martes, 11 de febrero de 2020

Salada


Maruca  Churruca tenía un trabajo muy curioso, era catadora de pipas. Su misión era testar el nivel de sal, lo que le dejaba la lengua seca como la mojama. Tanto así que a veces ni segregaba saliva y se quedaba sin poder hablar horas enteras. 
Maruca vivía sola en un piso alquilado. Todas las mañanas bajaba en ascensor hasta el portal del edificio y atravesaba el parque otoñal para llegar a la parada del bus. Reservaba saliva porque sus días eran duros y largos, así que saludaba a los hijos de sus vecinos con la mano, batiendo sus dedos como mariposas. A los niños les divertía, y a los padres les intrigaba el que nunca tuviera palabras. Maruca se las ahorraba porque siempre le salían saladas, cuando lo que hubiera querido era todo lo contrario, y no le gustaba sentirse ácida, ni mordaz, ni picante. 
Palabras, voces… tenía todo un catalogo guardado, un emocionario preparado, a punto, pero no resultaba, todo salía gustativamente salado, iónicamente su lengua trasmutaba el mensaje, y Maruca se sentía traicionada por su lengua que hubiera querido que fuera alada como sus dedos diciendo “hasta luego niños” a los hijos de sus vecinos, pero que era salada y sódica como el agua del mar.



Música: Los buenos-Vetusta Morla

3 comentarios:

lopillas dijo...

Maruca es tan salada como tú :)
El relato es delicioso
Besitosss

miquel zueras dijo...

Qué bueno, empezando por el nombre. Aún recuerdo aquellas bolsas con el dibujo de un toro con una espada clavada diciendo: "Me voy de este mundo sin probar las pipas Facundo..." una publicidad que ahora sería impensable.
Me ha encantado tu cuento sobre la testadora de pipas. Tiene muchísimo salero.
Abrazos!
Borgo.

Montse dijo...

¡Qué ocurrencia! ¡Ser catadora de pipas saladas! Original e intrigante el relato, además de "salado"
Muchos besos.

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