La fórmula del miedo en el cine se sirve
de unos ingredientes fundamentales e infalibles: sangre, muerte, dolor, tortura,
angustia…
La tensión provocada salta de la pantalla
a tu butaca, a tu sofá, y te estruja el cuerpo en un espasmo de pánico, de
rechazo, incluso de asco. La culpa la tiene ese algo sobrenatural, cómo una
presencia diabólica que se ha apoderado de la voluntad de alguien, otras es por
el psicópata desquiciado que anda al acecho de partir en dos a la rubia
protagonista con su sierra eléctrica, también está ese fantasma de la sombría casa
señorial atrapado en el mundo de los vivos que sabe como mortificar a los que
viven en el otro plano de la conciencia.
Pero el cine de miedo también se ha
servido de otro ingrediente igual de importante: el sexo.

En el cine de miedo no hay muchos héroes aunque
esto ha cambiado últimamente sobre todo en ciertas sagas con componente
adolescente. El séptimo arte se ha valido de códigos de lenguaje, esto es emplear
por ejemplo la ciencia ficción para tratar temas políticos y religiosos, en el
caso del terror se trata del sexo. ¿Y por qué el cine de terror está tan vinculado
al erotismo? Una de las claves apunta a que en numerosas ocasiones el miedo y
el agobio excitan a ciertas personas. Leyendo al respecto en algunas páginas
especializadas en cine que aparezca una mujer indefensa en las películas es una
de las cosas que más excita.

Un vampiro, ser mitológico, no
simplemente monstruo ávido de sangre, un individuo subyugante y hermoso, dotado
de un importante don de seducción.

El vampiro masculino somete de tal manera
a sus víctimas que casi siempre da la impresión de que son ellas las que se
entregan voluntariamente a sus apetitos.
Nunca hay violencia directa en contra de
la voluntad de la víctima, sino una especie de danza de seducción que
finalmente acabará con una entrega total, absoluta.

El abandono absoluto de la mujer ante el
poder de persuasión del vampiro es equivalente a la entrega sexual. Ofrecer la
propia vida, sacrificarse, es una sublimación del acto de entregar el cuerpo a
la persona deseada.
Por esto las películas de vampiros son
las que más oportunidades de ver escenas de sensualidad y sexualidad nos
ofrecen.
En el titulo del post e incluido la
palabra ternura. El que nos puede inspirar Frankestein un monstruo recién nacido,
¿flotará la niña como lo hacen las flores? Una horrible manera de descubrir que
la verdad no era tan bonita.
Fuentes:
Google imágenes
3 comentarios:
La verdad es que a mí me gusta el miedo puro y duro, sin aditivos ni colorantes. Me gusta el miedo de Psicosis, de Los Otros, ese tipo de miedo psicológico donde no hay torturas ni sangre ni sexo ni erotismo. Magnífica entrada y muy interesante.
Chulísimo el vídeo ¡me ha encantado! y habéis hecho una magnífica selección de películas y el tema musical es muy acertado, le da encanto a esa ternura, belleza, sensualidad y erotismo.
Drácula es el que mejor refleja todo eso, menos la ternura, de dejarse seducir ante el miedo.
Un besito, guapa y otro a tu gemela :)
Hola Amparo, el miedo sin artificios, ese es el verdadero miedo, que nada artificial te ponga en situación, ni máscaras, ni músiquillas... ¡pues sí! Eso es el miedo que funciona. Gracias por leerme y por interesarte.
Saludos
:D
Hola Montse, nos alegra que te haya gustado el vídeo, quedo chulo.
Drácula es por autonomasia el seductor de la noche, su porte, su capa, su mirada hipnótica, él representa esa oscura sensualidad.
Muchas gracias por seguir visitando este mundi.
Besos
:D
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