Podrías
hacer que lloviera sobre mi cuerpo, podrías hacer que nevara en mi corazón, y
provocar un incendio en mis pulmones, podrías hacer de mis manos un desierto
con pozos profundos de arena, y de mi estomago dunas polvorientas, y de mi
pecho un oasis con palmeras, podrías construir un paisaje lunar en mi cabeza y
rellenar los cráteres con tu savia buena. Porque tú eres la lluvia, y el viento
que me moldea y el sol que me da calor. Haz que llueva frío, y luego amaina la
brisa con tus manos lisas. Dame el fuego del desierto y la inmortalidad de la
Luna. Espero todo eso, aquí como una flor silvestre plantada entre las rosas,
pobre rosa que se lamenta de sus espinas y de sus pétalos oxidados. Haz de mí
pradera y olivo, haz de mí una playa infinita blanca y cáustica por la sal,
enciéndeme como un volcán y luego apágame como una catarata que llega al mar. Compláceme,
deléitame, sóplame, reúne mis pétalos, sé mi tallo y mi tierra, arráigame,
arráigate, llueve, aliméntame, aliméntate. Te invoco, podrías hacer que
lloviera.
En el siglo III
las mujeres chinas sufrían una enérgica represión, no tenían potestad ni de su cuerpo ni de su voz, ni acceso a una
educación. Ya desde el nacimiento eran consideradas una carga, la mayoría de
las veces se las contemplaba como un elemento de trabajo o un objeto decorativo,
cuyo valor dependía de la fortuna de un
buen matrimonio o de su diligencia en las labores domesticas, todo ello bajo un
halo de quietud, mansedumbre y conformidad ante la dominación masculina
imperante. Fue bajo ese marco en el que se germinó y extendió un lenguaje
secreto, una forma acaparada de comunicarse reservada sólo para el universo
femenino y su esfera del hogar, y con el que podían desahogarse, consolarse,
evocar, crear y culturizarse: el nüshu.
En
Hunan, una selva húmeda con grandes yacimientos mineros y praderas para el
cultivo de arroz, las mujeres parecían condenadas a perecer tal y como lo hacen
las bestias: no tenían derecho a recibir educación escolarizada, ni siquiera
aprender a leer y escribir. No sólo eso; ninguna persona del sexo femenino
solía caminar por la calle. Los usos y costumbres decretaban una reclusión aún
mayor a la que en la misma época se experimentaba en occidente. Incapaces de
comunicarse a través del lenguaje escrito, se dedicaban a bordar y preparar los
alimentos durante el resto de sus vidas.
Nada
más contraer matrimonio, todos los nexos familiares se quebraban
definitivamente. El pequeño nexo que las unía a sus madres o hermanas
desaparecía, pues la tradición estipulaba la mudanza con la familia de su
esposo. Algunas mujeres decidían correr el riesgo y miraban por horas a los
hombres escribiendo, para intentar imitar esta práctica en solitario y así
salir de su encierro, para romper con la soledad y crear una segunda voz que se
comunicara al menos consigo misma, fruto de sus propios pensamientos.
Se
creía que las mujeres de aquellos tiempos habían perecido bajo el silencio más violento
y sepulcral, hasta el siglo XX, cuando se dio a conocer el dialecto secreto que
a pesar de todo sobrevivió al peso de los siglos, y que por lo menos se mantuvo
vivo hasta 2004, cuando Yang Huanyi, una viuda octogenaria pereció, llevándose
consigo a la última voz que dominaba esa lengua.
El
nüshu, que literalmente significa "escritura femenina", está
reconocido como la única escritura del mundo inventada y utilizada solo por
mujeres. Apareció en el seno de la población rural del valle del río Xiao que
atraviesa el distrito de Jiangyong en la provincia de Hunan y cuya cultura se
caracteriza por la mezcla de elementos yao y han. La escritura nüshu deriva de
los caracteres chinos, pero en lugar de tomar una forma cuadrada, adopta trazos
filiformes y oblicuos en forma de losanges. Adaptado al dialecto local
(chengguan tuhua), esta escritura consta de cuatro elementos principales: el
punto y las líneas verticales, inclinadas y arqueadas.
El
primer objeto aseverando la existencia del nüshu es una moneda de bronce,
descubierta en Nankín, capital de la provincia de Jiangsu. Se remonta a la
época del Reino celestial de la gran paz (1851 a 1864), un reino rebelde,
conocido por haber introducido importantes reformas sociales, y adoptado, en
cierta medida, políticas sobre la igualdad de género. La pieza contiene una
inscripción de ocho caracteres nüshu que significa: "Todas las mujeres bajo el cielo pertenecen a la misma
familia".
