lunes, 16 de enero de 2017

A sus pies…



Se hinca de rodillas rebuscando en su chaquetilla, sus dedos arañados por las espinas de la rosa que ha podado de su propio jardín tantean con torpeza dentro de un bolsillo agujereado, el objeto que busca no está. De pronto su mundo se vuelve oscuro y vertiginoso, le sobreviene un vahído, disimula aunque no demasiado bien, le delata el súbito verdor de su tez. Pronto ella advierte el sudor que baja de su frente, carraspea pero no consigue que él reaccione. La magia del momento ha volado y no importa porque enseguida él pierde su afectación al explorar a palmetazos su ropa. Luego, cuando la búsqueda es definitivamente infructuosa abandona el ramo a un lado que suelta como sin querer, y que cae a plomo sobre sus pies. No tarda entonces en aplanar el césped con las manos. Mide, analiza, sondea, el instante se vuelve tenso y ridículo, pero él sigue gateando sobre la húmeda tierra obcecado y enajenado. Entonces, de repente, algo brilla despuntando como una gotita de rocío entre el verde pasto, se le escapa un suspiro, casi un gritito entusiasmado. ¡Por fin! Ya con el anillo en la mano oye que alguien cacarea una risa, se siente idiota cuando descubre que es ella, que le mira entre divertida y avergonzada.
–Imagino que no querrás casarte con alguien tan idiota como yo, ¿eh? –dice con un mohín.
Aún en el suelo él parece un cachorrillo abandonado. El romanticismo no ha muerto pero debe estar herido de muerte, imagina, tratando de sacarle lustre al resbaladizo anillo y al intacto pedrusco del centro. El barro ha calado la tela de sus pantalones, algunos mechones del flequillo se le han despeinado, sus ojos parecen dos pozos negros de aciaga desesperación. A ella se le clava en el alma aquella mueca abochornada, e hincando las rodillas en el suelo, se coloca a su lado para tomarle de las manos.
–¿Y perderme estos futuros momentos contigo?, ¡de eso nada!
–¿Es un sí?
–Claro, mi afectísimo seguro servidor, ¡es un sí!



Hace tiempo que quería hablar sobre el galanteo y la galantería, ¿son cosas del ayer?, ¿tienen sentido hoy en día?, ¿las sentimos como un gesto romántico o más bien como algo pasado de moda y que esconde segundas intenciones?
La galantería nació en Francia y esa vieja galantería de elegancia de intenciones y maneras fue mal utilizada por los libertinos de todas las cortes europeas para conseguir sus conquistas.

Se dice que la galantería está más en la palabra que en la obra, sobre todo en la respuesta ingeniosa. Aquí te dejo con un ejemplo de historia galante que ocurrió durante una recepción en la Corte versallesca de Luis XIV (1638-1715) (recordemos que la galantería nació en Francia), donde el Sultán de Marruecos había enviado una embajada, cuyo embajador resultó ser hombre de refinada galantería. La bella María Ana de Borbón, Princesa de Conti, comentaba con el enviado del Sultán el número de esposas que un hombre podía tener en su tierra, a lo que el embajador marroquí contestó:
“Señora, si tenemos tantas mujeres en nuestro harén es solo con un fin: el de lograr con todas ellas una mujer que posea todas las cualidades que aquí es posible encontrar en una sola”.
Y se quedó mirándola fijamente.

La manera de entender ciertos gestos ha cambiado, y hoy en día determinados requiebros hasta pueden resultar ofensivos.
“A sus pies, señora mía, permítame que le bese la mano, usted primero, mi honorable dama,”, que ridículo suena ahora estos besamanos, lances y piropos exagerados, que en realidad han quedado muy en el ayer. No olvidemos que el galanteo es en realidad un acto de amabilidad y cortesía, y para que los valoremos deben ser totalmente voluntarios y naturales.

Las formas de galantería que son habituales en nuestra cultura implican siempre que el hombre actúa y la mujer consiente, implica una comunicación no verbal muy importante en las relaciones que se puede malinterpretar, y aquí viene la controversia, ¿el galanteo es sólo cosa de hombres?

Decía Bacon, filósofo inglés, que la cortesía era “el vestido del espíritu”, si la cortesía viste el espíritu, ¿la galantería que viste?




Fuentes:

7 comentarios:

ana dijo...

