miércoles, 15 de junio de 2016

Claire Keane y sus pinceles de cuento de hadas


Casi todos en la familia de Claire Keane son artistas, su padre, su abuelo, su tío y su hermano están relacionados con el mundo del dibujo y la animación, e incluso sus dos hijos pequeños han heredado su pasión por los lápices de colores. Se puede decir que por sus venas más que sangre corren litros de  tinta y acuarela.
Claire estudió diseño gráfico en L'Ecole Supérieure d'Arts Graphiques en París, Francia. Ya en Estados Unidos, trabajó para Disney Feature Animation durante 10 años diseñando para Tangled, Frozen y Enchanted, entre otras películas.
En 2013 decidió trabajar de forma independiente, dando el salto a escribir sus propias historias, cómo no compartiéndolas a través de palabras e imágenes.
Su primer libro para niños “Once Upon A Cloud” salió al mercado en 2015, y su segundo libro “Little Big Girl” se publicará en este mismo año.
















Fuentes:

domingo, 5 de junio de 2016

MUY 1N73R354N73


La acción de leer no tiene nada que ver con la interpretación de lo leído, así que podemos leer de carrerilla cualquier cosa sin asimilar nada de nada, y obviamente sin comprenderlo. Al parecer nuestro cerebro se las arregla de maneras ingeniosas para leer un texto y es capaz de hacerlo en condiciones muy diferentes de aquellas en las que aprendimos a leer.
Seguro que te suena esto…


Pues sí, parece ser que no importa el orden en que las letras estén escritas basta con que la primera y la última letra estén colocadas en la posición correcta. Y pasa básicamente porque no leemos cada letra en si misma pero si la palabra como un todo.
Es sorprendente que podamos leer esto sin mucho esfuerzo, el truco está en  no pensarlo mucho (¡), así es, cuanto menos pienses al leerlo más fácil te resultará. “Hi zin hemvargo noz kuesta mucho más travajo leer hun texto ke zolo tiene halgunaz pekenias faltas de hortografía”. Es super chocante el hecho de que sea mucho más fácil leer un texto cuyas palabras tienen las letras desordenadas que uno que presenta una ortografía extraña, ¿a qué sí? Esto refuerza la idea de que reconocemos las palabras como si fueran imágenes. No importa tanto el orden (interno) de los elementos como los elementos en sí (y por supuesto el contexto). Pero nuestro cerebro no deja de sorprendernos y es capaz de leer también “textos” como este:

La lectura de estos textos requiere una gran cooperación entre ambos hemisferios cerebrales y un cuerpo calloso bien desarrollado que proporcione una buena comunicación entre ellos. El hemisferio izquierdo (donde se concentra el procesamiento del lenguaje) es capaz de leer estos textos sólo si recibe ayuda del hemisferio derecho. Esta mitad del cerebro es la que permite una mirada más holística (menos analítica que la de su compañera) y por lo tanto es capaz de ver las palabras como un “todo” aunque las letras estén desordenadas o remplazadas por números. Esta misma mirada holística es la que nos permite también ser capaces de leer textos incompletos como este:


Que extraordinario es la habilidad de nuestro cerebro para leer un texto sin detenernos en su contenido. Podemos desordenar las letras, sustituirlas por números o recortarlas, y con todo somos capaces de descifrarlas… ¿cmoo es psiolbe qu3 smaeos cpceaas d3 l33r tdoo esto? Supongo que nuestra habilidades mentales son así de interesantes.

Fuentes:

sábado, 28 de mayo de 2016

Ico


Reinando Zonzamas llegó a la isla de Lanzarote una embarcación española al mando de Martín Ruíz de Avendaño. Al ver la nave en la distancia los isleños se aprestaron al combate. Trascurrido el tiempo Ruiz de Avendaño decidió ir a tierra en son de paz, llevando consigo un rico vestido que regaló al rey como muestra de amistad. Zonzamas aceptó el regalo, y en muestra de amistad, entregó al recién llegado ganado, leche, queso, pieles y conchas, invitándolo a descansar en su morada de Acatife.
Allí eran esperados por la reina Fayna y sus hijos, Timanfaya y Guanareme. Como huésped de los reyes pasó Avedaño varios días más en Acatife. Más tarde retornó a su barco y partió.
A los nueve meses la reina Fayna dio a luz una niña de tez blanca y rubios cabellos, a la que puso por nombre Ico. El pueblo murmuraba y renegaba de la princesita y de su origen. Así transcurrió el tiempo, y la niña creció sana y hermosa al cuidado de Uga, su aya.
Transcurrido el tiempo Zonzamas y Fayna murieron. Los Guaires, reunidos en asamblea, proclamaron rey a Timanfaya. Con el paso de las estaciones Ico se fue convirtiendo en una bella joven. Guanareme se enamoró de ella y acabó por hacerla su esposa.
Tiempo después otras naves vizcaínas y sevillanas llegaron a las costas de Lanzarote en busca de esclavos. Los lanzaroteños se aprestaron para la defensa. En la lucha muchos isleños murieron, otros fueron hechos prisioneros y encadenados como esclavos para ser vendidos a la Península. Entre estos últimos estuvo Timanfaya.
Desaparecido el rey, los Guaires se reunieron otra vez para elegir un nuevo soberano. Este debía ser Guanareme, pero nadie osó  pronunciar su nombre pues si era elegido su esposa Ico, debería ser reina y su nobleza, origen y sangre eran discutidos. Su piel y sus rubios cabellos recordaban demasiado la lejana llegada de Ruiz de Avedaño y si Ico no era hija de Zonzamas, no podía llevar la corona.
Deliberaron largamente los Guaires. Finalmente decidieron que, para llegar a la verdad, la princesa fuese sometida a la prueba del humo. Quedaría encerrada en una cueva acompañada de tres mujeres no nobles. Después se llenaría el aposento con un humo espeso y continuado; si la sangre de Ico no era noble, perecería como las otras mujeres. Si sobrevivía sería signo inequívoco de su nobleza. El día siguiente sería testigo de la prueba.
Por la noche Uga, la niñera de Ico, la visitó con el pretexto de animarla, pero nada más quedar a solas la vieja aya le dio una esponja a la princesa diciéndole que, al llegar la hora de la prueba, la empapara de agua y la pusiera en su boca, con lo cual saldría viva de la cueva. Ico hizo caso. Cuando fue abierta la cavidad las tres mujeres villanas yacían muertas, mientras que ella salió con vida. En adelante sus súbditos no dudaron de su nobleza.

Ha llegado el Día de Canarias. Hoy la patria nos reclama con el verde de la retama y la frescura del alisio, un alisio que sopla henchido de historias y leyendas, como la de Ico, la reina pálida salvada del desastre por una esponja oportunamente empadada en agua, una historia que siempre me gustó por lo sencillo y astuto del asunto.

Hoy llamarme guanche, como dice Carlos Pinto Grote, “hijo de los volcanes y las lavas”. 

 ¡FELIZ DÍA DE CANARIAS!

miércoles, 25 de mayo de 2016

Como una piedra que rueda cuesta abajo…


Eso no se puede aplicar a la carrera musical de Dylan, que no ha ido precisamente en sentido descendente, muy al contrario, puesto que a sus 75 años recién cumplidos sigue en la carretera con su gira interminable, y por lo que parece muy en forma, sin pensar para nada en retirarse ni abandonar.
Podría haber titulado a esta entrada con su nombre original en inglés “Like a  Rolling Stone” o también con “Sobre como perdimos la inocencia…” que es un poco de lo que trata su mítica canción, que las cosas cambian, que no se puede ir sin rumbo ni ambición, que el camino está lleno de piedras con las que tarde o temprano e inevitablemente tropezarás, que hay sensaciones que son efímeras, que más te vale encontrar la dirección correcta…


Pero ¿qué se siente cuando eso no es así?... ¿how do you feel?