El
idioma se convirtió en un acto de rebeldía y desahogo, con la única regla
implícita de nunca enseñarlo a los hombres. La historia cuenta que el nüshu
tomaba una dimensión inesperada cuando la futura esposa contraía matrimonio y
se marchaba a casa de su esposo. Entonces, las mujeres cercanas le regalaban un
cuaderno, conocido como "El libro del tercer día", que en el
principio contenía los pensamientos y algunas vivencias de sus más allegadas
sobre el momento que estaba experimentando. Las demás hojas estaban en blanco,
libres para que su voz y escritura rompiera la infranqueable barrera del tiempo
y el machismo de entonces y así, proyectar todo lo que sentían a través de los
siglos, en un acto de rebeldía e inmortalidad por igual.
En
2002, el nüshu fue inscrito en el Registro nacional del patrimonio documental
de China. A partir de 2003, se realizaron talleres en el distrito de Jiangyong
para capacitar a nuevas practicantes de nüshu. En 2006, el Consejo de Estado
incluyó al nüshu como Patrimonio cultural inmaterial nacional de China. En mayo
de 2007 se construyó un Museo del nüshu en la isla Puwei, en el distrito de
Jiangyong. Rodeada por el río Xiao, en medio de un paisaje encantador, la isla
alberga Puwei Jinmei, aldea natal de muchas renombradas autoras en nüshu desde
la cual la escritura nüshu fue propagándose en la región.
Según
Yang Cheng, director del departamento de información del distrito, “la cultura
tan particular del nüshu es la quintaesencia de la sabiduría colectiva de las
mujeres de Jiangyong. Refleja su inteligencia, autoestima, coraje y espíritu
creativo. Es una hermosa flor que florece en el jardín de mil flores de la
humanidad. La protección de esta cultura local requiere una toma de conciencia
por parte de académicos, artistas y autoridades, pero sobre todo de los
habitantes de la región”.
Sostenerse
las miradas era delatarse, esasmiradas
furtivas se volvían sinceros duelos, te miro y me miras, y sonríes, tus ojos me
recorren la boca e intuyo lo que están pensando, aletea el ritmo de mi corazón
y de mi respiración, hay algo que flota en el aire, que envuelve, un gas
silencioso que dilata pupilas y hace brillar retinas, habla, quiero oír tu voz,
pero tú quieres oír la mía, me muero por conocer cómo eres, por saber lo que
piensas, hoy tienes prisa, quisiera retenerte, abrazarte, atreverme…
Sin reacción,sin movimiento, ritmo cero, estático, pasivo,
en total estado de vulnerabilidad: la inacción tiene un poder de atracción para
la impunidad...
Aquel experimento
de 1974 lo acabó demostrando, que cuando no te defiendes, cuando eres el blanco
fácil y el punto débil, los fuertes, los que dominan la situación se hacen más
insensibles ante la capacidad de resistir en silencio, de aguantar sin
rechistar. Ante la no protesta aparece un monstruo que crece, que se hace más
grande cuando se alimenta de la atonía, sus garras son violentas y crueles
cuando no hay grito cómo respuesta. Marina Abramovic recogió algunas evidencias
con su perfomance “Rhythm 0”…
Marina
Abramovic (Yogoslavia) tenía 28 años cuando decidió culminar su serie de “Ritmos”
con una de las performances más polémicas jamás realizadas.
En
“Ritmo 10” (1973), la artista es filmada mientras apuñala la superficie que
media entre los dedos de su mano. Cada vez que yerra y se inflige un corte,
cambia de cuchillo, así hasta lastimarse una veintena de veces. Es entonces
cuando reproduce la grabación y procede a repetir tanto aciertos como errores. En
“Ritmo 5” (1974), se sitúa en el interior de una estrella de cinco puntas a la
que acto seguido prende fuego. Allí mismo recorta su cabello y uñas y los
arroja al fuego para, a continuación, tumbarse entre las llamas hasta perder la
consciencia por la falta de oxigeno. En “Ritmo 2” (1974) consume dos psicofármacos
prescritos para el tratamiento de la catatonia y la esquizofrenia que le provocan
reacciones muy adversas. Abramovic ya había puesto en grave peligro su
integridad física o incluso su vida; pero en “Ritmo 0” perdió literalmente el
control. Literalmente porque hasta entonces todo había dependido de su voluntad
pero ésta vez su capacidad de disposición se redujo a fijar unas normas previas
bastante laxas:
Hay 72 objetos en la mesa, que cada uno
puede usar sobre mí como desee.
Performance: Yo soy el objeto.
Durante este periodo me hago plenamente
responsable de todo lo que ocurra.
