lunes, 24 de junio de 2013

¿Cuánto cuesta tú ropa?


¿Esclavitud, explotación… muerte? ¿No es ese un precio demasiado alto? ¿No es ese un precio que nadie quiere?
Lamentablemente a día de hoy este es el coste real de muchas de las prendas que vestimos.
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El pasado 24 de abril de 2013, el edificio de ocho pisos Rana Plaza, a las afueras de Dacca, capital de Bangladesh, se derrumbó. En su interior trabajaban más de 3.000 personas, en cinco empresas textiles diferentes. Los casi 1.000 muertos y 2.500 heridos que provocó despertaron muchas conciencias y sacaron a la luz las injusticias que pocos denuncian y que nadie quiere oír: que para que unos pocos vistan otros tienen que sufrir.
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Podemos buscar responsables pero en el fondo tendríamos que entonar un mea culpa. Y no es una exageración, somos cómplices ciegos. Nuestro capitalismo, nuestra obsesión por el consumismo nos empuja a adquirir cada vez más, y más y más y más, en una bulimia descontrolada que no cesa. Y para poder seguir empujando esta rueda (que dicho sea de paso obtiene cuantiosos beneficios multimillonarios) otros tienen que proveernos, vendernos, cebarnos, intentando saciar una voracidad que ya no tiene tregua.
Es entonces cuando estos proveedores primarios, desbordados por el principio de “mas cantidad, más rápido, más barato”, tienen que devanarse la cabeza para bajar sus costes y así poder sostener este poderoso mercado y que les salga a cuenta.
Lo primero que hacen para buscar el ahorro es subcontratar, especialmente en países como China o Bangladesh en donde el coste de los recursos es sumamente ridículo. No nos puede chocar que este pequeño país empotrado en el este de la India se haya convertido en “una autentica potencia textil”. Y es que Bangladesh tiene los salarios más bajos del mundo: 32 € al mes, con jornadas de 15 horas. Los niños cubren alrededor de seis horas por unos 12 €. De los 20 € que cuesta una camiseta en occidente, sólo 15 céntimos corresponden a los costes laborales.

La presión de las multinacionales textiles para bajar sus costes ha llegado ya al límite de la esclavitud técnica, por lo que los contratistas se ven incentivados a buscar el ahorro a través de nuevas ideas emprendedoras como recortes, ajustes, etc. Y dado que no se pueden flexibilizar más los salarios, estos empresarios han encontrado un filón de flexibilidad en la reducción de costes por el mantenimiento de las infraestructuras.
Esta falta de control, este desinterés por la seguridad, es como una carta blanca que permite que se construyan más pisos en edificios que no pueden sostenerlos, que haya más personas de las permitidas en una factoría, que no se subsanen la falta de salidas de emergencias, que las condiciones higiénicas no sean las mejores… Con 32 euros al mes los trabajadores no tienen siquiera para transporte, por lo que en muchos casos duermen en las mismas fábricas. Por eso nunca sabremos siquiera el número de muertos producidos en el edificio de Dacca.
No hay auditorias, ni revisiones periódicas de seguridad, ni inspectores, y los contratistas occidentales se lavan las manos, distrayendo su responsabilidad ante sucesos tan trágicos como el sucedido en el edificio Rana Plaza. Pero irónicamente son ellos (los proveedores originales) los que deciden si producir o no en un determinado país o taller en concreto, son ellos los que aprueban si una fábrica reúne las condiciones laborales necesarias para mantener el ritmo competitivo que genere los suficientes beneficios empresariales. 


Las consecuencias son alarmantes:

La federación Nacional de Trabajadores del sector Textil de Bangladesh afirma que en los últimos 15 años se han producido unos 600 muertos y 3.000 heridos en accidentes ocurridos en fabricas de ropa de este país. La cifra ha subido: 1.000 muertos, 2.500 heridos y cientos de desaparecidos en el derrumbe.
Según la Organización Internacional Foro de Derechos, más de 700 trabajadores habían fallecido ya desde 2006, confeccionando la ropa que vestimos en occidente.
Esta situación ha levantado muchos reclamos:

Para empezar se exige compromiso y auditorias independientes.
Muchos reclaman indemnizaciones para los heridos en Dacca, que tienen que hacer frente a tratamientos largos, y también ayudas para los supervivientes que se quedan sin trabajo con el que mantener a sus familias.
Otros piden desde ya a las compañías que fabrican en Bangladesh que se suscriban al programa de mejora de seguridad textil con sindicatos internacionales y locales.
Algunos piensan que bastaría con legislar la obligatoriedad de etiquetar las prendas en un sitio bien visible con un color que identifique claramente el grado de respeto a los derechos humanos en la cadena de suministro de la marca que nos lo vende.

Pero somos nosotros los que tenemos que decidir. A la hora de comprar somos nosotros los que tenemos que hacernos las preguntas adecuadas:
¿Cómo son realmente las condiciones laborales en el país donde se ha producido la ropa que llevas?
¿La han confeccionado niños?
¿Se han pagado sueldos dignos?
¿Se ha confeccionado trabajando en jornadas con horarios sensatos?
¿Se ha hecho con algodón ecológico, sin tratarlo con productos cancerígenos y sin emplear mano de obra infantil en su recogida?
¿Ha sido fabricada cerca de casa o, al menos, en nuestro mismo continente, de manera que se reduzcan los contaminantes costes de transporte?

Uno de los éxitos de la industria textil, ha sido la deslocalización de la ropa. Hasta hace relativamente poco, alrededor de una década, era fácil saber cómo se hacía la ropa, porque se tejía y cosía en nuestro país. A día de hoy seguirle la pista a una prenda de ropa es casi una heroicidad.

