miércoles, 9 de febrero de 2011


El momento de cine que he escogido pertenece a la película “Pretty Woman” conocida en castellano con el mismo nombre. En realidad no se trata de ninguna escena en concreto porque casi no he podido encontrar ninguna que pudiera insertar y que se oyera en español. De todas formas en este video podrás ver en acción a Edward Lewis, un estresado hombre de negocios que por casualidad se encuentra con Vivian, una mujer de la calle que es todo corazón.




También te dejo este link, para que veas alguna escena de la película, especialmente su final, la guinda al cuento de hadas. Un final sin caballos blancos ni armaduras, pero dotado de encanto, rosas rojas, música bonita, una sonrisa seductora, ¿qué mas se le puede pedir a la vida?

Trama: Un acaudalado y frío hombre de negocios conoce en Hollywood Boulevard a una joven y atractiva prostituta a la que alquila durante una semana para que sea su acompañante en sus cenas con los clientes. Para ello la chica se verá sometida a todo un cambio de look tras el que nadie podrá ver, a simple vista, que es una chica de la calle.

Pretty Woman (Mujer Bonita en castellano) es una comedia romántica protagonizada por Julia Roberts y Richard Gere. Dirigida por Garry Marshall, fue estrenada el 23 de marzo de 1990 en Estados Unidos y significó un enorme éxito en taquilla. Gracias a esta cinta Julia Roberts fue nominada a los Oscars como mejor actriz aunque no se llevó la estatuilla.

El fenómeno de audiencia en la televisión de España
Desde que el 2 de enero de 1994 se estrenara Pretty Woman por primera vez en TVE, hasta el último pase hasta la fecha el 6 de junio de 2010, se ha emitido la película un total de catorce veces. Las catorce veces ha liderado con holgura todos los rankings de audiencia, un record reconocido para una película tantas veces emitidas en España, siete veces por TVE, seis por Telecinco y una por Antena 3; y jamás ha bajado de los 3.400.000 espectadores, moviéndose entre el 55,6% y el 20,8%. ¿Cuál será su secreto?

Curiosidades y anécdotas de rodaje:

*La escena donde Richard Gere abre una caja con un collar para dárselo a Julia Roberts y la cierra repentinamente, provocando el susto y la risa de Julia, no estaba en el guión. Fue un invento de Richard Gere pero al director le hizo tanta gracia que decidió dejarla.

*En la escena del aeropuerto, se puede escuchar como música de fondo la canción: "Fallen" (sueño), cuya letra es cantada por el grupo español "Presuntos Implicados" haciéndoles compañía Randy Crawford.

*El final de la película inicialmente era otro: Richard Gere se marchaba al aeropuerto y Julia Roberts se iba a su pueblo.

*En el famoso afiche de la película, sólo la cara pertenece a Julia Roberts. El cuerpo es de Shelley Michelle, una modelo que dobló el cuerpo de Julia Roberts.

*Para algunas escenas Julia Roberts fue doblada de cuerpo, se debió a que necesitaban a alguien con mas curvas, ya que Julia estaba muy delgada.

*Cuando Richard Gere está en el bar del hotel tocando el piano, no es ningún doble el que lo toca, es él mismo, al igual que la música, que fue compuesta por el propio Richard.

*Cuando el personaje de Gere baja al vestíbulo del hotel a tocar el piano, Julia Roberts se acerca y el le dice ¡Julia!, (su nombre real) en vez de Vivian (el nombre del personaje). Pero en realidad la película esta llena de gazapos como este: cruasanes que desaparecen y vuelven a aparecer convertidos en tortitas, corbatas que se anudan solas, etc.

*El primer borrador de la historia, trataba sobre una prostituta que era atormentada física y mentalmente por un millonario, pero al final decidieron que sería más adecuado (¿rentable?)una película romántica.

*El título que se barajó en principio para la película era "3000 $", en alusión a la cifra que Edward paga a Vivian por estar con él toda la semana, hasta que finalmente fue sustituido por el título de una de las canciones de la banda sonora, la famosa “Pretty Woman” de Roy Orbison.

*En la película hubo tan mal rollo entre los protagonistas, que aunque durante las escenas en las que Gere y Roberts aparecían juntos ella iba descalza y él con alzas, por eso de la altura, en cuanto terminaban de rodar una escena ella se ponía tacones de aguja de 10 centímetros.

*La opera que Richard Gere lleva a ver a Julia Roberts es "La Traviata", que cuenta la historia de una prostituta que se enamora de un hombre rico.

