miércoles, 17 de febrero de 2016

Dinos


Siempre me han fascinado los dinosaurios, su misterio, su inteligencia, su forma de vida. Ellos poblaron la Tierra antes que nosotros, pero pagaron el precio del universo, repleto de cuerpos en movimiento, rocas viajeras y escombros que se mueven por la galaxia, grandes, pequeños, con voracidad destructiva, que gravitan a veces, que no se desintegran con la atmósfera, que vienen de muy lejos, y que, en ocasiones, no les apetece pasar de largo.  Hoy me apetece indagar un poco sobre estos casi desconocidos primeros inquilinos…

Cuando se descubrieron los primeros fósiles de dinosaurios en China, se creyó que eran los huesos de dragones gigantes.
Los primeros mamíferos aparecieron al final del Triásico, pero eran criaturas pequeñas, parecidas a musarañas. Los dinosaurios aparecieron por primera vez durante este período e indiscutiblemente se hicieron los jefes del cotarro, siendo los animales dominantes hace 65 millones de años.
Sabemos que los dinosaurios existieron gracias a los fósiles hallados en las rocas sedimentarias que incluyen partes del cuerpo como dientes, piel, garras y huesos. Gracias a estas muestras arqueológicas podemos calcular como vivieron, de qué tamaño eran, cómo eran sus nidos y demás.
El fósil de dinosaurio más pequeño encontrado hasta ahora pertenece a un Anchiornis, muy parecido a un pájaro. Vivió hace 150 millones de años y medía unos 35 centímetros (un poco más que una regla del colegio), pesando alrededor de 150 gramos.
Mientras los dinosaurios dominaban la tierra, muchos otros reptiles acuáticos  dominaban el mar. Estos se conocen como: plesiosaurios, nothosaurios, mosasaurios e ictiosaurios.
Aunque se cree que las aves han evolucionado desde los dinosaurios, no se conocen dinosaurios que volaran, sin embargo sí que había reptiles que volaban en esa época.
El dinosaurio más rápido fue el Compsognathus, un tipo de dinosaurio parecido a las aves (de hecho, físicamente parecían gallinas actuales), carnívoro y diminuto. Según se sabe hasta ahora, podía llegar a alcanzar con sus dos patas una velocidad de unos 64 kilómetros por hora.
Los saurópodos fueron unos dinosaurios lentos y gigantescos, aunque no los más grandes de todos. Sus vecinos los Supersaurus, de la misma especie, fueron los más grandes: se cree que el supersaurus llegó a medir 42 metros de largo y 16,5 metros de alto.
Richard Owen, fundador del Museo de Ciencias Naturales de Londres (XIX), inventó la palabra dinosaurio, que significa lagarto terrible, y deriva de las palabras griega "deinos" (terrible) y "sauros" (lagarto).
Se sabe que todos los dinosaurios se extinguieron a finales del período Cretácico. Existen muchas teorías sobre el por qué. La más popular la conoces, el famoso asteroide que impactó contra la Tierra. Las toneladas de ceniza y polvo producidos por la colisión acarrearon cambios climáticos abruptos provocando un importante cataclismo que levantó una polvareda que tapó la luz del sol, dejando al planeta sin recursos para sobrevivir. La evidencia de esta teoría es una capa de Iridio, elemento químico que se dice que viene de un asteroide, y que se ha encontrado en todo el mundo, siendo el sur de México el lugar del impacto.


Fuentes:

miércoles, 10 de febrero de 2016

Corazón de purpurina


Su risa es como la serpentina, y seguro que debajo de aquel disfraz su corazón brilla  como la purpurina.
En cada zapato un pompón rosa, en la punta, no te creas que es cualquier cosa.
Por traje un harapo, remiendos papel seda sobre algodón estriado.
El maquillaje siempre preparado.
Y en su bolsillo una corneta de plástico.
Del pelo mejor ni hablamos.
Una sonrisa puesta y un lunar dibujado.
Lleva confeti en las suelas, y entre las arrugas de la camisa unas cuantas lentejuelas.
Plumas de mentira sobresalen de un sombrero donde lleva dos o tres matasuegras. Por cierto, muy mal puestas.
No hay anillos ni demás abalorios, que lo mucho pesa para meterse entre el jolgorio.
Último repaso por si acaso a su disfraz de payaso.
Paso a paso, y vaso a vaso, por ahí, se va el amigo calle abajo. En ademan de mojiganga va repitiendo su propaganda…
“¡Carnaval, Carnaval!”
La ilusión y la risa le hacen ir con prisa para su cita anual, con su adorado Don Carnal.
Hay que ver lo que me gusta a mí este payasete, tan gracioso y tan regordete, quien con tanta algarabía va llenando el mundo de colorida fantasía.

