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martes, 10 de noviembre de 2020

Sobre las vacunas

 


Desgraciadamente 2020 será recordado como un año siniestro, el año de la pandemia, el año en el que el mundo entero conoció el nombre del virus más contagioso, el  COVID-19 o Coronavirus. Y cuando pase 2020 lo recordaremos como el año de la crisis sanitaria y social. Ese año feo en el que no nos quedó de otra que enfrentar confinamientos, someternos a restricciones, soportar estados de emergencia, respetar la distancia social, familiarizarnos con las mascarillas, y rogar por una vacuna. Porque encontrar una vacuna que frenara cuanto antes la epidemia se convirtió en una carrera de fondo a nivel mundial. Aún lo es.

Leyendo un poco sobre las vacunas me ha parecido apropiado hablarte de cómo funcionan, de cuál fue la primera, de sus características y su importancia. Porque sin duda son muy importantes, se estima que su existencia evita 3 millones de muertes al año, 2,5 infantiles. Muchas de las enfermedades aparentemente erradicadas por las vacunas podrían reaparecer si se abandonara el plan de vacunación.

La vacuna, ¿qué es?: Es una preparación destinada a generar inmunidad adquirida contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos. Por así decirlo es una llamada de atención para el sistema inmunológico. Se inocula en la sangre la misma bacteria o virus de la que nos queremos proteger pero de manera debilitada o ya muerta. De esta manera, el sistema se pone en marcha para matar al cuerpo extraño y desde ese momento “aprende” a hacerlo. Se desarrolla la “memoria inmunológica” y entonces el cuerpo es inmune a la enfermedad. Es por ello que en ocasiones las vacunas producen ciertas contraindicaciones como fiebre o malestar, puesto que el sistema inmune está en marcha. El sistema está luchando contra la enfermedad ya debilitada.

Existen diferentes tipos de vacunas en función de la enfermedad contra la que se quiera luchar:

Viva, atenuada: microorganismos que han sido cultivados expresamente bajo condiciones en las cuales pierden o atenúan sus propiedades patógenas. Suelen provocar una respuesta inmunológica más duradera y son las más usuales en los adultos. Ejemplos son: sarampión, paperas, rubéola…

Inactiva, muerta: microorganismos dañinos que han sido tratados con productos químicos o calor causando la muerte del patógeno, pero manteniendo su estructura. Este tipo de vacunas activa el sistema inmune, pero el agente dañino no ataca al huésped y es incapaz de reproducirse, ya que se encuentra inactivo. Ejemplos son: Poliomelítis, Gripe, Rabia,Hepatitis A…

Toxina inactiva (toxoide): son componentes tóxicos inactivados procedentes de microorganismos, en casos donde esos componentes son los que de verdad provocan la enfermedad, en lugar del propio microorganismo. Estos componentes se podrían inactivar con formaldehido. Ejemplos son: Difteria, tétanos…

Subunitaria: utilizan partes específicas del germen, como su proteína, polisacáridos o cápsula (carcasa que rodea al germen). Dado que las vacunas solo utilizan partes específicas del germen, ofrecen una respuesta inmunitaria muy fuerte dirigida a partes claves del germen. También se pueden utilizar en prácticamente cualquier persona que las necesite, incluso en personas con sistemas inmunitarios debilitados o problemas de salud a largo plazo. Ejemplos son: Hepatitis B, Influenza…


Mucha gente se pregunta cuánto se puede tardar en desarrollar una vacuna, y no hay respuesta contundente puesto que depende de un sinfín de factores. Se calcula que bajo condiciones normales el desarrollo de una vacuna puede llevar diez años. El desarrollo más rápido para una vacuna jamás conseguido fue la del ébola.

En el caso de la vacuna para el coronavirus, se estima que podría retrasarse entre 1 año y 18 meses gracias al esfuerzo y los recursos que se están dedicando a tal fin.

La primera vacuna:


A finales del siglo XVIII la viruela era una de las causas principales de muerte en toda la población. Se calcula que el 60% la padecía. Por entonces ya se tenía cierto conocimiento de que la inoculación del propio tejido enfermo funcionaba en algunos casos, pero era extremadamente peligrosa. Fue Edward Jenner a quien se le ocurrió la teoría que daría finalmente con la invención de las vacunas. Observó que las lecheras, que estaban en contacto con las vacas, eran muy a menudo inmunes a la viruela. Durante el ordeño, estas estaban en contacto directo con el pus de las ampollas víricas de las vacas, por lo que dedujo que este contacto las protegía de la propia enfermedad.

