lunes, 17 de octubre de 2016

Photo fantasma!!!


“Si estás ahí, manifiestate… ¿Eh, fantasma?, ¡estoy hablando contigo!”
Y sin embargo no se deja ver, rara vez se hace notar, pero yo sé que está ahí, ¡he visto una foto suya! Por eso sé que está por aquí, en alguna parte, pululando, flotando. Es muy tímido, es eso, se esconde, aunque intuyo que le atrae la luz del flash, tengo que probar otra vez. “¡Hola, fantasma, ven, fantasma, quiero hacerte un retrato, mira, por aquí, ehhh!”



La niña de la ventana
Este edificio estaba vacío cuando Tony O’Rahilly tomó la fotografía, sin embargo, se puede ver una figura, y bastante definida, en la ventana. En 1677, una niña prendió fuego al techo del lugar por accidente, el incendio se propagó con velocidad, quemando varias casas de alrededor. Se cree que su fantasma ronda el lugar desde entonces.


El monje
En 1954 un reverendo llamado Ford tomó una fotografía de su iglesia y descubrió sobresaltado que aparecía la figura de un monje con cara deformada. El inquietante ente parece mirar directamente al frente, precisamente al hombre detrás de la cámara.



El fantasma de Raynham Hall
Es uno de los fantasmas más conocidos debido a esta fotografía. Allí se muestra el fantasma de una mujer que vive en la enorme casa. La foto fue tomada en 1936 y la figura pertenece a Dorothy Townshend, quien vivía allí a principios del siglo XVIII. Su marido descubrió que le fue infiel y la encerró para torturarla hasta su muerte.

El fantasma del asiento trasero
Mabel Chinnery tomó esta fotografía en 1959 después de visitar la tumba de su madre. Su marido la esperaba paciente en el coche, y ella quiso tomarle una foto, pero no contaba con que al revelar la instantánea descubriría que en el asiento trasero aparecería la imagen de su difunta madre.

El fantasma de Freddy Jackson
Estos hombres no esperaban ver en su fotografía la cara de su compañero muerto hacía dos días. Freddy Jackson era un mecánico de la fuerza aérea que murió en un accidente, pero dos días después apareció en esta foto grupal de su equipo.

Fuentes:

sábado, 8 de octubre de 2016

Símbolos misteriosos


…¿O no tanto?
Muchas veces el desconocimiento nos hace atribuir ciertas cualidades oscuras a algunos simbolos del que realmente no conocemos su significado. Aunque también los hay oscuros y muy negros tanto por lo que representan como por lo que les envuelve.
Hoy en Bohemio Mundi, símbolos misteriosos… y no.

El Árbol de la Vida: El árbol de la vida está considerado cómo uno de los símbolos más importantes de la Cábala; está formado por diez esferas llamadas Séfirot, que pertenecen a las diez emanaciones y formas de Dios. están conectadas entre sí por veintidós senderos que llaman séfiras.
Comprender y llegar a las séfiras equivale a comprender a Dios y a la creación del universo.
El árbol simboliza la ascensión del iniciado para trascender a otra realidad.


El sello Rosacruz de A. M. O. R. C.: El sello representa una organización tradicional iniciativa y fraternal de carácter rosacruz, no sectaria y apolítica fundada en 1915.
La rosa simboliza el crecimiento progresivo del alma al enriquecerse de conocimiento.
La organización se dedicaba a diferentes estudios y se dividían en nueve grados que el iniciado debería alcanzar si quería llegar a ser sabio.
El último grado representaba el conocimiento de la alquimia espiritual.



El ojo de Horus: Simboliza el estado perfecto, el orden y también la protección mágica otorgada por el sol.
El ojo contiene fórmulas matemáticas ocultas que los egipcios supieron interpretar, ya que para ellos la magia residía en las matemáticas.



Pentagrama: Simboliza la protección de los magos y el control del espíritu; el círculo aislaría al mago de ataques mágicos.
El hombre controla todos los elementos espirituales de la naturaleza: el agua, el aire, la tierra, el fuego y el éter.
También simboliza la lucha contra el mal.



