martes, 27 de noviembre de 2012

#Atención, pregunta # 23

¿Por qué los egipcios adoraban tanto a los gatos?

Cuando se quiere saber una cosa, lo mejor que se puede hacer es preguntarla.
Georges Duhamel

La sala en donde se encontraba la exposición era realmente impresionante. Me trasportó, me subyugó. Fue como si atravesara una invisible puerta y el velo fascinador de Egipto cayera sobre mí. La música flotaba místicamente hasta mis oídos. Y sumida en aquella atmosfera irreal sentí que el aire trasportaba olores, perfumes fragantes, cómo suaves aceites que se quemaban en alguna lámpara.
Las notas de una flauta levitaban enroscándose sobre el techo azul y estrellado, para después desplegarse y mezclarse con el sonido de un arpa lejana, música que parecía invocar el favor de los dioses…
Yo deambulaba lentamente, paso a paso, sobrecogida, observando cada objeto, cada pieza, cada recreación y antigüedad del museo. Me asomaba a los secretos de Nefertiti, veía a Cleopatra meditando a orillas del Nilo, pero era yo la que navegaba sobre un bote de papiros atados con el Faraón al mando. Tendiendo las velas a la brisa, nos deslizábamos sobre aquellas aguas mansas a la luz de la Luna y la sombra de la gran Pirámide indicaba la dirección a seguir. ¿Un oasis lejano? En mis sueños era así…
Tuve que agradecerle al Científico su despiste, si él no se hubiera olvidado aquella importante carpeta en casa yo jamás habría pasado esa tarde paseando entre el 3150 y el 31 a. C.…

Resulta que en el pasado él había colaborado con un tal… nosequién en algunos trabajos arqueológicos. Por azares del destino no había podido formar parte de su equipo pero la confianza y la admiración perduraban y de alguna manera era frecuente que el Científico le ayudara en algunas charlas y conferencias.
Sabía cuanto se había estado preparando para aquel momento, por eso no podía permitir que todo saliera mal, por eso había corrido como una loca para entregarle en mano aquellos importantes documentos.
Se sorprendió enormemente al verme llegar, pero su cara pronto se trasfiguró de agradecimiento cuando le deseé suerte y le entregué la carpeta. No sabía que nos estaban espiando…
 -¿Es ella tu ayudante?
El Científico negó rotundamente, tan categóricamente que casi me ofendí. Y hablamos a la vez:
 -Soy su amiga…
 -Es mi compañera de piso…
Fue un poco cortante. Nos miramos de reojo. El hombre de la pregunta se rió abiertamente (supongo que por mi gesto) luego se disculpó, dijo que tenía trabajo, me guiñó un ojo y se fue… Le seguí con la vista hasta que ocupó su puesto sobre un escenario…
 -¿Quién es?
 -¿Tú qué crees?
 -Puff… no sé, ¿quizá el Dr. Jones? -aventuré, pero él no pilló mi chiste.
Quien sí lo pilló fue alguien que apareció detrás de mí exhalando carcajadas. Alguien a quien el Científico estrujó en un cordial abrazo. Por lo visto se conocían bien…
 -Ese ancianito -dijo el chico volviéndose hacía mí-, es uno de los hijos más preclaros de las ciencias arqueológicas, un hombre notable que ha pasado gran parte de su vida en el lejano Egipto… ¡y yo soy su ayudante!
Le estreché la mano y le sonreí amilanada. Luego se excusó, me guiñó un ojo y desapareció, alguien requería su atención…
 -¿Y este quién es? -bramé.
 -El que me quitó… -rectificó su lapsus y dijo-: es el que se quedó con el puesto…
 -¿Tu rival? -gemí sofocando una risa-, ¡anda!, pues por el abracito que le diste parece que no hay rencor…
 -No lo hay…
Sacudí la cabeza porque no le creía y luego agudicé la vista… Fue un análisis puramente superficial…
 -Pues es guapo…
Oí al Científico carraspear y luego decir:
 -¡Olvídalo!, está completamente entregado al estudio de los jeroglíficos y de las pirámides, recuerdo que en la excavación decían que adivinaba mayores encantos en una momia faraónica que en cualquier mujer de este planeta…
Era un reto, no podía negarlo. Y estuve unos segundos en las nubes. Harto el pobre Científico gruñó:
 -Bueno, ¿te quedas o…?
 -Paso…
Y me perdí por el museo. Fue una suerte… o no hubiera viajado con la imaginación como lo hice.

Debí perder por completo la noción del tiempo. Aquella sala tenía algo, desprendía cierto misterio. Las piezas expuestas en la sala, las antigüedades egipcias, las recreaciones de templos sagrados y las colecciones privadas me susurraban sus secretos. Y yo cerraba los ojos para escucharlos… Las sombras caían sobre las vitrinas llenas de objetos, cincelando las formas de las deidades y las esfinges, cuando… aquella escultura brilló.
La miré. La estuve mirando mucho tiempo…
 -¿Es fascinante, verdad? -no reconocí la voz, pero al volverme le vi, era el ayudante guapo-. ¿Te gustan los gatos?
 -Si, mucho, les envuelve algo, un aura especial…
 -Sí, los egipcios amaban mucho a este animal. Hay infinidad de imágenes y esculturas en donde se ven gatos esbeltos y enjoyados, además de numerosos amuletos con la forma de un gato. En muchas pinturas funerarias abundan las que presentan escenas con las mascotas, pues con ello se recordaba el cariño que el difunto había tenido por su gato y, simbólicamente, el animal acompañaba a su amo al mundo de los muertos….
 -¿Por qué los egipcios adoraban tanto a los gatos?

