lunes, 12 de julio de 2010

El precio a pagar

Los Ángeles, 1927.

El batir de la lluvia invernal contra los cristales le relajaba, le abstraía de aquel mundo cruel. Pequeñas gotas resbalaban sobre el parabrisas, amontonándose, mezclándose hasta formar goterones más grandes, más fríos. El inspector Sheldon necesitaba aquel pequeño tiempo de reflexión antes de abandonar el coche patrulla, era parte de su ritual, algo que necesitaba, algo que poco a poco se había convertido en una manía.
Se miró en el espejo retrovisor, respiró profundamente y salió al exterior, pisando con brusquedad los charcos, calándose de arriba a abajo. Luego subió al tercer piso, al escenario del crimen.
Policías, enfermeros y algún que otro vecino flanqueaban la entrada al pequeño departamento. Cuando pudo deshacerse de ellos, sus pasos se clavaron al suelo…

-Se llamaba Francine Bauer, aunque todos la conocían por el sobrenombre de France, le encantaba todo lo que fuera o sonara a francés, ¿verdad Bob?- dijo uno de los policías con los ojos en blanco y una expresión de lo mas burlona en la cara, -era muy famosa en el club “Red Petals”. El tal Bob, enfrascado en recoger las huellas que pudiera haber en el pomo de la puerta, le devolvió una mirada impropia, risueña, incluso cruel.
Disgustado por la falta de sensibilidad, el inspector Sheldon se agachó para observarla mas detenidamente, más de cerca. La reconoció, ¡la conocía!, pero no por aquel nombre. La que él trató se llamaba Susie Simmons, era cándida, soñadora, apenas una niña, seguramente lo era, quizás había falsificado su carné. La que él conoció hacía dos años tenía metas, aspiraba a ser actriz, aspiraba a ser una dama del escenario. Mientras luchaba por conseguirlo se resignaba sirviendo café y preparando desayunos en la cafetería “Delice”, siempre soñando con que le llegara el momento, su gran salto a la fama.
P. Sheldon jamás habría apostado por aquello, nunca hubiera creído que aquella ingenua chica acabase siendo una mas de las fulanas del club Red…Ello le entristeció.

El cuerpo de Susie, es decir el de Francine, estaba sobre la cama en una postura agarrotada entre la mesilla de noche y el colchón. No había sangre, ni rastro alguno de violencia en su cuerpo, lo único raro eran aquellas dos marcas moradas del cuello. Sheldon tuvo la impresión que la última voluntad de la joven había sido intentar coger el teléfono que descansaba sobre la mesilla de noche. Eso le hizo pensar.
-Creemos que se ha suicidado- anunció el detective Newman a su espalda, un hombre que no era todo lo trasparente que a Sheldon le hubiese gustado, -es una pena, tan joven, tan hermosa…-farfulló envanecido, y la ironía retumbó en el cerebro del inspector.
Sheldon se volvió hacía el detective con cautela. Nunca le había gustado aquel hombre, había demasiados asuntos turbios a su alrededor: su interesada amistad con el señor Thomas, fiscal de la corte metido en política, los negocios, seguramente fraudulentos que les unían, su implicación en sobornos a altos cargos.
La tapadera, -sólo una careta- otorgó Sheldon, era su implacable cruzada contra el crimen organizado y el mercado negro, gracias a lo cual se había colocado en el punto de mira de mafiosos y corruptos. Tan corruptos como él mismo, objetó Sheldon mentalmente. Pero no podía decirlo, no podía hacer nada. Le dolió tener las manos atadas y odió más que nunca su trabajo.

-¿Por qué suponer que se ha suicidado?-protestó Sheldon dejando que los policías sacasen las necesarias fotografías al cadáver, -no había nota de despedida, no la he visto, tampoco he observado en la mesilla restos de pastillas ni tampoco sustancias sospechosas, ¿porqué un suicidio y no un asesinato?
-¿Asesinato?, bah, ¿quien iba a querer hacerlo?
-Un cliente molesto- empezó a enumerar, -o un viejo novio despechado, un amante preocupado por sus escandalosas relaciones con una prostituta menor de edad...
-Parece que sus dardos se han enterrado en algo blando, ¿de quien sospecha?
-Tiendo a inclinarme hacía el amante, ¿usted no?
-No tengo pruebas, ¿en que amante piensa?
-Dígamelo usted, por eso esta aquí, ¿verdad?- suspiró dolido, -ésta ya no es su jurisdicción, ¿porque un detective tan importante como usted tendría que atender este simple asunto? ¡Es sólo un suicido según ha dicho!, o...-tomó aliento, -¿es algo mas?, ¿mas oscuro?
-Sólo hago mi trabajo.
El brillo de sus ojos alertó a Sheldon quien adivinó la verdad. Así que dando palos de ciego aventuró algo, lo primero que se le pasó por la cabeza:
-Era la amante del señor Thomas, ¿no es cierto?
-¿Y que?- se delató el detective un poco nervioso, -es normal que los viejos zorros se sientan atraídos por las zorras, después de todo son de la misma especie...
-Ya, ¿y como murió?
-Digamos que la chica no era fiel a la causa de la abstinencia, hemos encontrado botellas de bourbon, así como somníferos, ¡estaría nerviosa!, quizás una decepción amorosa, tal vez se sentía harta de su vida, puede, no obstante, que sólo fuese un accidente y se pasara con la dosis...