Pentagrama invertido: Representaría lo opuesto al pentagrama.
Es el símbolo del mago negro, el ángel caído. el mago que utiliza éste símbolo valora más lo material, dejando a un lado lo espiritual. se conforma con los placeres carnales.
Ha sido utilizado como símbolo satanista.



La cruz hermética del Alba dorada: Éste símbolo pertenece a una sociedad ocultista de Londres que fue creada en 1888.
La orden hermética del Alba es una sociedad hermética de carácter secreto en la que trataban temas como el esoterismo, saberes herméticos, cabalísticos, alquímicos y la tradición rosacruz.

La estrella de Davíd (El sello de Salomón): El símbolo se remonta desde la antigua Babilonia.
Está formada por dos grandes triángulos, que a su vez forman otros seis pequeños con doce aristas, que representarían a las doce tribus de Israel.
Simboliza la fusión de la dualidades (el fuego y el agua, el sol y la luna, lo masculino y lo femenino).


El símbolo de Uróboros: Simboliza el eterno retorno de las cosas, el renacimiento y la continuidad ante el tiempo.

Para los Alquimistas era un símbolo sagrado de equilibrio ante los elementos naturales y la transformación de los compuestos.



La esvástica: La palabra significa bienestar, fortuna, suerte, prosperidad.
Si va en sentido de las manecillas de reloj representa la evolución del universo y si gira al contrario representa la involución del universo.
Simboliza los cuatro elementos: fuego, madera, agua y tierra.







El septagrama: La gran estrella alquímica, representa los siete planetas de la astrología antigua. Simboliza los siete chacras e interpretas a los humanos como un elemento alquímico catalizador de la piedra filosofal.



Fuentes:

martes, 4 de octubre de 2016

La cabina

Una inofensiva cabina telefónica se convierte en una autentica pesadilla, casi trasformado en un monstruo rojo y perverso que atrapa en sus fauces a un hombre normal y corriente, ¿y por qué precisamente a él?, ¿el azar, el destino?
Estoy segura de que conoces el cortometraje que comparto hoy en mi blog. Minutos llenos de angustia e impotencia, donde el infortunio ajeno se convierte en espectáculo y diversión para los observadores morbosos que están fuera. El claustrofóbico momento va subiendo de intensidad, pasando por todos los estados, desde la incredulidad, la desesperación, el miedo y la tristeza, hasta la desolación por comprender que nunca escapará de su cabina fatalmente convertida en sarcófago.


Director: Antonio Mercero.
Año: 1972
Intérpretes: José Luis López Vázquez, Agustín González, Goyo Lebrero, Tito García, Carmen Martínez Sierra, Carmen Luján, María Vico.
Argumento: El argumento desarrolla una parábola kafkiana concebida en forma de relato corto por el escritor Juan José Plans.
Un ciudadano común y corriente queda atrapado en una cabina telefónica. Pese a los intentos de ayuda de los transeúntes, no puede ser liberado. Pero las cosas pasan a otro nivel cuando los misteriosos operarios que instalaron la cabina esa madrugada se lo llevan con el aparato y todo a un destino desconocido. En el trayecto, el prisionero va dándose cuenta de que está indefenso en manos de unas fuerzas siniestras que lo conducen a un inexplicable y atroz destino del cual parece no haber escapatoria, y del que ninguno de nosotros puede considerarse a salvo.
Anécdotas:  
Los censores de la época se quejaron porque salía un ministerio, dicha escena fue recortada.
La cabina telefónica fue pintada de un color rojo para crear angustia, también se cambió la parte de cristal por plástico ya que éste era más difícil de romper y se abría si se rodaba de frontal para que le entrara aire a López Vázquez debido al asfixiante calor.
La banda sonora era muy importante en la película debido a que en muchas partes de la obra no hablan los personajes. Para la escena final se decidió utilizar El triunfo de Afrodita de Karl Orff, sin embargo el director no le pidió permiso para poder usarla y Orff le demandó, sin embargo el juicio se cerró favorablemente para Mercero.


