jueves, 18 de diciembre de 2014

El ultimo lecho


Aún en las garras del sueño más profundo me encontré de pronto ante una boca roja y carnosa que se me acercaba, tuve que luchar para deshacerme de la pesada bruma que todavía mantenía mi mente alejada del mundo real para darme cuenta de que se trataba de ella.
Ella, sí, pero ya no parecía la misma chica inofensiva y dulce de hacía sólo una semana cuando llanamente decidimos separarnos, había algo en su gesto feroz y brutalmente confiado que no tenía nada que ver con la chica llorosa, palpitante y sensible de la última vez. Mi mente tardó en avivarse, mis músculos en despertar, todo mi ser, todo mi cuerpo peleaba por reaccionar pero una extraña parálisis me mantenía postrado en la cama. 
Como si su presencia ejerciera un poder sobre mí me vi atenazado por unas manos frías, terriblemente escuálidas. Manos que alguna vez me habían acariciado con ardor, que alguna vez habían sido suaves y deseadas, eran ahora afiladas y desagradables, espantosamente inhumanas. No luché, tampoco lo hice cuando sus labios recorrieron mi oído ni cuando su lengua aterrizó en mi lengua. Su saliva tuvo un efecto venenoso y perverso. Un torbellino de sentimientos me inundaron, arrastrándome sobre un mar de ondas concéntricas hasta un lugar muy remoto de mi consciencia. Mis sentidos se sumergieron en un estupor ciego, mudo y extraño. Caía pero me elevaba. Mi cuerpo se alzaba del suelo hasta que dejé de tener cuerpo, y viajé, viajé astralmente, lejos, hasta un lugar que no había visto más que en mis pesadillas. Todo era de humo blanco, todo era etéreo y silencioso. La tierra era gris, una extensión sin límites, ni fronteras ni existencia. Olía a flores, un aroma ácido que me provocaba arcadas. La atmosfera allí era muy pesada, embriagadoramente acre y polvorienta. Nada se movía ni siquiera las sombras. Lo más impresionante era ese silencio hondo que se levantaba del suelo. Y en cada rincón parecía surgir un laberinto, un caos de piedra, una montaña de nichos. Las lapidas nacían entre el barro y los helechos, las rígidas esculturas que me provocaban un temor reverencial parecían parpadear tras sus pupilas de mármol.
Estaba en un cementerio.
Cerca, la niebla reptaba hasta el vestíbulo de un panteón, un lugar que en mi visión no resultaba muerto o deshabitado. Todo mi interés, toda mi atención estaba puesta en la negra silueta que se movía en el interior de la tumba cuando, cuando ella tiró de mí, convirtiendo mi fascinación en horror.
Volví al mundo real. Alena me sacudía con una expresión infantilmente desequilibrada, con ojos rojos y enormes, oscuros. Quería llevarme a un sitio, y me empujó a seguirla. Descalzo y atolondrado no pude articular palabra, no pude negarme, una especie de embrujo me mantenía atado. Indefenso fui conducido a pie a lo largo de muchos kilómetros hasta un lugar que empecé a reconocer. Ya habíamos estado allí, una vez, en nuestra última cita. Yo había tonteado todo el rato, había sido irrespetuoso y burlón, me había comportado como un escéptico anunciándole que nos hallábamos en la última morada de un vampiro. Me resultaba gracioso que alguien siquiera creyera en una locura semejante.
            -Dicen que aquí descansan los últimos vampiros de Europa, ¿no me crees? Pues ven y acércate-. Alena no lo hizo y yo me burlé de su reparo-: Tranquila no saldrán de sus tumbas.
Eso dije ya que obviamente no había caído la noche.
-No hay nada que temer –insistí socarrón.
Me apetecía contarle algo aterrador sólo para que melosamente se echara en mis brazos asustada. Conocía algunos datos sobre aquellos tipos de enterramientos, muchos de aquellos muertos habían sido acusados falsamente de vampirismo por sus propios vecinos cómo una manera de quitárselos de encima. Lo que era bastante curioso eran las prácticas  y ritos a los que sometían a los difuntos para que estos no volvieran a la vida tras su ejecución.
 -¿Sabes que si abriéramos una de estas tumbas, veríamos que los muertos tienen el cráneo roto con un clavo de hierro, el corazón traspasado por un palo y en la boca clavado un cuchillo para evitar que en el último momento éste abriera la boca y mordiera a su víctima? ¿Qué? ¿Quieres abrir una? ¿Quieres probar a quitarle el clavo?
A ella no le gustaron mis risas, ni mi gratuito vandalismo, no comprendía que había de divertido en aporrear la losa de una tumba. Horrorizada lo que peor le sentó fue que yo brincara encima de una de ellas, rompiendo sin querer la desgastada tapa que la cubría. Sobrecogida emitió un hipo de horror, un poderoso grito que vibró en mis tímpanos un buen rato.
Odié su reacción, me resultó desmedida y fuera de razón.
No era más que otra histérica bobalicona así que la dejé allí, a su suerte, diciéndole que las chicas lloronas no me iban, ¡ni que estuviera asaltando la tumba de algún antepasado suyo! Obré mal, nunca debí abandonarla en aquel sitio. Ya era tarde para arrepentirse, Alena, o alguien parecido a ella me escudriñaba en medio de la oscuridad como sondeando mis pensamientos. Parada ante mí parecía un bello espíritu nocturno, de esos que vagaban sedientos y desorientados, una criatura de la noche, de la luna, un ser de otra dimensión, con esa risa irónica, divertida porque ahora yo era el que soltaba lagrimas y mocos.
Reflexioné sobre lo ocurrido. ¿Habría ella profanado aquella tumba abierta? La curiosidad la habría empujado a acercarse pero ¿se habría atrevido a quitar la estaca de aquél corazón y el cuchillo de aquella boca?
Señalando hacía algún punto a mis espaldas así respondió Alena como si me hubiera oído pensar. Lentamente me di la vuelta para descubrir espantado el mismo panteón envuelto en niebla de mi visión, el mismo lugar y la misma sombra negra que se movía, una sombra que impaciente parecía estar aguardándome “donde el terror y el misterio guardan su santuario” para arreglar algún tipo de cuenta conmigo.
Puedo huir, me dije recuperando el dominio sobre mí mismo, puedo escapar, aún estoy a tiempo. Buscaba con la mirada alguna salida a aquel olvidado cementerio cuando la sombra ya humana se materializó ante mí, dejándome sin respiración
Su aspecto no era del todo humano pero era del todo apabullante. Oí a Alena reír.
-Me han dicho que no crees en mí –brotó la voz de aquel ser como una brisa de roca fluyendo entre aquella dentadura vieja y sin embargo perfecta. Entonces su boca adquirió una forma remotamente inverosímil cuando concluyó–: Eso va a cambiar.


