En el lenguaje de
las flores de lo que mas se habla es de las "primeras emociones del
amor", una manera sutil y olorosa de trasmitir lo que el corazón palpita y
la boca no se atrevía a pronunciar. Hoy, para celebrar la entrada de la
primavera voy a llenar al Bohemio Mundi de flores y de secretos desvelados.
El lenguaje de las flores, a veces
llamada floriografía, fue un medio de comunicación en la época
victoriana, en donde variadas flores y arreglos florales se usaban para
enviar mensajes codificados, sirviendo a sujetos para expresar sentimientos que
de otro modo nunca se podrían hablar. El rey Carlos II de Inglaterra trajo
dicho arte recopilando fuentes desde Suecia a Persia, en el s. XVII.
Los significados de tal lenguaje se han
olvidado actualmente, pero rosas rojas aún implican apasionamiento, amor
romántico; rosas rosadas una afectación menor; rosas blancas sugieren virtud y
castidad; rosas amarillas es amistad o devoción. Mientras ya no existe la
exacta traducción de los sentimientos victorianos, las flores aún transmiten y
llevan significados.
Mi
flor favorita, una de ellas, es la gerbera, una flor colorida, divertida, que
es todo inocencia, y pureza.
Flores de colores, primeros verdores, un cielo brillante y azul, despejado, un sol que empieza a ser tibio… Creo que ya está aquí: ¡ha llegado la primavera!
Lo dice el aire que sopla vivaracho entre mi pelo, y la brisa que turba mis mejillas, no puede esconderlo la tierra, está en su verde, está en sus flores, en su olor… ¡ya es primavera!
Quédate atrás frío intenso, abandona de una vez tu empeño, no llegaras hasta mi corazón, no lo tocaras, entiendo tu rabiosa urgencia pero tendrás que esperar… ¡Es primavera!, ya no hay nieve en mi corazón, ni hielo en mis zapatos. Volverás, lo harás… y no te esperaré, porque hoy, hoy es primavera. Hoy los corazones se despiertan, se sienten calientes, vitales, porque saben, ¡lo saben! que el sol les acompaña. Hoy estoy contenta, es por el aire que ya trae la primavera, un aire apasionado que empieza a desentumecerme. La naturaleza sale de su tumba invernal… todo empieza a despertar.
«Qué saben el invierno o el otoño o la primavera o el verano del recuerdo. No saben nada del recuerdo. Saben que pasan y que vuelven. Saben que son estaciones. Saben que son el tiempo. Y saben afirmarse. Y saben imponerse. Y saben sostenerse. Qué sabe el otoño del verano. Qué lamentaciones tienen las estaciones. Ninguna odia. Ninguna ama. Y pasan».
Giannina Braschi, «La pastoral», o «La inquisición de los recuerdos» de “El imperio de los sueños”.
La fiesta de la primavera
Equinoccio
Los letones cantan al sol cuando pasa del hemisferio austral al hemisferio boreal y la duración del día es igual a la noche: «El Sol baila sobre una montaña de plata; lleva botas de plata en los pies». Comienza el equinoccio de primavera, los días se hacen más largos y la vida vuelve a renacer. Es la época idónea para la siembra y, por ello, muchas celebraciones se basan en ceremonias tradicionales de plantación. También es época para hacer ofrendas a los dioses y diosas de la vegetación.
Los pueblos de la antigua Mesopotamia tenían muy en cuenta al equinoccio: asirios y babilonios no sólo concedían mayor importancia a los equinoccios que a los solsticios, sino que su festival más importante era el del año nuevo, que tenía lugar en el equinoccio de primavera, verdadero comienzo del año. Se le llamaba akitu, duraba doce días y celebraba un «matrimonio sagrado»: el rey, como hijo y representante de la divinidad, regeneraba y sincronizaba los ritmos de la naturaleza, el cosmos y la sociedad humana, uniéndose a una sacerdotisa en un aposento especial para el rito decorado con hojas y flores.
La celebración de la fertilidad y su estimulación mágica han constituido siempre la base de las fiestas de primavera en todo el mundo y las deidades se agrupaban en parejas como Afrodita y Adonis en Grecia.
Los celtas y las culturas paganas decían que en el amanecer del equinoccio un conejo blanco surgía de la espesura de los bosques y enterraba huevos de oro en los huecos de los árboles. Aquel que lo encontrara estaría en posesión de la abundancia durante todo el año.
Los druidas y seguidores de la religión wicca, por ejemplo, están íntimamente ligados al ciclo anual de nacimiento, vida, muerte y renacimiento. La festividad Ostara conmemora el equinoccio de primavera y la historia del joven dios que se enamora de la diosa. Este amor hace que la naturaleza se renueve, como el sol que acaricia suavemente la tierra, e inspira también a los animales para que se multipliquen. Es una fiesta de amor y crecimiento dedicada a la diosa pagana Eostre, asociada con el Este, como culto al lugar por donde sale el Sol. A esta diosa se le hacen ofrendas de bollos y huevos de colores, así como golosinas en forma conejo porque estos animales estaban antiguamente consagrados a ella.
Fuentes: Artículo “Fiestas de Primavera” por Isabela Herranz. Google imágenes.