lunes, 15 de julio de 2013

Super Superman

Mi personaje favorito del comic es sin duda “Superman”. Para mí es uno de los mejores superhéroes… o al menos me parece el más carismático, el más “humano”.
Me gusta su historia, su pasado, su doble identidad.
Me gusta como  Kal-El y como Clark Kent.
Me gusta el aspecto torpe, tímido y casi tierno de su alter ego, con esas gafas que increíblemente son el mejor disfraz. Y me gusta Superman cuando es justiciero con ese traje azul, rojo y amarillo, y su capa ondeando al viento.
Hace unos cuantos días fui a ver la última de sus aventuras al cine.
“El hombre de acero” ponía en la entrada. Luego entendí porque entre paréntesis aparecía lo de Superman… pero no te destripo nada.
Pensé en las posibles secuelas a raíz de sus motes: “El hombre del mañana”, “La maravilla de Metrópolis”, “El último hijo de Krypton”… Mas momentos épicos, mas destrucción, pero ¿y la calidez? ¿Y el humor? ¿Y ese tonillo sardónico? ¿Y la química amorosa? ¿Y los villanos risibles?
“El hombre de acero” se comportó en esta nueva entrega mas rudo, mas agresivo, mas vengativo que nunca… mas fuerte de lo que recordaba. El personaje va cambiando con los tiempos, se va renovando, va perdiendo y ganando, va creciendo.
En fin, ¿Cuántos “supermanes” llevamos ya?
Parece que unos cuantos…
 

Kirk Alyn (1910-1999)
Fue el primer actor que interpretó al famoso superhéroe en la pantalla.  
Kirk participó en la película "Superman" de 1948  y en su secuela "Atom Man vs. Superman" en 1950. Hasta ese momento Alyn sólo había trabajado como figurante, cantante y bailarín en películas de bajo presupuesto.
Muchos entusiastas estaban molestos por no haber visto "volar" a Alyn en los seriales; dado que el vuelo lo efectuaba un personaje animado por Rotoscopio. El actor intentó "volar" mientras estaba suspendido por cables ocultos en el primer serial, pero los cables resultaron ser claramente visibles y todo el metraje fue desechado.
 En 1978 hizo un breve cameo como el padre de Lois Lane en el largometraje "Superman". Alyn apareció en una breve entrevista que aparece en el documental narrado por Ernie Anderson, "La Producción de Superman: The Movie" (1978), en donde explicaba su método para interpretar a Superman y a Clark Kent.
En 1981, apareció en la parodia "Superbman: La Otra película", pero su participación duró sólo segundos.

George Reeves (1914-1959)
Fue una de las primeras figuras importantes de la entonces naciente industria de la televisión en los Estados Unidos, debido, especialmente, a la exitosa serie de televisión “Aventuras de Superman” en la década de los 50.
La carrera de George Reeves como Superman comenzó en 1951 con el largometraje "Superman y los hombres topo",  una producción que había sido diseñada tanto para ser una película tipo B como un piloto para una serie de televisión.
En 1952, Reeves se convirtió en una celebridad nacional, al iniciarse la transmisión de la primera temporada de la serie. En 1957, la cadena ABC eligió el serial para difusión nacional, lo que le dio a Reeves mayor fama.
 "Las aventuras de Superman" tuvo cuatro temporadas en 104 capítulos entre 1953 y 1957.
Después de dos temporadas, Reeves expresó su descontento con la unidimensionalidad de su papel y los bajos sueldos. Para entonces, a los 40 años de edad, deseaba dejar el programa y proseguir con su carrera. Fue entonces cuando los productores del programa buscaron otro protagonista.
 

Christopher Reeve (1952-2004)
Tras actuar en varias obras de Broadway que lo agradaban como actor –pero no económicamente–, Reeve pensó en dejar la actuación y trabajar junto a su padre, de payaso, hasta que logró obtener el papel de Superman y Clark Kent en la película de Richard Donner, Superman, haciendo creíble el eslogan de la campaña de publicidad, el cual decía "Creerás que un hombre puede volar".
Convertida en un éxito de taquilla y convertido en una estrella, Christopher Reeve rodó otras tres secuelas de la saga: Superman II en 1980, Superman III en 1983 y Superman IV en 1987, la menos exitosa de la serie.
Reeve hizo suyo el personaje, aportándole dignidad, elegancia y hasta cierta sorna, por eso, a día de hoy está considerado como el mejor de todos los “Supermanes”.
 