Imposible competir contra esta cadena de producción.
Según el informe “Textiles from Spain” de marzo de 2012, en los últimos cinco años el número de empresas de este ramo descendió de 14.062 a 9.389, lo que supuso la pérdida de 50.000 puestos de trabajo. Parte de lo que ahorramos hoy en la ropa masivamente producida tiene consecuencias directas en la pérdida de puestos de trabajo en nuestro país. Es decir, en el vital tejido empresarial.

Pero ¿por qué es tan barata la ropa?
El secreto está en manufacturar ropa donde el coste sea menor: Bangladesh, China, Grecia, Hong Kong, India, Islas Mauricio, Paquistán, Rumanía, Serbia, Montenegro o Turquía.
Y son los grandes hipermercados mundiales –gigantes de la distribución– los comercializadores más importantes de ropa  y los principales clientes de la producción “Low cost”.

Datos:

»Cada persona consume entre 8 y 9 kilos de ropa al año, lo que supone unas 390.000 toneladas de residuos textiles. Y son “residuos” porque van directamente a la basura, pero sólo un 15 % de esta ropa que tiramos realmente es un desecho. Tal nivel de compra es posible por los precios tan bajos que garantizan que las estanterías se vacíen y repongan a toda velocidad.

»En Bangladesh, 5.000 empresas de manufactura textil dan empleo a cuatro millones de personas que trabajan en nada menos que 200.000 instalaciones industriales. La exportación alcanza los 15.000 millones de euros anuales y representan el 17% del producto interior bruto y el 70% de las exportaciones.

Un 10 % de los miembros de su Parlamento posee fábricas textiles, con lo que es difícil que se legisle contra un negocio que enriquece a los mismos políticos.

»El sector textil de Bangladesh -junto con el pakistaní- es el más competitivo del mundo y ha conseguido eliminar a China (de donde sale un tercio de la producción mundial) porque los altísimos salarios chinos no son competitivos en el sector.

»De momento, hay un dato esperanzador: tras la tragedia Bangladesh ha cerrado 18 fabricas textiles para mejorar su seguridad y ha creado una comisión de investigación para inspeccionar 4.500 plantas más.
¿De verdad necesitamos tanta ropa que además carece de calidad? ¿Tienen que sufrir otros para que nosotras nos vistamos? ¿Vamos a usar lo que compramos o se trata de una compra compulsiva?
Pensemos, despertemos, hagámonos las preguntas adecuadas, apostemos por la justicia, la calidad, el respeto y la vida. Y es que, puede parecer una frase hecha pero tiene mucho de cierta: al final lo barato sale caro…

Fuentes:
Articulo “¿Quién paga el precio de la moda barata? Por E. de los Ríos. Revista Mujerhoy”.
Articulo “Ropa Sucia” Blog “El lagarto en tu laberinto”.
Google imágenes.

5 comentarios:

roberto dijo...

Hola Ana, muy interesante tu informe. Días atrás leía que las marcas más importantes son las que consumen mayor trabajo esclavo. Así que cuando compres Dior, Adidas, o cualquier marca ésas que "dan nivel" a muchos marqueros, no la confeccionan grandes modistos, sino un enjambre de mal pagos trabajadores para que se llenen de dinero los escaparates de multimillonarios esclavistas. Lo mismo pasa con los call center, que cuando llamás para algún reclamo seguro el acento con que te atiende el operador no es de tu país, seguramente es del otro lado del mundo. Claro el precio por el servicio que pagas no condice para nada con lo que ganan éstos trabajadores. La cadena cada vez se hace más larga y los empleos con salarios decentes cada vez más escasos.

Un abrazo.

lopillas dijo...

No es mi caso porque, como dice la frase, soy mujer para un pobre, pero es cierto que miro a mi alrededor y veo compras compulsivas en amigas, compañeras, etc. Comprar y tirar en la próxima temporada. De locos.
Por otro lado, también es cierto que la ropa y el calzado de calidad (de la tierra) no está al alcance de cualquiera...
Un tema para pensar.
Besitos Ana

Ana dijo...

Hola Roberto, gracias por opinar y enriquecer la entrada con tu punto de vista.
El mundo es una gran rueda de consumo, demandamos mucho e inmediatamente, a veces no pagamos la calidad ni el trabajo sólo la marca, lo que en mi opinión pienso que esta muy sobrevalorado.
Creo que debemos respetar mas el medio ambiente no acumular por acumular ni comprar a lo loco.
Un abrazo
:)

Hola lopillas, te entiendo, soy igual, ahora mismo tenemos que mirar mucho el presupuesto que no es el mas boyante del mundo, las ofertas nos tientas pero a veces sabemos que estamos pagando una mierda por algo que no lo vale y que no te va a durar mas que lo justo.
Gracias por opinar.
Un beso grande
:)

Carol Torrecilla García dijo...

Hola Ana: me ha encantado tu exposición; normalmente procuro comprarme ropa hecha en España, pero es difícil encontrarla al gusto.
Desde luego tu artículo no me ha dejado indiferente y cuando me vaya enterando de la procedencia de las marcas ya iré eligiendo más concienzudamente.
Estoy contigo.
Besos a todos, amigos.

Ana dijo...

Hola Carol, me pareció importante compartir este articulo, es verdad que a veces no le damos importancia a lo que compramos y todo lo que hay detrás, pero tendríamos que empezar a mirar estas cosas, no darle tanta importancia a las marcas como a la calidad.
Besos
:)

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