En 1796 inoculó a un niño de 8 años con el pus de una lechera que sí había contraído la viruela. Tras ello, trató de infectarle en varias ocasiones (técnica conocida como variolación), siendo imposible que contrajera la enfermedad.

Esta práctica llevada a cabo por Jenner se considera como poco ética, aunque también se considera que ha salvado a más personas que ningún otro hombre.

Y de ahí viene el nombre de vacuna por las lecheras que se creía contraían una variante menor de la viruela, a la que llamaban viruela vacuna, vacuna de vaca.




Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Vacuna

https://canalhistoria.es/blog/6-cosas-no-sabias-acerca-de-vacunas/

lunes, 11 de abril de 2016

Remedios medievales

No soy muy dada a visitar al médico (sólo en casos de fuerza mayor, y sí ya sé que hago mal) porque nunca he soportado el estremecimiento del frío estetoscopio en la piel de mi pecho, y no me agrada la presión del manguito del tensiómetro oprimiendo mi pobre brazo, tampoco aguanto el roce del termómetro, y no soporto que para ver mejor mis amígdalas me tengan que meter en la boca un palito astillado que me seca la lengua con sólo tocarla. Pero si lo pienso podría ser peor. ¿Por qué? Pues porque tenemos suerte de que nuestros médicos de cabecera estén formados en conocimientos anatómicos y técnicos, que sepan lo que es la asepsia, los antibióticos o la anestesia general, y si no, sólo tienes que seguir leyendo estos remedios medievales que reúno hoy en Bohemio Mundi, y que a mí por lo menos me horrorizan… ¡¡¡y mucho!!!

Sanguijuelas: Fue uno de los remedios más populares el siglo XIX, tanto así que en aquella época más de 50 millones de sanguijuelas medicinales poblaban los pantanos y estanques de Francia. Hoy en día nos resultaría impensable (y horripilante) su uso como remedio curativo, sin embargo estos asquerosos bichitos simbolizaban la cura de los más humildes. En teoría se empleaban para limpiar la sangre. Las sanguijuelas chupaban todas las enfermedades que pudiera tener una persona, igualmente útil para combatir la formación de coágulos, la trombosis y la artritis.

Sangrías: El tratamiento médico de las sangrías consistía en la extracción de la sangre del paciente para el tratamiento de diversas dolencias. Podía ser hecha de diversas maneras, incluyendo el corte de extremidades, uso de la flebotomía o la utilización de sanguijuelas. Normalmente se procedía a la extracción de la sangre desde una vena periférica, través de sistema estéril con aguja, equipo y bolsa de colecta, semejante al procedimiento para la transfusión de sangre. En teoría se usaba para drenar el cuerpo humano y eliminar todo lo malo… el problema era que el paciente se desangrara lentamente y en exceso, lo que debilitaba tanto al pobre enfermo que hacía casi imposible que se recuperara de semejante derroche de glóbulos rojos.



Agujas en los ojos: Allá por la Edad Media una operación de cataratas consistía en hurgar con una aguja no muy distinta a las de coser en el ojo del paciente. Esta técnica supuestamente garantizaba una visión despejada, pero la realidad cruda y dura era que acababa dejando ciega a tanta gente que la práctica se abandonó en cuanto la influencia de la medicina islámica llegó a Europa.



Trepanación: Esta misteriosa práctica ha sido llevada a cabo tanto por razones médicas como místicas, y de su práctica tenemos indicios desde la era neolítica, pues se han descubierto cráneos trepanados. Se cree, por pinturas encontradas en cuevas, que el hombre neolítico creía que este tipo de cirugía podía curar ataques de epilepsia, migrañas y desórdenes mentales. Asimismo se realizaba para ahuyentar los malos espíritus que se habían instalado en la cabeza. Sin embargo, muchas veces se perforaban las meninges de las personas y se creaba una hemorragia incontrolable que causaba el deceso.