Dean Cain (1966)
El pico más alto de la carrera de este actor comenzó en el año 1993 cuando protagonizó la serie "Loise y Clark: Las nuevas aventuras de Superman".
El programa se centraba principalmente en la relación entre Lois Lane y Clark Kent.
La serie batió todos los records de audiencia, además, catapultó la carrera de sus protagonistas Dean Cain y Teri Hatcher.
Sin embargo, desde que fue cancelada en 1997, Dean no ha logrado levantar el vuelo. Desde entonces no ha tenido mucho éxito, y solo ha participado en producciones mediocres.
Parece que después de ser aquel Superman de la tele a Dean Cain se le ha quedado la “S” grabada en el pecho para siempre.
 

Tom Welling (1977)
Antes de convertirse en el joven Clark Kent de “Smallville” Tom trabajó en las series Judging Amy (2001), "Unidad especial" y "Undeclared".
Obtuvo el papel de Clark Kent para la serie "Smallville" en 2001, en una audición a nivel nacional con el objetivo de encontrar un talento 'fresco'.
Con el tiempo, el éxito conseguido con Smallville hizo que Tom Welling se sintiera lo suficientemente seguro como para intentar dar el salto a la pantalla grande norteamericana mas bien sin pena ni gloria.
Después de haber concluido con gran éxito la serie de Smallville en 2010 lo mas mencionable que ha hecho Welling ha sido estrenarse como productor ejecutivo en la serie " Hellcats".
 

Brandon Routh (1979)
En el 2004, Warner Bros., empezó a buscar un actor para relanzar la franquicia de Superman. Muchos actores fueron considerados para el papel, entre ellos Nicolas Cage y Tom Welling. Pero el director Bryan Singer quería un actor desconocido, así que finalmente Brandon (quizá por su parecido con el mítico Christopher Reeve) fue el elegido para hacer de Superman en la película de 2006, "Superman Returns".
La elección de Brandon Routh le convirtió en una celebridad y el actor firmaría por dos nuevas entregas del hombre de acero.
Sin embargo, aunque en ese momento “Superman Returns” no fue mal recibida por la crítica, si que se le achacó a Routh su falta de carisma cuando la película no funcionó de la manera esperada entre el público. Warner siguió con sus intenciones de rodar nuevas entregas de la saga y esperó a que se venciera el contrato firmado con Routh en 2009 para anunciar que se reiniciaba la saga y que el elegido era el británico Henry Cavill.
Desde entonces la carrera de Brandon Routh se ha ido desarrollando de manera muy discreta.
 

Henry Cavill (1983)
El nuevo Superman no luce su mítico rizo en la frente, no lleva calzoncillos rojos por encima del traje, y sus espectaculares músculos son dignos de todo un superhombre. De momento Henry se distingue de los demás actores que se han enfundado las mallas del superhéroe por ser el más guapo, más sexy, más seductor y ¡¡más cachas!!
Henry Cavill comenzó a interpretar en obras teatrales colegiales.
Debutó en el año 2001 en el cine con “Laguna”, thriller con el co-protagonismo de Joe Mantegna.
Poco después fue Albert Mondego en “La Venganza Del Conde De Montecristo” (2002), film con Jim Caviezel y Guy Pearce. Esta película fue dirigida por Kevin Reynolds, quien volvió a contar con Cavill para “Tristán + Isolda” (2006).
En el año 2007 intervino como Charles Brandon en “Los Tudor”, teleserie que le concedió popularidad internacional.
Otros títulos cinematográficos de Henry Cavill son la fantasía aventurera “Stardust” (2007) o “Si La Cosa Funciona” (2009), película dirigida por Woody Allen.
En la épica mitológica “Immortals” (2011) encarnó a Teseo.
En el thriller "La Fría Luz Del Día" (2012) compartió créditos con Bruce Willis.
Y todavía podemos verlo en cartelera interpretando el rol de Superman en "El Hombre De Acero" (2013).