Estará en desuso, pero a mí me encanta que la gente es galante, ¡Viva la galantería! Un abrazo

Montse Martínez Ruiz dijo...

Tal vez la galantería tal y como lo expones está obsoleta, fuera de lugar en el mundo actual, pero algo de cortesía si vendría bien y ya, puestos a pedir, más buena educación en general, no sólo de los hombres hacia las mujeres, porque es importante y se va perdiendo el saludo, el ceder el paso o el asiento, etc. ese tipo de cosas que ya no se ven ¡la ciudad se ha vuelto una jungla de maleducados!
Buena reflexión, Ana.
Besitos.

Raquel dijo...

Me ha gustado el relato, y tu reflexión.
Creo que hya un tipo de galantería obsoleta y ridícula, pero también creo que es muy importante ser galante y educado, como dice Montse parece que hoy en día lo que está de moda es todo lo contrario, ser zafio y cuanto mas grosero mejor, sólo hay que subirse al transporte público para ver como la gente se comporta en general; comiendo con la boca abierta, con los pies sobre los asientos, dejando que gente mayor vaya de pie, metidos en sus teléfonos sin levantar la vista...
Un beso, Ana :)

lopillas dijo...

Es muy bonito un gesto galante, a mí me encanta. Sin empalago eh! jaja


Acabo de buscar en la RAE y hayquejó, mira lo que dice de ser galante en las mujeres:

3. adj. Dicho de una mujer: De costumbres licenciosas.

:/

ayssssssh

Te dejo una flor :)

miquel zueras dijo...

"La galantería es una hipocresía necesaria" (Wodehouse) Yo soy partidario. Una amiga me dijo que apreció el valor de la galantería el día que compartió un ascensor con un compañero de trabajo, él salió primero, ella le siguió confiando que le sujetaría la puerta del ascensor... hasta que se encontró la puerta en las narices. Eso duele.
Besos!
Borgo.

Carol Torrecilla García dijo...

No hay que confundir la galantería con la buena educación. Es muy buen ejemplo, Ana, la observación que has hecho para que nos preguntemos si es solo cosa de hombres. Nació en Francia, pero se extendió en la Literatura, y como bien ha apuntado Miguel Zueras con la cita de Wodehouse, es una hipocresía, y yo no creo que las hipocresías sean necesarias. Sí creo en la cortesía. Es distinto. Hay algo Kitch en la galantería, pasado de moda, algo que nos hace fifis a las mujeres, que no nos iguala frente a los hombres y me quedo con esto de tu post. Me gusta tanto poder regalar una rosa a un novio sin que se avergüence como que él me la regale a mí con el correspondiente libro en el Día del Libro. No quiero que me dejen paso, ni que me abran la puerta del coche, porque lo que duele es que lo dejan de hacer a los dos meses de conocerte.... y eso es una realidad.
Gracias por este post.
Me estoy convirtiendo en una feminista espantosa, ¿no?? jajajajaja
Abrazos...

Ana Bohemia dijo...

Hola Ana, ¡que viva! jaja.
Un abrazo
:)

Hola Montse, pues lo dicho, y te apoyo totalmente, lo que necesitamos por parte de hombres y de mujeres es mejor educación, que no se pierdan las buenas formas, y un poco mas de humanidad no vendría mal tampoco.
Muchos besos
:D

Hola Raque, gracias que bien que te haya gustado el relatillo. Yo no sé que pasa en la sociedad pero es verdad que la gente ya no mira si lo que hace asquea u ofende a los demás, creo que están demasiado sumidos en el yoísmo y en las apps de sus teléfonos.
Besos
:)

Hola Lopillas, eso es lo que me ofende de los diccionarios, y de la sociedad, lo que hace una mujer siempre tiene un tinte negativo, ¿un galante no es licencioso pero una mujer si? ¡venga ya!
El galanteo bueno si el empalago falso no.
Besotes
:D

Hola Borgo, pues ya ni por hipocresía ni por quedar bien ni por nada, y el ejemplo lo has puesto tú con la anécdota de tu amiga, si es que, ¡menuda groserada!
Besos
:)

Hola Carol, yo tampoco creo que la hipocresia sea necesaria, pero a veces es preferible a la mala educación gratuita. Buena reflexión la tuya también, que si eres galante no lo pierdas con el tiempo, que una se acostumbra y luego....
Espantosa nunca Carol, feminista entregada, jaja.
Abrazos
:D

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