Los días del futuro están delante de
nosotros como una hilera de velas encendidas. Velas doradas, cálidas, y vivas.
Quedan atrás los días ya pasados, una triste línea de velas apagadas; las más
cercanas aún despiden humo, velas frías, derretidas, y dobladas. No quiero
verlas; sus formas me apenan y me apena recordar su luz primera. Miro adelante
mis velas encendidas.
No quiero volverme, para no verlas y
temblar, cuán rápido la línea oscura crece, cuán rápido aumentan las velas apagadas.
(Constantino Cavafis)
Me he acercado al mundo de la cerería hace
poco y he descubierto más si cabe la importancia de la luz que nos ilumina,
otra luz, distinta a la que estamos acostumbrados, una luz que despide olor y
que parpadea, que habla con los espíritus y atrae la buena suerte, una luz que
nos reconcilia con nuestra propia alma y que habla en el silencio. Sin duda no
hay luz más suave, difusa, melancólica y romántica que la de una vela
encendida. Luz, sombras y llamas, ¡cuántas cosas se pueden ver a la luz de una
vela!
Hoy vamos a acercarnos a la historia de
las velas…
Hace 30.000
años se utilizaba un tipo de vela que consistía en verter aceite o grasa sobre
una piedra ahuecada a tal fin y con fibras como mecha se conseguía una vela
primitiva. Se cree que fue la iluminación que se utilizó cuando se hicieron los
famosos dibujos prehistóricos en las cavernas de España y Francia
También el
hombre utilizó desde épocas muy lejanas palos y teas de madera con resina para
alumbrarse.
La vela se
inventó independientemente en distintas culturas.
Los egipcios y
los cretenses las tenían en el 3.000 AC. Los portavelas del 1.600 AC
encontrados en Egipto atestiguan el uso de velas en esa cultura.
En la tumba del
siglo II AC del primer emperador de la dinastía Qin, Qui Shi Huang, fueron
encontradas velas de grasa de ballena.
Del siglo I es
el trocito más viejo de una vela encontrado en occidente, fue en Francia cerca
del pueblo de Avignon. En esa misma época el escritor Plinio “El Joven”
mencionaba luces hechas de sebo encendido.
Los romanos hacían
velas con mechas. Para las mechas, usaban un rollo de papiro tratado para
retrasar el consumo. La sumersión repetida de la mecha en el sebo o la cera
derretida formaba el cuerpo de la vela.
En el siglo IV
Constantino, el primer emperador cristiano, usaba velas en el servicio de
Pascua. Se dedicaba un día especial para bendecir las velas y distribuirlas
entre los fieles –el 2 de febrero, Día de la Candelaria.
En el siglo
XIII, tanto en Inglaterra como en Francia, había grupos de productores de velas
de sebo y de cera de abejas organizados en agrupaciones gremiales.
En el siglo XV,
se empezaron a emplear moldes de madera, aparentemente en París, por lo que las
velas se volvieron más accesibles y menos caras.
De 1488 data la
fábrica de velas más antigua que aún existe, en Dublín.
Hacia el siglo
XVII incluso las velas de sebo más caras exigían que, cada media hora, se
despabilara el extremo carbonizado de la mecha o pabilo, sin extinguir la
llama. Esta difícil tarea ya no tuvo objeto a partir de finales del siglo,
cuando se propagó el uso de las velas de cera de abeja, que se evaporan
parcialmente. La cera era tres veces más cara que el sebo, pero las velas
fabricadas con ella ardían con una llama más viva.
En 1709, el
Parlamento Británico prohibió que las velas se elaboraran en casa, a menos que
se comprara un permiso y se pagaran impuestos.
Durante el
invierno de 1765, en una de las grandes mansiones británicas, sus habitantes
consumieron más de 50 Kg de velas de cera en un mes. En este siglo se
fabricaron por primera vez velas con una cera obtenida a partir del aceite de ballena.
En el siglo XIX
(1825) Chevreul y Gay Lussac obtuvieron
una patente para hacer velas de ácido esteárico.
En 1831 se
desarrolló un proceso que permitía refinar el sebo. El resultado fue un
producto llamado estearina (éster formado por el ácido esteárico y la
glicerina). La estearina es más dura y arde por más tiempo que el sebo no
refinado. Este proceso dio lugar a velas que ya casi no ahumaban ni tenían olor
a rancio.
En 1850, se
logró el avance más importante: la parafina se refinó e hizo posible la
elaboración de velas a base de petróleo. La parafina, que arde con limpieza y
sin olor desagradable, combinado con las estearinas dio como resultados velas
más duras, que no se doblaban como las tradicionales velas de sebo.