Fuentes: Wikipedia. Google imágenes. YouTube.

martes, 27 de septiembre de 2016

Paula Bonet

Me gustan las cosas originales y con carisma, me gustan los artistas con personalidad y que aportan cosas fuera de lo común o que se salen de lo ya visto, así que si eres como yo estoy segura que el arte de Paula Bonet te va a entusiasmar…

Paula Bonet, 1980. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, completa su formación en Santiago de Chile, Nueva York y Urbino. Inicialmente trabajó las técnicas de pintura al óleo y grabado (calcográfico, xilográfico, litográfico), pero a partir de 2009 se centrará en la ilustración y desde entonces trabajará en ese campo.
En 2013 ilustra “Léeme” (Andana Editorial) y el poemario de Estel Solé “Si uneixes tots els punts” (Editorial Galerada). “Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End” es el primer libro con texto e ilustraciones de su autoría (marzo de 2014, Lunwerg Editorial). En septiembre de 2014 publica “La pequeña Amelia se hace mayor”, un álbum ilustrado pop up (Editorial Combel). “813” es el segundo libro del que es autora tanto del texto como de la imagen, se trata de un homenaje ilustrado al cineasta francés François Truffaut y a un fragmento de su filmografía (La Galera, febrero 2015).
Su obra ha sido expuesta en Barcelona, Madrid, Valencia, Oporto, París, Londres, Bélgica, Urbino y Berlín.
Su trabajo, cargado de poesía, tiene multitud de ramificaciones, desde la ilustración en prensa (Diari Ara, Revista Kireei, Revista Calle 20, Ling, ESCAC, Caràcters, Le Cool), la escenografía, el cartelismo (The Black Keys, Vetusta Morla, Jacko Hooper) o la pintural mural.


















viernes, 9 de septiembre de 2016

8cho


Han pasado ocho años desde que Bohemio Mundi existe. Se dice pronto, pero ¡¿cómo ha podido pasar tanto tiempo?! (Pausa para suspirar) Y sin embargo, sí, los calendarios han caído durante ocho años, nada más y nada menos. Una parte de mí se sigue sorprendiendo de lo rápido que gira el mundo, incansable, imparable, como una loca carrera que no sabes cuándo concluirá…. Pero hoy nada de eso importa, ni el tiempo, ni la velocidad, ni el espacio.
Hoy recorro este pequeño planeta y me paro a contemplar sus verdes llanuras, hay un rincón muy fresco en donde la hierba es alta y verde, se está bien allí, cerca hay un pequeño riachuelo cuya música transporta versos, palabras, pensamientos, ideas y proyectos… Creo que es la voz de la imaginación, hay días que suena más apagada pero de vez en cuando se entona, y se la oye sin problemas reverberando en las esquinas de este mundo chiquitito. Si esa voz suena las flores brillan, es un fenómeno extraño, pero muy mágico, brillan como farolillos, alegres y festivos. Entonces la tierra se mueve como un gigante que se despierta de un letargo soporífero. Algo te sacude por dentro, como un sentimiento de alegría contagiosa, supongo que la culpa la tienen esas partículas de imaginación que flotan como pétalos amarillos, impregnándolo todo, bañándolo todo. ¡Que alegría me da cuando esa maquinaria productiva se pone en funcionamiento! Eso sí, hay que alimentarla, de lo contrario no hay manera. No es que sea muy exigente, sólo hay que darle un poco de paz, de calma, de tiempo, no le importan las dosis, pero sí que tenga un poco de cada cosa. Quiero cuidarla, hago lo que puedo, pero a veces me es complicado encontrar esos ingredientes que me demanda; la calma, el tiempo, la paz…
Sin embargo mientras Bohemio Mundi y yo tengamos un poquito de esas cosas seguiremos cuidando del planeta…
¡A por 8 años más!
Para despedirme tengo que darle las gracias a los habituales bohemios por seguir visitando mi mundi, gracias por cuidar de que los caminos que llevan a él no se pierdan ni se sequen. Paz. 