10 comentarios:

Montse Martínez Ruiz dijo...

Espeluznante este relato, Ana, no he podido dejar de leer desde principio a fin con los ojos muy abiertos y mirando a mi alrededor por si se aparecía un vampiro o la misma Alena en plena transformación.
Debes de hacer un libro con todos estos relatos ¡sería un best-seller! porque realmente escribes muy bien.
Muchos besos.

Ana Bohemia dijo...

Muchísimas gracias Montse por acercarte a leer mis escritos, me siento muy animada de que creas que puedo llegar a escribir un best-seller es todo un honor y me empuja a seguir creando relatos e historias... algunas no tan espeluznantes como esta. ;)
Un beso enorme y un abrazo sincero, ¡que disfrutes de la Navidad con mucho amor!
:D

Nieves dijo...

Te deseo una muy Feliz Navidad Ana, para ti, Raquel y vuestros seres queridos y que el 2015 venga lleno de cosas estupendas para vosotras. Un abrazo muy fuerte,

Mos dijo...

Ha llegado la Navidad. Todo se convierte en alegría, buenos propósitos y, parece ser que, afloran los mejores sentimientos de nosotros hacia los demás. Es tiempo de unirse las familias, los amigos y disfrutar todos juntos. Insisto: todos nos volvemos un poco mejores; dejamos escapar ese corazoncito que llevamos dentro y deseamos los mejores parabienes a toda persona que se cruza en nuestro camino.
A mí, personalmente, no me gustan demasiado estas fechas. Tal vez porque de pequeño soñé demasiadas veces con unas navidades que nunca tuve y eso, queridos amigos, te marca mucho cuando eres niño. Ahora, ya adulto, pienso mucho en esos ancianos privados del calor de sus familias en estos días de tanta armonía. ¿Se habrán cumplido sus sueños?
Dicho esto, de veras que os deseo a todos unas felices fiestas; que reine la armonía y la felicidad en compañía de los vuestros. Si tenéis niños, no les rompáis la ilusión y que noten que los queréis. También a los abuelos. Y a todos deciros que ese sentimiento de hermandad que tanto mostramos en estos días, debería permanecer igual el resto del año.
Bueno, que tengáis las navidades que cada uno de vosotros hayáis soñado y que sigáis soñando más allá de estas fechas. Que el 2015 sea más positivo que éste para todos.
Un abrazo afectuoso de Mos desde el otro lado de la orilla.

Ana Bohemia dijo...

Hola Nieves, muchas gracias por las felicitaciones, y enviarte el mismo deseo de vuelta, mucha paz, mucho amor, mucha alegría y muchos viajes, que el 2015 sea un año colmado de todas estas cosas. ¡Feliz Navidad!
Un beso
:D

Hola Mos, gracias por todo, me alegra verte de vuelta. Seguiré soñando, el lo mejor que se le puede decir a una bohemia soñadora. Con afecto desearte que tengas una inmejorable Nochebuena y que disfrutes de la Navidad con salud y felicidad. Un abrazo grande desde otra orilla.
:D

miquel zueras dijo...

Uuuf... un relato escalofriante que me ha hecho recordar aquella frase del profesor Van Helsing en "Drácula"..."El poder de los vampiros es que nadie cree en ellos, eso los hace peligrosos".
Muy buen relato, Ana. Las Navidades y los cuentos terroríficos suelen ser una buena combinación.
Saludos! Borgo.

Durrell dijo...

Vengo a desearte unas felices fiestas y un muy feliz Año Nuevo.
Besos para Raquel y para ti.
Durrell :)

Ana Bohemia dijo...

Hola Borgo, muchas gracias por leer mi relato. Si lo pensamos con calma las navidades tienen algo de terrorífico, hay elementos que dan autentico pavor: los villancicos desafinados, los abetos de plástico chino, las interminables colas en las cajas del supermercado, que no te paguen la extra de navidad, que los niños de la loteria no canten tu número...
Saludos!!
Felices Fiestas
:D

Hola Durrel, cuanto tiempo, que alegría verte de vuelta, muchísimas gracias de parte de las dos, espero que tengas unas navidades inmejorables, feliz año y feliz navidad, muchos besos y abrazos.
:D

Raquel dijo...

Toma ya, qué relato.
Me ha gustado ese final... es sugerente.
Un beso grande Ana :)

Ana Bohemia dijo...

Un besito Raque, me alegra que el relato te haya resultado sugerente.
;D

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