*El director Garry Marshall tiene un cameo en la película, donde se le puede ver saliendo del hotel.

*En la escena donde Stuckey pega un portazo a la puerta del coche tuvo que ser reemplazada porque la ventana se rompió.

*El abrigo rojo que Vivian lleva durante la película fue comprado por 30 dólares poco antes de empezar a rodar.

*Esta fue la última película del actor Ralph Bellamy.

*La película que Julia está viendo poco antes de bajar al bar para encontrarse con Edward es "Charada", de 1963, protagonizada por Audrey Hepburn y Cary Grant.

*El coche con el que Edward recoge a Vivian al comienzo del film pertenecía a la productora Nancy Gross.

*El actor Christopher Reeve fue considerado para el papel de Edward Lewis.

*A la actriz Molly Ringwald se la ofreció el papel de Vivian, pero lo rechazó.

Voy a alternar cine clásico con alguno más moderno, para hacer estos momentos de cine más interesantes y algo más actuales. Además ya estoy harta del blanco y negro, quiero color…


¡Buen cine!


Fuentes: Juliaroberts.iespana.es/prettywoman. Tepasmas.com. Todocine.com. Wikipedia. Google imágenes.

lunes, 7 de febrero de 2011

¡Hasta con una escoba!


Fred Astaire era un bailarín estupendo, tanto que lo mismo le daba tener como pareja a una rubia, como a una fregona, un conejito de peluche o un perchero. Y si se diera el caso ¡hasta con una escoba! Porque cuando el ritmo te llama…







El príncipe de la danza, (1899-1987) nació y se crió en Estados Unidos. Desde muy pequeño destacó por sus increíbles dotes. Aprendió junto a su hermana Adele con la que formaría dúo musical. Juntos realizaron numerosas giras y protagonizaron grandes éxitos como "Over the top". En 1917 conquistaron Broadway participando en las comedias musicales de Gershwin y de Kern. Cuando su hermana contrajo matrimonio, Fred se quedó sin pareja artística pero pronto encontraría a la que sería su pareja ideal: Ginger Rogers. Su consolidación cinematográfica le llegaría cuando le ofrecieron un papel secundario junto a Ginger Rogers en “Volando hacia Río de Janeiro”. A mediados de los años 30 Astaire y Rogers ya eran una pareja consagrada que logró sus más altas cotas en películas como “Sombrero de copa” (1935), “Sigamos a la flota” (1936) o “Swing time” (1936). A partir de 1939 se produjo un largo paréntesis en el que no trabajaron juntos pero diez años más tarde reaparecieron. En 1949 la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood le concedió un Oscar honorífico por "su virtuosismo y contribución al arte de la comedia musical", galardón que le fue entregado a Ginger Rogers. Casi tres décadas más tarde, en 1974, fue nominado como mejor actor secundario por su papel en “El coloso en llamas”. Durante los años sesenta cambió el claqué por las interpretaciones dramáticas revelándose de este modo como un actor versátil, aunque nunca abandonó del todo el musical. En 1968 se despidió del género pero no del cine ya que su última incursión se dio en 1981 en la película de terror “Historia macabra”. Y eso que su primera audición no parecía demasiado prometedora: "No sabe cantar. No sabe actuar. Con entradas. Sabe bailar un poco." Y es que nunca hay que dejar de perseguir los sueños.

sábado, 5 de febrero de 2011

John Barry

Se apagan las luces, las voces se van mitigando, sólo quedan pequeños murmullos, aislados sonidos, alguien que mastica, una bolsa de plástico al abrirse, el pitido de un teléfono al apagarse. Entonces la expectación aumenta. De pronto la gran pantalla de cine se enciende y parpadea con una tenue luz azulada. Comienza la proyección. Las imágenes, las voces hablan, pero la magia comienza cuando llega el acompañamiento musical. La banda sonora potencia esas emociones que las imágenes por sí solas no son capaces de expresar. Un piano solitario, una guitarra triste, una saxofón llorón… Una escena romántica necesita música de violín, también una escena de tensión con toda su fanfarria o una de persecución con sus instrumentos de metal martilleando tus oídos. Porque, ¿qué sería de las películas sin su música?


No sería lo mismo ver “Tiburón” sin sentir ese latido dentro de ti, ese miedo real a ser atrapado. La música es muy importante en algunas películas, tanto o igual que la historia. “Carros de fuego”, la “Pantera rosa”, “Candilejas”… Ni siquiera “James Bond” se salva de reconocido por su característico sonido…


El pasado día 30 de enero murió su compositor, el británico John Barry. Murió a los 77 años de edad, víctima de un ataque al corazón. Tras de si deja casi 50 años como músico.


