jueves, 5 de marzo de 2015

Historia de las velas



Los días del futuro están delante de nosotros como una hilera de velas encendidas. Velas doradas, cálidas, y vivas. Quedan atrás los días ya pasados, una triste línea de velas apagadas; las más cercanas aún despiden humo, velas frías, derretidas, y dobladas. No quiero verlas; sus formas me apenan y me apena recordar su luz primera. Miro adelante mis velas encendidas.
No quiero volverme, para no verlas y temblar, cuán rápido la línea oscura crece, cuán rápido aumentan las velas apagadas.
(Constantino Cavafis)

Me he acercado al mundo de la cerería hace poco y he descubierto más si cabe la importancia de la luz que nos ilumina, otra luz, distinta a la que estamos acostumbrados, una luz que despide olor y que parpadea, que habla con los espíritus y atrae la buena suerte, una luz que nos reconcilia con nuestra propia alma y que habla en el silencio. Sin duda no hay luz más suave, difusa, melancólica y romántica que la de una vela encendida. Luz, sombras y llamas, ¡cuántas cosas se pueden ver a la luz de una vela!

Hoy vamos a acercarnos a la historia de las velas…


Hace 30.000 años se utilizaba un tipo de vela que consistía en verter aceite o grasa sobre una piedra ahuecada a tal fin y con fibras como mecha se conseguía una vela primitiva. Se cree que fue la iluminación que se utilizó cuando se hicieron los famosos dibujos prehistóricos en las cavernas de España y Francia
También el hombre utilizó desde épocas muy lejanas palos y teas de madera con resina para alumbrarse.
La vela se inventó independientemente en distintas culturas.
Los egipcios y los cretenses las tenían en el 3.000 AC. Los portavelas del 1.600 AC encontrados en Egipto atestiguan el uso de velas en esa cultura.
En la tumba del siglo II AC del primer emperador de la dinastía Qin, Qui Shi Huang, fueron encontradas velas de grasa de ballena.
Del siglo I es el trocito más viejo de una vela encontrado en occidente, fue en Francia cerca del pueblo de Avignon. En esa misma época el escritor Plinio “El Joven” mencionaba luces hechas de sebo encendido.
Los romanos hacían velas con mechas. Para las mechas, usaban un rollo de papiro tratado para retrasar el consumo. La sumersión repetida de la mecha en el sebo o la cera derretida formaba el cuerpo de la vela.
En el siglo IV Constantino, el primer emperador cristiano, usaba velas en el servicio de Pascua. Se dedicaba un día especial para bendecir las velas y distribuirlas entre los fieles –el 2 de febrero, Día de la Candelaria.

En el siglo XIII, tanto en Inglaterra como en Francia, había grupos de productores de velas de sebo y de cera de abejas organizados en agrupaciones gremiales.
En el siglo XV, se empezaron a emplear moldes de madera, aparentemente en París, por lo que las velas se volvieron más accesibles y menos caras.
De 1488 data la fábrica de velas más antigua que aún existe, en Dublín.
Hacia el siglo XVII incluso las velas de sebo más caras exigían que, cada media hora, se despabilara el extremo carbonizado de la mecha o pabilo, sin extinguir la llama. Esta difícil tarea ya no tuvo objeto a partir de finales del siglo, cuando se propagó el uso de las velas de cera de abeja, que se evaporan parcialmente. La cera era tres veces más cara que el sebo, pero las velas fabricadas con ella ardían con una llama más viva.
En 1709, el Parlamento Británico prohibió que las velas se elaboraran en casa, a menos que se comprara un permiso y se pagaran impuestos. 
Durante el invierno de 1765, en una de las grandes mansiones británicas, sus habitantes consumieron más de 50 Kg de velas de cera en un mes. En este siglo se fabricaron por primera vez velas con una cera obtenida a partir del  aceite de ballena.
En el siglo XIX (1825)  Chevreul y Gay Lussac obtuvieron una patente para hacer velas de ácido esteárico.

En 1831 se desarrolló un proceso que permitía refinar el sebo. El resultado fue un producto llamado estearina (éster formado por el ácido esteárico y la glicerina). La estearina es más dura y arde por más tiempo que el sebo no refinado. Este proceso dio lugar a velas que ya casi no ahumaban ni tenían olor a rancio.
En 1850, se logró el avance más importante: la parafina se refinó e hizo posible la elaboración de velas a base de petróleo. La parafina, que arde con limpieza y sin olor desagradable, combinado con las estearinas dio como resultados velas más duras, que no se doblaban como las tradicionales velas de sebo.
En ese siglo también se desarrolló un método para trenzar fibras de mecha. También se desarrollaron tratamientos químicos para las mechas que duraban encendidas más tiempo.
A fines del siglo XIX se desarrollaron máquinas de moldeo que podrían producir grandes números de velas a precios accesibles.
Hoy en día las velas brindan una rica variedad de colores, formas y fragancias que están a nuestro alcance para disfrutar de la calidez de la llama.