Flatulencias embotelladas: Es raro, pero este tratamiento se popularizó cuando la Peste Bubónica o Peste Negra causaba estragos en la Europa del S.XIV. Los más supersticiosos creían que en serio era una manera efectiva de contener el avance de la pandemia más devastadora de la historia de la humanidad. Pero, ¿por qué se usaba algo tan estrambótico cómo remedio? Pues porque algunos doctores creían que la enfermedad se transmitía a través de vapores mortales, y pensaban que la cura pasaba por exponer al paciente a efluvios igualmente fétidos. En algunos casos prescribían esnifar pedos conservados en una jarra y en otros vivir con una cabra.

Polvo de momia: Parece el ingrediente maldito de algún hechizo lanzado a la luz de la luna, pero era un remedio del Antiguo Egipto que todo boticario del siglo XII que se preciara debía tener en su despensa. Y ahora llega lo complicado; para conseguir polvo de momia (no abundaba en el mercado de especias como comprenderás) se tenía que profanar una tumba egipcia, luego encontrar un cadáver apropiado (mejor si llevaba unos cuantos siglos-milenios muerto), y machacar un trocito del cuerpo momificado. Menuda experiencia. El polvo de momia era un exótico remedio que se prescribía para combatir varias enfermedades… a saber cuáles.

Hierro al rojo vivo: Era una técnica… ¿cuál sería la mejor palabra?, ummm… bestia. Sí, había que ser muy bestia para “curarse” con hierro al rojo vivo, pero realmente lo del metal candente se usaba para tratar algo tan común como las hemorroides.  Ayyyy. Ahhh. Uhhhh. Un poco categórico, ¿no? Maimónides, quien fue un médico, rabino y teólogo judío de Al-Ándalus dijo que las almorranas se trataban con baños de agua caliente… pues sí, calentito, calentito, pero quizá no tanto.

Consumo de oro: Algunos veían en este metal precioso cualidades tan fantásticas que le otorgaron excelencias casi mágicas. De fabuloso sólo tenía su brillo… y su precio, era un remedio lujoso para personajes rimbombantes, que financiaron las quimeras cabalistas de los curanderos del antiguo reino de Siam. Lo que se sabía del oro era que simbolizaba todo un elixir de vida. Y aunque no lo creas, se sigue empleando. En la actualidad se puede encontrar en cápsulas para la artritis, pero antes ya se conjeturaba que podía servir para el asma o la tuberculosis.

Peregrinación: La Fe mueve montañas, la Fe cura, la Fe siempre ha sido y siempre será el mejor placebo. Muchas ciudades de la Europa medieval aumentaron considerablemente su riqueza gracias a la multitud de peregrinos que acudían a sus templos y catedrales sagrados en busca de una cura a sus enfermedades. El agua bendita que se vendía en estos lugares lo curaba todo por la gracia de Dios, pero la presencia constante y masiva de personas enfermas hacía que los males se transmitieran con una facilidad pasmosa. Con la visita, era más probable contagiarse de algo peor que encontrar alivio alguno.


Fuentes:

martes, 21 de julio de 2015

Fuera preocupaciones

Isabel Allende dice que “la felicidad es jabonosa, se escurre entre los dedos, pero a los problemas uno puede aferrarse, tienen asidero, son ásperos, duros”.
Preocuparse es algo innato en el ser humano, lo llevamos en nuestra naturaleza, nos preocupa el no saber, el no tener, nos inquieta la espera, o la incertidumbre, nos afecta el miedo a lo inesperado, al descontrol, a esa sensación de que todo puede cambiar en una fracción de segundo, y eso también nos preocupa, los cambios.

El problema de preocupamos surge cuando esto se convierte en una constante en nuestra vida o cuando tendemos a adelantarnos a los acontecimientos. Preocuparse no soluciona los problemas, tan solo genera estrés y ansiedad.
A veces no nos damos cuenta de qué nos preocupamos sin motivo, causándonos a nosotros mismos una ansiedad que nos afecta a muchos niveles. Cuando nos preocupamos, tratamos de adelantar en nuestros pensamientos aquello que tememos que nos pueda suceder, creyendo de esta forma que podemos intervenir y que de alguna manera podremos evitarlo. En definitiva, a través de la preocupación creemos que en parte podemos controlar los acontecimientos y circunstancias de nuestra vida, nos creemos que estamos haciendo algo para solucionar lo que nos inquieta, cuando realmente sólo conseguimos ponernos más nerviosos.