Bob Dylan dijo de su canción  que era de lo mejor que había escrito.
El artista empezaría a escribir el tema durante la agotadora gira inglesa de 1965, y en ella se refleja el cansancio del cantante, el hastío que sentía por todo lo que le rodeaba en ese momento. De hecho, Like a Rolling Stone resultó ser un punto de inflexión en su carrera, dando paso a la entrada por completo en el rock, dejando atrás su etapa folk.

Como Dylan dijo a la periodista Jules Siegel en 1966 acerca de la canción:
“Tenía una longitud de diez páginas. No decía nada, solo era una cosa rítmica en papel acerca de todo mi odio que en ese momento era verdadero. Finalmente no era odio, le decía a alguien algo que ellos no conocían, diciéndoles que eran afortunados. Venganza, esa es una mejor palabra. Yo nunca había pensado en ello como una canción, hasta que un día yo estaba en el piano, y sobre el papel en que cantaba, dije ‘¿Cómo se siente?’ en cámara lenta, en la velocidad más lenta posible”.
Fue esa gira, (en la que Bob fue abucheado y masacrado por la prensa debido a su cambio de estilo y a problemas de logística en sus conciertos), la que a punto estuvo de acabar con la carrera de Dylan, y según sus propias palabras la idea de la retirada rondó su mente con fuerza durante un tiempo. En lugar de ello, nació Like a Rolling Stone, probablemente su mejor composición, y sin duda una de los que mejor definen su carácter.
“La escribí después de decidir abandonar todo”, afirmó Dylan en 1966. “Literalmente había dejado de tocar y cantar.”  Pero “De pronto me di cuenta de que esto era lo que debía hacer”. “Nadie lo había hecho antes. Mucha gente, cualquiera de hecho, puede escribir muchas de las cosas que yo solía escribir. Yo sólo las escribí primero porque a nadie se le ocurrió hacerlo antes. Pero eso sólo fue porque estaba hambriento. Nunca había encontrado a alguien, o escuchado nada parecido, y escucho mucho...”

La canción Like a Rolling Stone también seria pionera para la radio, puesto que ésta  sobrepasaba los 3 minutos permitidos por las emisoras de esa época. A pesar de eso, el hit logró convertirse en la primera canción larga en tener éxito masivo en las listas de popularidad en Estados Unidos y en Europa. Además de la sorprendente demanda que tendría el single en ventas durante los años posteriores a su lanzamiento.
Esos seis minutos de mas que duraba “Like A Rolling Stone“suponían un problema para su edición como single. Pero un acetato de prueba que fue pinchado en un club de moda de Nueva York obró el milagro: la demanda popular exigió que el DJ lo pusiese una y otra vez, hasta que se desgastó. A la mañana siguiente el jefe de programas y el locutor estrella de la radio más importante de NY (que habían estado la noche anterior en la discoteca) se pusieron en contacto con la discográfica pidiendo muestras. El problema de la longitud de la canción se resolvió con copias promocionales que en la Cara A llevaban las dos primeras estrofas y dos estribillos, y el resto iba en la B. Las emisoras que querían poner la canción entera lo hacían programando un lado detrás del otro.

Lento, melancólico, un poeta, un virtuoso, un alma inspirada, todo expresión, y sin embargo quien afinó bien al describirlo fue el que dijo que “Dylan entrega su tono ácido, burlón, desdeñoso y amargo que se retuerce y enreda en los recovecos de su boca vengativa con magistral desdén” en esta canción que hoy comparto aquí...


Like a Rolling Stone fue escogida por la prestigiosa revista Rolling Stone, como la mejor canción de todos los tiempos superando a Imagine de John Lennon y a Satisfaction de los Rolling Stones. Además ocupo el cuarto lugar en las lista de las 100 mejores canciones de la historia según la revista Mojo.

Fuentes:

viernes, 29 de abril de 2016

Quijotadas


¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?