En ese siglo
también se desarrolló un método para trenzar fibras de mecha. También se
desarrollaron tratamientos químicos para las mechas que duraban encendidas más
tiempo.
A fines del
siglo XIX se desarrollaron máquinas de moldeo que podrían producir grandes
números de velas a precios accesibles.
Hoy en día las
velas brindan una rica variedad de colores, formas y fragancias que están a
nuestro alcance para disfrutar de la calidez de la llama.
Simbología de las velas
No importa que
tendencia religiosa se practique, las velas siempre han estado presentes en
templos, altares, palacios, etc. En las diferentes culturas han sido
usadas como medio de comunicación con los dioses, teniendo el cuerpo de la vela
(cera) como cuerpo físico del ser humano, el pabilo se refiere a la mente y la
llama al espíritu.
Las velas también han sido usadas para
efectuar rituales tales como protección del hogar, atracción del ser amado,
prosperidad, abundancia, salud, entre otros.
Se ha dicho con frecuencia que cuando
la llama de una vela es azul o sombría, hay un fantasma o espíritu en la casa o
en las cercanías.
En Alemania, una vela cuya llama se
divida y parta, predice la muerte en la casa; una vela que suelte una chispa al
aire, significa que pronto llegará una carta para aquél que esté sentado
enfrente o más cerca de ella.
Había tres ocasiones principales en
las que se encendían velas: En el nacimiento, para asegurar que los malos
espíritus se mantuviesen alejados del recién nacido y en Roma esto ponía al
niño bajo la protección personal de la diosa Vesta. En el matrimonio, para
impedir que "El mal de ojo" arruinara el futuro de la pareja. En la
muerte eran una salvaguardia, pues ningún demonio se atrevería entonces a robar
el alma del fallecido.
Algunos
consideran muy importante que cuando se enciende una vela sea con un cerillo de
madera para que la magia sea completa y cuando la apaguemos sea con la punta de
los dedos mojados o con una campanita para sofocar la flama. Nunca debe
soplarse ya que de lo contrario la magia sería nula.
Fuentes:
Google imágenes.
6 comentarios:
Qué interesante tu entrada. Yo siempre guardo velas en casa por si alguna vez se va la luz, aunque hoy en día es poco frecuente. También este verano compré una vela contra los mosquitos, pero estos no se dieron por aludidos. Y hablando de velas, fue horrible cuando en algunas iglesias pusieron esos cachivaches eléctricos que intentan parecerse a las velas. Patético.
Hola Ana:
Muy original tu post. Estoy de acuerdo con Amparo. También uso las velas por si se va la luz, por cierto que esta noche se ha ido tres veces ya, es casualidad, y es muy feo lo de las velas eléctricas, pero muy interesante lo que nos cuentas.
Siempre me han gustado las velas. Son muy románticas.
Abrazos.
Carol
Hola Amparo, aquí, en La Laguna, hay una iglesia que fue pasto de las llamas precisamente por culpa de las velas, fue un incendio ocurrido en los años 60 creo y consumió toda la iglesia hasta los cimientos. Imagino que lo de las velas eléctricas fue una idea para evitar este tipo de accidentes, aunque le quita todo el encanto, la verdad.
Saludos
:D
Hola Carol, aquí no se ha ido la luz desde el temporal de hace unos años, y estuvimos tres días a linternas y velas. A mí lo de las velas, sobre todo aromáticas, me va mucho, llena el ambiente, lo perfuma, le aporta un toque precioso y además la llama es hipnótica, jaja, y por supuesto da una luz muy romántica.
Un abrazo grande
:)
Muy interesante, es curioso nunca me había parado a pensar en el origen de las velas, pero hasta hace muy poco no había luz eléctrica y la luz de las velas tenía otro significado.
Es bonito encender una vela, y perderse en su hipnótico parpadeo.
Besos!
Me ha gustado muchísimo tu post sobre las velas, su historia y lo que significan y es que siempre he sentido cierta fascinación por ver la llama de una vela encendida.
Y bueno, una cena a la luz de las velas con tu pareja es lo más romántico que existe!
Un beso grande, guapa :)
Hola Raque, es cierto, incluso nuestros padres se acuerdan de las lamparas de carburo, y de que no habían demasiadas farolas en las casas, y de lo útil que eran las velas entonces. Ahora nos aportan otras cosas, ambiente y olor, pero siguen teniendo carisma... y podemos perdernos en ese hipnótico parpadeo.
Besos
:D
Hola Montse, me alegra mucho que te haya gustado el post. Una cena romántica no sería igual sin las velitas.
Un beso grande para ti también guapa
;)
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