Música: Miguel Bosé-Super Superman
Fuentes:
culturizando.com/2013/06/capsula-cinefila-los-7-actores-que-han.html
alohacriticon.com/elcriticon/article8355.html
wikipedia
google imágenes
groveshark

jueves, 11 de julio de 2013

Si te he visto no me acuerdo


Para huir un rato del aburrimiento y aislarse de la cruda realidad, Marisa se sumergía cada noche en el maravilloso mundo de los chats: ventanillas que se abrían o se cerraban, preguntas y respuestas, directas o indirectas, saludos, desconocidos y propuestas que la asaltaban desde las cuatro esquinas de la pantalla de su ordenador. Había cierta impunidad, cierto anonimato que la agradaba.
Su vida era rutinaria, pero aquello la animaba, la hacía sentir viva, integrada, deseada. Para Marisa el chat era su única vía de escape, una fórmula  para huir de la soledad.
No hacía falta abrir su alma, no hacía falta ser sincera, ni siquiera dar nombres, ni mucho menos dar caras. Unas pocas palabras bastaban.
A veces se divertía, otras se escandalizaba, ¡cuantos tunantes, cuantos gatos callejeros, cuantos cerdos y groseros que había por ahí!
Eso no le pasó con “Finn80” con él surgió la química y hablaron. Se parecían, tenían muchas cosas en común. Ambos estaban cansados de sus vidas, atrapados en un trabajo que no les motivaba, enfrentando el trascurrir de los años en soledad, creyendo que ya no tenían cabida, que no tenían futuro en nada. 
Con Finn Marisa desempolvó su corazón partido. Para los pedazos rotos él fue el hilo y la aguja que los cosió, que los reparó. De nuevo volvía a latir, a sonreír. Cada latido de aquella gastada maquina le inyectaba en el cuerpo una dosis de locura, y en su trastorno no cayó en la cuenta de que estaba siendo ingenua, cándida. Era de nuevo una chiquilla, cómo una niña entusiasmada ante el primer amor.
Confío en él, fue abierta y sincera. Pensó que habían conectado.
En seguida mantuvieron extenuantes conversaciones diarias de más de seis horas, además de abundante correo electrónico que le ratificaba lo que ya intuía: que aquel hombre estaba interesado por ella. Parecía cierto; él se preocupaba por sus asuntos, por su salud y la de su familia, por sus proyectos y sus salidas. La buscaba… la quería. Nunca hablaron por teléfono, pero le enviaba bastantes mensajes, misivas en las que aseguraba pensarla, extrañarla, echarla de menos.
Nunca intercambiaron fotografías, tampoco tenía sentido. Él decía que no era Brad Pitt pero a ella le gustaba, tampoco ella era Angelina Jolie. Se hizo la ciega, empezó a obviar detalles, a justificarlos, a dar segundas oportunidades, a creer, a confiar… no quería perder a ese confidente, a ese ser del mundo virtual que ya tenía un hueco en su corazón. Por eso pasó por alto lo que su instinto le estaba gritando, lo que había empezado a entrever de aquellas dos caras que él le mostraba…
Hablaron de verse muchas veces, pero siempre surgía algún imprevisto, siempre había alguna excusa. “No me ha llegado tu mensaje” o “¡Pues de verdad que te respondí, no entiendo lo que ha pasado!” Todo le dio igual.
Aquel día tenían que verse. Marisa le citó en un centro comercial atestado de gente. ¿Cómo le reconocería? “Estaré de pie frente al escaparate de la dulcería” A los dos le gustaban las golosinas, así que le pareció adecuado.
Antes de la hora él ya le había mandado algunos mensajes, lo que le dio a entender que Finn estaba impaciente por verla. Y era verdad.
Cuando por fin se vieron la burbuja explotó. ¡Pero si eran compañeros de trabajo!, ¡pero si se veían todo los días!
-Pero, ¿qué haces tú aquí?- preguntó él.
-¿Tú eres Finn80?-fue lo único que pudo articular.
-¿Y tú Nikita24?-murmuró él enrojeciendo hasta la raíz.
Aquella misma mañana antes de la cita habían hablado por el chat: de la emoción, de las ganas, de lo mucho que a él le apetecía estar un rato con ella. Pensar que lo habían hecho desde la misma oficina la dejó en estado de shock. ¡Si casi compartían escritorio…!
De pronto ya nada tenía sentido. ¡Pero si era su supervisor!, ¡el que le caía mal, el que le hablaba con aspereza y superioridad! El idiota que nunca tiraba los vasos usados de café a la papelera, el rácano que jamás colaboraba con la rifa de navidad, el mismo que la tenía entre ceja y ceja sólo porque ella era mas eficiente.
Finn es decir Juan se rascó la nuca un poco incómodo. No la miró, de hecho no volvió a mirarla a los ojos nunca más. Marisa jamás entendió que pasó en aquellos pocos instantes. Ella estaba dispuesta a darle una oportunidad, incluso a ser amigos. Pero él le dio la espalda y se marchó, diciendo que esperaba que no contase nada de aquello en la oficina. ¿Sólo le preocupaban los chismorreos? ¿Y donde se quedó el Finn que ella conoció? ¿El que la quería, el que pensaba en ella, el que la entendía? Acaso, ¿la había tomado el pelo?, ¿la había engañado?
No podía pensar en otra cosa. Con el corazón congelado Marisa se enfrentó a aquella pregunta cada mañana y durante algún tiempo echó de menos a aquel amigo virtual, ese que no parecía acordarse de lo que alguna vez los unió, ese que a partir de entonces sólo fue… Juan.