Compositor para cine, teatro y televisión, fue ganador de cinco Óscars de la Academia por Memorias de África’, ‘Bailando con lobos’, ‘El león en invierno’ y ‘Nacida libre’ (mejor canción y mejor banda sonora). También recibió cuatro Grammys, un BAFTA por toda su trayectoria profesional en 2005 y un Globo de Oro (‘Memorias de África’). Barry recibió la Orden del Imperio Británico en 1999 por su aportación al mundo de la música, donde destacó por su combinación de instrumentos de viento y metal, sus elegantes melodías y la intensidad orquestal de sus composiciones.





Me encantan las bandas sonoras, me sirven como inspiración y a veces como terapia, me inquietan, me relajan, me enternecen, me emocionan. Hacen de todo eso un algo palpable que puedo transcribir en un papel después. Pero si existe una banda sonora a la que no me puedo resistir en este mundo esa es “Memorias de África”. Escuchándola con los ojos cerrados me puedo desplazar hasta allí… Soy yo la que va a bordo de esa avioneta, Robert Redford me tiende una mano que yo aprieto, y me sonríe. Surcamos una marisma repleta de flamencos rosas que espantados vuelan a nuestro paso. Atardece, todo se ve naranja mientras sobrevolamos la sabana del Serengeti, es un momento mágico… creo que me estoy enamorando…







¡Buen viaje John Barry, gracias por hacerme soñar!


Fuentes: Wikipedia, Thrillerwebzine.com. Google imágenes.

martes, 1 de febrero de 2011

Breve historia de un paraguas negro




Siempre fue un objeto triste, apartado, relegado al frío y los días de lluvia. Su espíritu jamás fue alegre, así que no despertaba simpatías ni apegos. Su nacimiento tuvo lugar en una pequeña fábrica de grises muros. No fue hijo único. Jamás fue un paraguas elegante, a pesar de sus rígidas varillas de acero y su bonito mango de cuero. Sus acabados de plástico le restaban calidad, pero sus líneas cóncavas y su sofisticado acabado salvaban dicha impresión. Cerrado se convertía en un excelente bastón, todo un clásico que nada tenía que ver con esos desenfadados “de bolsillo” que parecían burlarse de su impecable sobriedad.

“Y tú de que te ríes, ¿eh? ¡Si sólo vales para una cosa!”
Si, era cierto que aquellos modernos paraguas de colorines sólo servían para guarecerse de la lluvia, mientras que él… Pero nadie lo compraba, nadie lo quería. Daba lo mismo lo alto que fuese, lo cómodo o eficaz, simplemente nadie reparaba en él.

El tiempo cubrió al paraguas de polvo, y al fondo de la estantería, olvidado, pasó el pobre sus primeros años de vida, en silencio, en la oscuridad. Cuando alguien reparaba en él enseguida lo apartaba a un lado; decían que era feo, triste, caduco… ¡Y con que insolencia lo miraban los “de bolsillo”, con cuanta superioridad!
“Dos usos puedes tener, pero si nadie te quiere… ¿Qué empleo, entonces, puedes hacer?”
Y tenían razón. Deprimido pensó en la posibilidad de no conocer los días de lluvia, ni las gotas de agua, de no valer jamás para lo que había sido creado. Y ello le provocó una inmensa tristeza.
“Si sólo fuese una sombrilla, quizás mi destino fuese otro, vería el mar, y el sol, la ciudad y el campo. Y quizás alegre sería mi ánimo”

Durante un tiempo tuvo envidia de aquellas sombrillas de rayas que no permanecían en la fábrica más de dos semanas, incluso de los toldos, de los parasoles. Pensar en la vida que éstos llevarían le llenó de desasosiego.
“¿Qué tengo yo? Nada, sólo la esperanza… ¡y es tan poco eso!”
“¿Poco?” Oyó replicar a alguien. “¿Dices que es poco lo que tienes?”
El paraguas negro se encontró a otro paraguas negro mucho más viejo que él, ya desgastado, sin brillo, agujereado. Era el primer paraguas que aquella empresa creó, un molde en desuso, una muestra que sólo servía como recordatorio de épocas anteriores.
“Soy viejo, gordo, pesado. Así me hicieron, fui una innovación hace mucho tiempo. Me etiquetaron como “el primer impermeable” y fui muy popular, ¡que tiempos aquellos!”
El paraguas negro se sintió invadido cuando aquél lo observó con parsimonia.
“Mi nueva y joven copia” Farfulló el viejo, repasando después como por encima, su obsoleta estructura de madera y hueso de ballena, sintiéndose pesaroso además de abatido.
“Mírame, tengo mas de ciento cincuenta años y peso casi cinco kilos, la gente se cansa sólo con mirarme…”
Por algún motivo comprendió que la situación del viejo era mucho peor que la suya y sintió una gran compasión, porque el pobre y anciano paraguas ya no tenía ni un poquito de esperanza… así que era mucho menos de lo que él poseía.