Hay una canción de Celia Cruz que dice que “no hay que sufrir, no hay que llorar, la vida es una y es un Carnaval, lo malo se irá, todo se irá, la vida es una y es un Carnaval”, y con ese mensaje me quedo para estos días. ¡Alegría!


martes, 2 de febrero de 2016

Mi no entender you


“Los ingleses son muy raros”, eso era lo que pensaba Laura cada día al asomarse a la ventana de la habitación para sacudir las alfombras del hotel.
Era invierno, el febrero más frío que recordaba, pero tal cosa no parecía molestar a aquellos extranjeros, los mismos que sin miramientos se lanzaban en plancha sobre las gélidas aguas del Atlántico sólo para darse un remojón. Los mismos que iban isla adentro en chanclas con calcetines, esos que no sabían que el sol que más calienta es precisamente el sol de invierno, aquellos que pensaban que cualquier rincón inexplorado es una aventura a conquistar, y que ninguna distancia es larga en una isla pequeña. A Laura le hacía gracia ver sus mortecinas pieles blancas achicharradas por el sol, y al mismo tiempo le resultaba curioso lo organizado que lo tenían todo, siempre ajustados a un horario. ¡Tenían tiempo incluso para la hora del té!
Laura no sabía hablar inglés, de hecho nadie le había dicho que fuera necesario para aquel trabajo, al contrario, la dueña del hotel, que era tía lejana suya, no había mencionado que fuera imprescindible cuando le ofreció el empleo. «Sólo será ordenar las habitaciones, cambiar las camas, limpiar un poco, ¡ya sabes!, tenerlo todo a punto».
El hotel era muy pequeño, sólo veinte habitaciones que por otro lado nunca estaban ocupadas al completo. A veces se aburría porque a media mañana ya no tenía nada que hacer. Entonces buscaba otras tareas: jardinera, camarera, cocinera… Sólo había una excepción; nunca pisaba la recepción, era territorio exclusivo de su tía, además, tampoco habría sabido desenvolverse allí.
Llevaba ya seis meses y ahorraba cada céntimo porque quería viajar, ser ella la que llegara a un hotel con su mochila al hombro, ver mundo, vivir, perseguir horizontes… y que otro le hiciera la cama a ella.
Su tía estaba muy contenta con su ayuda y con su trabajo, tanto que se permitió no contratar a nadie nuevo en toda la temporada,  y cuando se acabó el verano sólo ella se quedó en su puesto. Laura era un 3X1, y eso en tiempo de vacas flacas… ¡vamos que la chica era una ganga!
A Laura le gustaba estar allí, trabajar allí, el único pero era que no entendía algunas costumbres de los ingleses. Tampoco se enteraba de nada de lo que le decían a veces, lo que era muy frustrante.
Aquella mañana había aparcado el carrito con la ropa a un lado del pasillo. Se encontraba doblando cuidadosamente unas toallas cuando un gigante rubio vestido con un escueto calzoncillo blanco la tomó por el brazo y tiró de ella con aspavientos. Por supuesto gritó y se negó pensando lo peor. Dejándose llevar por la imaginación, hasta se atrevió a tirarle toallas sucias a la cara, pidiendo ayuda, aullando un socorro desesperada porque la estaban atacando.