Algunas personas, tienen una tendencia a estar constantemente preocupadas, bien porque así lo han vivido y aprendido de sus progenitores o bien porque forma parte de su carácter, personas temerosas que necesitan tenerlo todo controlado, pero que sobre todo, viven con miedo a lo que les pueda suceder.

Ante la falta de control de las preocupaciones, podemos empezar a sufrir estrés y ansiedad, nos bloqueamos y eso nos crea tensiones y mal humor, afectándonos no sólo a nuestro estado de ánimo sino también al rendimiento profesional y a las relaciones personales y sociales.

La mayoría de las veces, las preocupaciones están justificadas y es lógico preocuparse por un problema que está sucediendo o que realmente va a suceder. Pero, otras veces, nos adelantamos a los acontecimientos y nos angustiamos por hechos o cosas que lo más probable es que no sucedan.
Preocuparse en exceso no conduce a nada, es algo inútil. Por ello, es muy importante romper esta tendencia a preocuparse por cualquier cosa y aprender a controlar estos pensamientos y sentimientos.

Es importante NO adoptar una actitud derrotista: Si creemos que eso no tiene solución o que vamos a fracasar en el intento de solucionarlo, estamos reduciendo las posibilidades que tenemos de arreglarlo debido a nuestra actitud negativa y derrotista.

SI que es importante adoptar una actitud positiva: Cuando pensamos que todo va a salir bien, nos sentimos confiados, seguro de nosotros mismos y, por tanto, convencidos de que hay solución a nuestros problemas. Esta actitud es garantía de un resultado exitoso y favorable a nuestros deseos, pues nos predispone a la lucha, a mantener una actitud activa y a no dejarnos llevar por el desánimo.

LO MEJOR ES buscar soluciones: La mejor es buscar si aquello que nos preocupa tiene o no solución. Si la tuviese hemos de actuar activamente, buscando la mejor solución y si, por el contrario, estamos preocupados por algo inevitable que no se puede solucionar, entonces debemos asumirlo cuanto antes y no atormentarnos pensando constantemente en ello.

ES IMPORTANTE NO anticiparnos: No suframos innecesariamente, ni por gusto, puede que eso que nos preocupa nunca llegue a ocurrir. Ante estas circunstancias, la mejor actitud es huir de estos pensamientos y ocupar rápidamente nuestra mente en otros menesteres.

Recuerda, es mejor no preocuparse por algo que puede o no suceder. No atraigas pensamientos negativos sobre lo que te podría ocurrir como una enfermedad, un accidente, quedarse en paro, etc. Esto sólo conseguirá alterarte y provocarte ansiedad, e incluso podría llegar a desestabilizarte emocionalmente.
Aprende a controlar tus emociones, así tus pensamientos y sentimientos no te afectarán negativamente. Haz que tu mente esté ocupada siempre en algo útil.






Fuentes:

jueves, 12 de junio de 2014

Salud a diario


La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia. Si alguno de estos aspectos falla nuestra salud cojeará. ¿Qué podemos hacer entonces?
Podemos entrenar el cerebro, estudiar, trabajar, relacionarnos socialmente, cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente, podemos comer bien y llevar una correcta higiene, disfrutar del ocio y de la vida sin estrés, porque para estar sano hay cosas que están en nuestra mano…
Sin caer en la paranoia posmoderna del “todo lo que hay que hacer en un día” aquí te dejo con algunos consejos importantes para cuidar la salud día a día.

Higiene personal. Es esencial para prevenir enfermedades. En otras palabras, los hábitos de higiene son los que nos permiten vivir con buena salud y mantener una mejor calidad de vida. El aseo diario es mucho más que lavarse las manos, el cuerpo y los dientes, e implica desde usar ropa limpia, cubrirnos la boca cuando tosemos, hasta tener las uñas limpias y cuidadas. Tener una apariencia aseada es clave tanto para proteger nuestra salud como la de quienes nos rodean.

Como mínimo comer cinco piezas de fruta al día. Una manzana para ser la mas sana, un plátano para el potasio, una naranja para la vitamina C, una pera contra el estreñimiento, o un trozo de sandía que es antioxidante… son sólo un par de ideas ya que cualquier otra fruta te ayudará de la misma manera.