Duración: 6 horas (desde las 20:00 hasta las
02:00)
Los
72 objetos fueron: revólver, bala, pintura azul, peine, cascabel, látigo, lápiz
de labios, navaja, tenedor, perfume, cuchara, algodón, flores, cerillas, rosa,
vela, espejo, vaso, cámara Polaroid, pluma ―de ave―, cadenas, clavos, aguja,
imperdible, horquilla ―para el pelo―, cepillo, vendas, pintura roja, pintura
blanca, tijeras, pluma ―de escribir―, libro, hoja de papel en blanco, cuchillo
de cocina, martillo, sierra, taco de madera, hacha, estaca, hueso de cordero,
periódico, pan, vino, miel, sal, azúcar, jabón, pastel, arco y flechas, paquete
de cuchillas de afeitar, plato, flauta, tirita, alcohol, medalla, abrigo,
zapatos, silla, correas de cuero, hilo, alambre, azufre, uvas, aceite de oliva,
agua, sombrero, tubería de metal, ramita de romero, bufanda, pañuelo, bisturí,
manzana. Éste es el orden original en el que se colocaron en una lista impresa,
y no cabe duda de que no fue aleatorio.
En
principio, nada malo tenía por qué sucederle, no como en sus anteriores “Ritmos”
dónde casi todos ellos se habían basado en la realización de actos
potencialmente peligrosos; pero en “Ritmo 0” no tenía más que quedarse quieta
sin la ayuda de ninguna droga. Debería haber sido su performance más plácida;
pero se acabó convirtiendo en una pesadilla: “La experiencia que saqué de aquella obra fue que en tus propias
performances puedes llegar demasiado lejos, pero si dejas que el público tome
sus propias decisiones, puedes acabar muerta”.
Aunque
varias de sus performances habían sido dolorosas y agotadoras, ninguna de ellas
supuso una tortura comparable a la que sufrió durante las seis horas de “Ritmo
0”. Durante la primera mitad de su desarrollo, el público se limitó a hacer el
tonto ―que, en el fondo, era lo que se espera de él― acariciándola con la
pluma, dándole besitos o “regalándole” la rosa, entre otros muchos actos
insustanciales. Sin embargo, bastó que transcurrieran esas tres horas
―curiosamente, el tiempo máximo que un individuo medio tolera pasar en el cine
sin empezar a despotricar y a agitarse en su asiento― para que la locura se
apoderase de la sala. Su ropa fue completamente arrancada con ayuda de las
tijeras; un tipo que debía de creerse más genial que ella le practicó un corte
en el cuello y se puso a chuparle la sangre; la pintaron y escribieron por todo
el cuerpo; la pellizcaron y laceraron y le escupieron en la cara; vertieron
sobre su cabeza todos los fluidos disponibles; aferraron con cadenas a su pecho
el tallo espinoso de la rosa; la tumbaron en la mesa y clavaron el cuchillo
entre sus piernas, a escasos centímetros de su vagina; alguien cargó el
revólver, se lo hizo empuñar y le dirigió la mano hacia el cuello, animándola a
apretar el gatillo ―por suerte, entre las normas no había contemplado acatar
órdenes―; otro directamente lo amartilló y la estuvo encañonando la sien
durante varios minutos; se desataron peleas entre los que deseaban martirizarla
en nombre del arte y los que pretendían protegerla...
Abramovic
sangró y lloró impasible y en silencio mientras duró aquel martirio, y su
imagen final recordaba mucho a la de un Cristo despojado. De la lista de
objetos que compuso y de la manera en la que los ordenó, así como del hecho de
que los situara en una mesa que recordaba a un altar sacrificial, se puede
inferir que ése era precisamente el efecto que había imaginado. En definitiva,
se prestó conscientemente a ser el objeto de un sacrificio sin ritual
preestablecido, y es posible que hubiese acabado crucificada si la obra hubiese
durado más tiempo ―no en vano, había colocado clavos, madera y un martillo
entre los 72 objetos―. El porqué tuvo que durar exactamente seis horas sólo
ella lo sabe. El caso es que concluido ese periodo, Marina resucitó. De
repente, sin que ninguna señal lo anunciara, comenzó a moverse y a comportarse
con un ser consciente. Se puso en pie y, desnuda y magullada, hizo ademán de
acercarse a su público: bastó ese simple gesto para que todos los asistentes
huyesen despavoridos.