“En el antiguo Egipto, los gatos domésticos eran considerados animales sagrados y fueron objeto de culto debido a que se decía que “provenían de las estrellas”. El gato era considerado como una encarnación del dios Sol y la gata era equiparada al ojo del sol. De hecho la diosa egipcia Bastet era representada con cuerpo de mujer y cabeza de gato. También se creía que Ra, dios del sol, adoptaba la figura de un gato cuando descendía a la Tierra.
Además los egipcios creían que los gatos traían bendiciones a las casas de sus amos, por eso casi cada familia egipcia tenía uno en su hogar. Los felinos domésticos eran tan queridos, que comían igual o mejor que los miembros de la familia y había hogares donde el gato era el primero en comer. Los más estimados eran los negros, que eran extremadamente raros.
El castigo por matar a un gato significaba la muerte en aquellos tiempos y ni el propio faraón podía indultar semejante crimen.
Los Egipcios llegaban incluso a guardar luto cuando morían sus gatos. Estos eran momificados al morir y todos los miembros de la familia se rasuraban las cejas como señal de aflicción y dolor.
Tanto se apreciaba a los gatos que se consideraba que todos ellos eran propiedad del faraón, aunque éste permitía que los plebeyos los cuidaran. Los gatos incluso figuraban en la interpretación de los sueños, pues se decía que si un hombre veía a uno en sus sueños tendría una buena cosecha. Otro testimonio del amor de los egipcios a los gatos cuenta que, en una batalla entre persas y egipcios, el general persa ordenó a sus soldados arrojar gatos vivos por encima de la fortaleza de los egipcios. Se dice que los egipcios prefirieron rendirse antes que permitir que siguieran lastimando así a los gatos…”

Era tan interesante que hablamos largo rato. Retrocedía para verle marchar después de haberme despedido cuando tropecé con alguien… el Científico. Me miró tan seriamente que durante unos instantes no supe que decir… Pero al parecer nos había visto, nos había oído… y no le había gustado.
 -¿Qué pasa? -gemí.
 -¿Qué quería?, ¿qué hacíais?
 -No estás ciego…
Él resopló y se cruzó de brazos evidentemente celoso. Y murmuró algo para sus adentros. Algo que sonó muy parecido a “también me quiere quitar esto…”
 -¿Qué?, ¿qué dices…? -pregunté y él disimuló.
 -Nada, es que… no me gusta ese tío, ¡ya está!, es un prepotente y un enterado, ¿por qué tenías que preguntarle nada?
 -Porque quería saber…
 -¡Pero para eso estoy yo no lo olvides!
Y yo reí porque aquello me sonó tremendamente infantil. ¡Cómo si fuera el único que pudiera resolver mis dudas! El Científico me dio un leve codazo en las costillas… 
-Ríete pero no lo olvides, ¡júrame que no le preguntarás nada más!, venga, jura...
-No puedo…
-¿Qué?
-¡Que no puedo!... -y resignada me hundí de hombros-. Ah, y debo ser más interesante que una momia porque me ha invitado a cenar…
Sé que se quedó de una pieza, pero ¿qué podía hacer? Egipto y los egiptólogos me habían fascinado…



Fuentes:Taringa.net/posts/mascotas/12511481/_Los-gatos-son-extraterrestres_.html. Amistadespeligrosas.blogdiario.com/1155136740/. YouTube. Google imágenes

6 comentarios:

roberto dijo...

Ana, interesante recorrido por el museo. Se dice que los gatos ahuyentan las malas ondas y traen suerte, yo no sabría decirlo igual por las dudas tengo dos: Miguelón y el Señor Orozco, uno es blanco y el otro se parece al gato con botas.

Un abrazo.

Ana dijo...

Tienes suerte Roberto, doble protección con Miguelón y el Señor Orozco, graciosos nombres, jeje. Yo hace tiempo que no tengo protección gatuna, pero desde siempre ha habido gatos en mi casa, por todas partes, en las sillas, en los tejados, incluso dentro de los armarios, jaja. Me gusta mucho este animal, no sé si será cierto lo de las buenas ondas pero mme trasmite simpatia y paz.
Un abrazo grande
;)

Mos dijo...

Qué interesante resulta pasar por aquí, Ana.
Buen documento y buen texto.
Un abrazo de Mos desde la orilla de la spalabras.

Ana dijo...

Un abrazo Mos, es un placer leerte.
;)

Raquel dijo...

Comprendo a los egipcios, yo también siento pasión por los gatos, sobre todo con los que son medio salvajes y nunca obedecen. Es curioso porque yo tambiñen siento protección si tengo a un gato cerca.
Interesnate relato :)

Ana dijo...

Quizá fuimo egipcias en una vida pasado y por eso nos caugan simpáticos los gatos huranños, interesados, altivos y qu se creen dioses.
Esa protección me vendría de perlas en estos momentos, ¿eh?
Un beso
;)

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