Todos los días hay que beber agua… entre 6 u 8 vasos, o lo que es lo mismo, un litro o litro y medio. 
Sorbitos de salud que limpian tu organismo. 
Eso sí, sin pasarse. Ya que el obsesionarse con beber agua (potomanía) puede causar dilución de sodio, potasio y magnesio en sangre, y provocar la aparición de calambres, agotamiento y pérdida de agilidad mental.  
Por no hablar de las veces que tendrás que ir a baño…



Según algunos nutricionistas hay que comer cinco veces al día, y no es aconsejable saltarse el desayuno que debe ser equilibrado y fuerte, nada de reservarse para pegarse el atracón después, puesto que si no le das a tu cuerpo alimentos con regularidad este guardará reservas, y éstas se convertirán en grasas, que es precisamente lo que no quieres.

¿Qué es lo que hay que comer?  Verduras (2 raciones/día), pan, cereales, pasta y arroz (4-6/raciones día), aceite de oliva (3-6/raciones día), leche, queso y yogurt (2-4/raciones día).
Frutos secos (3-7/raciones semana), legumbres (3-4/raciones semana), huevos, carnes magras, pescado y mariscos (3-4 /raciones de cada uno semana), carnes grasas y embutidos (3-7/raciones semana)
Salsas, dulces, bollería, pasteles, bebidas refrescantes y helados (ocasionalmente)

Dicen que hay que dormir ocho horas. Pero este número varía de una persona a otra. Mientras que algunas sólo necesitan dormir entre 5 y 6 horas para estar descansados, otras precisan 10 o más. No obstante, lo normal es que un adulto sano duerma un promedio de 8 horas y media. Las principales causas de privación del sueño suelen ser dolencias que producen dolor o molestias, y trastornos psíquicos como la depresión y el estrés diario. Todas ellas pueden alterar el ritmo circadiano, una especie de reloj biológico que determina los ciclos de sueño y vigilia.

Ejercicio diario. Un rumor muy extendido es que hay que caminar por lo menos media hora al día. Aunque subir escaleras también es un buen ejercicio. Estirar el cuerpo, desentumecer los músculos, oxigenarse. Pero si no se dispone de mucho tiempo también es positivo hacer ejercicio 2-3 veces a la semana. Realizando un poco de ejercicio cada día conseguiremos reducir los niveles de colesterol en nuestra sangre. Estarás más vital y más fuerte. Y está demostrado que las personas que realizan ejercicio asiduamente y siguen una dieta saludable pueden aumentar su esperanza de vida en hasta 5 años de media. Todo son ventajas…
Pero, ¿qué pasa cuando nos obsesionamos con hacer deporte? El deporte engancha porque al generarlo producimos endorfinas. Si nos pasamos puede que los resultados de la actividad sean los opuestos a los que buscamos. El sobreentrenamiento y la fatiga muscular pueden derivar en lesiones o dolores crónicos de diferentes partes del cuerpo. Hacer ejercicio no debe convertirse en una obligación. Para conseguir un correcto desarrollo deportivo primero debemos pasar por una estabilidad psicológica y emocional.

Cuidar las relaciones personales y el ocio. Somos seres sociales, una parte muy importante de nuestro día a día es la interacción con otras personas, las relaciones humanas, los lazos afectivos. 
Parece que cuantos más amigos y más vida social tengas mejor va a ser tu salud. A los amigos hay que añadir el entorno familiar como apoyo incondicional para enfrentarse a ciertos problemas de salud o económicos, entre otros. En definitiva, si conservas buenas relaciones sociales, estarás fomentando tu calidad de vida y salud.