Se hicieron amigos, claro, porque sabía que si le ofrecía su amistad, el pobre viejo tendría algo, algo más que nada.
Su joven y moderna copia se hizo su confidente, y de él oyó muchas cosas interesantes, cosas de si mismo y cosas del mundo. Y durante un tiempo no le importó el no ser vendido, porque tenía al “viejo impermeable” para alegrarle el día.

“Nací lejos. Viví en Londres, ¿sabes donde queda eso? ¡Acullá! El mejor lugar en el que puede vivir un paraguas. Allí es posible salir a diario, no como aquí. Y lo sé porque tenía amigos, viejos paraguas afortunados. Yo acabé en manos de un comerciante que me trajo hasta aquí. Durante meses pasé mis días en un despacho, oyéndole. ¡Era tan interesante!, sabía mucho de nosotros… Tenía un hijo, un niño que siempre jugueteaba con mis varillas, mientras oía las lecciones que su padre le hacía de nuestros antepasados. Por eso sé tanto…
Más de dos mil años a nuestras espaldas, esa es la edad que estiman de nuestra creación, lo cual es mucho. Imagina cuan importante ha sido desde el principio de los tiempos cubrirse del sol o de la lluvia. Los antiguos egipcios, los asirios, los chinos, esos ya nos conocían desde hace tiempo, hasta que fuimos exportados. Y entonces nuestro uso se hizo mas, digámoslo, lujoso, ¡a la par que burgués! Reinas y emperadores nos utilizaban para cubrir sus nobles pieles y protegerse. Y llegaron las mejoras: tejidos impermeables, varillas plegables. Hasta que un día dejamos de ser exclusivamente negros, ¡eso fue toda una revolución!
Pero yo conocí la gloria, ¡fui el primer impermeable! Me analizaban, me admiraban, estrujaban en mi interior para arrancar mis secretos y para copiarlos. Era el mejor paraguas de la fábrica, un amuleto para el empresario, un intocable, un invendible.”

Como le admiraba el paraguas negro, con cuanto respeto lo estudiaba, como le entretenían sus historias. Durante meses no necesitó de nada más para sentirse pleno. Oír al viejo hablar y divagar, embrollar sobre sus andanzas colmaba su antigua necesidad de salir al mundo, como un consuelo. Pero un día las historias empezaron a repetirse, las conversaciones a hacerse tediosas, sin emoción, sin novedad. Y de nuevo sintió el paraguas negro las petulantes miradas de los “de bolsillo”, dichosos de saber que su destino no se iba a parecer en nada al suyo.
“Eres casi una reliquia, como sigas aquí mucho tiempo mas sólo servirás para acabar en un museo de trastos inútiles” Se jactaban, hiriendo al desafortunado paraguas negro. “Tú y tu amigo sois tal para cual”
Ese eco dejaban los odiosos “de bolsillo” al marcharse cuando un comprador los sacaba de las estanterías. Como disfrutaban al pasar por su lado, al alejarse para siempre de la fábrica gris.

El paraguas negro vio desfilar a los compradores uno tras otro. Vio como elegían, como decidían. Incluso alguno llego a cogerlo entre sus manos, sopesando su peso, repasando sus líneas, pero al final siempre preferían alguno mas colorido y moderno, alguno que no fuese tan rígido.
“¿Y eso te va a poner triste? Bah, ¿para que quieres irte? Aquí estas bien, conmigo, ¿verdad? Lo de ahí fuera tan poco es tan estupendo”.
¿Y eso qué? Pensaba. Él quería salir, quería verlo por si mismo. Quería que alguien lo necesitara, lo quisiera.
“¿Vas a dejar que eso te afecte? Hasta esos engreídos paraguas de mini tamaño se verán un día relegados. ¿Crees que no lo sé? Es lo que he visto todo este tiempo, un día saldrán unos nuevos que predecirán el parte climatológico, u otros que serán aún más tecnológicos. Un día lo que es moda dejará de serlo, pasará. Es así y hasta esos presuntuosos que se van de aquí riendo se volverán unos amargados”.
Como nosotros. Pensó el paraguas.