viernes, 26 de agosto de 2016

Pesca especial

Tommy sabía sobre mareas que brillan, sobre fosos marinos que albergan secretos como restos de otras civilizaciones o centros gubernamentales de cooperación extraterrestre, bien puede que eso no fuese real más bien una conjetura, pero conocía lo suficiente sobre fondos abisales donde no ha penetrado la luz y triángulos misteriosos como para hacerse una idea de que, lo que había allá abajo, en el fondo, fondo, fondo del mar, era poderosamente desconocido y considerablemente fascinante.
Su fascinación por el mar era tan inmensa como el propio mar, le venía de siempre, corría por sus venas como el agua salada lo hacía por la quilla de un barco. Y por eso mismo conocía las historias que había que conocer. Pertenecía a una estirpe de marineros y hombres de mar ¡todo un estilo de vida! Además su madre era una de las pocas mujeres fareras que seguían en activo.
Tommy vivía en un litoral famoso por sus hundimientos, donde las conversaciones normales giraban en torno a  barcos partidos por la mitad como astillas, olas cual paredes de más de 40 metros de alto obviamente creadas de la fantasía, y leyendas de fantasmas de ahogados, que se sumaban a las otras historias que contaban los más ancianos para enfrentarse al mar, leyendas de los supersticiosos, agüeros que a él no le provocaban ningún temor ya que su barquita no estaba hecha para manejarla con miedo. Y a eso se dedicaba Tommy casi todo el tiempo: a bogar al amor de las mareas bajo la sombra del faro.
Los días de tormenta su madre le prohibía navegar y lo varaba en tierra. Lo malo del caso era que ella consideraba tormenta a cualquier lluvia que cayera hasta la más insignificante.  ¡Qué sentimiento tan cruel era para Tommy no sentir el viento lleno de sal en la cara! Era tal la nostalgia que a Tommy no le bastaba con corretear por los astilleros ni jugar entre los esqueletos y estructuras de los barcos viejos para aliviar su necesidad, el arrullo de las olas le llamaba como el canto de una sirena.
Aquella noche de tormenta cayeron más de 300 relámpagos en la costa. Unos buscaban al faro igual que polillas atraídas por la luz, otros perforaban la rizada superficie marina que por unos instantes se quedaba blanca y lívida por el sobresalto. Los brillos nocturnos del mar habían sido algo que Tommy había estudiado mucho, con bastante contemplación y detenimiento. Desde su ventana, redonda igual que la estructura del faro,   descubrió como unas persistentes luces azuladas parpadeaban a la deriva. No eran luces mecánicas, no procedían de ningún dispositivo, lo que brillaba ─determinó prismáticos en mano─ era algo vivo que emitía su propia luz. Estudió el destello durante horas, esperando. Quedaban apenas un par de horas para el amanecer cuando se decidió. La tormenta había cesado pero aún se percibía cierta nota eléctrica en el aire, especialmente por el olor que éste desprendía, tan característico como el del ozono. Muy de vez en cuando los silenciosos relámpagos coloreaban de malva la oscuridad, luz que por un momento complementaba a la de su linterna. Con el chubasquero cerrado hasta las orejas Tommy sostuvo sus utensilios de pesca, especialmente comprobó el estado de su red, y de un salto se sentó en la bancada del bote, aferrándose a los remos, ¡no había tiempo que perder! Avanzó con determinación hacía la luz. Algunos minutos después, cuando le parecía que estaba a punto de alcanzarla,  ésta se apagó. Tommy la buscó a la desesperada hasta que descubrió que algo iluminaba el bote desde abajo. Alongado sobre el costado de popa se percató de que se trataba de su luz, luz que cambió del azul al rojo y otra vez al azul, luz que no pertenecía ni a un calamar ni a una medusa ni a un alga, era algo que nunca había visto, sin duda una especie nueva, o una especie vieja, pero algo completamente extraño y fascinante. Dudó unos instantes pero terminó lanzando la red. Lo que subió a bordo le maravilló. ¿Qué podía ser eso? ¿Una cría de kraken, tal vez? ¿Algún ser mitológico perdido en medio de la evolución? ¿O se trataba de otra cosa, algo que no era de ese mundo, algo que venía de más lejos, de más hondo? Tommy lo introdujo con cuidado en el agua de su cubo, tenía que llevárselo a su casa para estudiarlo mejor.
El sol clareaba la madrugada cuando amarró la barca y corrió con torpeza por el pantalán con el cubo en ristre. No hizo ruido al deslizarse escaleras arriba hacía su habitación. Se sentía realmente excitado. Temblaba cuando decidió cambiar de recipiente al espécimen, metido en ese cubo de goma no podría estudiar con fundamento aquella fisionomía, y era vital que lo hiciera. Lo apropiado sería buscar una pecera pero él no tenía ninguna. Pensó en algo que pudiera servirle para tal fin, algo que fuera ancho, no muy grande, y por supuesto de cristal. Clavando los ojos en la estantería encontró la solución, y no pudo esperar. Al introducirlo en el antiguo jarrón de cristal de su madre aquella cosa de un solo ojo cambió de color, esta vez su luz era amarilla, amarilla y perturbadora, tanto que Tommy se sintió algo cegado y mareado. Sentado en la cama, incapaz de moverse, descubrió aterrado que lo que él había metido dentro del jarrón empezaba a cambiar de tamaño... y que obviamente no era sólo un pez, un pez no caminaba sobre sus aletas.
“Mamá vendrá a ayudarme”, imaginó, “en cuanto oiga el ruido de los cristales aparecerá”, se dijo a sí mismo para calmar la angustia de presentir que lo que él había robado al mar era menos insignificante y más peligroso de lo que se figuraba. 