Ocio significa literalmente tiempo libre. Es importante porque durante este tiempo (necesario en la naturaleza humana) realizamos actividades o disfrutamos de momentos de esparcimiento necesarias para despejar la mente y poder descansar de las tensiones de la vida cotidiana.

martes, 11 de febrero de 2014

Costumbres que ponen en peligro nuestra salud y que solemos pasar por alto

Fue Luis Pasteur, estudioso de las enfermedades infecciosas, quien descubrió que gran parte de las enfermedades podían evitarse con el sencillo hábito de lavarse las manos. Eso ocurrió en la segunda mitad del siglo XIX y algo tan sencillo revolucionó la higiene personal. Desde entonces el concepto de aseo y cuidado del cuerpo humano ha promocionado en prácticas saludables de limpieza. Pero aún lo hacemos mal. Aunque cumplimos a rajatabla una serie de reglas de higiene personal, rutinas que aprendemos desde pequeños tales como cepillarnos los dientes antes de acostarnos, tener como (buena) costumbre tirar de la cadena o lavarnos las manos antes de cocinar y después de ir al baño, hay cosas que, por mucho que pequemos de obsesivos, todavía seguimos pasando por alto por ejemplo nos lavamos las manos diez veces al día pero nos importa poco lo que se esconde en nuestro oído o nuestro ombligo.
Y eso no es lo único que hacemos mal…



Lavar la ropa en frío y tender en el interior

No hace tanto tiempo era costumbre generalizada hacer coladas distintas con la ropa blanca y de color para que, al lavar con agua caliente, no se mezclaran los colores. De un tiempo a esta parte, en cada vez más casas (por falta de tiempo o porque descuidamos más el cuidado del hogar), es habitual mezclar todo tipo de prendas: algo que solo puede hacerse sin miedo a arruinar nuestra ropa utilizando agua fría.

Cada vez menos gente utiliza programas de lavadora de más de 60 grados centígrados, la única temperatura a partir de la cual la ropa quede libre de gérmenes. En cada calzoncillo o cada braga hay, como poco, una décima de gramo de heces. Según explicó Charles Gerba, profesor de microbiología de la universidad de Arizona, a ABC News, “si pones una lavadora sólo de ropa interior se liberarán 100 millones de E.coli en el agua, y estas pueden trasmitirse a la próxima colada”. Da igual el detergente que utilicemos: este tipo de bacterias sólo se eliminan si se utiliza agua caliente y tendemos la ropa al sol, algo en lo que, de nuevo, solemos fallar.

Pero lo peor de lo peor, el error definitivo que puede acabar con toda nuestra ropa, es dejar la colada en la lavadora sin tender durante todo un día: la humedad hace que las bacterias se multipliquen, la ropa se pudra y su olor (tan característico de los pisos de estudiantes) se extienda toda la casa. El horror.


Acumular cacharros en la pila de la cocina

Todos sabemos que no es muy limpio dejar los platos sin lavar en la pila, pero es un descuido que solemos tolerar cuando nos puede la pereza. Lo que no sabemos es que la pila de la cocina puede llegar a acumular 500.000 bacterias por metro cuadrado y, si somos de acumular vajilla, convertiremos el fregadero en el lugar más sucio de nuestra casa, por encima del váter. Aunque la mayoría de la gente toma medidas para desinfectar sus inodoros, pocos tienen las mismas preocupaciones por su fregadero, en el que suelen acumularse todo tipo de bacterias como la E.Coli o la Salmonella.



Abusar del jabón

Los dermatólogos coinciden al señalar que no debemos abusar del uso del jabón sobre nuestra piel. En España, sobre todo en verano, hay muchas personas que se duchan, incluso, más de una vez al día, algo que puede acabar siendo dañino. El jabón es, por definición, un disolvente de la grasa y, si lo utilizamos con demasiada frecuencia, nuestra piel perderá el manto graso que la protege.

Mención aparte merece la utilización del jabón antibacteriano, que se popularizó enormemente tras la propagación mundial de la gripe aviar entre 2004 y 2006. Este tipo de jabones, muy habituales en forma de gel para manos, suelen incluir triclosán, un potente agente antibacteriano y fungicida sobre el que pesan serias dudas sanitarias desde que se demostrara su carácter de disruptor endocrino en animales.



No bajar la tapa del inodoro cuando tiras de la cadena

Dejar abierta la tapa del váter es otro descuido habitual (y enormemente tolerado) en hogares y aseos públicos. Y el asunto es preocupante teniendo en cuenta que, cuando tiramos de la cadena, los gérmenes fecales se reparten por la estancia como si rociáramos un aerosol de heces por el baño. Y sí, las bacterías llegan hasta nuestros cepillos de dientes, tal como comprobaron los populares Cazadores de Mitos, Jamie Hyneman y Adam Savage, en uno de sus programas de televisión.