“Todavía tengo las cicatrices de los cortes
que me hicieron. Fue un poco de locos, me di cuenta de que el público podía
matarme. Si les otorgas plena libertad, se pondrán lo suficientemente
frenéticos como para matarte. ¿Qué fue lo peor? Un hombre apretó el revólver
contra mi sien con mucha fuerza. Podía sentir sus intenciones, y también podía
oír a una mujer diciéndole que hiciera lo que tuviera que hacer. Pero lo peor
fue aquel hombre que siempre estaba allí, sólo jadeando. Aquello fue lo más
aterrador. Después de la performance, descubrí un mechón de pelo blanco en mi
cabeza. No pude librarme del pánico en una buena temporada. Gracias a esa
performance, sé hasta dónde puedo llegar sin ponerme en un riesgo semejante”.
Las
conclusiones del experimento fueron varias:
En
primer lugar, que de encontrarse con una persona que no luche o se defienda, la
fuerza de las personas que la quieran manipular es ultrajante. Por otra parte
demuestra que la naturaleza humana se alimenta de las acciones de los demás
cuando las acepta, aunque estas sean deplorables, si están bien vistas por la
mayoría, no se condenan. Por último demuestra la importancia de las personas
que son testigos de acciones viles y que no hacen nada para evitarlas,
Abramovic se encontraba en una sala llena de espectadores y mientras bebían su
sangre y la atropellaban, ninguno dijo nada.
Y
es por esto que el experimento no ha perdido lavigencia, nos sirve como un recordatorio de algo muy importante: si no
luchas, si dejas que te conviertan en un objeto inanimado que no reacciona
nunca dejaran de abusar de ti.
(…).
Ciertamente, el proverbio es verdadero: lo que está inclinado hacia el Diablo,
irá al Diablo.” (Historia von D. Johann Fausten, autor anónimo, 1587)
Fausto es el
protagonista de una leyenda clásica alemana, un erudito insatisfecho con su vida
que hace un trato
con el diablo, intercambiando su alma por el conocimiento ilimitado y los
placeres mundanos.Fausto representa un ideal, el del eterno insatisfecho,
glorificado por el romanticismo como figura universal de la búsqueda insistente
de un conocimiento que tal vez estamos condenados a no alcanzar jamás.
Esta
historia tiene su origen en Johann Georg
Faust (1480-1540), sanador, alquimista, mago, astrólogo y adivino alemán,
también conocido como Fauso o Faustífero y que fue conocido por sus saberes ocultos y por su vida disoluta.Una figura
arrogante a la que describían como grosero e
impío y que aparentemente andaba siempre con dos perros que eran demonios, como
si un aura sobrenatural siempre lo envolviera.
Desde finales siglo XVI su historia
es recogida, en forma de leyenda, por varios libros populares.
En ellos ya se hablaba del pacto con el Diablo que este supuesto doctor había
llevado a cabo para alcanzar conocimientos que estaban más allá del alcance
humano. Soberbio como era, Fausto pensó
que podría engañar al Diablo, pero este se cobró su parte, haciendo
explotar su casa en uno de sus experimentos y acabando prematuramente con su
vida.
El
Mito de Fausto
Este pacto diabólico y sus desgraciadas
consecuencias han sido recogidos por varios autores.
Destacan el dramaturgo inglés Christopher
Marlowe (coetáneo de Shakespeare) en 1592, Golthold Leesing en1759,
que redimió a Fausto al imaginar un final feliz para él, y Johan Wolfgang von Goethe en 1808, con su obra magna dividida en
dos partes que dotó de una profundidad mucho mayor al personaje. El éxito de la
historia, por su innegable atractivo, fue inmediato.
Otros
literatos, músicos y artistas decidieron explorar este tema tan fascinante del deseo
de la omnisciencia y la verdad que pueden llevar a un hombre incluso a competir
con Dios. De Wagner a Berlioz, pasando por Thomas Mann, Gounod u Oscar Wilde, William Faulkner o Fernando Pessoa más recientemente,muchos han sido los que se han
inspirado en el mito de Fausto para hablar de la belleza, la juventud, la
consecución del poder, o la importancia de las decisiones.
Fausto
en la música y el cine
Musicalmente hablando Fausto ha
dado para muchas obras y algunas canciones. Podemos citar entre
muchos aPablo de Sarasate con su "Fantasía Fausto", a Ludwig van Beethoven con “Aus Goethes
Faust: "Es war einmal ein König", a Wagner con “Faust Overture” (1840), a Robert Schumann “Szenen aus Goethes Faust” (1853), incluso podemos mencionar la “Canción de Mefistófeles
de la pulga" (1879), una versión de la canción de Mefistófeles en la escena
de la taberna de la parte I del Fausto de Goethe. La lista es aún mucho más
larga, pasando por Gustav Mahler, Franz
Schubert, Sergei Rachmaninoff, Julius Röntgen, Alfred Schnittke, Randy Newman
y trasladándonos a nuestros tiempos con Radiohead
o Muse.
