martes, 5 de julio de 2016

Bébeme…

Era como un peso muerto sobre el edredón, boca arriba, boqueando de dolor y de fuego. Ardía dentro de sí mismo con tal intensidad que le quemaban los ojos. Nunca antes había experimentado tal dolor. Mil abejas podrían picarle en ese instante y las sentiría como una caricia. Así de lacerante era la sensación.
Se sintió morir. Sintió que algo se ramificaba en su garganta, en su cerebro. ¿La muerte? No, era algo peor, para él era peor, el rechazo era lo peor, un “sin adiós” era lo peor, verla desaparecer sin más era lo peor.
Se estaba muriendo. Sintió ganas de gritar, de gruñir, de pelear, de arrancar con las uñas el papel pintado de la pared. Y sin embargo no podía moverse, no podía salir de aquella cama, no podía abandonar ese colchón que nunca compartieron. Se estaba convirtiendo en piedra. Estaba hecho de granito, un pedacito de hielo en su estado sólido, un títere desmadejado y descosido, un desecho, la roña que se seca en un plato usado… una sobra.
Se les había ido de las manos, a los dos, pero ya era irreparable.
¿La quería?, le asaltó la duda. ¿La quiso alguna vez? Ese pensamiento correteó por su cerebro, pinchándole como la punta de una lanza. Y ella a él, ¿le quiso, le amó? El tormento le hizo apretar los parpados con fuerza, cerrando los ojos, como si apagando sus sentidos, desconectándose de la realidad, como si de esa forma fuera más sencillo no pensar en lo que siempre fue: una parte del menú.
Sus rígidos dedos arañaron las pequeñas incisiones de su cuello. ¿Por qué le había dejado hacerlo aquella primera vez de hacía cuatro meses? ¿Era por su aliento embriagador? No, no había aliento. ¿Era por lo que provocaba su traspiración?, ¿por su palpitante respiración?, ¿por el calor de su piel?, ¿o por sus pupilas profundas y oscuras, hipnóticas, intensas? No, nada de eso, ella no sudaba, ni respiraba... ni era caliente. ¿Cuál era el secreto para que le volviera loco de aquella manera?, ¿para qué sacudiera su mundo entero, para que removiera cada espacio, cada nervio de su ser?
“¿Volverás a hacer que caiga la noche a mí alrededor? ¿Volverás a hacer que caiga en la oscuridad atrapándome?”
                Volvió la vista atrás, maldiciendo su ingenuidad. La conoció por casualidad en la barra de un bar. Fue difícil no percatarse del apetito con que le observaba desde las sombras. Eso le aturdió e intrigó, así que no tardó en propiciar un acercamiento. Nunca imaginó hasta que punto ella tenía hambre ni de qué. De todas formas no puso mucha resistencia y se dejó arrastrar hasta el rincón más oscuro del callejón más siniestro para descubrir maravillado y horrorizado la importante dimensión de aquellos besos.
Fue al separarse cuando lo vio, como la punta de su lengua asomó ligeramente para saborear la sangre que moteaba sus exquisitos labios, fue un gesto fugaz, casi imperceptible, pero tan intenso que se grabó a fuego en sus retinas. El recuerdo de aquella lengua paladeando con gusto el brillante líquido que antes corría libre por sus venas le persiguió como un sueño imposible. Sangre, sangre, sangre. Era su sangre, viscosa, metálica, obscena, real, roja. Aquel ejercicio de poder y de dominación le conquistó, tal vez también lo hicieron sus ojos de vampira, su melena negra y su boca desafiante. Se enamoró de la mujer que profanaba su yugular lujuriosamente cuando se le antojaba. Por supuesto él se dejaba, se sometía, se rendía a su molesta sed. Para ella era un refresco, para él el único ritual de su intimidad.
Sacaré un poquito de ti y lo meteré en una botella, quiero beberte, quiero emborracharme de ti siempre…
Y él se creyó que aquello era amor.


6 comentarios:

Raquel dijo...

Un relato muy intenso, viscoso como esa sangre.
Me gusta esa canción.
Un beso :)

lopillas dijo...

Con fantansía (Bohemia, claro :) escarbas en las relaciones sadomasoquistas. Hay gente pa tó. Se te da bien cualquier palo eh?!
Besitos muchos

Montse Martínez Ruiz dijo...

Excelente tu relato, Ana, tiene todos los ingredientes vampirescos pero contados desde las sensaciones de la víctima. Me gusta como relatas el sometimiento, apenas imperceptible y unes el final al inicio, cuando el protagonista se cuestiona la existencia de amor en una relación tan extraordinaria.
¡Me ha encantado!
Muchos besos.

Carol Torrecilla García dijo...

Buenas noches, Bohemia:
Extraordinaria tu forma de sorprendernos a Beni y a mí desde el principio con este relato. No hemos adivinado de quién era ella en realidad hasta las últimas líneas. Muy intrigante y excelentemente escrito. Ya se dice que el amor es ciego... Pobre chico.... , ya no se sabe a quién se encuentra en una barra de un bar tomando copas. Lo que más me gusta es que has desmitificado todos los tópicos para humanizar a la protagonista. Esta vampira se halla entre las personas, y eso lo hace más terrorífico y a la vez más humano.
Muchas gracias por tus cuentos magníficos.
Beni y Carol.
Te queremos.
Abrazos.

miquel zueras dijo...

Hermoso relato vampírico, muy apasionado y con gotas de Hemoglobina cuvee Gran Reserva. Hay que ir con cuidado con según quien conoces en los bares. Por si le quieres echar un vistazo yo escribí un relato sobre una vampira que busca presas en locales nocturnos: miquel-zueras.blogspot.com/2013/10/el-mas-debil-de-la-manada-cuento-de_30.html
Saludos! Dentro de un par de semanas voy a conocer tu tierra, al parque de Gorajanay! Alucinante, por lo que he visto en fotos...
Borgo.

Ana Bohemia dijo...

Hola Raque, pues le va el calificativo, viscoso, salado... Besos
:D

Besotes Lopillas, es lo que tiene salir con una vampiro, que tiene su lado peligroso y lacerante. Gracias.
:D

Hola Montse, muchísimas gracias por tu comentario, me ha gustado mucho lo que opinas del relato, mi intención era esa misma, hablar un poquito, sin escarbar mucho, en ciertas relaciones vampiricas, que al final terminan siendo dolorosas.
Un besote
;)

Muchas gracias Carol y Beni, feliz de que os haya gustado a los dos este corto relato. Pues ya lo dice el dicho y la sabiduria popular, y la cultura musical, y etc, etc, que el amor es ciego... y a veces sordo. Es comparable a una enfermedad rara cuya cura suele llegar por si sola.
Un abrazo de oso panda, amores, el amor es el mismo.
:D

Hola Miquel, gracias por leerme, y sí, destila pequeñas gotitas de Hemoglobina cuvee gran reserva, de esa que enseguida se sube a la cabeza. Recuerdo tu relato, y el dulce sacrifico del prota, muy bueno.
Espero que disfrutes en la isla Bonita, en La Palma, yo no he la he visitado, mis padres sí, y es un lugar muy conectado con la tierra y la naturaleza, para patear y hacer senderismo.
Un abrazo
;)

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