El gigante rubio la soltó, balbuciendo algunas cosas que no entendió,  sólo pillando algo, lo más elemental: “Sorry” y “Help”. Parecía muy avergonzado, con las mejillas encendidas (¿o eso era producto del sol?), además parecía mojado, calado de arriba abajo.
Sumida en un desacertado estupor, se limitó a observarle perpleja. La situación la había superado, empezó a sentirse idiota, como una pasmarote, paralizada por ese susto que todavía la mantenía en vilo.
El inglés repitió un “Help” que sonó suplicante, señalando con un tembloroso dedo al final del pasillo, a la puerta abierta de una habitación.
“¿Ayuda, ayuda?”, repitió ella como un loro y corrió tras él, al comprender que era el inglés quien sí que tenía motivos para pedir socorro.
Había un follón enorme en el cuarto de baño. Otro rubio enorme trataba de contener la inundación, la ducha se había roto, había agua por todas partes, un chorro a presión lo salpicaba todo. Laura tuvo un momento para dudar, un segundo en el que se vio superada por las dimensiones de semejante lío.  Entonces resbaló, por suerte el inglés estaba allí para ayudarla, para que no perdiera el equilibrio, aferrándose con sus grandes dedos a su cintura. Fue entonces cuando recordó donde estaba la llave de paso. Sólo tuvo que cerrarla y todo cesó.
Los dos ingleses asintieron y hablaron muy deprisa. “Thanks” un palabra que repitieron un montón. Laura se sentía intimidada y se limitó a decir que todo estaba bien. ¿Lo estaba? El corazón le palpitaba desbocado.
Aquellos ojos azules la estudiaban con simpatía, pero ella sólo quería que el mundo se abriera y la tragara. No tardó en huir, evitando patinar en el piso mojado. En seguida salió con dificultad en busca del cubo y la fregona, tendría que limpiar todo aquello y luego llamar al fontanero. Cuando regresó atribulada a la habitación percibió los billetes de propina que había sobre la mesilla, y que el gigante rubio ya se había puesto algo de ropa encima. La esperaba para decirle algo.
Ella no comprendió nada y sólo le salió decir: “Mi no entender you”, asintiendo como una geisha enloquecida.  El inglés sonrió, gesticulando, uniendo después sus palmas como si rezara, para seguir repitiéndole lo mismo: “sorry, sorry”.
-¡Ah!, ya…
Laura había entendido que se estaba disculpando.
Al levantar la vista vio que el rubio seguía poniendo caras. La señaló, y luego sus labios se curvaron hacía abajo.  Laura supuso que era una imitación de la cara que ella misma habría puesto minutos antes… ¡y muy buena! ¿Mofa?, ¿recochineo?, ¿por qué siempre era tan negativa con la gente descocida? El inglés al ver que ella no pillaba adonde quería ir a parar, vocalizó un no, un no que quería decir que no había querido asustarla. Laura sonrió cohibida y levantando el palo de la fregona le indicó que tenía trabajo. Y tenía, le esperaba un buen tute sacando agua y secando el suelo.