Quizás las obras musicales más
importantes en torno a la figura de Fausto sean las siguientes:
-Sinfonía de Fausto:
El compositor húngaro Franz Liszt
trabajó en esta sinfonía coral durante 1854 inspirado en la obra de Goethe. La
obra fue estrenada el 5 de septiembre de 1857 durante la inauguración del
monumento a Goethe y Schiller en Weimar. La estructura está dividida en tres
partes: Fausto (grandiosa y poderosa), Margarita (más sosegada) y Mefistófeles
(llena de cromatismo).
-La condenación de Fausto:
Esta obra musical fue compuesta por el francés Hector Berlioz y se estrenó el 6 de diciembre de 1846, el guión
está basado en la traducción al francés de la obra de Goethe. Consta de cuatro
partes, está pensada para orquesta, voces solistas y coro. Hoy día se
representa regularmente en salas de conciertos y ocasionalmente en escena como
una ópera.
-Mefistofele:
En 1868 el compositor italiano Arrigo
Boito estrenó la ópera titulada Mefistofele, usando la obra de Goethe como
punto de partida y abrazando el estilo wagneriano en ella.
-Doctor Fausto:
(título original en alemán: Doktor Faust) es una ópera de Ferruccio Busoni con un libreto del propio compositor basado en el
mito de Fausto. Busoni trabajó en la ópera, que él pretendía que fuera su obra
maestra, entre los años 1916 y 1924, pero aún estaba inacabada cuando murió. Su
alumno Philipp Jarnach terminó la
ópera póstumamente. Más recientemente, en 1982, Antony Beaumont completó la ópera usando esbozos de Busoni que
antes se pensó que estaban perdidos
En el séptimo arte contamos con
bastantes versiones. Cabe destacar:
-Fausto (1926):
En 1926 el director de cine alemán Friedrich
Wilhelm Murnau llevó a Fausto a la pantalla grande, basándose en los
cuentos tradicionales de la figura de Fausto recogidos en la versión de los
clásicos de Goethe, creando una obra maestra del cine mudo.
-Faustina (1957):
Es una película española escrita y dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, autor también de la opereta “Si Fausto fuera Faustina”, estrenada
por Celia Gámez en 1942. Ambas tomaron inspiración de la célebre la novela de
Johann Wolfgang von Goethe “Faust”. Un
demonio es requerido para hacer un pacto con una anciana de tempestuoso pasado
que desea volver a la juventud. Mogón es un condenado que se suicidó por
aquella mujer que fue la causa de que perdiera su alma y esté en el infierno.
El reparto estaba encabezado por la estrella mexicana María Félix y Fernando
Fernán Gómez. La cinta se presentó en competición en el Festival Internacional
de Cine de Cannes. Sáenz de Heredia recibió el Premio del Sindicato Nacional
del Espectáculo al mejor director.
-Doctor Faustus (1967):adaptación al cine de “The Tragical
History of Doctor Faustus” de Christopher Marlowe, escrita en 1588. Fue la
primera versión para cine de una obra de Marlowe. Estaba protagonizada y
dirigida por Richard Burton, que interpretó el personaje principal de Fausto.El sabio Dr. Fausto (Richard
Burton) es un astrónomo, conocedor de las ciencias y las matemáticas. Una
brillante eminencia medieval. Un día, acude al bosque para hacer algo que
sobrepasa la ciencia y lo natural: comunicarse con el diablo. Así lo hace y
firma un pacto con él a través del príncipe infernal Mefistófeles (Andreas
Teuber). El diablo le concederá a Fausto todos sus deseos, inclusive el amor de
Elena de Troya (Elizabeth Taylor), y Fausto, a cambio, le venderá su cuerpo y
su alma cuando hayan pasado 24 años. Pero el tiempo de Fausto pasa de zanjar su
deuda surge el arrepentimiento por su inconsciente pacto.
-El fantasma del paraíso (1974):
Es una película musical dirigida por el director estadounidense Brian De Palma
con clara inspiración en los mitos de Fausto, El fantasma de la Ópera y El
retrato de Dorian Gray. El Fantasma del
Paraíso narra la historia de Winslow Leach (William Finley), un compositor cuya
obra es robada por Swan (Paul Williams), un poderoso magnate de la música que
planea inaugurar con ella su teatro El Paraíso. Winslow, a quien las
maquinaciones de Swan han terminado metiendo en la cárcel, escapa; sin embargo,
su rostro queda desfigurado en un accidente. Clamando venganza, se cuela en El
Paraíso, con la firme intención de sabotear la producción de Swan.