Simbología de las velas

No importa que tendencia religiosa se practique, las velas siempre han estado presentes en templos, altares, palacios, etc. En las diferentes culturas han sido usadas como medio de comunicación con los dioses, teniendo el cuerpo de la vela (cera) como cuerpo físico del ser humano, el pabilo se refiere a la mente y la llama al espíritu.
            Las velas también han sido usadas para efectuar rituales tales como protección del hogar, atracción del ser amado, prosperidad, abundancia, salud, entre otros.
            Las normas de la Iglesia Católica insistían en el uso de velas de cera porque tenían la creencia de que las abejas tenían una bendición especial de Dios. Se ordenó que la misa se celebrara a la luz de velas de cera de abejas, aun durante el día, porque éstas representaban el gozo espiritual.
            Se ha dicho con frecuencia que cuando la llama de una vela es azul o sombría, hay un fantasma o espíritu en la casa o en las cercanías.
            En Alemania, una vela cuya llama se divida y parta, predice la muerte en la casa; una vela que suelte una chispa al aire, significa que pronto llegará una carta para aquél que esté sentado enfrente o más cerca de ella.
            Había tres ocasiones principales en las que se encendían velas: En el nacimiento, para asegurar que los malos espíritus se mantuviesen alejados del recién nacido y en Roma esto ponía al niño bajo la protección personal de la diosa Vesta. En el matrimonio, para impedir que "El mal de ojo" arruinara el futuro de la pareja. En la muerte eran una salvaguardia, pues ningún demonio se atrevería entonces a robar el alma del fallecido.
Algunos consideran muy importante que cuando se enciende una vela sea con un cerillo de madera para que la magia sea completa y cuando la apaguemos sea con la punta de los dedos mojados o con una campanita para sofocar la flama. Nunca debe soplarse ya que de lo contrario la magia sería nula.



Fuentes:

Google imágenes.

6 comentarios:

amparo puig dijo...

Qué interesante tu entrada. Yo siempre guardo velas en casa por si alguna vez se va la luz, aunque hoy en día es poco frecuente. También este verano compré una vela contra los mosquitos, pero estos no se dieron por aludidos. Y hablando de velas, fue horrible cuando en algunas iglesias pusieron esos cachivaches eléctricos que intentan parecerse a las velas. Patético.

Carol Torrecilla García dijo...

Hola Ana:
Muy original tu post. Estoy de acuerdo con Amparo. También uso las velas por si se va la luz, por cierto que esta noche se ha ido tres veces ya, es casualidad, y es muy feo lo de las velas eléctricas, pero muy interesante lo que nos cuentas.
Siempre me han gustado las velas. Son muy románticas.
Abrazos.
Carol

Ana Bohemia dijo...

Hola Amparo, aquí, en La Laguna, hay una iglesia que fue pasto de las llamas precisamente por culpa de las velas, fue un incendio ocurrido en los años 60 creo y consumió toda la iglesia hasta los cimientos. Imagino que lo de las velas eléctricas fue una idea para evitar este tipo de accidentes, aunque le quita todo el encanto, la verdad.
Saludos
:D

Hola Carol, aquí no se ha ido la luz desde el temporal de hace unos años, y estuvimos tres días a linternas y velas. A mí lo de las velas, sobre todo aromáticas, me va mucho, llena el ambiente, lo perfuma, le aporta un toque precioso y además la llama es hipnótica, jaja, y por supuesto da una luz muy romántica.
Un abrazo grande
:)

Raquel dijo...

Muy interesante, es curioso nunca me había parado a pensar en el origen de las velas, pero hasta hace muy poco no había luz eléctrica y la luz de las velas tenía otro significado.
Es bonito encender una vela, y perderse en su hipnótico parpadeo.
Besos!

Montse Martínez Ruiz dijo...

Me ha gustado muchísimo tu post sobre las velas, su historia y lo que significan y es que siempre he sentido cierta fascinación por ver la llama de una vela encendida.
Y bueno, una cena a la luz de las velas con tu pareja es lo más romántico que existe!
Un beso grande, guapa :)

Ana Bohemia dijo...

Hola Raque, es cierto, incluso nuestros padres se acuerdan de las lamparas de carburo, y de que no habían demasiadas farolas en las casas, y de lo útil que eran las velas entonces. Ahora nos aportan otras cosas, ambiente y olor, pero siguen teniendo carisma... y podemos perdernos en ese hipnótico parpadeo.
Besos
:D

Hola Montse, me alegra mucho que te haya gustado el post. Una cena romántica no sería igual sin las velitas.
Un beso grande para ti también guapa
;)

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