jueves, 27 de septiembre de 2012

#Atención, pregunta # 21


¿Por qué se nos arrugan así los dedos cuando estamos mucho tiempo en el agua?


Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano.
 Isaac Newton

Me gustaba flotar sobre el mar, era como sentirse parte tangible del mundo. Además de relajante, era placentero notar la caricia de las olas por todo el cuerpo, como un beso en el que arrullarse… Desde allí, desde el mar, tenía una visión maravillosa del sol y del cielo. Podía tumbarme boca arriba y dejarme llevar como un naufrago perdido en la marea. Lo mejor de aquello era ver la caída lenta y progresiva del astro, esperando que se hundiera en el mar, esperando su inminente inmersión. Me gustaba quedarme quieta y contemplar su poética despedida, alerta y en guardia, y ser testigo de cómo se apagaba el día y de cómo las entrañas cálidas del mundo se lo llevaban, como si apagaran su vanidoso fuego entre las aguas. Me gustaba regresar a la orilla después, lentamente, palpando con la planta de los pies las suaves rocas del fondo y luego sentarme un rato, dejando que las algas y el atlántico acariciasen mis dedos. Me gustaba esa sensación de mi cuerpo mojado, esa sensación repentina de frío que erizaba mi vello y lo ponía de punta. Me gustaba la sal adherida a la piel y que aún fuese verano…
Saqué la toalla del bolso y me la puse sobre los hombros, reticente a dejar atrás la playa. Prudente encontré ante mí algunas huellas recientes en la arena y tratando de no borrarlas, las pisé, imitando las zancadas… Estaba tan sumergida en mi mundo que no le vi y chocamos. Fue una casualidad, (si es puede llamarse así)… porque allí estaba él…

 -¿Qué ocurre?, ¿te has hecho daño?, ¿con qué? –me preocupé al ver su reacción.
El Científico se arqueaba y juraba dando brinquitos como en una danza extraña. Entre murmullos quejumbrosos logré tranquilizarle. Resulta que había pisado algo y se había cortado. Excavé y descubrí una botella rota, y me apenó que no hubiera tesoros enterrados como en la “isla del tesoro” si no basura…
En un intento por calmarle le senté sobre la arena para examinar su herida.
 -No es nada –dije confiada. Y no era nada-. Voy a curarte, creo que tengo algo en mi bolso…
Y a conciencia rebusqué.
 -Bueno esto te escocerá –le advertí.
El agua de colonia me sirvió para esterilizar, (aunque él vio las estrellas y tuvo que morderse los labios), mi toalla le secó los pies y bastó apenas dos tiritas para contener la sangre.
 -Aguantará hasta que puedas curártelo mejor…
Con ojo crítico analizó mi acelerada cura y asintió, clavando sus ojos en mí. Fue revelador porque yo sabía que aquellas últimas semanas me había estado evitando… Entonces reparó en mis manos. Yo también me había cortado y no me había dado cuenta. No tendría que haber tocado aquella botella…
Luchó por apresarme la mano y cuando lo hizo se dio cuenta de que tenía los dedos arrugados como pasas.

Mi orgullo no quería preguntar nada, pero posiblemente pensara en voz alta. Y él, siempre presto a resolver mis dudas, respondió con toda la naturalidad que pudo…

¿Por qué se nos arrugan así los dedos cuando estamos mucho tiempo en el agua?
"Sucede porque la piel se ha deshidratado.
Esto se debe a la forma en que responde la piel ante la humedad y a su propia composición. La piel está formada por dos capas principales: la dermis y la epidermis. Ambas capas están unidas, pero existe un ligero espacio intermedio.
Aunque es la principal barrera de nuestro organismo frente al exterior, la piel no es impermeable, y así absorbe agua del aire y, en mayor medida, también absorbe agua cuando nos bañamos.
En las manos y los pies la piel es bastante más gruesa y eso hace que absorba más agua que el resto del cuerpo y que el efecto sea más perceptible. A medida que la epidermis se hincha más y más, se separa de la dermis y forma surcos y crestas, sobre todo en las yemas de los dedos, pues en las palmas y en las plantas las dos capas están más unidas.
Después de una larga inmersión, la piel arrugada se reblandece enseguida al salir del agua. En realidad, la piel se seca tanto después de un baño que contiene menos agua que antes de meterse en el agua. Pero nuestro cuerpo se recupera rápido. A los pocos minutos las yemas de nuestros dedos recobran su turgencia porque nuestro cuerpo repone el agua de la piel desde el interior. Una buena crema hidratante acelera este proceso aportando agua desde el exterior y renovando el manto graso protector.
¿Sabes?, la epidermis de las manos absorbe entre 6 y 10 veces su propio peso en agua…”