La pesadumbre del paraguas negro duró tanto como para que el viejo impermeable se percatara y se preocupara. Ya no hablaba. Ya no miraba con interés hacía la tienda, ya no intentaba llamar la atención de ningún comprador. Simplemente estaba ausente, perdido en sus pensamientos, absorto en sus cavilaciones.

“No querrás ser comprado cuando te cuente lo que sé. No querrás ir a un lugar donde el viento lucha férreamente contigo, donde te tira fuerte y te desgarra la tela, y te dobla las varillas. No querrás ir a un lugar como ese, en donde con frecuencia te dejan olvidado en cualquier esquina, en cualquier recibidor. En donde te tiran a la basura en cuanto los topes de plástico se caen, o el mango se desacopla. Aquí estamos bien, a salvo de todo eso…Estamos juntos, sin miedo al abandono, o al viento, o a la fuerte lluvia. La vida aquí es cómoda”
Demasiado. Pensó ofendido el paraguas negro. Y gritó:
“Tengo que correr el riesgo, es mi destino, es mi deber, es para lo que he sido fabricado. ¡No puedo quedarme aquí!”
“¿Y dejarme? Eres mi único amigo, lo único que tengo, no me abandones, ¡no quiero! Me ofreciste lo único que tengo en el mundo, y ahora, ¿me lo quieres quitar?”
“No, pero no me puedes pedir que me quede. Me da lo mismo si ahí fuera hay un cementerio de paraguas rotos, de esqueléticas estructuras oxidadas alfombrando un vertedero, me da lo mismo si el viento nos arranca la tela o nos lleva volando por los aires. Tengo que salir al mundo, tengo que vivir, que verlo igual que tú…”
El paraguas negro observó al viejo impermeable y por primera vez entrevió su miedo, su verdadero miedo…Éste temblaba, tiritando de frío y de horror, y sus varillas se estremecían.
Entonces el paraguas negro lo comprendió.

“Nunca has salido al mundo, ¿verdad? Siempre has tenido demasiado miedo, ¿no?”
“Te lo dije, ¿lo recuerdas? Fui el mejor paraguas de la fábrica, un amuleto para el empresario, un intocable, un invendible.”
“¿Invendible?” Preguntó perplejo el paraguas negro. “Entonces no conoces la lluvia, no has salido al mundo, nadie te compró jamás, nadie te usó”
“Viví en el despacho del empresario. Una vez su hijo abrió la ventana y me sacó ahí fuera, me abrió, desplegando mi brillante tela al poderoso viento. Durante unos segundos sentí su poderosa mano oprimiendo, sujetándome. Luego me soltó y quedé suspendido en el aire unos segundos, oponiéndome a la fuerza de la naturaleza como pude. Después cedí a ella y el viento me trasportó unos metros, hasta que caí con estrépito al suelo. Mi madera se agrietó, mi tela se agujereó. Y nunca fui el mismo. Me convertí en una tara, en un producto desechable, en un triste recuerdo de lo que fue un innovador paraguas. Nadie me trató con respeto, nadie me usó con amor. Por eso sé lo que te espera ahí fuera. Tengo años de experiencia, de escuchar y de oír, y de ver. Cien y muchos más años. No quiero que nadie te rompa, no quiero perderte”.
“Somos amigos, buenos amigos, ¿verdad? Tampoco yo quiero perderte. Pero mi propósito es ser vendido, mi sueño es ser comprado. Puede que sólo viva un día, pero sabré a que sabe la lluvia, o que dice el viento mientras lucha conmigo. Puede que sea esa única aventura para lo que he estado preparado todo este tiempo. Así que si soy vendido lo aceptarás y te alegraras por mí.”

El viejo paraguas lo aceptó, no estaba en su naturaleza el egoísmo, e internamente deseó, aunque no con maldad, que su amigo nunca fuese comprado.
Y pasaron algunos años. Un día algo ocurrió en la fábrica. Se llevaron a todos los “de bolsillo” y a todos los paraguas. Alguien recogió toda la mercancía, mucha gente atribulada, muchas voces exaltadas, rumores acerca de crisis y quiebras. Y alguien encontró juntos a los viejos paraguas.