Según explicó a The Atlantic Charles Gerba, uno de los mayores expertos del mundo en lo que a brechas higiénicas se refiere, si la tapa del inodoro está abierta cuando tiramos de la cadena los gérmenes fecales se desplazan casi dos metros a todas las direcciones, así que es mejor que coloquemos nuestros cepillos algo más lejos.



Confiar en los secadores de manos

Por suerte la popularización de los secadores de manos se ha limitado a gasolineras, restaurantes y bares de copas. Sus ventajas son claras: evitan la acumulación de toallitas de papel en las papeleras. Pero sus inconvenientes ganan por goleada: gastan electricidad, secan peor y, lo que es más importante, son menos higiénicas. Según un estudio de la Universidad de Westminter, las tradicionales toallas de papel son mucho más eficaces, ya que secan nuestras manos mucho más rápido y evitan la acumulación de bacterias: los secamanos de aire de alta velocidad incrementan su presencia en un 42% y los de aire caliente en un 254%. Además, el chorro de aire puede llevar las bacterias hasta a 2 metros del lugar donde se encuentra el aparato esparciéndolas por todo el cuarto de baño. Al margen de esto, son pocos los que secan sus manos eficazmente con estos aparatos. No nos engañemos: hasta el santo Job se aburriría secando sus manos en los dichosos aparatos, que abandonamos siempre con las manos húmedas hartos de su calamitosa ineficiencia.



“Rescatar” la comida que se cae al suelo

Cuando se nos cae algo de comida al suelo, a no ser que la vianda en cuestión sea muy pringosa, muchos tenemos la tentación de soplar un poco y llevárnoslo de nuevo a la boca. Parece que si rescatamos la comida del suelo a toda velocidad los gérmenes no harán mella pero, según un estudio de la Universidad Clemson, el 99% de las bacterias se trasmiten a la comida inmediatamente en cuanto esta toca el suelo. Patógenos como la salmonella tienen capacidad de sobrevivir en superficies secas hasta cuatro semanas y de transferirse a los alimentos con el contacto inmediato.


No tratar debidamente las lentillas

El uso prolongado de las lentes de contacto requiere unas pautas de limpieza que muchos descuidan. Si las lentillas no se desinfectan se puede llegar a sufrir una queratitis bacteriana, infección de la córnea que suele incrementarse en los meses de verano, cuando nos bañamos con las lentes puestas en piscinas tratadas con cloro y productos químicos.

Si se quiere evitar la formación de hongos y bacterias en la superficie de las lentillas estas deben limpiarse, aclararse y desinfectarse debidamente. Para ello debemos lavarnos las manos antes de manipularlas, usar líquido limpiador (nunca agua corriente) y renovar este en cada uso, un paso que muchos se saltan y que puede acabar haciendo que el estuche donde se guarden las lentillas se contamine.

Fuentes:

Google imágenes.

sábado, 30 de noviembre de 2013

¿Qué comemos…?


¿Sabemos lo que comemos realmente? ¿Su procedencia? ¿Cuántos procesos requiere? ¿Qué sustancias se emplean?
En realidad los consumidores no tenemos ni idea.
Muchas veces porque los productos carecen de una lista de ingredientes detallada, otras veces porque directamente nos llegan enmascarados bajo siglas y letras que nos resultan casi como jeroglíficos. Excipientes, aditivos, colorantes, potenciadores del sabor, “productos naturales”…
¿Qué significan realmente?
Hace poco descubrí que a muchas leches le añaden antibióticos, que ciertas margarinas no son realmente vegetales, pues en su proceso participan cabezas de vaca y huesos, que mucha de la bollería industrial, por ejemplo un bollo de supuesto chocolate, no es más que grasa procedente de casquería en general, que a algunas carnes rojas se les añaden colorantes rojos que sólo sirven para engañar al consumidor sobre las cualidades reales del producto que compran, y cuya finalidad es enmascarar la falta de frescura de los alimentos o el uso de materias primas de baja calidad. Además es en la carne donde más fácilmente se producen todo tipo de actos delictivos. Las más consumidas son las llamadas carnes transformadas. Una pizza o un plato precocinado nos llega impregnado generalmente en potenciadores de sabor cuyos principales efectos en el hombre van desde dolores de cabeza hasta diarreas, ardores de estómago, vómitos y falta de apetito. Y es que comemos cientos de porquerías que ni sospecharíamos, disfrazados tras nombres como “colorante X”, “aditivo X”, “sabores naturales”, etc.
Pero, ¿qué estamos comiendo?
Principalmente sustancias que emponzoñan nuestro menú, tales como, restos de residuos, piensos contaminados, venenos, dioxinas, productos fitosanitarios, difenilos policlorados (PCB's), plaguicidas prohibidos. Además muchos de estos agentes son cancerígenos de primer rango.