 
 
Música: Rosario Flores-Nada de nada

viernes, 5 de julio de 2013

Humor de gatos


Hace unos días hablaba aquí de la importancia de ser positivo, de sonreír con optimismo y de encarar la vida con buena energía. 
Con la sonrisa puesta, las pilas cargadas, el mantra aprendido y la lección memorizada, comprendí que la cosa no iba a funcionar bien si no me deshacía de “mi humor de perros”.
Guau-guau, ¿qué podía hacer al respecto?
¡Claro!, llevarme la contraria a mi misma. Paradójicamente entendí que tenía que tener “un humor de gatos”.
¡Que iluminación!
Pero, ¿qué significaba tener un humor de gatos?
 –Le estas buscando los tres pies al gato –me dijo alguien–, ¿qué coño importa eso?
–Importa –pensé importunada por ese empeño en no aclararme la duda, como si en esa esquiva reacción hubiera gato encerrado o una razón oculta, como si la cuestión no fuera digna de ser tomada en serio. Y añadí–: A mi me importa
– ¡Sí! –recibí como contestación–. A ti y a cuatro gatos más.
Harta de que no me contestaran con seriedad, de que en vez de una respuesta madura me acabasen siempre dando gato por liebre, decidí hacer una pequeña encuesta entre mis allegados para saber por fin qué consideraban ellos que era tener “un humor de gatos”. Lo hice tan bien que mira, por fin, me lleve el gato al agua.
Aquí lo que me dijeron:
“Erre” dijo que tener un humor de gatos quería decir para ella ser esquivo, no querer ver a nadie, ir a tu rollo, estar por ahí solo, aparecer y desaparecer sin dar cuenta a nadie.
“Ese” dijo que tener un humor de gatos quería decir para ella ser agresivo y rebelde.
“Eme A” dijo que tener un humor de gatos quería decir para él ser independiente y variable.
“I” dijo que tener un humor de gatos quería decir para ella era ser arisco.
“Eme E” dijo que tener un humor de gatos quería decir para ella ser sibilino.
“Eme Jota” encaró mi pregunta roncando, pero la di por valida.
“Hache” y “Pe” me ladraron indignados.
Pues vaya, no era eso lo que me esperaba.
 
 
Bien, para mí tener un “humor de gatos” es tener un día intrépido, aventurero, peligroso, inteligente, saltarían, elástico, interminable, divertido, nocturno (de los que fosforecen en la oscuridad) y cosmopolita.
 
 
¿En qué quedamos?
¿Me ayudas con la encuesta? ¿Qué opinas tú? Por favor no seas roñoso a la hora de responder, no seas como alguien que yo me sé y te pongas a ladrar, ¿bien?