-Pactar con el diablo (1997): Kevin Lomax es un joven y
brillante abogado que nunca ha perdido un caso. Vive en Florida y parece feliz
con su esposa Mary Ann. Un día, recibe la visita de un abogado de Nueva York
que representa a un poderoso bufete que tiene la intención de contratarlo. Al
frente de la prestigiosa empresa se encuentra John Milton, un hombre mundano,
brillante y carismático, que alberga planes muy oscuros con respecto a Lomax.
El director de la película fue Taylor
Hackford. El film está lleno de simbología respecto a la lucha entre el
bien y el mal. Sobre todo la responsabilidad del hombre al momento de elegir
qué camino tomar, decisión que deberá tomar el protagonista al final de la
película. En el monólogo final, Milton le demuestra a Lomax que todo ha
sucedido por su propia elección, incluso le hace recordar que él mismo le
mostró el camino del bien pero que prefirió seguir el de su propio egoísmo.
-Fausto, El amor de los condenados (2000):
Es una película de terror española dirigida por Brian Yuzna. Fue estrenada en el Festival Internacional de Cine
Fantástico de Sitges. Su guion fue adaptado por David Quinn y Miguel Tejada-Flores a partir del cómic con el mismo
nombre realizado por Tim Vigil y David
Quinn. La película ganó el premio de mejor efectos especiales en el 2000 en
el Festival Internacional de cine de Cataluña, España.
-Fausto 5.0 (2001):
Reflexión sobre el mito de Fausto. Supuso el debut cinematográfico del grupo teatral “La fura dels baus”, un
prestigioso grupo catalán que se caracteriza por sus insólitas propuestas y sus
anticonvencionales atmósferas y estéticas. En
una convención médica, el doctor Fausto (Miguel Ángel Solá) se encuentra con un
antiguo paciente llamado Santos (Eduard Fernández). Este guiará a Fausto en un
viaje alucinante en el que los deseos de Fausto son órdenes para Santos. El
paciente es un ser grosero, malvado y seductor. Es por ello que tendrá que
luchar para que sus propios deseos no se vuelvan en su contra en una ciudad
futurista y caótica...
-Ghost Rider (2007):
Película escrita y dirigida por Mark
Steven Johnson. Su referente principal es el personaje del mismo nombre que
apareció en los Cómics de Marvel Johnny Blaze. Blaze hizo un trato con el diablo para proteger a los que más quería:
su padre y su novia de la juventud, Roxanne. Ahora, el diablo ha venido a
cobrar su deuda. De día, Johnny es un motero acróbata temerario... pero de
noche, en presencia del diablo, se convierte en Ghost Rider, un
cazarrecompensas de demonios deshonestos. Obligado a hacer la voluntad del
diablo, Johnny está decidido a enfrentarse a su destino y utilizar su maldición
y sus poderes para defender al inocente.
-Fausto (2011):
Producción rusa dirigida por Alexander Sokurov basada en las adaptaciones
literarias del mito de Fausto por parte de Goethe y Thomas Mann. Fausto es un sabio y honrado personaje que pretende
salvar a su pueblo de una peste y al no lograrlo, el diablo (Mefisto), le
ofrece un trato por el que tendrá que pagar un alto precio.
Fausto conserva hoy en
día todo su vigor simbólico: la ambición como condición humana sin medir las
consecuencias que pueda acarrear.
“Por eso,
pórtate bien y sé ejemplar; haz oír a la fantasía con todos sus coros, a la
razón, al entendimiento, a la sensibilidad, a la pasión; pero, eso sí, cuídate
de la locura”. (Goethe)
La rapsodia es una de las formas más antiguas de poesía y, quizá, el ejemplo más conocido sean las distintas partes de la Ilíada de Homero, a las que a veces se llama capítulos o cantos pero que, estrictamente, son rapsodias.
La referencia a Homero puede parecer lejana, pero no lo es, pues la Ilíada sentó las bases de cierta forma de la poesía occidental que perduró durante siglos. Las características fundamentales de una rapsodia son:
· Es narrativa (es decir, cuenta algo).
· Refiere hechos asociados con héroes, guerras, hazañas, etcétera.
· Es la forma poética fundacional de la poesía épica.
Si esta fuera la primera vez que escuchamos la canción de Queen, el título ya nos anunciaría algo: que vamos a conocer la historia de un héroe, quizá en una batalla de vida o muerte.
La canción tiene un profundo carácter esotérico. Su tema es, en cierto modo, el mismo que el de Fausto: la lucha entre el Bien y el Mal por el alma de un hombre. A este personaje lo conocemos sobre todo por la obra de teatro que J. W. Goethe escribió en 1808, pero en realidad se trata de una de las leyendas más importantes dentro de la cultura europea, que al parecer se originó en ciertos eruditos medievales y renacentistas cuyo amplio conocimiento resultó sospechoso para la sociedad de la época.