¿Qué comemos cuando comemos… golosinas?
Uno de los productos que están prácticamente en todas las golosinas y engullimos todos los días es el “shellac“. El shellac es una especie de resina beige que también se usa para dar brillo a los muebles y que se pensaba que procedía de las alas de un insecto. Pero en realidad procede de la secreción de la hembra de ese mismo insecto cuando se acumula en las ramas de los árboles. Resumiendo: son cacas de éste bicho (alias Lacca Keria): Kellac

¿Qué comemos cuando comemos… azúcar refinado?
La caña de azúcar produce azúcar marrón pero el azúcar de las golosinas, y demás cereales azucarados, de la margarina y de otros productos edulcorados, es blanco. Para que esto sea posible es necesario refinarlo.
El refinado del azúcar se hace generalmente (también puede usarse carbón activado pero es más caro) mediante un proceso patentado por un tal Louis Constant utilizando huesos de vacas muertas de causa natural. Los huesos se calientan a unos 500ºC y por agotamiento del oxígeno absorben el “color” oscuro del azúcar.

¿Qué comemos cuando comemos… yogures, batidos de fresa, bebidas rojas, piruletas, etc?
Casi todo lo que tiene ese color rosa chicle tiene un tinte que probablemente conocéis como “colorante natural”. Este colorante natural se produce machacando unos insectos llamados cochinillas. Se machacan junto con sus huevos y sale un polvo rojo que al mezclarse da como resultado este líquido con el que se tiñen los productos. Su nombre científico es Cochineal Beetle.

¿Qué comemos cuando comemos… patatas fritas, salchichas y carnes procesadas o picadas?
Las crujientes y deliciosas patatas refritas de las hamburgueserías, las pastillas de caldo, platos precocinados en general, zumos y prácticamente cualquier cosa tratada que compres tiene “sabor natural” o “potenciadores de sabor naturales”. El problema es que esa denominación es “cualquier cosa no fabricada directamente por el hombre”. Especialmente despojos animal y casquería en general.
Según el nivel de calidad, contienen más o menos carne magra y almidones, grasas, ojos, piel, restos de hueso, vísceras y despojos animales en general. Lo peor es que está permitido en su proceso de fabricación a modo de conservante el uso de “procesos bacterofágicos”, que en realidad es añadir una mezcla de 6 tipos de virus a las carnes que siguen “vivos” cuando las tragamos.
Un ejemplo; algunas de las chips de las hamburgueserías contienen despojos de ternera y en algunos países incluso caballo y grasas de ave.

¿Qué comemos cuando comemos… gelatina?
Es un alimento muy saludable, 100% proteína, que se hace con huesos y cartílagos animales (en ocasiones también espinas de peces). Se vende como polvo en sobres o directamente ya preparada en forma de postres, golosinas o mezclada con yogur.


¿Qué comemos cuando comemos… bollería industrial, croquetas, empanadillas, canelones precocinados, pizzas, etc?
Donuts, bollitos chocolateados, palmeras… Todos ellos presentan, además de un buen número de calorías, grasas vegetales y grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas. Se usan mucho porque son muy baratas y se conservan bien, pero son una bomba a favor del colesterol y los triglicéridos.
Las grasas animales se extraen cociendo las vísceras y grasas de los animales, las vegetales se extraen de semillas generalmente, pero son igual de dañinas para la salud del sistema circulatorio.

Información extra








Fuentes:
.deprisa.net/web/de-qu-estn-hechos-los-alimentos-asquerosidades-que-comemos-sin-saberlo/1648
.elmundo.es/larevista/num198/textos/comemos1.html
elmundo.es/larevista/num198/textos/comemos2.html
google imágenes 
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