No volvió a ver al inglés hasta dos días después. Lo había esquivado pretendidamente porque, aunque no quería admitirlo, aún se moría de la vergüenza. Y todo esto me pasa por no chapurrear ni dos palabras del inglés, pensó, decidida a aprender sin falta. Aunque, por como lo miraba aquel rubio imponente eso no parecía necesario, como si él estuviese dispuesto a entenderse con ella de la manera que hiciera falta.


Música: Tokio Hotel-By your side

lunes, 25 de enero de 2016

El cuerpo humano en cifras


Nuestro cuerpo está compuesto, por término medio de 60% de agua, 39% de materias orgánicas (lípidos, prótidos, glúcidos), y el 1% de sales minerales.
Tenemos 650 músculos y 206 huesos (en realidad nacemos con 300, pero 94 de ellos se sueldan entre sí en la infancia).
El estornudo viaja a una velocidad aproximada de 170 kilómetros a la hora.
Segregamos 1 litro de saliva al día, lo suficiente para llenar una botella.
Al día producimos una media de 150 gramos de heces, lo que al cabo de una vida supone cerca de 4 toneladas. La evacuación líquida se cifra en unos 540 litros de orina al año, consumiendo una media de 1,5 litros diarios de agua.
0,9 segundos de reacción al dolor.
Nuestro manto cutáneo, extendido, ocuparía una superficie de 1,5 metros cuadrados.
Poseemos 200.000 kilómetros de venas. Y por ellas corren aproximadamente 5 litros de sangre.
Producimos 3 millones de cabellos en toda una vida, teniendo en cuenta que cada pelo vive unos 4 años. Los cabellos crecen una media de 0,35 milímetros al día, lo que supone 12,8 centímetros anuales.
A lo largo de nuestra vida derramamos alrededor de 70 litros de lágrimas
La lengua mide unos 10 centímetros de largo.
Una persona produce unos 18 kilos de piel inerte a lo largo de su vida.
Las uñas crecen medio centímetro a la semana.
Podemos distinguir hasta 5000 olores distintos.
Parpadeamos unas 15 veces por minuto.
Tenemos 32 dientes.
El intestino delgado mide unos 6 metros. El grueso 1,5 metros.
Los pulmones adultos tienen una capacidad media de 3 litros de aire y respiramos unos 6 litros por minuto. Unos pulmones sanos tienen más de 300 millones de alvéolos, con los que se puede llenar la mitad de un campo de fútbol.
En el momento de la eyaculación un hombre sano expulsará de 150 a 400 millones de espermatozoides.
En el momento de nacer una niña tiene 1.000.000 de óvulos en sus ovarios.
En un milímetro cúbico de nuestro cerebro hay unas 40.000 neuronas y 1.000 millones de conexiones de fibras nerviosas.
440.000 millones de células son las que el organismo humano va perdiendo en un día, que se reemplazan enseguida. Tenemos alrededor de 100 billones.
Un hombre llegado a la edad adulta pesa 20 veces más que en su nacimiento y su talla ha aumentado más de un metro.
A los 60 años, un hombre ha respirado casi 260.000 m³ de aire y ha absorbido 65 toneladas de alimentos; su corazón ha bombeado 180.000 m³ de sangre.


Conclusión: A pesar de los grandes progresos de las ciencias, el hombre jamás conseguirá construir una máquina tan perfecta como su propio cuerpo…

lunes, 18 de enero de 2016

Idiota

La única profesión que no se necesita preparación, es la de idiota, para lo demás hay que estudiar.
(Anónimo)

Se podría decir tanto sobre los idiotas, es un tema tan extenso, que… ¡que no, que no tengo tiempo! Pero para que no nos quedemos con las ganas de meternos en materia idiota aquí te dejo un avance para ir abriendo boca…


Algún idiota nombró a Hitler, Hombre del Año 1938, ese tontaina fue Henry Luce, propietario y fundador de la revista estadounidense Times. Por aquel entonces algunos creían en las buenas intenciones del canciller alemán. Sin ir más lejos el propio primer ministro británico Neville Chamberlain, quien tras regresar de su viaje a Berlín para firmar el llamado Pacto de Munich, alegó en 1938,  que: “Si hubiera más hombres cómo Hitler, la paz estaría garantizada en Europa”. Ja. Un año después, los nazis invadieron Polonia, y lo otro ya lo conoces, ¿verdad? Menudo ejemplo de paz, ¿eh?


Otro personaje idiota fue John Coffee, un constructor irlandés que en 1873 fue contratado por las autoridades de su país para que edificara nada más y nada menos que la prisión  de Dundalk. Hasta ahí todo bien.
Pero como suele pasar con algunos bobos que a veces se creen muy listos Coffee hizo algo mal, muy mal, y no me refiero a los cimientos, no. Este constructor acabó las obras en el plazo acordado, pero al revisar las cuentas, los funcionarios gubernamentales descubrieron que el empresario había falsificado todas las partidas para cobrarles mucho más dinero. El truhán fue condenado por estafa y, cosas de la vida, cumplió su condena en el mismo penal que él mismo había construido.


Tampoco tiene desperdicio el caso de Menelik II, emperador de Abisinia. En 1887, un empleado de Thomas Alba Edison llamado Harold P. Brown inventó la silla eléctrica, y en 1890 se ejecutó con ella al primer reo: William Kleiner.
La noticia dio la vuelta al mundo, y al enterarse, el emperador abisinio hizo las gestiones para comprar una que, creía, sería un símbolo de su gran poder. Pero Menelik no tuvo en cuenta un detalle esencial. La silla letal solo funcionaba con electricidad, un adelanto que por aquel entonces todavía no había llegado al país africano. Evidentemente, el rey no pudo achicharrar a ningún reo con aquella silla, pero, tratando de buscarle alguna utilidad, no se le ocurrió mejor idea que utilizarla como trono durante algún tiempo.