Me llevé el dedo a la boca y saboreé mi propia sangre. A mi lado le oí tragar saliva. Me sentía molesta por su comportamiento pasado y él lo intuía. Puede que fuesen cosas mías pero de un tiempo a esa parte había notado que me esquivaba… Sentirle tan lejos sabiendo que estaba tan cerca me tenía algo preocupada, ¿qué había pasado para que se mostrara tan distante? Creyendo que estaba ofendido por algo yo también tomé distancia y el verano discurrió con toda calma… hasta esa noche.
-Creí que estabas muy ocupado con tu trabajo y todo lo demás –murmuré- ¿qué haces aquí? –No parecía una casualidad, pensé.
Le escuché con paciencia. Me contó que estaba buscando fósiles de invertebrados marinos o algo así, pero luego fue sincero y admitió estar dando una vuelta… (¡Como si el mundo fuese tan pequeño!)  ¿Y tú estás sola?, preguntó. A lo lejos alguien hacía una hoguera en la playa y el viento arrastró el humo hasta nosotros.
 -¿Por qué me has esquivado estos días? –disparé la pregunta. Sólo quería sinceridad, nada más.
 -Quiero concentrarme en mi trabajo y contigo cerca no puedo… no puedo… pensar. Estos meses he bajado mucho mi rendimiento, pero no es por ti… no me ha pasado nada contigo…
 -Ya. ¿Sabes?, no sabía que compartir vivienda con alguien como tú iba a ser como montarse en una montaña rusa. No sólo por tus locos ensayos y  experimentos, y por el miedo constante a que un día volemos por los aires o acabes convirtiéndote en un monstruo verde con dos cabezas… sino porque no hay quien te entienda.
Él me apretó la mano, frotándola como si quisiera darme calor. La hoguera lejana se hizo más grande y pronto los dos caímos en un extraño estupor hipnótico. Nos pesaba el alma porque no pudimos levantarnos del suelo… o quizás lo que no queríamos era renunciar a la mutua compañía.
 -¿Dónde están tus zapatos? –le urgí intentando levantarme.
-No, no te vayas aún… es agradable estar así –me miró-, te he echado de menos… amiga.
Por un momento creí que había algo que sobraba en aquello, puede que fuera el último calificativo, ese “amiga”. Pero bien mirado, ¿qué éramos si no?




Fuentes: Sabercurioso.es/2007/09/12/por-que-arrugan-dedos-agua/
Rtve.es/noticias/20100712/se-arrugan-dedos-cuando-estamos-mucho-tiempo-agua/339434.shtml.
Goear. Google imágenes.
Música: Sunrise On Lake Pontchartrain - Alexandre Desplat

8 comentarios:

roberto dijo...

Hola Ana, impactante relato... muy bien diez felicitado, y en el medio toda una clase de dermatología.
Los encuentros en vacaciones, nos deparan muchas sorpresas, algunas de ellas viven para siempre.

Un fuerte abrazo.

Prometeo dijo...

Curiosa enseñanza dentro de funa forma ludica y facil, entretenida.
Vuevo de una semanita de asueto, lejos de todo (menos de los libros, claro)internet incluido, tuve una suerte increible con el tiempo, or los pelos...un abarzo.

Taty Cascada dijo...

A veces duele ese "amiga", pero ¿acaso no es eso lo que prevalece con los años, después de la locura sexual?. Existen dos formas de terminar como amiga: se comienza como tal y terminan siempre como amigos, o se empieza como amante y se termina por descubrir la amistad. Por experiencia propia, es mejor la segunda.
Besitos.

Ana dijo...

Hola Roberto, gracias por leerme, y tienes mucha razón, algunos encuentros de verano viven para siempre en nuestros corazones, un recuerdo bonito de algo que fue y no fue, jeje.
Un abrazo grande
:)

Hola Prometeo, gracias por leerme, me doy por satisfecha si el relato te ha resultado ludica y entretenida.
Me alegro de tu semana de asueto y de que el tiempo te acompañara, porque ahora no veas la que esta cayendo...
Un abrazo
:)

Hola Taty, gracais por leerme, ciertamente después de todo la amistad es lo que queda a flote, pero es duro cuando alguien espera algo ams que amistad de una persona y no lo consigue.
Besitos
:)

Raquel dijo...

Ana cada día escribes mejor, ¿lo sabías? Me ha gustado mucho la primera parte, sola entre las olas viendo hundirse en sol en el mar.
Me ha resultado muy ameno leer la explicación sobre los dedos arrugados, visto así nunca lo hubiera imaginado; así que cuando pasamos mucho tiempo en remojo una parte de nosotros se deshidrata... curioso.
Un beso :)

Ana dijo...

Hola Raque, muchas gracais por tu impresión sobre el relato y mi escritura, ¡ay, que me sonrojas!, jaja...
Es curioso que nos ocurra eso, nos deshidratamos y nos arrugamos, por suerte nos recuperamos pronto, un alivio.
Un besote
;)

Carol Torrecilla García dijo...

¡Qué fabuloso episodio! Me encanta los derroteros que toma la historia, y también la explicación científica. No tenía ni idea de que tenía que ver con la deshidratación.
Abrazos, amiga.

Ana dijo...

Hola Carol, me gustan mucho estos dos, el Cientifico y doña preguntona, me encanta buscar nuevas preguntas que contestar y escribir para ellos, meterlos en esa atmosfera de complicidad. A ver en que paran sus historias.
Graacias mil por leerme y seguir tan fiel a Bohemio Mundi.
Besos
:D

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