martes, 2 de julio de 2013

+8 claves para ser positiv@


El otro día caí en el dramatismo más absurdo. Yo misma me hundí en la trampa del victimismo y del dolor gratuito sin entender que así no estaba arreglando nada del problema.
¿Por qué? ¿Qué me pasó?
No lo sé, pero no me gustó.
Desperté de golpe del trance, y comprendí (muy a mi pesar) que me he vuelto una pesimista, una de esas de las que en el pasado rehuía: una agorera.
Vale, sí, quise convencerme a mi misma de que esa explosión se debía al aburrimiento de ir nadando siempre a contra corriente, de que a veces la ilusión se distraiga y se esconda por ahí, a desmano, en un rinconcito sombrío sin luz.   
En fin, ¿de qué me sirvió justificarme? ¿De qué me vale hacer eso?
No tengo defensa, no hay alegato ni justificación que valga, por que sé, que si le abro la puerta al pesimismo puede que venga con maletas y quiera instalarse para siempre… ¡y mejor que no!
¿Qué hice? ¿Qué podía hacer?
Salí, miré a las estrellas, respiré, pensé en la edad del mundo, en todo lo que ha visto, en como todo cambia, en como las cosas pasan, vienen, van y tienen un tiempo, un momento… en como los problemas se vuelven insignificantes cuando los observamos con distancia. Y en como de repente las soluciones aparecen.
Vale, entré, busqué un folio, un bolígrafo y escribí:
“A veces hay que aceptar en la vida los fracasos, las derrotas, los chascos y las decepciones como parte del duro trance que supone crecer y madurar. Cuando la vida se pone difícil y todo parece ir a la contra, uno puede hacer varias cosas: jurar, maldecir, pensar que está escrito y echarle la culpa al destino… o puedes hacer algo distinto. Puedes rebelarte y corregirlo porque nada es definitivo, porque nada está escrito, porque la vida, ¡el triunfo!, es para los que perseveran, para los que no se rinden, para los que no se compadecen a si mismos”.
Yo prefería ser de ese grupo de personas optimistas y positivas que saben ponerse el mundo por montera superándose a si mismos. Recordé que solía pensar de esa manera, con tranquilidad, esperanza, con algo de ingenuidad pero con convicción. Recordé que si te rindes si que estas perdido.
Pensé en cómo podría reforzar mi optimismo y encontré algunas claves que me ayudaron, y que hoy comparto.

Nunca pierdas las ganas de pensar en positivo, invierte todo lo que parezca mal o que no tiene solución.
No hay que generalizar a partir de algunas experiencias negativas que podamos tener en ciertos ámbitos de nuestra vida. Debemos aceptar que podemos haber tenido fallos en ciertos aspectos, pero esto no quiere decir que en general y en todos los aspectos de nuestra vida seamos “desastrosos”.

En conexión con lo anterior, debemos acostumbrarnos a observar las características buenas que tenemos. Todos tenemos algo bueno de lo cual podemos sentirnos orgullosos, debemos apreciarlo y tenerlo en cuenta cuando nos evaluemos a nosotros mismos.

Una forma de mejorar nuestra imagen con ese “observar lo bueno” consiste en hacernos conscientes de los logros o éxitos que tuvimos en el pasado e intentar tener nuevos éxitos en el futuro.
Debemos reconocer en nosotros mismos la capacidad de hacer cosas bien en determinados ámbitos de nuestra vida, debemos esforzarnos por lograr los éxitos que deseamos para el futuro.

 
 
Todas las personas somos diferentes, todos tenemos cualidades positivas y negativas. Aunque nos veamos “peores” que otros en algunas cuestiones, seguramente seamos “mejores” en otras; por tanto, no tiene sentido que nos comparemos ni que nos sintamos inferiores a otras personas.

Confiar en nosotros mismos, en nuestras capacidades y en nuestras opiniones. Actuar siempre de acuerdo a lo que pensamos y sentimos. Sin preocupaciones excesivamente por la aprobación de los demás.

Es fundamental que siempre nos aceptemos. Debemos aceptar que, con nuestras cualidades y defectos, somos, ante todo, personas importantes y valiosas.

Una buena forma de mejorar nuestra autoestima es tratar de superarnos en aquellos aspectos de nosotros mismos con los que no estemos satisfechos, cambiar esos aspectos que deseamos mejorar. Para ello es útil que identifiquemos qué es lo que nos gustaría cambiar de nosotros mismos o qué nos gustaría lograr, luego debemos establecer metas a conseguir y esforzarnos por llevar a cabo esos cambios.

lunes, 24 de junio de 2013

¿Cuánto cuesta tú ropa?


