrett acabó con él en Fort Summer disparándole un tiro en el corazón. Otros piensan que esto no sucedió en realidad y que fue una historia que hizo correr el propio Bill para escapar de la horca a la que había sido sentenciado. El ardid le resultó porque pudo vivir hasta casi los 60 años.

La Banda de los Dalton o Los Hermanos Dalton.
Grupo de forajidos especializado en el robo de bancos y trenes.

Frank Dalton, ayudante de alguacil, era el más estable de todos los hermanos (nada menos que trece), con una sólida base y madurez mantuvo al resto de su familia por el buen camino y ellos le respetaban. Cuando le asesinaron y tal vez con el deseo de vengar la muerte de su hermano, los tres jóvenes Dalton -Grattan «Grat», Bob y Emmett- se convirtieron en defensores de la ley. Pero, en 1890, los jóvenes pasaron al otro lado de la misma. Desacreditados como defensores de la ley, los Dalton pronto formaron su primera banda.
A parte de los tres Dalton, la banda estaba compuesta por: Bill Doolin , George Newcomb, Charley Pierce y Charlie Bryant. Mas tarde se unió al grupo otro Dalton más, Jack.
El 9 de mayo de 1891 la banda se dispersó, su último golpe había sido el robo de Red Rock, pero no mucho después Blackfaced Charley fue capturado por el alguacil Ed Short. Mientras estaba de camino a ser encarcelado Bryant se apropió de un revólver de un trabajador del ferrocarril que ayudaba al alguacil Short, y en el consiguiente tiroteo Bryant y Short se mataron mutuamente.
Los Dalton continuaron con sus fechorías.

La banda podría haberse mantenido ocupada con los robos a trenes, pero Bob Dalton quería asegurarse de que su nombre sería largo tiempo recordado. Según declaraba, «superaría cualquier cosa que Jesse James hubiese hecho jamás, robar dos bancos a la vez, a la luz del día». El 5 de octubre de 1892, la banda de los Dalton intentó esa doble hazaña. Pero aunque llevaban barbas postizas como disfraz fueron identificados por la gente del pueblo. Cuando la banda salió de los bancos, comenzó un tiroteo. Tres personas del pueblo fueron alcanzadas, y el alguacil fue abatido cuando salió a la calle tras escuchar los disparos, no sin antes devolver el fuego y matar a un miembro de la banda.
Grat Dalton, Bob Dalton, Dick Broadwell y Bill Powers murieron. Emmett Dalton recibió 23 heridas de bala pero sobrevivió. Se le condenó a cadena perpetua en la penitenciaría de Lansing, en Kansas, de la que cumplió 14 años antes de ser perdonado. Se mudó a California y se convirtió en agente de pompas fúnebres, autor y actor. Murió en 1937 a la edad de 66 años. Bill Doolin, George Newcomb, y Charlie Pierce fueron los únicos miembros de la banda que quedaron, aunque ninguno de ellos estuvo presente en el tiroteo de Coffeyville.
Emmett Dalton diría, años después de los robos, y tras su salida de la prisión, que el Alguacil Heck Thomas fue un factor clave en su decisión de cometer los robos. Según Emmett, Thomas era implacable en su persecución de la banda, manteniéndoles constantemente en movimiento. Con un gran botín de los dos bancos, la banda pretendía dejar el territorio durante una temporada, con la esperanza de que los ánimos se calmasen.


Robin Hood

De él se dice que era un hombre de gran corazón que vivía fuera de la ley escondido en el Bosque de Sherwood y de Barnsdale, cerca de la ciudad de Nottingham. Hábil arquero, defensor de los pobres y oprimidos, luchaba contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan Sin Tierra, que utilizaban la fuerza pública para acaparar ilegítimamente las riquezas de los nobles que se le oponían. Robaba a los enriquecidos ilegítimamente y distribuía el botín entre los pobres y las víctimas.
Los historiadores revelaron que un hombre llamado Hood vivió en Locksley y Wakefield, en el condado de York. Era sobrino de un herrero al servicio de un noble, y había nacido en 1290. En 1322, Thomas, conde de Lancaster, alzó en armas a sus súbditos, entre los que se encontraba Robin Hood, contra el Rey Eduardo II de Inglaterra. La rebelión fue aplastada y se supone que Robin se refugió en el campo de Barnsdale, lindante con el de Sherwood. Se supone también que Robin atacó constantemente a los comerciantes que atravesaban el campo, hasta que el propio rey y otros nobles, disfrazados de monjes, fueron a por él y lograron que el bandido prometiera fidelidad al soberano. Todas estas suposiciones adosadas a los datos sobre la existencia de un Robin Hood en tiempos de Eduardo II, fueron recogidas en La pequeña gesta de Robin Hood, publicada mucho después, en 1459. El Robin histórico reaparece en registros de 1324, que prueban que recibió salarios en el palacio real.
La leyenda dice por su parte que este Robin volvió a los bosques para continuar sus aventuras, hasta que, herido de muerte, se refugió en el convento de Kirklees. Antes de expirar, dispara con su arco a través de una ventana y pide que lo entierren donde caiga esa flecha. Cerca del convento, una antigua lápida señala el lugar en el que supuestamente cayó la flecha y fue sepultado.


Como no todo esta dicho sobre este tema (aunque parezca mentira) me estoy planteando hacer un "No robarás III PARTE" así que si te ha gustado esta entrada estate atento porque... CONTINUARÁ.


Fuentes: Blog La página 36. Reportaje: El gran salto. La leyenda de D.B. Cooper. Blog Lleno de humo y aislado. Wikipedia. Grupo Elron. Google Imágenes.

2 comentarios:

Raquel dijo...

Muy interesante la entrada sobre los ladrones. Me ha gustado especialmente la primera del paracaidista, muy misteriosa. En EEUU se ha convertido en algo así como una leyenda urbana más ¿no?.
La de Bonnie y Clyde me ha gustado también. Además me ha inspirado. Es una historia de violencia pero también de amor.
Me ha gustado conocer la biografia de estos ladrones.
Besos.

Ana dijo...

Besos Raque.
¿A que es apasionante asomarse a las vidas de estos osados que desafiaban las leyes y se burlaban de las normas establecidas?
Por supuesto para condenar, que no soy yo quien para seguir un mal ejemplo... ;)

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