lunes, 11 de abril de 2016

Remedios medievales

No soy muy dada a visitar al médico (sólo en casos de fuerza mayor, y sí ya sé que hago mal) porque nunca he soportado el estremecimiento del frío estetoscopio en la piel de mi pecho, y no me agrada la presión del manguito del tensiómetro oprimiendo mi pobre brazo, tampoco aguanto el roce del termómetro, y no soporto que para ver mejor mis amígdalas me tengan que meter en la boca un palito astillado que me seca la lengua con sólo tocarla. Pero si lo pienso podría ser peor. ¿Por qué? Pues porque tenemos suerte de que nuestros médicos de cabecera estén formados en conocimientos anatómicos y técnicos, que sepan lo que es la asepsia, los antibióticos o la anestesia general, y si no, sólo tienes que seguir leyendo estos remedios medievales que reúno hoy en Bohemio Mundi, y que a mí por lo menos me horrorizan… ¡¡¡y mucho!!!

Sanguijuelas: Fue uno de los remedios más populares el siglo XIX, tanto así que en aquella época más de 50 millones de sanguijuelas medicinales poblaban los pantanos y estanques de Francia. Hoy en día nos resultaría impensable (y horripilante) su uso como remedio curativo, sin embargo estos asquerosos bichitos simbolizaban la cura de los más humildes. En teoría se empleaban para limpiar la sangre. Las sanguijuelas chupaban todas las enfermedades que pudiera tener una persona, igualmente útil para combatir la formación de coágulos, la trombosis y la artritis.

Sangrías: El tratamiento médico de las sangrías consistía en la extracción de la sangre del paciente para el tratamiento de diversas dolencias. Podía ser hecha de diversas maneras, incluyendo el corte de extremidades, uso de la flebotomía o la utilización de sanguijuelas. Normalmente se procedía a la extracción de la sangre desde una vena periférica, través de sistema estéril con aguja, equipo y bolsa de colecta, semejante al procedimiento para la transfusión de sangre. En teoría se usaba para drenar el cuerpo humano y eliminar todo lo malo… el problema era que el paciente se desangrara lentamente y en exceso, lo que debilitaba tanto al pobre enfermo que hacía casi imposible que se recuperara de semejante derroche de glóbulos rojos.



Agujas en los ojos: Allá por la Edad Media una operación de cataratas consistía en hurgar con una aguja no muy distinta a las de coser en el ojo del paciente. Esta técnica supuestamente garantizaba una visión despejada, pero la realidad cruda y dura era que acababa dejando ciega a tanta gente que la práctica se abandonó en cuanto la influencia de la medicina islámica llegó a Europa.



Trepanación: Esta misteriosa práctica ha sido llevada a cabo tanto por razones médicas como místicas, y de su práctica tenemos indicios desde la era neolítica, pues se han descubierto cráneos trepanados. Se cree, por pinturas encontradas en cuevas, que el hombre neolítico creía que este tipo de cirugía podía curar ataques de epilepsia, migrañas y desórdenes mentales. Asimismo se realizaba para ahuyentar los malos espíritus que se habían instalado en la cabeza. Sin embargo, muchas veces se perforaban las meninges de las personas y se creaba una hemorragia incontrolable que causaba el deceso.

Flatulencias embotelladas: Es raro, pero este tratamiento se popularizó cuando la Peste Bubónica o Peste Negra causaba estragos en la Europa del S.XIV. Los más supersticiosos creían que en serio era una manera efectiva de contener el avance de la pandemia más devastadora de la historia de la humanidad. Pero, ¿por qué se usaba algo tan estrambótico cómo remedio? Pues porque algunos doctores creían que la enfermedad se transmitía a través de vapores mortales, y pensaban que la cura pasaba por exponer al paciente a efluvios igualmente fétidos. En algunos casos prescribían esnifar pedos conservados en una jarra y en otros vivir con una cabra.

