sábado, 13 de enero de 2018

Taras


Amamos, ¡preciosa cualidad!, pero no a nuestros defectos, ¿te has dado cuenta? Nos cuesta aceptar nuestras taras, nuestras roturas, nuestros defectos como parte de lo que somos, y pasamos de puntillas, mirando a otro lado, creyendo que cuanto menos los miremos otros tampoco lo harán. Sin embargo estamos marcados. Es nuestro propio número de serie, un plano detallado de qué y cómo somos, eso que nos hace especiales, peculiares, únicos, una prueba de nuestra natural humanidad, un signo de que somos de carne y pensamientos, que hemos vivido, respirado, amado, sentido, sufrido, que el tiempo nos ha ido oxidando, que hemos girado (¡y a toda velocidad!) en torno al sol, que hemos dejado correr la existencia y las experiencias, que algo nos ha dolido, que algo nos ha tocado el alma, que somos porque estamos…
Insisto, nos cuesta amar esos “defectos”, esas pequeñas, grandes, extrañas, inútiles taras que a veces nos sirven para escondernos, como algo pesado que nos tapa la piel pero también nuestra esencia, esa que rápido se evapora como un denso perfume en el aire de invierno, que no permite del todo ser uno mismo, como la niebla que no deja ver lo que hay detrás, ni que matiz, ni que color, y todo porque no queremos exponernos, tampoco exponerlas, pobres rarezas, como un mal vicio que nos hace perder el paso con el que andamos sobre el alambre. Al fin y al cabo somos equilibristas, estamos seguros de no estar seguros, mientras punteamos con la punta de los pies, un suelo que no lo es.

(...) no quería ser ya el más grande, el más fuerte o el más inteligente. Todo eso lo había superado. Deseaba ser querido como era, bueno o malo, hermoso o feo, listo o tonto, con todos sus defectos...O precisamente por ellos.
"La historia interminable" (1979) Michael Ende


"Taras", un cortometraje de Roberto Pérez Toledo, con Lucía Estévez y Álex Cerezal.

7 comentarios:

lopillas dijo...

Qué bonito Bohemia! Y sin embargo esas taras que nos empeñamos en tapar nos hacen únicos.
Besitos

Natalia Ortiz dijo...

Hola Ana,
me ha gustado mucho esta entrada tanto el corto como el escrito porque es un tema del que no se trata pero que tiene mucho sentimiento y significado.
Desde pequeños nos enseñan a decir nuestras virtudes, pero es cierto que no solemos hablar de nuestros defectos, de nuestras taras, nuestros miedos. Nos cuesta sacarlo a la luz. A unos más que a otros. A todos nos duelen así que siempre he pensado o sentido que no es algo para pregonarlo si no para compartirlo con alguien con quien tengamos confianza. De hecho, cuando vas a una entrevista lo que les importa son tus virtudes y lo que sabes hacer. Y si te preguntan por algún defecto también tienes que saber venderlo.
Recuerdo que hace ya mucho escribí una entrada llamada Cicatrices en la que decía como que era una alegría tener cicatrices. Sí, por un lado no es bonito. Es evidente. Si son cicatrices internas por personas que nos hacen daño, no hacen ninguna gracia y a veces las manifestamos exteriormente con nuestros comportamientos aunque los demás no lo sepan... hay otras como pueden ser las externas debidas a una operación, que no nos gusta verlas día tras día pero que quizás sean el motivo de que todavía estemos aquí. Aunque no nos gusten en parte nos hacen tal y como somos.
Espero que hayas tenido unas felices navidades y que hayas comenzado muy bien el año.
Un abrazo =)

ana dijo...

Ana, muy real lo que dices. Desde pequeños aprendes a ocultar y disimular nuestras taras pero como dice lopillas, esas taras nos hacen únicos y auténticos. Un abrazo y Feliz 2018

Montse Martínez Ruiz dijo...

Ana, lo podías haber definido de distintas formas, pero como buena escritora has elegido las palabras exactas y la estructura poética perfecta.
Los defectos nos definen y tal vez por eso, y porque son lo más íntimo que tenemos, dejamos que los demás los vayan descubriendo poco a poco.
Un beso enorme!

Carol Torrecilla García dijo...

Precioso, Ana:
Es cierto que somos reales en cuanto somos conscientes de nuestros errores, defectos, virtudes..., pues, de lo contrario, seríamos incompletos y no tendríamos esa maravillosa cualidad, la de ser humanos, ni la oportunidad de crecer al aprender de nuestras propios equivocaciones.
¡De qué bella forma nos has descrito a los seres humanos desde ese lado que nos hace vulnerable si lo mostramos!
Gracias por enseñarnos a no avergonzarnos. Desde luego la perspectiva es vital, y la tuya es muy interesante....
Abrazos, Bohemia.

Raquel dijo...

Ana Bohemia, Ana escritora con su magia para juntar palabras que expresan mil cosas. Me ha gustado mucho lo que has escrito y por supuesto me ha gustado el corto; aunque eso ya lo sabes ;), me gusta servirte de inspiración. Este director me parece muy bueno, tiene una capacidad increíble para transmitir cosas en pocos minutos, eso es un don.
Un beso sister

miquel zueras dijo...

Todos tenemos defectos y cometemos errores, por eso los lápices tienen goma de borrar. Lástima que no haya una goma que borre la intolerancia y la prepotencia, eso sí que son taras.
Saludos, Ana!
Borgo.

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