¿Esclavitud, explotación… muerte? ¿No es ese un precio demasiado alto? ¿No es ese un precio que nadie quiere?
Lamentablemente a día de hoy este es el coste real de muchas de las prendas que vestimos.
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El pasado 24 de abril de 2013, el edificio de ocho pisos Rana Plaza, a las afueras de Dacca, capital de Bangladesh, se derrumbó. En su interior trabajaban más de 3.000 personas, en cinco empresas textiles diferentes. Los casi 1.000 muertos y 2.500 heridos que provocó despertaron muchas conciencias y sacaron a la luz las injusticias que pocos denuncian y que nadie quiere oír: que para que unos pocos vistan otros tienen que sufrir.
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Podemos buscar responsables pero en el fondo tendríamos que entonar un mea culpa. Y no es una exageración, somos cómplices ciegos. Nuestro capitalismo, nuestra obsesión por el consumismo nos empuja a adquirir cada vez más, y más y más y más, en una bulimia descontrolada que no cesa. Y para poder seguir empujando esta rueda (que dicho sea de paso obtiene cuantiosos beneficios multimillonarios) otros tienen que proveernos, vendernos, cebarnos, intentando saciar una voracidad que ya no tiene tregua.
Es entonces cuando estos proveedores primarios, desbordados por el principio de “mas cantidad, más rápido, más barato”, tienen que devanarse la cabeza para bajar sus costes y así poder sostener este poderoso mercado y que les salga a cuenta.
Lo primero que hacen para buscar el ahorro es subcontratar, especialmente en países como China o Bangladesh en donde el coste de los recursos es sumamente ridículo. No nos puede chocar que este pequeño país empotrado en el este de la India se haya convertido en “una autentica potencia textil”. Y es que Bangladesh tiene los salarios más bajos del mundo: 32 € al mes, con jornadas de 15 horas. Los niños cubren alrededor de seis horas por unos 12 €. De los 20 € que cuesta una camiseta en occidente, sólo 15 céntimos corresponden a los costes laborales.

La presión de las multinacionales textiles para bajar sus costes ha llegado ya al límite de la esclavitud técnica, por lo que los contratistas se ven incentivados a buscar el ahorro a través de nuevas ideas emprendedoras como recortes, ajustes, etc. Y dado que no se pueden flexibilizar más los salarios, estos empresarios han encontrado un filón de flexibilidad en la reducción de costes por el mantenimiento de las infraestructuras.
Esta falta de control, este desinterés por la seguridad, es como una carta blanca que permite que se construyan más pisos en edificios que no pueden sostenerlos, que haya más personas de las permitidas en una factoría, que no se subsanen la falta de salidas de emergencias, que las condiciones higiénicas no sean las mejores… Con 32 euros al mes los trabajadores no tienen siquiera para transporte, por lo que en muchos casos duermen en las mismas fábricas. Por eso nunca sabremos siquiera el número de muertos producidos en el edificio de Dacca.
No hay auditorias, ni revisiones periódicas de seguridad, ni inspectores, y los contratistas occidentales se lavan las manos, distrayendo su responsabilidad ante sucesos tan trágicos como el sucedido en el edificio Rana Plaza. Pero irónicamente son ellos (los proveedores originales) los que deciden si producir o no en un determinado país o taller en concreto, son ellos los que aprueban si una fábrica reúne las condiciones laborales necesarias para mantener el ritmo competitivo que genere los suficientes beneficios empresariales. 


Las consecuencias son alarmantes:

La federación Nacional de Trabajadores del sector Textil de Bangladesh afirma que en los últimos 15 años se han producido unos 600 muertos y 3.000 heridos en accidentes ocurridos en fabricas de ropa de este país. La cifra ha subido: 1.000 muertos, 2.500 heridos y cientos de desaparecidos en el derrumbe.
Según la Organización Internacional Foro de Derechos, más de 700 trabajadores habían fallecido ya desde 2006, confeccionando la ropa que vestimos en occidente.
Esta situación ha levantado muchos reclamos:

Para empezar se exige compromiso y auditorias independientes.
Muchos reclaman indemnizaciones para los heridos en Dacca, que tienen que hacer frente a tratamientos largos, y también ayudas para los supervivientes que se quedan sin trabajo con el que mantener a sus familias.
Otros piden desde ya a las compañías que fabrican en Bangladesh que se suscriban al programa de mejora de seguridad textil con sindicatos internacionales y locales.
Algunos piensan que bastaría con legislar la obligatoriedad de etiquetar las prendas en un sitio bien visible con un color que identifique claramente el grado de respeto a los derechos humanos en la cadena de suministro de la marca que nos lo vende.