“¿Qué hacemos con estos, los tiramos?” Escucharon decir.
“No, déjame ver, éste tiene pinta de ser muy antiguo”
“¡Eso no vale nada! Y esta roto…”

Por suerte el hombre que encontró al “viejo impermeable” era un coleccionista, un hombre que se sintió muy dichoso de llevarse consigo al antiguo paraguas de más de cien años, para otorgarle un buen lugar en su hogar. Un lugar destacado.

“¿Y que hacemos con el otro?”

El paraguas negro sintió por un momento miedo de acabar en un vertedero, miedo de acabar reciclado. Pero no fue así. Fue llevado a un mercadillo y mas tarde regalado a una señora mayor, una mujer que se alegró de poseer un paraguas con tanta solera como aquel. A pesar de que nunca volvió a ver al “viejo impermeable” más que en sus recuerdos, el paraguas negro se sintió feliz, feliz de descubrir por fin la magia de la lluvia resbalando sobre él.


FIN


domingo, 30 de enero de 2011

Puentes de paz

Hoy es el día de la Paz, pero esta no ha sido una semana demasiado pacifica: atentados, revueltas, violencia, guerras.
¿Qué celebramos entonces hoy?
Celebramos el poder tener un mañana, y a poder ser, un mañana mejor, un mañana y un presente para educar por la paz.
Así que se me ha ocurrido que podríamos hacer un puente… un puente de este tipo, espera que te explique…


Cuando le doy la mano a alguien creo un puente.


Cuando le sonrío, creo un puente.


Si le abrazo también hago un puente.


Si le beso, se hace el puente.



Un puente para unir y acercar.
Un puente de amor, de respeto, de solidaridad y de PAZ.


¡Haz el puente!

miércoles, 26 de enero de 2011

La tregua

Argumento: Martín Santomé, viudo con tres hijos, en las vísperas de su jubilación comienza a registrar en un diario su vida gris y sin relieve. La vida cotidiana de la rutina en la oficina y la de un hogar desunido y crispado se verán alteradas cuando irrumpe en su rutina la joven Laura Avellaneda, su nueva empleada. Y este hombre, casi sin proponérselo, decide abrir en su vida un paréntesis luminoso.
La soledad y la incomunicación, el amor y la sexualidad, la felicidad, la muerte y los problemas políticos son algunos de los temas que aparecen en “La tregua”, una novela que se ha traducido a decenas de idiomas y ha sido adaptada al cine, la televisión, el teatro y la radio, pero que sobre todo ha gozado de la excepcional acogida de los lectores de todo el mundo.



“La Tregua” fue la novela más difundida y conocida de Mario Benedetti, la que le trajo el mayor éxito público de su carrera. Fue publicada en el año 1960 y ha alcanzado ya 148 ediciones. Por su gran éxito en América Latina “La Tregua” ha sido traducida a diecinueve idiomas.
Hay dos adaptaciones cinematográficas: La tregua (1974) filmada en Argentina, con guión de Aída Bortnik y Sergio Renán, y dirigida por este último. Esta película fue estrenada el 1 de agosto de 1974 y contó con las actuaciones de Héctor Alterio y Ana María Picchio en los papeles principales. La película fue nominada al Oscar en 1975 en la categoría "Mejor película de habla no inglesa". La tregua (2003) esta vez dirigida por el mexicano Alfonso Rosas Priego, fue estrenada el 24 de octubre de 2003 y contó con la participación de Gonzalo Vega y Adriana Fonseca en los papeles protagonistas.


“LA TREGUA”
Mario Benedetti


Toda la novela está escrita en forma de entradas en el diario personal del protagonista, Martín Santomé. En el relata un período de su vida, y la aparición y desarrollo de una inesperada relación amorosa. Sus páginas hablan de la cotidianidad gris y rutinaria, marcada por la frustración. La ausencia de perspectivas de la clase media urbana, impregna las páginas de esta novela, que, adoptando la forma de un diario personal, relata un breve periodo de la vida de un empleado viudo, próximo a la jubilación, cuya existencia se divide entre la oficina, la casa, el café y una precaria vida familiar dominada por una difícil relación con unos hijos ya adultos.