—Yo era un guerrero de mis propias causas, que fueron casi todas, aunque especialmente la de mi propia fantasía. Mi vida estuvo llena de aventuras y de excesos, eso no te lo voy a negar, lo que ya entonces llamé, mis quijotadas.
Aquel enjuto hombre observó con ojos distraídos el paisaje que tenía delante, una llanura verde, viva, acariciada por brisas suaves, aunque plagada por imponentes molinos aerogeneradores. La joven que estaba a su lado lo imitó, hipnotizada por el letargo del girar de aquellas aspas.
Nieta y abuelo tomaron asiento al pie de un montículo de rocas, maravillados por los cambiantes colores del atardecer.
Guiñándole un ojo a la adolescente, decidiendo que era oportuno confesarse, dijo:
—No siempre hubo luz en esta cabeza…
Rascándose la despejada sien, colocando los recuerdos a mano, Alonso le puso voz al relato que estaba a punto de compartir.
“No, no siempre hubo luz, en realidad hubo bastante niebla. Cuando se levantó todo esto, hace treinta años o tal vez mas, yo era una especie de loco bohemio, vivía influenciado por la música, la noche, mis nobles e imposibles causas… Eran otros tiempos y se hablaba otro lenguaje, todo nos parecía mal, todo nos parecía bien, todo estaba cambiando y no siempre para mejor. Formaba parte de muchos colectivos, nos manifestábamos, protestábamos, hacíamos y deshacíamos huelgas. El día que nos enteramos que pondrían aquí un parque eólico nos alzamos en armas, no literalmente aunque faltó poco. Considerábamos un sacrilegio que nos plantaran esos gigantes aquí. Ah. Veía monstruosas la envergadura de aquellas aspas, ¡iban a desfigurar nuestra montaña! Odiaba la idea de que esos explotadores abrieran zanjas, extendieran cableado, pisotearan el suelo con sus camiones, ¡queríamos proteger a toda costa el entorno! No es que este paraje tuviera un gran valor como hábitat natural, aquí no hay construcciones por lo que ni siquiera iban a haber vecinos afectados, era una ladera bonita, nada más y nada menos, pero era nuestra causa, en la que creíamos, la que nos parecía justa, había que luchar con todas las consecuencias, no queríamos verla asaetada por mástiles y grúas, debíamos hacer todo lo posible por boicotear el proyecto…
—Me da miedo preguntar —le interrumpió la muchacha con ojos dulces.
—Y a mí recordar —gimió—, pero te daré una pista, fui colérico, ¡y mucho!, si estuviera aquí mi chusco amigo Sancho te lo diría riéndose.
—¿Había motivo para reír?
—Siempre lo hay, incluso aunque termines la lucha estampándote contra un muro de piedra… o en este caso te caigan a ti encima.
Alonso entornó los ojos ya invadidos por la luz dorada del ocaso. En sus retinas se dibujaban las lejanas escenas de su fallida protesta; la inesperada lluvia, el barro, los zapatos anegados, los camiones derribando la barrera de rocas que aquellos cuatro hippies pudieron levantar a duras penas sólo para retrasar el avance de la maquinaria, y luego la genial idea de usar esas mismas piedras como proyectiles, armas arrojadizas que de forma inesperada se volvieron contra ellos al rebotar en los gruesos neumáticos de goma.
El golpe en la cabeza más que nublarle el juicio casi se lo devolvió.
—Bueno no hace falta que te diga que pasó —se volvió hacía su nieta que le devolvía una sonrisa muy abierta—, ya lo ves. Con el tiempo, ya menos cabreado, he comprendido que me cejé en el impacto paisajístico, nunca me preocupé de indagar sobre el servicio que prestarían esos molinos que ahí ves, que nunca fue tan malo como el que yo pensaba, ¡es energía limpia, renovable!, no son gigantes tan horribles, ¿verdad?
Las sombras terminaron de recortar las siluetas de los molinos de viento, que batían con sus aspas pequeñas y deshilachadas nubes blancas. La brisa caracoleó sobre la pareja sentada en la falda de la montaña, alborotando sus cabellos, cosquilleando en sus mejillas cómo dándole la razón.