El caso del cineasta Stanley Kubrick es otro de esas ocurrencias… “geniales”. Kubrick creía firmemente en la existencia de extraterrestres, por eso, cuando inició el rodaje de “2001, una odisea del espacio (1968)” quiso suscribir un seguro con la Lloyd’s de Londres, temiendo que en ese período se pudiera producir un contacto con seres de otros mundos que echara por tierra las tesis de su carísima película y le arruinase. Pero lo gracioso del caso es que la Lloyd’s no firmó el trato alegando: “altas posibilidades de riesgo”.


El más idiota sin entrenarse fue Theodor von Bischoff, un fisiólogo alemán y experto en Anatomía de la Universidad de Heidelberg que, a finales del siglo XIX, estudió la diferencia entre los cerebros del hombre y de la mujer.
Terminadas sus investigaciones, llegó a la conclusión de que el cerebro masculino pesaba una media de 1.350 g, mientras que el femenino solo llegaba a los 1.250 g. El investigador se basó en esa diferencia de peso para afirmar la superioridad intelectual del varón sobre la mujer. Conviene señalar que es cierto que los cerebros masculinos suelen pesar más que los femeninos, aunque ese hecho no tiene ninguna relación con la capacidad intelectual de las personas. Pero von Bischoff no lo creía así, y defendió su tesis machista hasta el final de su vida.
La lástima es que, tras su muerte, uno de sus discípulos quiso pesar el cerebro del científico. ¿Y adivinas cuál fue el resultado? 1.245 g. Menos mal que el pobre Bischoff ya no estaba vivo para afrontar semejante ridículo.



Música: Los Ronaldos-Idiota

viernes, 15 de enero de 2016

El chico que llegó de las estrellas


Se me pasó por alto mirar al cielo el lunes por la noche, posiblemente hubiera advertido algo diferente, quizás una mayor reunión de estrellas brillantes señalando un punto, un camino, porque el chico que llegó de las estrellas estaba de vuelta a ellas.  
El pasado día 10 de enero David Bowie emprendió su viaje al espacio, un cáncer de hígado que no superó tuvo la culpa. El famoso artista sólo tenía 69 años y muchas ganas de seguir sorprendiendo a su público, hacía muy poco que había lanzado su trabajo “Blackstar”, se puede decir que se encontraba en plena fiebre creativa.
Bowie fue un innovador, no sólo en la música, su aspecto andrógino y extravagante lo convirtió en un personaje importante de la cultura popular, un ser reivindicativo y visual.
David no se limitó sólo con la música, también fue actor, y no se le dio nada mal.
Su característica más especial eran esos ojos disonantes, padecía anisocoria, asimetría en la dilatación de sus pupilas, esta peculiaridad terminaba de configurar ese aspecto tan chocante y extraordinario. Pero si por algo será recordado el chico que llegó de las estrellas es por su talento. Por eso, el mayor homenaje que se le puede hacer a una artista que ya no está es asomarse a su legado y compartir lo que nos dejó,  en este caso, algunas de sus mejores canciones.



Canciones: Life on mars. Space Oddity. Ashes to ashes. Let´s dance. China girl. Dancing in the street.

jueves, 7 de enero de 2016

Autorretratos sin cabeza


Erase una vez una fotógrafa que se llamaba Heidi Lender, una exploradora del color, tan detallista que con su toque impregnaba en sus fotos cierta esencia de ilustración. Un día Heidi pensó que podía sondear las capas de su propia personalidad retratandose. Una forma de explorar su conciencia, una manera de lanzar un mensaje. La singularidad fue que siempre ocultó su rostro, nunca mostró nada que estuviera de cuello para arriba. Siempre subida en un pedestal. Siempre vestida con su propia ropa, esa que ya nunca usaba. Siempre justo a su mascota… Y así creó una colección, una serie de fotografías con las que pretendía dar otra visión sobre la importancia de la moda y los espacios que nos rodean, al parecer en guerra constante contra nuestra presencia interior.
Y todo esto para decirte que aunque el resultado es… no sé, algo inquietante, ¡¡me encanta el perro!!













Fuentes:

Música: Pulp-Babies
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