“Sólo me faltan seis meses y veintiocho días para estar en condiciones de jubilarme” (…)

Así empieza la novela, como un cómputo, una especie de cuenta atrás para afrontar una nueva vida y el fin de otra, la que conoce, la que siempre le ha atado a los requerimientos y obligaciones. Con ese miedo que da cambiar la rutina, con esa duda de no saber que será de uno mismo, con su ocio, con su incertidumbre, con su inmadurez, con su miedo, Santomé nos hace confidentes de sus recelos y esperanzas.
La acción se sitúa en Montevideo, Uruguay, un país del que se dice esta lleno de jubilados y oficinistas. La edad de jubilación del empleado uruguayo en aquel entonces eran los cincuenta años.
Pronto nos damos cuenta de que hay otras cosas que también le preocupan y le atormentan. El futuro, la pérdida, la política, Dios, el amor, sus hijos…


Algunas citas del libro:

“Lunes 18 de febrero
Yo tendría que sentirme orgulloso de haber quedado viudo con tres hijos y haber salido adelante. Pero no me siento orgulloso, sino cansado. El orgullo es para cuando se tienen veinte o treinta años. Salir adelante con mis hijos era una obligación, el único escape para que la sociedad no se encarara conmigo y me dedicara la mirada inexorable que se reserva a los padres desalmados. No cabía otra solución y salí adelante. Pero todo fue siempre demasiado obligatorio como para que pudiera sentirme feliz. “

“Jueves 21 de febrero
Era un borracho extraño, con una luz especial en los ojos. Me tomó de un brazo y dijo, casi apoyándose en mí: "¿Sabés lo que te pasa? Que no vas a ninguna parte". Otro tipo que pasó en ese instante me miró con una alegre dosis de comprensión y hasta me consagró un guiño de solidaridad. Pero ya hace cuatro horas que estoy intranquilo, como si realmente no fuera a ninguna parte y sólo ahora me hubiese enterado.”

“Lunes 24 de febrero
Es evidente que Dios me concedió un destino oscuro. Ni siquiera cruel. Simplemente oscuro. Es evidente que me concedió una tregua. Al principio, me resistí a creer que eso pudiera ser la felicidad. Me resistí con todas mis fuerzas, después me di por vencido y lo creí. Pero no era la felicidad, era solo una tregua. Ahora estoy otra vez metido en mi destino. Y es más oscuro que antes, mucho más.”



Si tuviera que elegir una frase del libro que lo resumiera, que lo definiera, sin duda sería esta…
“Estoy seguro de que la cumbre es un breve segundo, un destello instantáneo, y no hay derecho a prórrogas”
Él tuvo su segundo, alcanzó su cumbre y disfrutó de un pequeño sorbo de felicidad, una felicidad prestada entre tanta desgracia y desdicha. Un descanso al dolor, una tregua. Si Dios se la concedió, se la volvió a quitar, porque al final es él, el que da o quita.
“(…) Ahora las relaciones entre Dios y yo se han enfriado. Él sabe que no soy capaz de convencerlo. Yo sé que él es una lejana soledad, a la que no tuve ni tendré nunca acceso. Así estamos, cada uno en su orilla, sin odiarnos, sin amarnos, ajenos”
Ya me había leído este libro, un libro de lectura fácil, sencilla, un libro que casi se lee sólo, un libro que deja una buena sensación aunque no sea precisamente esperanzador.
Pero he querido volver a repasarlo, volver a saborear su tono poético.
Es un libro triste, de un hombre que vive una existencia lúgubre, que tiene un pasado amargo, que ve el futuro con pesimismo. Sólo ha tenido su trabajo, sus recuerdos, sus hijos. Hijos a los que no conoce o no quiere conocer. Hay cosas que no entiendo del personaje, ciertos tabúes sobre la homosexualidad o la hipocresía de la sociedad. En eso se nota que ha pasado mucho tiempo…
La Tregua es un libro de amor, descorazonador, pero lleno de amor. El amor de una mujer joven, como el recuerdo de su primera esposa, una mujer que se fue demasiado pronto de su vida. El descubrimiento de un sentimiento mucho más fuerte y más profundo de lo que hasta el momento ha experimentado. Esa sensación de madurez, de crecimiento, todo eso es lo que vive Santomé, mientras nos cuenta de la manera mas natural como es su entorno, su familia, sus amigos, su trabajo, sus compañeros. Y esto es lo que hace mas creíble la historia. Los personajes son tan reales que te los crees, has sentido su soledad, su incomunicación, sus esperanzas, Benedetti ha logrado transmitírtelo. Al estar escrito en primera persona uno consigue entender al personaje como si fuera un viejo amigo que te manda una carta y te pone al tanto de su trayectoria. Y con Santomé avanzas en el tiempo, en ese recorrido de meses y experiencias, viviendo con él sus alegrías y sus desdichas. Su final es muy emotivo, casi desgarrador. Una caída, no una vuelta a la rutina, quizás sólo una interrogante abierta.
Sólo puedo decir: ¡Genial libro! Y altamente recomendable.