Polvo de momia: Parece el ingrediente maldito de algún hechizo lanzado a la luz de la luna, pero era un remedio del Antiguo Egipto que todo boticario del siglo XII que se preciara debía tener en su despensa. Y ahora llega lo complicado; para conseguir polvo de momia (no abundaba en el mercado de especias como comprenderás) se tenía que profanar una tumba egipcia, luego encontrar un cadáver apropiado (mejor si llevaba unos cuantos siglos-milenios muerto), y machacar un trocito del cuerpo momificado. Menuda experiencia. El polvo de momia era un exótico remedio que se prescribía para combatir varias enfermedades… a saber cuáles.

Hierro al rojo vivo: Era una técnica… ¿cuál sería la mejor palabra?, ummm… bestia. Sí, había que ser muy bestia para “curarse” con hierro al rojo vivo, pero realmente lo del metal candente se usaba para tratar algo tan común como las hemorroides.  Ayyyy. Ahhh. Uhhhh. Un poco categórico, ¿no? Maimónides, quien fue un médico, rabino y teólogo judío de Al-Ándalus dijo que las almorranas se trataban con baños de agua caliente… pues sí, calentito, calentito, pero quizá no tanto.

Consumo de oro: Algunos veían en este metal precioso cualidades tan fantásticas que le otorgaron excelencias casi mágicas. De fabuloso sólo tenía su brillo… y su precio, era un remedio lujoso para personajes rimbombantes, que financiaron las quimeras cabalistas de los curanderos del antiguo reino de Siam. Lo que se sabía del oro era que simbolizaba todo un elixir de vida. Y aunque no lo creas, se sigue empleando. En la actualidad se puede encontrar en cápsulas para la artritis, pero antes ya se conjeturaba que podía servir para el asma o la tuberculosis.

Peregrinación: La Fe mueve montañas, la Fe cura, la Fe siempre ha sido y siempre será el mejor placebo. Muchas ciudades de la Europa medieval aumentaron considerablemente su riqueza gracias a la multitud de peregrinos que acudían a sus templos y catedrales sagrados en busca de una cura a sus enfermedades. El agua bendita que se vendía en estos lugares lo curaba todo por la gracia de Dios, pero la presencia constante y masiva de personas enfermas hacía que los males se transmitieran con una facilidad pasmosa. Con la visita, era más probable contagiarse de algo peor que encontrar alivio alguno.


Fuentes:

8 comentarios:

Montse Martínez Ruiz dijo...

Con semejantes salvajadas no me extraña que la esperanza de vida en el mediévolo fuera tan corta.
Resulta espeluznante pensar que se pueda uno curar con sanguijuelas, comiendo oro o con flatulencias ¡esa no la conocía! y lo peor de todo, la fe, el remedio de los pobres y fuente de enriquecimiento de la Santa Madre iglesia.
Las ilustraciones para tu post son fantásticas!
Un beso enorme, guapa.

lopillas dijo...

Ayyyy lo de las agujas en los ojossss! (me he acordado del "El Médico" de Noah Gordon). Pues llámame loca pero creo que la quimioterapia será una de las salvajadas que se estudiará en siglos venideros.
¡loca!
Como siempre me ha encantado tu entrada, te echaba de menos.
Besitosssss :)

miquel zueras dijo...

Fascinante lo del "Polvo de mómia", suena a relato de Poe. ¿Lo envasarían los de Bayern? Lo de las sangrías y las sanguijuelas me ha recordado a aquella película de Rutger Hauer "Sangre y acero". Durante una epidemis de peste negra el médico tortura con sangrías a sus pacientes mientras que uno de los protagonistas recomienda lo que hacen los árabes: sajar el tumor con un estilete. Nuestros abuelos probaron otra tortura, la del aceite de higado de bacalao.
Saludos!
Borgo.

Carol Torrecilla García dijo...