Las primeras alusiones a un personaje de este tipo se remontan al siglo XIII, y ya entonces se hablaba de un hombre de tal ciencia y conocimiento que se sospechaba que había hecho un pacto con el Diablo para cambiar su alma por el saber del mundo. Recordemos que la Edad Media fue particularmente reacia a la investigación que hoy llamamos científica y, por otro lado, que todo conocimiento fuera del campo de la religión solía verse con recelo, pese lo cual disciplinas como la alquimia o la anatomía salieron avante.
En cuanto al adjetivo "bohemia", éste alude a la región de Europa Central que existió desde la Edad Media y hasta la disolución del Imperio austrohúngaro, a inicios del siglo XX. ¿Pero por qué justamente "Bohemia"?
Bohemia fue una región conocida por sus alquimistas, probablemente la misma donde vivió el "Doctor Fausto" que dio lugar a la leyenda. En Bohemia, por ejemplo, reinó Rodolfo II, el emperador melancólico aficionado a la alquimia y la astrología.
Por otro lado, no puede descartarse que al momento de darle un título a la canción, Freddie Mercury tuviera en mente también las Rapsodias húngaras de Franz Lizst, una serie de composiciones de las cuales la "Rapsodia húngara No. 2" es particularmente conocida (ha sido interpretada incluso por Bugs Bunny y Tom y Jerry). Tanto en "Bohemian Rhapsody" como en la "Rapsodia húngara No. 2" se retoman temas populares en la estructura musical y, formalmente, comienzan de manera tranquila, calmada, para después pasar a un ritmo más bien desaforado y frenético.
La estructura y el contenido
"Bohemian Rhapsody" está compuesta a manera de cuadros o escenas. Como dijimos anteriormente, se trata de una canción narrativa, es decir, que nos cuenta algo; sin embargo, en este caso hay una diferenciación clara de los "episodios" de esa historia, los cuales se distinguen tanto a nivel textual como musical.
En el primer episodio una voz (el "yo poético" o "yo lírico" del que se habla en el análisis literario) se presenta y comienza a contar su historia. Al menos eso suponemos, porque se trata de un inicio in media res, es decir, de súbito y de lleno en las circunstancias del protagonista, de quien nada sabemos pero, sin que esto importe, ya lo estamos escuchando. "¿Esta es la vida real? ¿Sólo es una fantasía?" y "Soy sólo un pobre muchacho, sin necesidad de simpatía" son algunas de las cosas que dice esa voz.
Tanto por el inicio abrupto como por el tipo de preguntas y afirmaciones que hace quien canta, los primeros versos de "Bohemian Rhapsody" recuerdan parcialmente a El guardián entre el centeno de J. D. Salinger (1951) y El extranjero de Albert Camus, dos novelas narradas en primera persona cuyos protagonistas tienen una fuerte individualidad. En especial, la novela de Camus ha sido asociada con la canción de Queen, porque ambas comparten un mismo problema existencial: quien narra la historia confiesa haber asesinado a un hombre.
Con todo, en "Bohemian Rhapsody" existe una preocupación moral auténtica. El muchacho que canta sabe que su acto tendrá consecuencias pero además de que no sabe cuáles serán, tampoco quiere enfrentarlas; sabe que tendrá que "dejar a todos y enfrentar la verdad", pero también dice no querer morir.
En ese punto la canción pasa a otro cuadro. Luego de un solo de guitarra con ciertos aires melancólicos (posiblemente símbolo del llanto o el duelo ante la muerte simbólica de quien canta), la música deja la balada que hasta ese momento había sostenido y cambia radicalmente a un ritmo frenético.
"Veo la pequeña silueta de un hombre", dice el muchacho que cuenta su historia.
Esa estrofa de la canción en especial es una especie de "introducción" a un mundo poblado de demonios, el cual tradicionalmente se ha creído qué está gobernado por la confusión y el sinsentido.
Las palabras Scaramouch, fandango, Gallileo, Figaro y magnifico, aunque tienen un significado, en el contexto de este fragmento están más bien sólo por su valor fonético, con lo cual se logra una aliteración que busca transmitir la atmósfera caótica de los antros infernales.
Sin que esté necesariamente relacionado, este recurso fue utilizado nada más y nada menos que por Dante Alighieri, acaso el primer poeta a quien debemos una visita imaginaria al infierno cristiano. "Pape Satàn, pape Satàn aleppe", escribió Dante al inicio del Canto VII del Inferno, tres palabras que han desvelado a lingüistas, historiadores y profesores durante siglos, pues nadie sabe bien a bien de dónde sacó Dante dicha expresión, qué quiso decir con ella, si evoca un idioma en particular o si es pura palabrería sin significado saliendo de la boca del demonio que la pronuncia (como podría esperarse de una entidad carente de entendimiento y buen juicio).