Mientras le oía hablar el inspector Sheldon reparó en algo en lo que nadie había advertido; un pequeño papel tirado en el suelo, justo debajo de la cama. Con disimulo lo cogió y se lo guardó en la gabardina. Aquella noche esperó a tener el informe del forense para poder ojear la verdad. “Intoxicación por somníferos” ¿Podía creerlo? Si, claro, pero él había visto las marcas moradas en la base del cuello, alguien podía haberla obligado a tomar aquel cóctel mortal a la fuerza... El forense también podía estar comprado, no iba a ser la primera vez que ocurriesen esas intrigas, conocía las maniobras de los poderosos, era así como actuaban. ¿Y el papel? Lo desdobló cuidadosamente. Se trataba de un número de teléfono, así que descolgó el auricular y marcó los números...

-¿”Confidential”, dígame?
"Cuenta los hechos, da los nombres", era el lema de la revista a la que Susie Simmons había pretendido llamar antes de que la callaran para siempre. Entonces lo entendió. Iba a hablar, iba a contar quien era, que hacía y con quien se relacionaba, ¿como podía afectar eso a un fiscal, además de politico, de cara a las futuras elecciones? ¿Que dirían de él? Tan respetable, tan hombre de su casa y de sus hijos ¿Como consentir un descredito así?
La única pueba, el único clavo ardiendo al que se podía aferrar, era aquel papel y no supo si sería suficiente. Y tuvo miedo, miedo de que a él también quisieran callarle la boca. Porque sí, claro que habrían testigos de la relación de Susie con aquel viejo zorro, tendrían que haberlos, pero ¿podía él ser mas astuto que aquel señor importante?, ¿podía destapar sus asuntos e incriminarle en algo?
Contempló la ventana y el paisaje, y la lluvia resbalando sobre los cristales. Y dudó, dudó sobre si sería lo suficientemente fuerte para afrontar todo aquello. Tendría que serlo, se lo debía a ella, a aquella niña tonta que había pagado el precio de la fama, aquel que había estado dispuesta a pagar, aquel que le había hecho desviarse tanto de si misma.




4 comentarios:

Virginia Martínez Escalona dijo...

Ay, ¡dan ganas de seguir leyendo! Me estoy imaginando al inspector Sheldon mirando por la ventana, y de repente alguien entra y le mata. O al menos con esa intención para callarle a él también, puesto que ya sabe el porqué del asesinato. La chica quería contarlo todo. Aunque es una historia ficticia, tiene que ver con la corrupción, los chantajes, que están a la orden del día. Me ha gustado mucho. Eres buena, Ana, porque escribes textos de todo tipo.

Un beso grande!!

Raquel dijo...

Un relato que se "vive" en blanco y negro, como las películas de ganster del Hollywood dorado. Me ha gustado la escena que relatas, las dudas y reflexiones del protagonista. He visto algunos fallos de tildes, y en el último párrafo, creo, pusiste "pueba" en lugar de prueba. Por lo demás muy bien, un ambiento muy bien recreado.

Besos :)

Angel dijo...

Un relato propio del cine negro. Fantástico. No sé que más decir con los piropos que te han echado tanto Virginia como Raquel.
Es que me estoy imaginando al inspector con la gabardina empapada bajo la lluvia y entrando con ella en la mano a un local cercano, para tomarse una copa.
Espectacular. Dan ganas de seguir leyendo, y conocer más de la historia.

Ana dijo...

Un beso grande para ti Virginia, gracias por tus palabras, siempre sube el ánimo, la verdad es que me gusta escribir un poco de todo para mejorar.
:)

Besos Raque, gracias por darte cuenta de los errores, tendré quew repasarlo pero una vez publicado me da pereza, ay. Es un poco un relato inspirado en el cine negro, una hgistoria que ya hemos oído otras veces, ¿verdad?, pero que sigue ocurriendo, chanchullos siempre hay en este mundo corrupto e hipócrita.
:)

Un beso Ángel, el final da pie a pensar que puede ocurrir despues, sus dudas sobre lo que hará o dejará de hacer, da miedo imaginar que no siempre puedes hacer lo correcto por miedo.
:)

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