Pero somos nosotros los que tenemos que decidir. A la hora de comprar somos nosotros los que tenemos que hacernos las preguntas adecuadas:
¿Cómo son realmente las condiciones laborales en el país donde se ha producido la ropa que llevas?
¿La han confeccionado niños?
¿Se han pagado sueldos dignos?
¿Se ha confeccionado trabajando en jornadas con horarios sensatos?
¿Se ha hecho con algodón ecológico, sin tratarlo con productos cancerígenos y sin emplear mano de obra infantil en su recogida?
¿Ha sido fabricada cerca de casa o, al menos, en nuestro mismo continente, de manera que se reduzcan los contaminantes costes de transporte?

Uno de los éxitos de la industria textil, ha sido la deslocalización de la ropa. Hasta hace relativamente poco, alrededor de una década, era fácil saber cómo se hacía la ropa, porque se tejía y cosía en nuestro país. A día de hoy seguirle la pista a una prenda de ropa es casi una heroicidad.

Imposible competir contra esta cadena de producción.
Según el informe “Textiles from Spain” de marzo de 2012, en los últimos cinco años el número de empresas de este ramo descendió de 14.062 a 9.389, lo que supuso la pérdida de 50.000 puestos de trabajo. Parte de lo que ahorramos hoy en la ropa masivamente producida tiene consecuencias directas en la pérdida de puestos de trabajo en nuestro país. Es decir, en el vital tejido empresarial.

Pero ¿por qué es tan barata la ropa?
El secreto está en manufacturar ropa donde el coste sea menor: Bangladesh, China, Grecia, Hong Kong, India, Islas Mauricio, Paquistán, Rumanía, Serbia, Montenegro o Turquía.
Y son los grandes hipermercados mundiales –gigantes de la distribución– los comercializadores más importantes de ropa  y los principales clientes de la producción “Low cost”.

Datos:

»Cada persona consume entre 8 y 9 kilos de ropa al año, lo que supone unas 390.000 toneladas de residuos textiles. Y son “residuos” porque van directamente a la basura, pero sólo un 15 % de esta ropa que tiramos realmente es un desecho. Tal nivel de compra es posible por los precios tan bajos que garantizan que las estanterías se vacíen y repongan a toda velocidad.

»En Bangladesh, 5.000 empresas de manufactura textil dan empleo a cuatro millones de personas que trabajan en nada menos que 200.000 instalaciones industriales. La exportación alcanza los 15.000 millones de euros anuales y representan el 17% del producto interior bruto y el 70% de las exportaciones.

Un 10 % de los miembros de su Parlamento posee fábricas textiles, con lo que es difícil que se legisle contra un negocio que enriquece a los mismos políticos.

»El sector textil de Bangladesh -junto con el pakistaní- es el más competitivo del mundo y ha conseguido eliminar a China (de donde sale un tercio de la producción mundial) porque los altísimos salarios chinos no son competitivos en el sector.

»De momento, hay un dato esperanzador: tras la tragedia Bangladesh ha cerrado 18 fabricas textiles para mejorar su seguridad y ha creado una comisión de investigación para inspeccionar 4.500 plantas más.
¿De verdad necesitamos tanta ropa que además carece de calidad? ¿Tienen que sufrir otros para que nosotras nos vistamos? ¿Vamos a usar lo que compramos o se trata de una compra compulsiva?
Pensemos, despertemos, hagámonos las preguntas adecuadas, apostemos por la justicia, la calidad, el respeto y la vida. Y es que, puede parecer una frase hecha pero tiene mucho de cierta: al final lo barato sale caro…

Fuentes:
Articulo “¿Quién paga el precio de la moda barata? Por E. de los Ríos. Revista Mujerhoy”.
Articulo “Ropa Sucia” Blog “El lagarto en tu laberinto”.
Google imágenes.

martes, 18 de junio de 2013

Todo es adrede


De todos los tiempos, los viejos y los nuevos, quedan las virutas de la vida. A pesar de las tropas invasoras, de las religiones que bendicen las guerras, de los profesionales de la tortura, de los imperios del asco, de los amos del petróleo, del fanatismo con los mísiles. A pesar de todo, van quedando las virutas de la vida. A ella nos abrazamos y encomendamos, con ellas nutrimos nuestra endeble conciencia y alimentamos sueños y ensoñaciones.
Todo es adrede, bien lo sabemos. Desde el maleficio de las drogas hasta el desmantelamiento de la juventud. Toda está destinado a que no creamos en nosotros mismos y menos aún en el prójimo indefenso.
Nos obligan a vender por peniques el patrimonio virgen y en el mercado del cambio compran sentimientos con promesas. Todo es adrede: los celos y el recelo, sospechas y codicias, odios en desmesura, el rencor y la pugna. La consigna es someternos, mentirnos el futuro, reconocernos nada.
Todo es adrede y por eso construyen ideologías/basura donde intentan moler las virutas de la vida. De la vida. La nuestra. Ah, pero no podrán. También nosotros, creamos nuestro adrede. Aposta lo gastamos. Y adrede ya sabemos cómo sobrevivir.