Me enteré de que esta página: http://www.zendalibros.com/don-quijote-y-los-molinos/ organiza un concurso de relatos. Como el tema me gustó, me he atrevido a participar, de alguna forma así veo yo a un Alonso Quijano de estos tiempos, como un hombre con un pasado nebuloso, metido en mil líos y batallas, que ya peina canas, pero que sigue poseyendo un espíritu justo y soñador. 
#MolinosQuijote


sábado, 23 de abril de 2016

“Libros, caminos y días…”

Yo era una niña con mucha imaginación, que es como tener siempre a mano un patio de recreo, pero no uno pequeño, ¡qué va!, uno inmenso, infinito. La imaginación es algo poderoso, construye puentes y mundos, crea de la nada y hace posible todo. El mejor instrumento que tiene la imaginación es la expresión, en forma, en color, en sonido, en palabras… las palabras. Con las palabras se hacen muchas cosas. Aprendí a amar las palabras igual que aprendí a leer. Intimé con los libros en esa estrecha relación de los verdaderos amigos, profundicé en los personajes, las acciones, los diálogos. Reí y lloré e imaginé. Los libros me enseñaron cosas que desconocía, me educaron, me dieron una visión de cómo eran otros tiempos, otros mundos, otras gentes. Los libros me abrieron los ojos al humor, al amor, al misterio, a la fantasía. Los libros consiguieron que amara crear mis propias historias. Los libros fueron mi camino, mi salida, mi entretenimiento, a veces un dialogo interno, otras un reflejo, y en ocasiones una crónica, una invención, una ficción, una realidad. Fueron muchas cosas. Pero siempre un amigo leal. Pienso en lo que sería de este planeta llamado Tierra si no tuviésemos libros, y ya no veo al Sol, así se me antoja, como un lugar oscuro, grisáceo, apagado, un lugar lleno de horas perdidas, denso, aburrido, un sitio sin color, sin chispa, estéril, uniforme y sin variedad. En definitiva un mundo peor. Como amante de los libros, de la luz, del color, pero sobre todo de la imaginación (esa sí que sabe llevarte lejos) sólo puedo agradecer, al Sol, porque siempre sale,  y a los libros, porque siguen siendo grandes amigos.


lunes, 11 de abril de 2016

Remedios medievales

No soy muy dada a visitar al médico (sólo en casos de fuerza mayor, y sí ya sé que hago mal) porque nunca he soportado el estremecimiento del frío estetoscopio en la piel de mi pecho, y no me agrada la presión del manguito del tensiómetro oprimiendo mi pobre brazo, tampoco aguanto el roce del termómetro, y no soporto que para ver mejor mis amígdalas me tengan que meter en la boca un palito astillado que me seca la lengua con sólo tocarla. Pero si lo pienso podría ser peor. ¿Por qué? Pues porque tenemos suerte de que nuestros médicos de cabecera estén formados en conocimientos anatómicos y técnicos, que sepan lo que es la asepsia, los antibióticos o la anestesia general, y si no, sólo tienes que seguir leyendo estos remedios medievales que reúno hoy en Bohemio Mundi, y que a mí por lo menos me horrorizan… ¡¡¡y mucho!!!

Sanguijuelas: Fue uno de los remedios más populares el siglo XIX, tanto así que en aquella época más de 50 millones de sanguijuelas medicinales poblaban los pantanos y estanques de Francia. Hoy en día nos resultaría impensable (y horripilante) su uso como remedio curativo, sin embargo estos asquerosos bichitos simbolizaban la cura de los más humildes. En teoría se empleaban para limpiar la sangre. Las sanguijuelas chupaban todas las enfermedades que pudiera tener una persona, igualmente útil para combatir la formación de coágulos, la trombosis y la artritis.

Sangrías: El tratamiento médico de las sangrías consistía en la extracción de la sangre del paciente para el tratamiento de diversas dolencias. Podía ser hecha de diversas maneras, incluyendo el corte de extremidades, uso de la flebotomía o la utilización de sanguijuelas. Normalmente se procedía a la extracción de la sangre desde una vena periférica, través de sistema estéril con aguja, equipo y bolsa de colecta, semejante al procedimiento para la transfusión de sangre. En teoría se usaba para drenar el cuerpo humano y eliminar todo lo malo… el problema era que el paciente se desangrara lentamente y en exceso, lo que debilitaba tanto al pobre enfermo que hacía casi imposible que se recuperara de semejante derroche de glóbulos rojos.