¡Feliz Lectura!
Fuentes: Librosgratisweb.com. Lecturalia.com. Wikipedia. Google imágenes.

lunes, 24 de enero de 2011

Con los 5 sentidos IV



La vida hay que disfrutarla con los cinco sentidos, plenamente. La vida hay que tomársela a sorbos o a mordiscos, con gusto. Arañarla o acariciarla, sentirla, palpar sus texturas, apreciar sus rugosidades. Olerla, aspirar sus fuertes perfumes, trasportarse en sus esencias. Y nunca perderla de vista. A la vida hay que escucharla, a veces te habla, te advierte, te dice cosas que no quieres oír, pero no la escuchas. Así que abre los ojos, afina los oídos, prepárate para saborearla, para olerla y sobre todo para sentirla.


Repaso a los cinco sentidos:
CON OJO:
Se llama visión a la capacidad de interpretar nuestro entorno gracias a los rayos de luz que alcanzan el ojo. La visión o sentido de la vista es una de las principales capacidades sensoriales del hombre y de muchos animales. El ojo es la puerta de entrada por la que penetran los estímulos luminosos que se transforman en impulsos eléctricos gracias a unas células especializadas de la retina que son los conos y los bastones.
El nervio óptico transmite los impulsos eléctricos generados en la retina al cerebro, donde son procesados en la corteza visual.
En el cerebro tiene lugar el complicado proceso de la percepción visual gracias al cual somos capaces de percibir la forma de los objetos, identificar distancias y detectar los colores y el movimiento.


¿Sabes que no todo lo que vemos es real? Según Eduard Punset todo lo que vemos es fruto de nuestra imaginación. Por ejemplo, los colores, no existen en realidad, no son más que diferentes longitudes de onda que nuestro cerebro interpreta como rojo, azul o verde. Así, existe una realidad que emite señales que nosotros percibimos e interpretamos para construir una idea del mundo. Una idea del mundo, por tanto, inevitablemente sesgada, subjetiva. Lo que deseamos, esperamos, tememos o nos ilusiona puede influir en la manera en que percibimos estímulos visuales ambiguos, señala un estudio realizado por el psicólogo David Dunning, de la Cornell University, de Estados Unidos. El estudio científico de la percepción se remonta al siglo XIX, cuando diversos investigadores crearon los primeros modelos que relacionaban la magnitud de un estímulo físico con la magnitud de un hecho percibido. Hoy día, el tema no es estudiado sólo desde la psicología, sino que ocupa a varios campos, como la neurociencia, la optometría, la fisiología e incluso la informática.
Aunque solemos creer que nuestros sentidos nos aportan una fiel información del mundo exterior, Dunning señala que décadas de investigación psicológica han determinado que lo que la gente ve y oye no es precisamente una reproducción exacta de lo que nos rodea.
Según él, en primer lugar, la percepción es selectiva: no somos conscientes de “todo” lo que sucede a nuestro alrededor. Un estudio acerca de la llamada “ceguera atencional" –condición que nos impide ver lo evidente porque nuestra atención está centrada en otra cosa- demostró que el 40% de un grupo de voluntarios a los que se les mostró una breve película de un partido de baloncesto fue incapaz de ver a una mujer disfrazada de gorila que se colocaba entre los jugadores, miraba a la cámara, se golpeaba el pecho y después salía, simplemente porque no le prestaron atención.
En segundo lugar, señala Dunning, la percepción es influenciable: varios estudios han demostrado que las distancias no suelen ser tan cortas como nos parecen al mirarlas de lejos, grandes objetos no son tan altos como parecen, y la piedra que se nos puede meter en el zapato siempre es mucho más pequeña de lo que pensamos mientras nos molesta al andar.



¿Qué me gusta de este sentido? Que gracias a este sentido puedo disfrutar de la belleza que nos rodea: colores, atardeceres, chicos guapos, estrellas, naturaleza, animales, visiones que nos hacen felices.

La visión que más recuerdo: Hace mucho tiempo de aquello, cuando aún escribía en un diario secreto y pensaba inocente que todo en la vida era fácil y bonito. Recuerdo que me gustó tanto aquella visión que la trascribí en ese diario…
“Me pareció muy lindo ver a mi abuela en la azotea, como de puntillas para ver mejor las plantas de la huerta, amapolas rojas, cielo azul y mariposas”.



SEGUIRÁ...

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