Mario Benedetti “Vivir adrede” (2007)

jueves, 6 de junio de 2013

¡¿Pero qué invento es este?!


…Es lo que dijo mi madre, muy arrebolada, cuando a los diez años me vio sobre la alfombra, boca abajo, al borde de las escaleras, a punto de deslizarme ligeramente hasta abajo, y todo para probar mi ingenio plegable aerodeslizador dinámico de propulsión sensible de bajada rápida de escaleras.
Su aprensión frenó una –seguramente muy prospera y fructífera– carrera en el mundo de la Invención… ¡algo que nunca le perdonaré!
Desde entonces mi pasión secreta son los inventos…inventos tontos, inútiles, raros, idiotas, frívolos e innecesarios. Inventos que aún arañen mi genio creador…

He recopilado algunos y aquí te dejo unos cuantos:

Como en primera fila: desde su puesta en marcha en 1915, la feria de industrias británicas se convirtió en un importante punto de encuentro para diseñadores, ingenieros e inventores. En la edición de 1937, pudieron verse estos sombreros periscópicos que supuestamente permitían a sus propietarios ver claramente desfiles y carreras por encima de la multitud.

¿El blanco?, doblando la esquina: el ejercito de EEUU empezó a utilizar este subfusil M3 en 1942. Una década más tarde, se presentó este modelo especialmente modificado para que el tirador disparase desde detrás de las esquinas. Eso si, tenía que hacerlo a ciegas.

Un pinchazo ingenioso: en teoría, la rueda flexible diseñada por el investigador británico Sydney Jone, era capaz de absorber impactos y hacía innecesarios los sistemas de suspensión. Sin embargo no encontró ayuda institucional ni financiero para su prototipo.

Quien no se moja: El aparatoso gorro de baño que luce la actriz Inge Marschall en esta instantánea de 1971 fue ideado por unos inventores alemanes que creían que era perfecto para proteger el peinado y el maquillaje.

Patina como puedas: para patinar con su mujer e hijo, Jack Milford, un jugador inglés de hockey sobre hielo de los años 30, construyó este temerario sistema de transporte para bebés.

El otro Edison: entre los ocurrentes cachivaches diseñados por el estadounidense Russell Oakes, destaca una mezcla de tenedor y batidora ideal para pescar espaguetis. Por este y otros inventos igualmente singulares, como el mechero hidráulico, un aparato capaz de captar de forma subrepticia conversaciones ajenas, un cuchillo para guisante o el solicitador automático de propinas, pensado para que lo utilizaran los botones y mozos de los hoteles, la revista Popular Science se refirió a él en un articulo de 1939 como el “Thomas Edison de los gadgets tontos”.

Como sacar los colores de la poli: en 1921, poco después de que se instalasen en Detroit y Nueva York los primeros semáforos de tres luces, aparecieron unidades portátiles como esta. El problema es que era necesario que un policía cargara con ellas y las accionase a mano.

Llantas picantonas: una modelo se ajusta las medias ante los deslumbrantes neumáticos de caucho sintético que Goodyear presentó en 1961. Estos, que se iluminaban con unas lámparas de colores camufladas en las llantas, no sedujeron a los conductores.

¡Pero qué pava!: este extravagante horno fue una de las estrellas de la muestra de equipamiento para catering que se realizó en el United States Trade Centre de Londres, en 1966. El ingenio utilizaba lámparas infrarrojas para asar pavos.

Humo para compartir: En la década de los 50, Robert L. Stern, presidente de Zeus Corp., ideó una serie de portacigarrillos que, en el mejor de los casos, podrían definirse como surrealistas. Este, en concreto, estaba pensado para ser utilizado en pareja.

Mas inventos… a ver si sabes interpretar para que sirven, ¡a tú imaginación lo dejo!


 
Fuentes: Revista muy interesante, abril 2011.
Google imágenes.
Inventar, imaginar, fantasear… tarea bohemia será.
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