Agujas en los ojos: Allá por la Edad Media una operación de cataratas consistía en hurgar con una aguja no muy distinta a las de coser en el ojo del paciente. Esta técnica supuestamente garantizaba una visión despejada, pero la realidad cruda y dura era que acababa dejando ciega a tanta gente que la práctica se abandonó en cuanto la influencia de la medicina islámica llegó a Europa.



Trepanación: Esta misteriosa práctica ha sido llevada a cabo tanto por razones médicas como místicas, y de su práctica tenemos indicios desde la era neolítica, pues se han descubierto cráneos trepanados. Se cree, por pinturas encontradas en cuevas, que el hombre neolítico creía que este tipo de cirugía podía curar ataques de epilepsia, migrañas y desórdenes mentales. Asimismo se realizaba para ahuyentar los malos espíritus que se habían instalado en la cabeza. Sin embargo, muchas veces se perforaban las meninges de las personas y se creaba una hemorragia incontrolable que causaba el deceso.

Flatulencias embotelladas: Es raro, pero este tratamiento se popularizó cuando la Peste Bubónica o Peste Negra causaba estragos en la Europa del S.XIV. Los más supersticiosos creían que en serio era una manera efectiva de contener el avance de la pandemia más devastadora de la historia de la humanidad. Pero, ¿por qué se usaba algo tan estrambótico cómo remedio? Pues porque algunos doctores creían que la enfermedad se transmitía a través de vapores mortales, y pensaban que la cura pasaba por exponer al paciente a efluvios igualmente fétidos. En algunos casos prescribían esnifar pedos conservados en una jarra y en otros vivir con una cabra.

Polvo de momia: Parece el ingrediente maldito de algún hechizo lanzado a la luz de la luna, pero era un remedio del Antiguo Egipto que todo boticario del siglo XII que se preciara debía tener en su despensa. Y ahora llega lo complicado; para conseguir polvo de momia (no abundaba en el mercado de especias como comprenderás) se tenía que profanar una tumba egipcia, luego encontrar un cadáver apropiado (mejor si llevaba unos cuantos siglos-milenios muerto), y machacar un trocito del cuerpo momificado. Menuda experiencia. El polvo de momia era un exótico remedio que se prescribía para combatir varias enfermedades… a saber cuáles.

Hierro al rojo vivo: Era una técnica… ¿cuál sería la mejor palabra?, ummm… bestia. Sí, había que ser muy bestia para “curarse” con hierro al rojo vivo, pero realmente lo del metal candente se usaba para tratar algo tan común como las hemorroides.  Ayyyy. Ahhh. Uhhhh. Un poco categórico, ¿no? Maimónides, quien fue un médico, rabino y teólogo judío de Al-Ándalus dijo que las almorranas se trataban con baños de agua caliente… pues sí, calentito, calentito, pero quizá no tanto.

Consumo de oro: Algunos veían en este metal precioso cualidades tan fantásticas que le otorgaron excelencias casi mágicas. De fabuloso sólo tenía su brillo… y su precio, era un remedio lujoso para personajes rimbombantes, que financiaron las quimeras cabalistas de los curanderos del antiguo reino de Siam. Lo que se sabía del oro era que simbolizaba todo un elixir de vida. Y aunque no lo creas, se sigue empleando. En la actualidad se puede encontrar en cápsulas para la artritis, pero antes ya se conjeturaba que podía servir para el asma o la tuberculosis.

Peregrinación: La Fe mueve montañas, la Fe cura, la Fe siempre ha sido y siempre será el mejor placebo. Muchas ciudades de la Europa medieval aumentaron considerablemente su riqueza gracias a la multitud de peregrinos que acudían a sus templos y catedrales sagrados en busca de una cura a sus enfermedades. El agua bendita que se vendía en estos lugares lo curaba todo por la gracia de Dios, pero la presencia constante y masiva de personas enfermas hacía que los males se transmitieran con una facilidad pasmosa. Con la visita, era más probable contagiarse de algo peor que encontrar alivio alguno.


Fuentes:

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