Sí que esos ejemplos se ven horrible con el paso del tiempo, pero también hay que reconocer que los avances científicos, quimioterapia incluida, nos ayudan mucho hoy día, y sin esos errores anteriores, no habríamos avanzado. Pobres los que los sufrieron, no obstante, lo positivo e indiscutiblemente importante, es que no dejen de investigar. Por tanto, toda mi admiración y respeto para los médicos y científicos, sean tradicionales o naturistas que se ponen al servicio de la humanidad para ayudarnos a sentirnos mejor. Porque nadie va al médico...hasta que no puede soportar el dolor.
Desde luego yo tengo mucho que agradecer a los investigadores, médicos y enfermeros. Muchas gracias, Ana, por este post tan ilustrado y completo. Menos mal que tampbién dejó de hacerse la lobotomía.
Besos, y abrazos de tu amiga:
Carol

Natalia Ortiz dijo...

Madre mía qué horror. Menos mal que no vivimos en esa época porque casi todos estos remedios, por no decir todos, dan auténtico pavor.

Me alegro de leerte y de ver que sigues con tu mundi =)
Un abrazo!

Ana Bohemia dijo...

Hola Montse, la revolución en cuanto a la medicina es muy reciente, con el descubrimiento de antibióticos como la penicilina y los conceptos de aseo y cuidado del cuerpo, la limpieza, la esterilización y etc., principios fundamentales hoy en día pero que antes eran la causa de muchas muertes e infecciones graves.
Pues la fe ha sido el mejor invento, y uno de los mas rentables, pero hau una frase que dice que si se cree se puede, esa misma fe ha ayudado a muchos a aferrarse a la esperanza de la curación, y les ha servido.
Un besote guapa
:D

Hola Lopillas, El Médico de Noah Gordon es una de mis libros favoritos, ya conocía esa técnicas para curar las cataratas y siempre me pareció una tortura total, con lo delicado que es la cornea, ay que espanto.Gracias por echarme de menos, últimamente no puedo dedicarle mucho tiempo a Bohemio Mundi, cosa que se nota en el ritmo de las entradas.
Un besote
;D

Hola Miquel, es que eso del polvo de momia machacado suena a relato de Poe, a cuento clásico y a experiencia gótica, jeje. Conoces muchas películas, no conocía la que citas, pero por lo que dices se me recuerda al libro El Medico, de N. Gordon, los árabes sabían de algunas técnicas que no habían llegado a Europa.
Puag, aceite de hígado de bacalao, menos mal que nosotros no sufrimos esas torturas porque sólo de pensarlo dan ganas de vomitar.
Saludos!!
;)

Hola Carol, pues la investigación es lo mas importante en la medicina, algo que muchos científicos de nuestro país no tienen muy fácil por los recortes que han habido. Es lo que dices, los errores enseñan y mucho, en este mundillo también existen las serendipias, descubrimientos por casualidad, así que hay parte de azar en ello, de esfuerzo y mucho, y de trabajo, y de experimentar, pero sobre todo de seguir investigando.
Que horror lo de las lobotomías, mas que enfermos parecían criminales, y las consecuencias eran que esas personas quedaban totalmente anuladas.
Besos y abrazos amiga Carol!!!
:D

Hola Natalia, cuanto tiempo, pues ya ves que Bohemio Mundi sigue, resistiendo, jaja.
Yo doy gracias por contar con buenos profesionales sanitarios cerca, aunque también te digo que aquí en Canarias hay mucha cultura de los curanderos, mi bisabuela fue una de ellas.
Besos
:)

Raquel dijo...

Vaya, muy interesante pero repulsiva entrada. Vaya métodos más extraños... por decirlo suavemente. Lo del polvo de momia y las flatulencias embotelladas es digno del botiquín de emergencia de una bruja, por lo menos :)
Un beso!

இலை Bohemia இலை dijo...

ayyyyyyyyyyyyyyyy....

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