martes, 7 de diciembre de 2010

Historias atrapadas…

Así es como veo yo a algunas fotografías… como instantes petrificados, momentos de la vida que alguien ha apresado. Secuencias robadas que ahí han quedado, secuestradas del tiempo en una existencia alternativa en la que nunca envejeceremos, y que siempre servirán de testimonio, de lo que fue, de lo que hicimos, de que existimos, de que vivimos.
Por alguna razón nunca he sabido atrapar momentos. Mis fotos no tienen alma, no tienen fondo ni perspectiva, movidas, desenfocadas, borrosas… Por eso siempre he admirado a aquellos que son capaces de atrapar los momentos mas bonitos y curiosos, historias que luego se revelaran con la química en un laboratorio, porque no es magia… es arte. El arte de atrapar historias.

Siempre me ha gustado inventarme historias. Siempre me ha gustado imaginarme las historias que encierran algunas fotografías.
Hace poco descubrí a un fotógrafo francés, Willy Ronis… y sus historias me han enamorado.



-Los amantes de la Bastilla. Así se llama esta preciosa fotografía. Me encanta mirarla, adivinar los pequeños detalles encubiertos tras la bruma matinal de la ciudad parisina. Me gusta adivinar la torre Eiffel al fondo, desdibujada, y su luz, su color. Me gusta como él se le acerca a ella, hasta juntar su boca con su pómulo, como si quisiera decirle algo al oído... quizás un “lo siento”. Me imagino que ella esta enfadada porque el tiempo prestado de una noche de amor ha llegado a su fin. Imagino que ha salido a la terraza del hotel para que él no la vea llorar, y que él la ha seguido, culpable, por tener que volver al hogar, por tener que regresar junto a su familia de verdad. Me imagino las promesas siempre rotas, imagino los reproches, los escondites, la aventura de lo prohibido, la emoción y la seducción. Imagino que es jueves, y que no volverán a verse hasta el próximo miércoles a la noche. Creo que han mantenido ese plan algunos meses y que el peso de las promesas rotas está empezando a caer sobre el ánimo de ella. Pero es que me gusta imaginarme historias…



-El pequeño parisino. Estas dos fotografías tienen como protagonistas a niños. En la primera se ve un tramo de escalera en forma de “y griega”, que va a dar a una calle, y abajo, a un lado, se ve un grupo de niños encaramados a una claraboya con rejas. Todos parecen muy interesados mirando a través de las rejas, lo que me lleva a preguntarme: ¿qué están mirando?, ¿qué hay ahí abajo? Quizás… Imagino que ha corrido la voz en el colegio: “oye, que me ha dicho mi hermano que si vas a las cuatro y media a la rue Belvedere, donde esta la escuela de danza de madame Tessa, puedes ver por una ventana a las chicas cambiarse de ropa, ¿quieres ir?” Y que el otro, animado por la explosión hormonal de todos los demás, diría: “Pues vale… oye, ¿y estarán desnudas?, es que si no lo están mi hermano mayor se meterá conmigo, dirá que aún no soy un hombre”. “¡No eres un hombre porque aún no tienes pelo en la barba!, cuando te salga el pelo, lo serás”. Y que el niño muy convencido replicaría, “mi hermano dice que si haces cosas de hombre, es porque ya eres un hombre”
El pequeño parisino de la segunda fotografía corre feliz con una baguette enorme bajo el brazo, supongo que ha sido un regalo del panadero, “para el niño más salado de todo Paris”. Así que ante la perspectiva de un bocadillo gigante para él solo, ¿por qué no se iba a reír?, ¿por qué no iba a salir pitando para llegar cuanto antes a su casa y atacar de paso la nevera?



-Dos siluetas. Es lo que se ve de la primera foto; dos siluetas recortadas contra un cristal, a la vista un escaparate, donde pone “telephone”. Se distingue a un hombre y a una mujer, parece que están muy cerca. Creo que él la esta convenciendo de que entre y haga esa llamada que debe hacer, que sabe que debe hacer, pero me parece que ella se resiste… de alguna manera sabe que si llama está eligiendo, y no se puede tomar una decisión así cuando se tiene el corazón caliente. “Si no me vas a elegir a mí, llámale a él y que venga a por ti, no alarguemos esto ni un minuto mas” Le ha dicho segundos antes. La casualidad ha querido que se detengan en aquel preciso lugar, con su teléfono disponible y a la mano.
Desnudo provenzal. Así se llama la segunda foto. Casi parece una obra de arte, no le falta ni un detalle, la silla, el espejo, la jarra, la ventana abierta dejando paso a un rayo de sol, que caprichoso se posa tímidamente en la descubierta espalda de la mujer desnuda que se lava, un escenario propio de los mejores cuadros de las bellas artes. ¿Pero que historia puede encerrar? Me imagino a una recién casada, joven, que nunca ha vivido en el campo, que no sabe nada del trabajo duro, que no esta acostumbrada a las incomodidades, que no sabía que iba a terminar casada con el único hombre de toda la Provenza que no sabe lo que es el agua corriente. Se acostumbrara a su nueva vida, porque ¿no hay nada que no salve el amor? Puede…


Willy Ronis (París, 1910), tuvo periodos de auténtico esplendor a mediados de los años 30. Ronis lo captaba todo con inagotable curiosidad, dominando cualquier disciplina: el reportaje, el retrato, el desnudo, las fotos de niños, las estampas parisinas. Famoso por su sensibilidad especial, su acusado sentido de la perfección y del detalle, supo, tal como dijo Régis Debray, arrebatarle al material efímero de la vida “algo eterno e imborrable”, quizá porque fue, quiso ser, sobre todo, un artista que captaba la humanidad y el idioma del corazón delator cada vez que miraba a través del objetivo.

Fuentes:Antoncastro.blogia.com/el-arte-de-willy-ronis-luz-evocacion-y-profundidad. Biografiasyvidas.com/biografia/r/riboud.
Google imágenes.

3 comentarios:

Natalia Ortiz dijo...

Qué buena entrada y qué original :)
Yo como no suelo fotografiar a gente, no se me había ocurrido la idea de pensar en una historia sobre los fotografiados. Está muy bien pensado y te ha quedado todo muy bien. Me gusta ^^
Sería interesante leer alguna entrada más de este estilo jeje.

Si te apetece ver algo de fotografía en mi blog, en la zona de etiquetas hay una con tal nombre, y sobre todo, destaco las fotografías de las fiestas del Pilar... A mí me gusta mucho la fotografía, pero luego realmente no hago entradas de este tipo, salvo excepciones como esa, porque no quiero que estén por internet, que cualquiera las coja y las usen como si fueran suyas y demás.
Un beso :)

Raquel dijo...

Una entrada genial, Ana. Qué buen ejercicio el de imaginar la historia de la fotografía, me han gustado todas, en especial la del niño con el pan; es preciosa, me trasmite muy buen rollo.
Un beso grande :)

Ana dijo...

Me alegro de que te haya gustado la entrada Natalia. La verdad es que tenía pensado hacerla mas larga, pero no quería saturar, así que puede que mas adelante haga una segunda parte, porque me divierte esto de crear historias de fotos.
Gracias por el ofrecimiento, me pasaré por tu blog para ver esas fotos, y te entiendo, da un poco de miedo subir fotos personales, a saber donde pueden ir a parar.
Un beso
:)

Sí Raque, la del niño es muy bonita, tiene cara de pillo, se me recuerda al niño de "La vida es bella" Ay, que ganas me han entrado de ver esa pelí, jeje.
Un besote
:)

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