viernes, 19 de agosto de 2016

Olor a mar

¡Cuánta paz respiraba aquel lugar! El rítmico y acompasado sonido del mar, las olas llegando a la orilla mudas y cansadas, lentas y pesadas, mareas que han viajado kilómetros sólo para besar aquellas rocas apiladas, agrupadas en racimos descontrolados sobre el litoral.
Las piedras negras están moteadas de verdor, el  verdor ambarino y oxidado que dan las algas. Y a eso huele el aire, a alga verde y a sal.
El mar es azul y va surcado de ondas dinámicas que se mueven y oscilan y arañan las retinas con el brillo de la luz del sol que parpadea y fascina. Da la sensación de que hay diamantes a la deriva, botines piratas perdidos, gemas extraviadas del joyero de una sirena.
El mar es penetrante, de un azul degradado. Al fondo en la línea plana e infinita del horizonte está más remarcado, es en la costa cuando sus tonalidades son mas verdes hasta que estalla en espumas blancas. ¡Cuánto poder tiene el agua!

Aquí la playa es de piedra, rocas cuadradas y dentadas que apenas dan paso a un escueto reducto de arena, altar de los bañistas. En la arena negra hay guijarros hundidos en dónde la espuma del mar se enreda y burbujea, marcando al retirarse la ola un camino de uniformadas burbujas blancas en un desfile hacia el mar. Justo arriba, en las montañas que se asoman al océano, plano y azul, hay tabaibas. Las tabaibas aguantan secas en una costra marrón, las temperaturas y el sodio tragado las han secado. Más allá hay cuatro palmeras típicamente canarias, algunas enredaderas y flores de hibisco. Una  familia de cangrejos se ha instalado sobre una piedra. Son negros y se camuflan. Se mueven como si bailaran un vals. A pocos metros, en el remolino del agua un pez alargado y picudo como una espada bucea girando con las olas picadas. Casi enseguida el pez consigue escapar del trombo de agua tibia y hacia allá se va, hacia mar abierto. Lo persigo sin dudar, guiada por un impulso, ni siquiera me he ajustado las gafas y el tubo. Me sumerjo. Mi corazón se detiene, no hay palabras, ¡no las hay!, me he quedado sin ellas después de descubrir el inmenso y colorido mundo nuevo que encuentro allá abajo. Es fascinante que aquel paisaje pudiera superar en tanto al de arriba…


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