El protagonista de "Bohemian Rhapsody", entonces, ha ido a parar al infierno o un lugar muy parecido, suponemos que por causa de la muerte que perpetró. En la siguiente escena, aunque lleva todavía la voz cantante, de pronto la comparte con un coro que, literalmente, intenta arrebatársela. Musicalmente, la voz del protagonista y la del coro se alternan, pero no dulcemente, sino en un intercambio en donde una está a punto de encimarse a la otra. Y no por casualidad, pues lo que cantan es nada menos que el destino del alma del protagonista.
"Me dejarán ir", dice el protagonista, pero el coro responde de inmediato: "¡No! ¡No te dejaremos ir!", frente a lo cual se alza otro concierto de voces que defiende al muchacho para decir: "Déjenlo ir". Entre uno y otro momento se escucha la expresión "Bismillah", que quiere decir "en nombre de Dios" en árabe (¿otra alusión a El extranjero de Camus?).
Esta escena termina ambiguamente diciendo que Belcebú ha puesto un demonio junto al protagonista, no se sabe si como una especie de condena de compañía o como un vigilante que le impida salir del infierno. La alusión a Belcebú, uno de los nombres del Mal en el imaginario judeocristiano (la palabra hebrea ha sido traducida como "el señor de las moscas"), confirma que el muchacho está siendo juzgado por el demonio.
La escena final de "Bohemian Rhapsody" es una coda, palabra italiana de amplio uso en música y poesía para nombrar la parte final de una pieza (coda proviene del latín cauda, que quiere decir "cola"). La voz cantante regresa a la calma con que todo inició, pero de otra manera: si al principio parecía confundida, preocupada, ahora su mensaje es más certero, pero también más fatalista:
En realidad nada importa.
Cualquiera puede ver.
Nada importa para mí
Y de cualquier modo el viento sopla.
En combinación con los versos anteriores, la línea final de "Bohemian Rhapsody" tiene un cariz entre trágico y estoico, decididamente humano, como si el muchacho finalmente hubiera entendido que no importa qué preocupaciones le aquejen, qué sufrimientos atraviese o qué penas hagan que su corazón se parta, el mundo y la vida de todos modos continuarán su propia marcha. La alusión al viento, por cierto, recuerda otro verso célebre, el de Paul Valéry en El cementerio marino (que hace unos años sirvió de título a la última película dirigida por Hayao Miyazaki):
Le vent se lève... ! Il faut tenter de vivre !
(¡El viento se levanta! ¡Es necesario intentar vivir!)
Balada, Rock, ópera... ¡y todo en una misma canción!
Este
año me perdí, me perdí en medio de un gran vacío, y en vez de caer, seguí ahí,
flotando, en un espacio en blanco e infinito, tan inmenso que no parecía haber
nada hasta que de pronto la vi, una puerta que se abría, otra se había cerrado
con ruido, pero en vez de sentirme fuera me encontré dentro de algo nuevo, y un
pensamiento se formó ante mí como un hechizo de magia, salían chispas doradas y
humo de colores que se elevaba culebreando hasta un cielo lleno de estrellas,
colmado de deseos. Los colores me hicieron respirar aliviada, feliz y tranquila,
eran vivos, brillantes y tan intensos que no parecían de este mundo. Había sido
gris, un poco azul, pero de pronto era rojo, rosa, naranja… ¡verde! Los toqué
con mis dedos, se hicieron reales, fueron mis talismanes, tuve algunas visiones
pero no del futuro, era mi pasado, era mi paso por este año raro que me ha
dejado varios sabores en el paladar a los que habría que inventarles un nombre.
Me he sentido frágil pero el tiempo me ha enseñado cosas nuevas, me ha puesto a
prueba y seguirá poniéndome, es la lección que me deja el 2018, aún sigo siendo
una alumna, tengo mucho, mucho que aprender, lo digo con la humildad del que
cae y se tiene que levantar, pero seguiré caminando, envolviéndome de colores, buscando
un rumbo, haciendo mi camino, sintiéndome más bohemia, mas errante, mas trotamundi
que nunca…
Tengo
ganas de seguir cuidando a mi pequeño planeta, de seguir dejando mis huellas,
de esparcir mis letras, de regar con risas y amor a los que me rodean, te invito a ti a que me
acompañes, ¿tomas mi mano?, ¡viajaremos lejos!