martes, 31 de julio de 2012

Hey Pancho…


Pancho es mi perro número tres, el más joven, rebelde y rechoncho. Le encanta comer… sobre todo dedos, ¡le pirran! En especial adora los de mi madre quizás porque son jugosos y sumamente azucarados, pero no le hace ascos a casi nada: cotufas, papas, pipas, chocolate… ¡todo sano y sabroso! Lo que mas le gusta es el tomate, y si es de ensalada mejor. Cuando no hay tomate merodea alrededor de su cuenco como un león en la llanura, hace un acercamiento, olfatea el perímetro, comprueba de reojo si se acerca alguien, abre su glotona boca y agarra de una tacada cuatro o cinco bolitas de pienso seco. Entonces sus carrillos se inflan graciosamente. Pancho no se las come en el sitio. Nooo… Por alguna extraña razón, camina hasta “su” cama, salta sobre el colchón, escupe su botín y durante un rato marea su comida hasta que se cansa de ella.
Si le robo una de sus bolitas, gruñe, refunfuña, protesta con intensidad, pero no se la come cuando se la devuelvo. En cambio me mira con dos ojillos traviesos, como si entendiera que me tiene dominada, pero, ¡es que son suyas y no las quiere compartir! Y yo entiendo eso, lo puedo entender…

Pancho es una aspiradora… aspira comida con un gusto y un apetito que no es de este mundo.

A Pancho también le gustan las galletas, pero no las que están mojadas en leche, esas no tienen gracia, esas no estallan bajo sus mandíbulas ni crujen haciendo crack, esas son blandas y fofas, y no tienen perdón porque se le pegan en el paladar y en la garganta.
Ya sé como complacerle y ondeo una crujiente galleta en el aire para ofrecérsela, esparciendo el suculento olor del trigo en la atmosfera. Mi puñetero perro no se inmuta, no reacciona enseguida y me mira como si no me entendiera, como si me estudiara, como si intuyera que todo es una trampa mía. Siempre ha sido un miedoso y un desconfiado, y además un malpensado. Entonces lo veo con claridad: no se fía de mis intenciones. Quiere jugar, en el fondo lo sé. Salta, retrocede, da dos pasitos para adelante y dos para atrás, y parece un torito bravo preparado para embestir. Finalmente regatea a la derecha y recorre en círculos la mesa del comedor, ¡es el ritual de la galleta!
La pantomima dura un minuto. Entonces los pompones de sus patas aceleran su carrera, coge velocidad -toda la que le permiten sus achaparradas extremidades- y bruscamente me arrebata la galleta de un peligroso mordisco… Mis dedos están sanos y enteros, y siempre me santiguo y doy gracias por ello. La galleta ha desaparecido, y dudo, dudo de si realmente existió o lo soñé.

Pancho es el peque de la casa y por supuesto el consentido de todos... A mí me gusta retorcerle los rizos, a él le gusta también…. ¡y mucho! Eso me preocupa, su conducta no es del todo “normal”. Creo seriamente que es un yonki; un yonki del mimo. Se ha vuelto tan dependiente de las caricias que cuando me canso de mesarle el lomo me busca, levantando con su hocico mis cansadas manos como si quisiera más, como si dijera MÁS. De pronto lo comprendo: soy su juguete articulado. Me da la sensación que mi obligación es consentirle, mimarle, malcriarle, él no espera menos de mí, pero yo no puedo darle más. De noche entra a hurtadillas a mi cuarto y me despierta de un lametazo para que le dedique una sesión de diez minutos de surrungueos. No se cansa nunca de sentirse querido. Y yo no me canso de  él. Es tan mono…

Si tomo el sol en la azotea se tumba a mi lado y en esa postura antinatural en un can -con las  vergüenzas al aire- se pone a roncar. Si bebo agua me imita. Si como bocadillo quiere igual que yo. Si salgo me espera. Cuando vuelvo me abraza, ¿cómo no lo voy a querer? Y encima le gusta la música, ¡la disco!
Lo reconozco: no hay quien se resista a sus encantos… yo no.

A Pancho no le gustan los “vecinos”, no me refiero a que se ponga de los nervios al oír la palabrita, es más bien que no le gusta la gente que vive a una pared de distancia de nosotros, sean hombres, mujeres o niños, no lo puede evitar, verlos enfilar la entrada que antes era “sólo suya” saca su vena perversa.
A Pancho no le gustan las visitas, pero su manía nos viene muy bien para espantar y sacar de quicio a los “cobradores” y los “testigos de Jehová”. Entonces nos es de mucha ayuda… y sabemos que NUNCA, JAMÁS, volverán, ni por el barrio ni por los aledaños, ¡ni ganas les quedarán…!
A Pancho no le gustan emgustaban los gatos… pero eso cambió cuando llegó Lenito y se hicieron íntimos, tanto, que dormían juntos, comían al mismo tiempo y se aseaban mutuamente, rascándose solidariamente con sus rosadas lenguas.
¿Sabes? Pancho odia a las cabras de mi padre… ¡sabe que tienen mejor tupé que él!
Pancho no simpatiza con muchos animales de granja y las gaviotas le producen un estado de hipnotismo digno de ver.
De momento no aborrece a otras aves, y tolera bien las palomas, pero de vez en cuando sus ojos despiden cierto instinto asesino, un reflejo que sigue ahí… ¿desaparecerá alguna vez?
Pantuflo teme a los truenos, le atemorizan los ruidos fuertes y los fuegos artificiales, pero sobre todo, y por encima de todo, no soporta la voz chillona de mi madre. ¡Cuánto le quiero, es igual que yo!

Hoy cumple siete años. Siete años de buena suerte, toda la que tengo por tenerle a él, es que este trasto travieso se hace querer, pero ¿cómo no lo iba a hacer?  

¡Feliz cumple peludo!



Música: Fat Larry´s Band-Hey Pancho, it´s disco.

4 comentarios:

Raquel dijo...

Pancho... imposible no querer a esa bola de pelo con patas que se menea al compás con un garbo que ni la Marilyn XD
Esta consentido como un niño chico, y yo creo que él, en el fondo piensa que lo es.
Siete años ya con ese devorador de dedos, cómo pasa el tiempo :)

Ana dijo...

Mi cosita chica, jaja, que bola de pelo tan graciosa es. Cada día es mas cariñoso, ¿eh? 7 años con nosotros y aún recuerdo como ayer cuando llegó con su camita de cartón.
:)

Carol Torrecilla García dijo...

Ainssssssssss, que quiero jugar con Panchoooooo. Que amo los perrosssssssss. Y este es un perrete muy lindooooooo.
Ya está encargado el regalo de cumple. Mira que no invitarmeeeeeeeeeeee. Sabiendo cómo soy. XD
¡¡¡FELICIDADES PANCHO!!!!
MUCHAS CARICIAS EN LA BARRIGA!!!!!

Ana dijo...

Hola Carol, jo, que fallo, ¿no te llegó la invitación de la fiesta? No pasa nada, jaja, le daré las caricias en la barrigota de tu part, jeje. ¿A que es monisímo? ¡Es mas guapo mi peque!
:D

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